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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2018

Foucault, la Ilustracin y la biopoltica

Vicent Serrano Marn
El Viejo Topo


Nota de El Viejo Topo: Tal da como hoy [15.X.2018] en 1926 naca el filsofo francs Michel Foucault. Continuador del esfuerzo ilustrado, tanto su obra como su vida tienen por objeto la libertad. Slo desde ah se entiende su larga y sostenida reflexin crtica sobre el poder.

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El chantaje de la Ilustracin

El concepto de biopoltica aparece en la obra de Michel Foucault en una fase ya avanzada de su trayectoria y en un contexto histrico y cultural en el que estaban en juego la propia ilustracin y el estatuto que se le deba dar a la modernidad. Un pensador parsimonioso como l se tom mucho tiempo antes de enfrentarse de forma abierta a los malentendidos que su crtica de la ilustracin haba producido. En efecto, Foucault fue considerado durante algn tiempo como un antiilustrado. El modelo inicial de esa forma de ver las cosas lo estableci Habermas, en aquellos tiempos, que ya nos parecen lejanos, en su conocido texto sobre El discurso filosfico de la modernidad. Quien esto suscribe, modestamente tambin cay en ese espejismo y en un libro escrito a finales de la dcada de los 90 se inclinaba a ver en Foucault un antiilustrado. Es cierto que haba cierta salvedad y que no lo situaba al mismo nivel de otros pensadores que abiertamente eran antiilustrados, pero en ltimo trmino, influido seguramente por el propio Habermas, vea en Foucault una forma de reaccin a la ilustracin y ante la ilustracin. Hoy, bien entrados ya en el siglo XXI y transcurridos unos cuantos aos desde que Sokal y Bricmont obviaran el nombre de Foucault en su conocido y polmico texto sobre la impostura posmoderna, sabemos que Foucault est muy lejos de ser un posmoderno al uso y desde luego con toda seguridad est lejos de ser un antiilustrado. Casi en los mismos aos en que era calificado de reaccionario haba dictado ya las lecciones acerca de lo que hoy conocemos como biopoltica y en las que parece difcil mantener ese calificativo. Fue necesario que avanzaran las distintas polmicas y que se fueran publicando esa obra y otras, y en particular el propio pronunciamiento de Foucault sobre la ilustracin, poco antes de su muerte en el ao 84, para que esa imagen de un reaccionario o neo-conservador, que por supuesto no todo el mundo comparta, se fuera disipando, y para que algunos podamos llegar a la conclusin de que en el fondo el reaccionario no lo era tanto y en cambio tal vez lo era Habermas, un Habermas despus de todo defensor de la misma socialdemocracia a la que Foucault calificaba como una forma de gubernamentalidad neoliberal en el curso del ao 78-79 (Foucault 2007, 113). Ciertamente ese concepto de lo biopoltico, por lo dems ambiguo y no suficientemente desarrollado por el propio Foucault, desde entonces se ha estirado y se ha hecho polismico dando lugar a brillantes desarrollos, a tendencias e incluso a equvocos. Pero ms all del conjunto de problemas e interpretaciones, podemos afirmar hoy que ese trmino y su circulacin en un contexto de dominio neoliberal globalizado, dejaron bien claro definitivamente, para quien tuviera dudas, que Foucault no era ese pensador antiilustrado. Por eso me parece que una interpretacin general del sentido de esa nocin puede ayudar a reconsiderar con alguna perspectiva los cambios de las ltimas dcadas en el contexto histrico de la ilustracin, que recordmoslo fue la bestia a superar en los aos tormentosos del debate filosfico en torno a la posmodernidad. Tal vez se alej ya la tormenta y lo que podemos contemplar es el paisaje tras ella, pero sea como fuere, en lo que sigue precisamente tratar de mostrar que esa nocin de lo biopoltico, lejos de ser una cuestin incidental menor en la obra de Foucault, tal como se afirma en ocasiones, es ms bien la que permite, por un lado entender una encrucijada decisiva de su trayectoria para hablar de su madurez como pensador, y por otro dar sentido a sus relaciones con la ilustracin, pero sobretodo y lo que es ms importante, en tercer lugar nos puede permitir reconsiderar el sentido ms profundo y mejor de la ilustracin y de su vigencia en los tiempos que corren y, por lo mismo, reconsiderar el papel central que sigue teniendo la filosofa como tarea en nuestro presente.

