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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2018

La Iglesia catlica est dispuesta a permitir la inhumacin, manteniendo en pleno siglo XXI su compromiso con el fascismo al custodiar a genocidas
Franco en la Almudena o un pan como unas hostias

Agustn Moreno
Cuarto Poder


"Bien est lo que bien acaba

William Shakespeare


El Gobierno de Pedro Snchez ha decidido poner fin al escndalo de la veneracin del dictador Francisco Franco en la baslica del Valle de los Cados. Algo positivo, ms an tras la absoluta inaccin de los gobiernos anteriores, especialmente los de Felipe Gonzlez que con sus mayoras absolutas no hizo nada. El tema ha sido objeto de debate prcticamente desde la mocin de censura y ha desplazado de la agenda poltica otras cuestiones de inters social y econmico. Tambin ha servido para que afloraran los apoyos que el franquismo sigue teniendo en Espaa.

El Congreso de los diputados aprob un Real Decreto Ley para la exhumacin, con la abstencin de PP y Ciudadanos, que establece que la presencia en el recinto de los restos mortales de Francisco Franco dificulta el cumplimiento efectivo del mandato legal de no exaltacin del franquismo y el propsito de rendir homenaje a todas las vctimas de la contienda.

Pero hete aqu que la familia del dictador, que se opone a la exhumacin, ha preparado una jugada maestra si no se admite su recurso y pretende que sea inhumado en la cripta de la catedral de la Almudena. Si les sale la operacin, sera peor que Franco est en la Almudena que en el Valle de los Cados. Peor para la democracia, para las vctimas del franquismo y para la imagen internacional de Espaa. Porque sera sustituir un lugar de peregrinacin por otro para sus adeptos. Se imaginan concentraciones de fascistas con toda su parafernalia homenajendole, en pleno centro de Madrid, en una zona muy turstica?

Es verdad que los restos de estos negros personajes son muy incmodos. Mussolini fue fusilado por los partisanos y despus de descolgarle del poste de una gasolinera de Miln y de alguna vuelta ms, finalmente le enterraron en su pueblo, Predappio. Los soviticos se llevaron las cenizas de Hitler del patio de su bunker en Berln donde fue quemado despus de su suicidio. A Bin Laden los americanos le arrojaron al mar, una frmula que, por cierto, defiende el historiador Paul Preston para Franco.

La Iglesia catlica est dispuesta a permitir la inhumacin, manteniendo en pleno siglo XXI su compromiso con el fascismo al custodiar a genocidas en sus recintos: Queipo de Llano en la Macarena o a Franco en la Almudena. Vamos, lo que se llama poner una vela a dios y otra al diablo. Se amparan en la formalidad de que la familia tiene la propiedad de una tumba en la cripta. Pero olvida que desde 1983 est prohibido por el vigente Cdigo de Derecho Cannico el enterramiento en las iglesias y pretende hacer una interpretacin torticera para dejar fuera las criptas, burlar la ley y seguir dando trato privilegiado al dictador.

Utiliza el argumento de que acogemos a todo el mundo (arzobispo Osoro). O que la Iglesia no puede negar a un cristiano el enterramiento, ya que los muertos no tienen carn poltico (Gil Tamayo, portavoz de la Conferencia Episcopal). Justificaciones que no hay por dnde cogerlas: Franco no es cualquier persona, su filiacin poltica es conocida y es un mal cristiano: un dictador y genocida responsable que Espaa sea el segundo pas del mundo con ms desaparecidos (114.226 segn document el juez Baltasar Garzn). Es muy fuerte la complicidad de la Iglesia catlica con el franquismo, cuando no ha colaborado nunca con las vctimas de ste, como denuncia la ARMH.

Los mismos cristianos demcratas de base (Coordinadora Estatal de Redes Cristianas) han reaccionado con un duro e importante comunicado. En l acusan a la jerarqua eclesistica de violar el derecho cannico, de no favorecer la reconciliacin y no desvincularse del funesto nacional-catolicismo anterior. Concluyendo que ni el Evangelio ni las vctimas admiten complicidades y que los restos de un dictador no deben de estar ni en una iglesia ni en una cripta.

El Gobierno parece que aceptara lo que quiera hacer la familia. Pero puestos a hacer las cosas, hay que hacerlas bien y la inhumacin en la Almudena no puede ser la solucin. El lugar donde estn los restos de un tirano es, en ltima instancia, una decisin poltica. No una cuestin familiar y privada sobre la que puede decidir la familia y la Iglesia catlica, si ello supone una humillacin a las vctimas y una afrenta para la democracia. El Gobierno no puede aceptar una decisin que implique mala fe al pretender trasladar el centro de gravedad del culto al dictador al corazn de la capital del Estado.

Los mismos argumentos que se utilizan para la exhumacin y traslado de los restos mortales del dictador del Valle de los Cados (el inequvoco y extraordinario inters pblico) son vlidos para no inhumarlo en el centro de Madrid creando un nuevo lugar de peregrinacin de fascistas. Tambin contradice el espritu y la letra de la ley de Memoria Histrica de 2007, as como los mandatos de Naciones Unidas.

Un espacio de apologa del fascismo en la capital del Estado es incompatible con la democracia. Pero esto solo se para con movilizaciones, dada la actitud del Gobierno que acaba de reconocer que no puede impedir que Franco se entierre en la Almudena. Se ha puesto en marcha una recogida de firmas contra ello que en pocos das lleva ya 70.000. Las fuerzas democrticas tienen el reto de convocar a la ciudadana a la calle para impedir que Franco vuelva a tomar Madrid, una tropela que llenara de vergenza a la capital de Espaa y a sus habitantes.

Este pas necesita reforzar urgentemente su identidad colectiva, pero medidas as solo profundizan la divisin y el enfrentamiento. La manera de tener un pas plenamente democrtico y con un sentimiento compartido por toda la poblacin es que haya verdad, justicia y reparacin con la memoria histrica. No se puede humillar a las vctimas del franquismo, hay que respetarlas y protegerlas. Mientras que el Parlamento no legisle que es delito la apologa del franquismo y el negacionismo de sus crmenes, tendremos que convenir que la transicin no fue otra cosa que la continuidad del franquismo por otros medios.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2018/10/15/franco-almudena-madrid-agustin-moreno/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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