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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2018

De una izquierda en crisis, a una que sea la crisis

Ricardo Candia Cares
Rebelin


Para decir las cosas segn son, la izquierda es la responsable del advenimiento y alza de la ultraderecha en el mundo.

Una que no supo enfrentar sus derrotas monumentales, la otra que aguachent su discurso para hacerlo menos corrosivo para los poderosos y esa que se visti de progresismo y no fue sino la antesala de la corrupcin que el abandono de principios permiti y estimul.

Y pasamos del anticomunismo que hasta hace poco mataba y haca desaparecer como arma de la poltica ultraderechista para controlar a los zurdos, al estmulo del enriquecimiento ilcito y sobre todo inmoral.

Algunos han propuesto que empresas corruptoras no sean sino construcciones de la CIA para evitarse el trabajo sucio de matar y lanzar al mar los cadveres.

Tanto como mal huele un muerto matado, lo hace un poltico comprado/vendido.

As, la corrupcin de los progresistas brasileos desmantel un proyecto que pudo haber hecho la diferencia no solo en Amrica Latina sino en el orbe entero, luego del retroceso monumental de la izquierda. Y en Argentina, algo muy parecido en trminos de cosa funesta. Hay otros casos.

En Chile hay el mismo nivel de sinvergenzura en la casta, costra, de polticos dizque progresistas, que desde lejos no se distinguen con los otrora sostenedores del fascismo: antes bien, de cerca tampoco, que han debido recular dejando el espacio a la ultraderecha travestida, cnica, agazapada, luego de develada su corrupcin.

Y de otra parte, la incapacidad para restaar las heridas de las sucesivas derrotas y para superar los fracasos en el campo de la izquierda que no cay en la corrupcin, ha dejado el campo libre de obstculos y abonado de desesperanza para que los criminales de todas las edades y tiempos levanten ahora como consignas descaradas, lo que antes blandan desde los rincones como amenazas.

En Chile lo que debi ser el trnsito histrico desde la tragedia infinita del pueblo por la cobarda de militares y civiles ultraderechistas, fue una transmutacin, cambiando una cosa por la otra ms o menos idntica. Y no una transicin que es en poltica la superacin, trajinada de cambios, de una cosa en algo mejor.

La transicin as mentada no fue sino una mecnica traidora que dio por resultado el acuerdo firmado en documentos que an no ven la luz del da, pero poco faltar.

Las monsergas revolucionarias tapizadas de camisas verde oliva de aquellos que objetaban de Salvador Allende su talante respetuoso y leal con su gente, fueron impulsores de una traicin que no dej de sus principios y discursos afiebrados, piedra sobre piedra.

Y esa mecnica acomodada para tiempos de mejor pasar ya vemos que hizo escuela en retoos que han usado el puo en alto como smbolo de lucha y resistencia, y no les sale sino la maroma propia e inofensiva del que va afirmado en el bus de vuelta a casa.

Lejos, muy lejos, qued la idea de ese puo en alto como amenaza al poderoso, como aviso de valenta y decisin.

Y esos arreglines que no consideraron el sufrimiento esperanzado de la gente, dio por resultado lo que hoy vivimos como una cultura empotrada con fuerza importante en la gente, incluso, en la que es vctima.

La celebracin del No como una gesta propia de los perdedores de entonces, deja las cosas en claro. Y lo confirma con completa conviccin de trnsfuga el expresidente Lagos, socialista de origen y converso de alma, de que la cosa no puede estar mejor que como est.

Y en otro extremo y en un plano menos invasivo pero igual de simblico, lo deja en claro la sororidad de la diputada Jiles, defendiendo el ritmo bailable de la Alcaldesa de Maip, que en breve, va a robar el agua potable de los habitantes de esa comuna, la que ha logrado sobrevivir como por milagro, tal es su naturaleza no de mujer sino de poltica de ultraderecha.

En alguna oficina secreta de la CIA se descubri que las vas institucionales podan suplir, en trminos de avances en la lucha de clases, a la lucha armada. Y el plan era simple: podrir tambin esas vas por la mano de la corrupcin.

Ya no eran indispensables los militares formados en Fort Bragg, sino empresas hechas solo para producir dinero para comprar polticos de izquierda. Cuerpo y alma.

As, despojados de la molestosa gente de izquierda, una parte atrapada en el fango del dinero mal habido pero con la sensacin de ser rico y poderoso, y la otra en el limbo del no se sabe, la poltica sigue con su mal gusto por el vaco. Ah donde no hay nadie, siempre tendr que haber alguien.

La izquierda es suma, pero tambin es conflicto. Es contradiccin y desespero. Es crisis.

Es ceguera, miopa y estrabismo. Y, con todo, la nica que puede ofrecer una opcin al mundo en que vivimos.

Muchos izquierdistas siguen buscando en los textos originales del marxismo leninismo, y en sus respectivos manuales interpretativos, la clave escrita por esos filsofos para salir de este y otros atolladeros.

As, transformados por la fuerza de (algunos de) sus continuadores en gures y chamanes, los intelectuales que entregaron sus valiosos descubrimientos para la causa de los desposedos, han perdido la gracia de sus ideas: ofrecer modos de interpretacin a las realidades que ellos mismos advirtieron como cambiantes.

Lo que hay de izquierda visible es un sntoma.

La realidad, esa dura de cabeza, an est ah para recordarnos lo tanto que hace falta una izquierda cuya consecuencia tenga la medida allendista necesaria para superar tanto las culpas bien habidas, como ese no saber que paraliza y desorienta.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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