El ruido en torno a la posmodernidad parece haber remitido y con l toda la furia que se abalanz solemnemente a proclamar el fin de la ilustracin, una furia que por cierto era todo menos nueva y que uno poda encontrar en contemporneos de Kant y que resuena de nuevo en la inmediata posguerra en el ya clsico texto de Adorno y Horkheimer, pero que en pleno debate sobre la posmodernidad pareca no tener contrincante, o en el mejor de los casos lo era un Habermas ya en decadencia. Tuvo que ser el ya mencionado y penoso incidente en torno a Sokal y Bricmont, por lo dems cargado de injusticias e incomprensiones, el que frenara definitivamente lo que podramos llamar la embriaguez antiilustrada y posmoderna. Tras ella vino la resaca y tras la resaca la claridad de que no todo era igualmente posmoderno, ni el debate, ni los protagonistas, ni siquiera la pregunta en torno a la ilustracin y desde luego mucho menos la respuesta habitual. No es casual en ese sentido que el texto de Foucault sobre la ilustracin se refiere a la cuestin en estos trminos: S que frecuentemente se habla de la modernidad como una poca o, al menos, como un conjunto de rasgos caractersticos de una poca; suele sitursela en un calendario en el que aparecera precedida por una pre-modernidad ms o menos ingenua o arcaica, y seguida por una enigmtica e inquietante post-modernidad (1993, 11).

Sin entrar ahora en otros aspectos, como la habitual e injustificada identificacin entre modernidad e ilustracin, lo llamativo es que Foucault utilice el calificativo de inquietante para referirse a la posmodernidad y que, frente a su consideracin al uso en aquellos aos, obvie su condicin supuestamente epocal para hablar ms bien de la ilustracin (y con ella la modernidad) como una actitud, como un ethos respecto de nuestro presente, y que remite no solo a Kant, sino tambin a Baudelaire, algo que como veremos resulta especialmente signi ficativo, pues sabiendo como sabemos que sus ltimos aos los dedic a una tica y a la vez a una esttica de la existencia, no deberamos entonces dudar a la hora de considerar que Foucault fue abiertamente un ilustrado. Pero, qu tipo de ilustracin fue la suya?

Como es sabido, su obra sobre la ilustracin es un comentario del clsico y casi cannico texto de Kant de 1784, Respuesta a la pregunta: Qu es Ilustracin? y en la que Kant defiende esa dimensin tica que resume en la salida de la minora de edad culpable y en el atreverse a pensar. Y esa misma dimensin tica es la que hace suya Foucault y la que condensa en la definicin de lo ilustrado como el ethos mismo de la modernidad. Al igual que el propio Kant, se aparta de la consideracin de la ilustracin como simple poca para quedarse con una actitud. Pero Foucault, como no poda ser de otro modo dos siglos despus, va ms all y completa la visin kantiana con una aparentemente llamativa apelacin a Baudelaire y en particular a su obra El pintor de la vida moderna. Una fusin entre Kant y Baudelaire que podra parecer sorprendente y que sera fcil interpretar en trminos de ese desistimiento esttico en que pretendi disolverse la posmodernidad. Pero lejos de ser tal cosa, esa fusin no hace sino expresar la clave desde la que Foucault est tratando en esos aos de reconstruir la subjetividad a partir de la idea del cuidado de s entendido como una esttica de la existencia y en el contexto de una tarea filosfica que define como ontologa del presente. O dicho con otras palabras, como esa tcnica del yo, esa esttica capaz de resistir al poder o, para ser ms precisos, a la dominacin (1994, 88), que es el trmino que prefiere usar para referirse a ese sentido peyorativo que habitualmente se asocia a la nocin de poder.

