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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2018

Invisibilizacin & Violencia Gnero
De las no vctimas de la violencia invisible in memoriam

Nuria Gonzalez
TribunaFeminista

Un ejemplo ms de un caso de violencia y maltrato hacia mujeres que nunca contar como violencia de gnero, o lo que es lo mismo violencia machista.


Esto es caso real ocurrido en un juzgado de un pueblo de la provincia de Barcelona ahora mismo. Se trata de una mujer, poda ser Mara. Pero podra ser la de muchas. Hay muchas Maras.

Mara, madre de 2 hijos, un nio de 8 y una nia de 15, toda la vida trabaj y fue una madre pues como todas, lo hizo lo mejor que pudo. Casada con el padre de sus hijos, su primer novio desde la adolescencia, aguant el gusto por el alcohol y alguna que otra sustancia que l tena, incluso durante un proceso de desintoxicacin. Entre el trabajo, los nios, disgustos y alguna alegra, a Mara se le pasaba la vida.

Sin embargo, llegaron tiempos peores y la vida se llev a sus dos pilares en dos meses; su padre y su hermano murieron repentinamente y ella acus el duelo ms de lo que su entorno ms cercano estaba dispuesto a aguantarle. El padre de sus hijos decidi que era un momento perfecto para abandonarla e irse con otra mujer, a la casa de sta y se fue cuando quizs ella fue la nica vez que lo necesit. Se fue a un nuevo hogar y le dej a los hijos, pero no le dej ni un solo euro para mantenerlos, ni tampoco para pagar la hipoteca de la casa de ambos. Al duelo por las muertes, sumemos el duelo por el rompimiento, que no es poco.

Pasado casi un ao, el marido de Mara, sin oficio ni beneficio conocido pero s en la economa sumergida, decide que quiere recuperar su casa, la que lleva meses sin pagar, y que la mejor manera para hacerlo es manipular a su hija adolescente. Todas las que hemos sido adolescentes sabemos que es el peor momento de la vida en el que te llevas fatal con tu madre. T quieres hacer o que te da la gana y tu madre te obliga a hacer lo que tienes que hacer. Lo ms parecido a una guerra domstica que vives hasta entonces. Pues ese es el momento que el marido de Mara, muy inteligentemente, escoge para hacerse cargo por primera vez en la vida de sus hijos y llevrselos a vivir con l, bajo promesa de libertad y caprichos.

A las pocas semanas Mara recibe una demanda de divorcio contencioso, en la que su marido le exige que salga de su casa para ir l y adems, una pensin de 550 euros. Con 1.200 euros que gana Mara, pretenda la abogada que redact la peticin en la demanda que Mara pagara la hipoteca (400 euros), la pensin de alimentos (550 euros), y se supone que buscar un alquiler y vivir con los 350 restantes. Adems le propona un rgimen de visitas de los hijos con su madre de 8 horas quincenales. Como si Mara nunca se hubiera ocupado de ellos o algo peor.

Llegada la vista para el juicio en enero de este ao, la bogada de Mara se opone frontalmente a la peticin, solicita la custodia compartida, especialmente con el nio de 8 aos alegando que la nica razn por la que el padre quiere hacerse cargo de los hijos es por un inters econmico sobre la vivienda familiar que, no olvidemos, ella pagaba en exclusiva.

Hasta este momento nos encontramos ante una situacin en que Mara est sufriendo dos tipos de violencia machista, muy habituales, pero muy invisibilizadas, la psicolgica y la econmica. Pero la peor estaba por llegar, la judicial. En el acto de juicio, sorpresivamente y contra cualquier norma procesal, la fiscal de menores y la jueza deciden que, a puerta cerrada y sin que los abogados de las partes estuviramos presentes, iban a mantener una conversacin con la adolescente antes de decidir qu hacer. La jugada del padre fue magistral y convino con su hija que la mejor manera de asegurarse el xito de la operacin era que ella le dijera a la fiscal y a la jueza que su madre era alcohlica, incapaz de cuidarlos y que ellos no seran felices hasta que no volvieran a casa, pero que su madre se fuera de all. A todo esto, la abogada del padre, con esa versin ms que interiorizada, vertiendo todo tipo de dudas sobre Mara y su capacidad de cuidar a sus hijos. Y no lo haca por dinero, porque era una abogada de oficio. Simplemente por, ceguera.

Efectivamente, una vez acabada la entrevista informal, la jueza y la fiscal nos comunican su decisin. Despus de lo expresado por la nia, Mara debe abandonar la casa, para que su marido, que hasta el momento nunca tuvo el menor inters en sus hijos, viviera all con ellos, por el bien de los menores porque, en las palabras de la fiscal no se podan arriesgar a que pasara nada a esos nios. Quiero decir que existi un informe psicolgicos de los servicios de justicia que deca que Mara era una madre funcional con un vnculo normal y fuerte con sus hijos, que si bien se estaba viendo superada por el cmulo de experiencias negativas necesitaba ayuda para superar sus duelos, no representaba en ningn caso un peligro para sus hijos. Al menos se consigui un rgimen de visitas de un fin de semana quincenal, sin que los hijos se quedaran a dormir con su madre por oposicin expresa de la abogada del marido, y que la pensin fuera de 250 euros.

Mara volvi a su casa, sola, para preparase para la mudanza, y sus hijos y el padre de estos a la casa donde vivan haca meses sin el menor problema. Pasaron meses en los que Mara cumpli religiosamente con el pago de la pensin de alimentos, as como con el pago de la hipoteca de la casa en la que el padre segua sin aportar nada. Mara buscaba piso y ayuda, porque estaba cada vez ms hundida. Su madre no se la dio, ni nadie de su familia. Su estado de salud era cada vez ms precario. El padre de sus hijos no cumpli con el rgimen de vistas ni una vez, y nunca le llev a sus hijos para que la vieran. Lo que s hizo fue acosarla a diaria, junto con su hija, para que se fuera de la casa que ella estaba conservando y pagando para todos. Hasta el punto que instaron la ejecucin de la sentencia para poner a Mara de patitas en la calle, tuviera donde ir, o no. Las mismas juezas y fiscal que, con la nica base del testimonio de una adolescente destrozaron a la vida de Mara, dieron va libre a la ejecucin y desahucio de Mara.

La ltima vez que vimos a Mara fue en julio. Delgadsima, tristsima, muy demacrada. Casi se mova por inercia. Todos sus problemas no eran suficientes porque, debido a su estado, la empresa en la que llevaba trabajando ms de diez aos decidi que tambin era una carga para ella y la despidi. En todo el verano no supimos de ella hasta que hace unos das llam para preguntar si le deba dinero a la procuradora. No lo deba. Estaba mal. Ella nunca entendi que le estaba pasando y porqu nadie la quera ni la ayudaba.

A Mara la encontraron muerta en su casa hace tres noches, sola. El 15 de octubre la enterraron. Su hija puso en su perfil una foto con ella y un Mami testimo. Del pobre cro de 8 aos que ha quedado hurfano no sabemos nada. Su abogada llam a la abogada del marido para notificarle que ya poda ocupar la casa a placer, y hizo un escrito a la jueza y la fiscal para comunicarles que la ejecucin del desahucio ya no era necesaria gracias a sus justas y precavidas decisiones.

Mara no contar en ninguna estadstica de violencia de gnero ni saldr en la noticias. No habr concentraciones por ella. Por eso escribo esto, por todas las Maras no vctimas de violencias invisibles.

Fuente: https://tribunafeminista.elplural.com/2018/10/de-las-no-victimas-de-la-violencia-invisible-in-memoriam/



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