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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2018

Tratados comerciales, jaque mate a la democracia

Gonzalo Fernndez Ortiz de Zrate
OMAL / La Marea


La democracia es, sin duda, una de las principales vctimas de la profunda crisis actual. Asistimos al desmantelamiento progresivo de principios polticos que no hace mucho tiempo parecan hegemnicos: soberana popular, derechos humanos, ciudadana, representatividad, separacin de poderes, primaca de lo poltico sobre lo econmico que se convierten ahora en papel mojado.

No nos engaemos, estos principios siempre fueron ms un relato que una realidad, ocultando en sus prcticas una matriz colonial, patriarcal y clasista, sostenida sobre notables desigualdades y desde el uso de una violencia estructural. Pese a ello, conformaban un modelo de democracia de baja intensidad que permita, fundamentalmente en el Norte global, ciertos espacios de decisin popular. Precisamente hoy no solo estos, sino incluso el mismo relato del Estado de derecho y de la arquitectura multilateral de defensa de los derechos humanos estn en el punto de mira del sistema.

Ya no le son funcionales: el capitalismo es incompatible con la democracia y, para que pueda sobrevivir en un momento especialmente crtico, lanza un jaque mate al imaginario y al modelo vigente desde mediados del siglo pasado. En este sentido, el tringulo conformado por el enorme excedente econmico generado por la financiarizacin de la economa global que necesita febrilmente encontrar espacios de reproduccin, las escasas expectativas de crecimiento y acumulacin para las prximas dcadas, as como el colapso ecolgico en ciernes fruto del cambio climtico y del agotamiento de las fuentes de energa fsil, provoca una tormenta perfecta en la que el poder corporativo comandado por las empresas transnacionales impulsa una ofensiva salvaje.

Se pretende as redefinir el proyecto poltico-cultural del capitalismo para las prximas dcadas, en funcin de un principio bsico: para superar este momento crtico, ya nada puede quedar fuera de la rbita capitalista, todo debe convertirse en un espacio de acumulacin, sin traba alguna. Toda barrera a los mercados globales y a los negocios internacionales debe ser derribada: barreras geogrficas, que impidan avanzar en el viejo sueo hmedo de un nico mercado mundial auto-ultrarregulado; barreras sectoriales, que permitan arrasar con todo mbito pblico y/o comn en favor de lo privado y corporativo; y, por supuesto, barreras polticas, que pongan coto a la soberana popular frente a la primaca del capital.

En esta lgica se inscribe el creciente autoritarismo, as como el ascenso del fascismo social y poltico. Por poner algunos ejemplos, hemos visto una Troika capaz de imponer una deuda ilegal e ilegtima al pueblo griego, a pesar del masivo rechazo en referndum; una polica que reprime con saa en Catalua frente a una ciudadana decidida a votar, sin ningn tipo de consecuencia poltica; una Unin Europea que practica sistemticamente la necropoltica, y que se pasa por el arco del triunfo el marco internacional de los derechos humanos; un sistema judicial convertido en sujeto poltico, que permite a los poderes fcticos avanzar all donde estos no alcanzan, como se ha constatado en Brasil, Ecuador y el Estado espaol; un sector financiero que impone su poder sobre los pueblos, haciendo que estos acudan al rescate de sus desmanes; unos crecientes espacios de no-derecho, como Guantnamo, que normalizamos; y una extrema derecha que ampla sus espacios incluso gubernamentales fomentando la guerra entre pobres y las lgicas excluyentes.

Pero la puntilla a este proceso de desmantelamiento de los mnimos democrticos a escala global tiene nombre propio: los tratados comerciales. Asistimos a una nueva oleada de acuerdos de este tipo (CETA, JEFTA, USMCA, TISA, TTIP, etc.), que pretende completar el proyecto de la globalizacin neoliberal imponiendo una constitucin econmica de carcter polidrico. Hablamos de constitucin precisamente porque aspira situarse en la cspide de la pirmide poltico-jurdica delimitando, como suelen hacer las constituciones, el marco de lo posible: qu se prioriza y qu no, a qu se le concede valor y a qu no. Hablamos de constitucin econmica a escala global porque lo que trata de imponer precisamente es la hegemona indiscutible de la lex mercatoria , la primaca y blindaje de los negocios de las empresas transnacionales a escala internacional. Y hablamos de constitucin de carcter polidrico porque sus contenidos no se plasman en un nico documento con su articulado especfico, sino que este se vierte en mltiples y muy diversos tratados que, dentro de una estrategia dinmica, flexible y progresiva, incorporan parmetros similares.