Ahora bien, en 1984, ao en el que escribe su texto sobre la ilustracin y en el que la define como ethos y como actitud crtica ante el presente, la cuestin de la posmodernidad est en su punto ms intenso. La ontologa del presente que propone como ethos, digmoslo ms claramente, como tica y a la vez como esttica, dos de los grandes ncleos que definen todava hoy las reas de la filosofa incluso desde el punto de vista administrativo, lo es entonces frente a ese entorno que en lo cultural se llamaba posmodernidad, a la que ha calificado como inquietante. Pero, por qu lo denomina inquietante y qu tipo de episteme le correspondera desde el punto de vista del poder? Son pocas las alusiones explcitas por su parte a la posmodernidad, pero no cabe duda de que est hablando del presente, de su presente, que en un sentido sigue siendo el nuestro. En una breve intervencin del ao 78 en Vincennes, refirindose a ese presente, haba utilizado el ttulo de nuevo orden interior y control social. Aunque ciertamente se pueda pensar que sera aplicable a ese perodo la expresin sociedad de control utilizada por Deleuze (Castro Orellana 2000, 358), trmino que utiliza tambin de pasada en otros lugares, lo cierto es que esa intervencin es demasiado escueta para concluir de forma definitiva algo en ese sentido.

Hay, sin embargo, algunas referencias ms que nos pueden dar la pista de lo que est en juego. La idea dominante de esa intervencin de Vincennes es la de que, en plena crisis de energa de los 70, el Estado disciplinario, lo que Foucault llama el Estado disciplinario, ya no puede asumir los costes que vena asumiendo y que debe cambiar de modelo. Por lo dems esa idea aparece ah vinculada con el tema de una especie de consenso que permitira, nos dice, establecer controles internos. Llama la atencin la palabra consenso, que sin duda estaba en boga en esos aos precisamente por la obra de Habermas, pero es obvio que el sentido que le da a la palabra consenso no es ese sentido positivo y deseable que le daba Habermas y del que se hizo uso y abuso en Espaa, y hasta donde s tambin en Chile. Es obvio ms bien que esa nocin de consenso tiene un sentido crtico y que se asimila bastante bien con esas descripciones en el mbito filosfico de la posmodernidad al estilo de Vattimo, donde hay un consenso que podramos llamar antiilustrado, esa especie de koin en la que confluyeron las grandes de la filosofa occidental en los aos 70 y 80. En tercer lugar, en la conferencia se habla tambin de la importancia de la informacin como herramienta de ese control y de ese consenso, en una descripcin no muy alejada de la que haca en esas misma fechas Lyotard en La condicin posmoderna, una obra que acab siendo decisiva para el debate en torno a la posmodernidad y que si uno relee desde el presente result ms bien ser premonitoria de la sociedad global y digitalizada en la que hoy vivimos.

Ahora bien, el nico criterio propiamente dicho que explica el trnsito a esa nueva sociedad de la que nos habla Foucault a finales de los 70, la llamemos de control o no, y que coincide cronolgicamente con la emergencia de la posmodernidad, no es otro que un criterio econmico. Foucault es muy claro al respecto: el tipo de poder disciplinario ha dejado de ser rentable. Ese sesgo econmico se confirma adems por el hecho de que en las primeras sesiones del curso de ese mismo ao Seguridad, territorio y poblacin, tras recordar la constante interaccin entre los tres modelos de poder, el de soberana, el disciplinario y el de seguridad, describa el carcter hegemnico de este ltimo en trminos de gubernamentalidad, es decir, en trminos de lo que en el siguiente curso, con el revelador ttulo El nacimiento de la biopoltica, culmina en un anlisis del liberalismo y de la gnesis de la economa poltica. Lo decisivo, como en la referencia en Vincennes, es la economa poltica como la verdadera instancia determinante del poder. De hecho, sabemos que esa posicin de la economa con respecto al poder es el ncleo de lo que llama la gubernamentalidad, un ncleo al que Foucault va a calificar como veridiccin frente a la jurisdiccin, es decir, como un mecanismo limitante del poder a partir de la idea de verdad, la cual sustituira progresiva e idealmente al lmite entendido tradicionalmente a partir del discurso jurdico y de la nocin de derechos y libertades. En efecto, en El nacimiento de la biopoltica contrapone esas dos formas de limitar el poder: la jurdica que l ejemplifica en Rousseau y los revolucionarios, y la econmica, que es la propia de la economa poltica y en la que estara el germen del liberalismo. No es ya el discurso de los derechos humanos o de los derechos subjetivos y todo el aparato jurdico, sino la rentabilidad, la utilidad, la racionalidad econmica, la que determina los lmites detradiciones la dominacin, la instancia a la que el soberano debe obedecer: esa gubernamentalidad de la que el Estado sera solo un correlato.

Primeras pginas del captulo 1 del libro de Vicente Serrano Marn El Orden Biopoltico

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/foucault-la-ilustracion-y-la-biopolitica/

 

 



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