Los parmetros compartidos por esta polidrica constitucin econmica global se podran resumir en cuatro apuestas complementarias.

En primer lugar, todos los nuevos tratados sin excepcin incorporan una definicin ampliada de comercio internacional, que ahora tambin incluye inversin, servicios, finanzas, bienes naturales, compra pblica, comercio digital, innovacin, competitividad, etc. Todos estos mbitos, por tanto, entran indefectiblemente en el marco de los negocios de las grandes empresas, arrebatndolos as del debate poltico y de la rbita de la soberana popular.

Adems, los acuerdos comerciales posicionan, cual tabla de mandamientos corporativos, una serie de valores de gran exigibilidad, justiciabilidad y capacidad de coercin a escala global, delimitando el nuevo marco de lo posible: el acceso al mercado sin trabas para las grandes empresas se convierte en mxima; la primaca de la seguridad de la inversiones y de los beneficios empresariales se impone al mandato democrtico y popular; la armonizacin normativa a la baja en derechos colectivos se asume como ofrenda en el altar de la competitividad, creando toda una estructura multilateral en su defensa; y se fomenta la mercantilizacin de todo sector pblico y/o comunitario, impidiendo en sentido contrario todo proceso de nacionalizacin, republificacin o de propiedad y gestin colectiva sin nimo de lucro, una vez firmados los acuerdos.

En tercer lugar, los tratados aaden nuevas estructuras regionales y multilaterales favorables al proyecto del poder corporativo, en este caso con la tarea especfica de incidir en pos de la convergencia reguladora, esto es, de la desregulacin de normativas ambientales, econmicas, sociales y laborales. Si los organismos econmicos multilaterales y los espacios regionales como la Unin Europea ya incidan en este sentido, ahora contarn con el apoyo incuestionable de estos espacios, con capacidad poltica de imponer y/o presionar en favor de un comercio y una inversin internacional sin trabas.

En cuarto y ltimo trmino, la nueva oleada de acuerdos expande el radio de accin de una justicia privatizada en defensa de la inversin extranjera y bajo la gida de los mandamientos corporativos. Se impone de esta manera a escala mundial el modelo de los tribunales de arbitraje, guardianes de los mandamientos corporativos y ajenos a todo principio de igualdad jurdica, en los que una serie de rbitros privados tienen la capacidad de imponer sus laudos a los Estados. Estos pueden ser denunciados por las grandes empresas si vieran sus beneficios pasados, presentes e incluso futuros alterados, mientras que los Estados no cuentan con la capacidad de denunciar a las empresas, inclinando definitivamente la balanza poltico-jurdica en favor de lo privado frente a lo pblico.

El crculo se cierra: la nueva oleada de tratados comerciales amputa definitivamente el poder de lo pblico, de las instituciones. Sus capacidades legislativas, ejecutivas y judiciales estn ahora mediatizadas por los mandamientos corporativos convertidos en constitucin, subordinadas a todo un entramado multilateral y regional en favor del poder corporativo, y bajo una justicia ad hoc que amedrenta y penaliza a quienes osen salirse del marco de lo posible. Se limita entonces el papel de los Estados a la seguridad y a la desregulacin de derechos, mientras que las empresas multinacionales emergen como verdadero gobierno de facto. La democracia, esto es, el poder del pueblo, se relega a la formalidad de gestionar las migajas desechables para el mercado. Una democracia de intensidad mnima, que ahora s ya empezara donde terminan los negocios.

Este proyecto sigue vivo, pese al fracaso temporal del TTIP y a la guerra comercial, ya que con matices e intensidades diferentes sigue siendo defendido por las lites globales. Por eso sigue siendo necesario hacerlo descabalgar, impedir su aprobacin e implementacin. Igual que lo es luchar contra el sistema que lo impulsa, ampliando en sentido contrario la democracia que nos quieren arrebatar: revirtiendo la escala local-global, redefiniendo las soberanas desde miradas inclusivas, implementando procesos de democracia a todos los niveles. Si democracia y capitalismo son incompatibles, sabemos de qu lado estamos.

Gonzalo Fernndez Ortiz de Zrate es autor del libro Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo del siglo XXI (Icaria, 2018).

Fuente: http://www.lamarea.com/2018/10/16/tratados-comerciales-jaque-mate-a-la-democracia/



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