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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2018

Rudyard Kipling, los discursos de un hombre que dudaba y sufra

Antonio Garca Maldonado
El asombrario


 El escritor Rudyard Kipling.

 

El escritor Rudyard Kipling.

Muchos se preguntan si es posible ser buen escritor siendo una mala persona, en general, o habiendo estado profundamente equivocado. La tentacin del presentismo al juzgar es demasiado fuerte, y es difcil no haber cado en ella alguna vez. Sucede hasta con el escritor y poeta britnico nacido en Bombay en 1865 Rudyard Kipling. Pero para conocerle bien y abandonar juicios rpidos, llamativos y descontextualizados, nada como leer la recopilacin de sus discursos que acaba de sacar la editorial malaguea La Dragona.

Con Rudyard Kipling tuvimos uno de los casos ms precoces del debate que enfrenta a grandes escritores de ficcin con sus posiciones pblicas en su momento histrico. Pensemos en el francs Louis-Ferdinand Cline , uno de los grandes narradores del siglo XX, cuyos fastos por el 50 aniversario debi suspender el Gobierno francs en 2011 tras el escndalo surgido por el recuerdo de su feroz antisemitismo. O en el noruego Knut Hamsum , premio Nobel de Literatura en 1920, tambin filonazi y por tanto dejado de lado cuando se trata de reivindicar grandes obras literarias. El nazismo es el mal absoluto, pero este debate no ha surgido slo con opiniones pblicas relativas a esta etapa histrica. Muchos se preguntan si es posible ser buen escritor siendo una mala persona, en general, o habiendo estado profundamente equivocado. La tentacin del presentismo al juzgar es demasiado fuerte, y es difcil no haber cado en ella alguna vez.

La polmica kiplingniana se resumen en su famoso poema The White Mans Burden , en el que parece defender el colonialismo en virtud de la carga del hombre blanco que, en su opinin, desde Occidente se debe sostener como noble y altruista empresa en favor de las razas inferiores. Es una idea que se actualiza peridicamente en relacin a Occidente con Oriente y Amrica Latina. Muchos crticos del sistema actualizan permanentemente la idea de la sumisin, de las venas abiertas de un mundo esquilmado en beneficio de unas potencias ricas para las que Kipling habra encontrado una poderosa coartada moral.

La vida y la obra del nobel de Literatura de 1907 son mucho ms complejas y ricas que esta simplificacin habitual. Tambin van mucho ms all de sus maravillosas narraciones de aventuras con las que estamos familiarizados desde la infancia, como El libro de la selva o Kim . Pasados los aos, en el cine nos entusiasmamos con la adaptacin de su relato El hombre que pudo reinar que John Huston rod en 1975 con Sean Connery y Michael Caine. Kipling haba nacido en Bombay en 1865, y es por tanto hijo del Imperio britnico y su retrica victoriana. Cmo culparle con nuestra mirada posmoderna sin incurrir en flagrante injusticia? Es fcil caer en la tentacin, y no hay penitencia ms llevadera que leer toda su obra y sus declaraciones para expiar nuestra falta injusta.

Los discursos de Kipling

A eso nos ayuda ahora la editorial malaguea La Dragona , heredera directa de la ms veterana Miguel Gmez Ediciones, de la misma ciudad. La capital de la Costa del Sol es uno de nuestros centros histricos de la edicin, y de ello da cuenta la reciente compilacin de los discursos de Kipling que La Dragona acaba de publicar, con impecable traduccin de Marta Gmez . El libro, prologado con elegancia por Ignacio Peyr , lleva por nombre escueto Discursos , y se present en Mlaga el 5 de octubre. Los editores y el prologuista tuvieron la amabilidad de invitarme a participar, algo que me hizo especial ilusin por ser ellos por un lado pulcro editor y genial traductora, y por otro, gran escritor y buen amigo. Y por presentarse el libro en la malaguea Librera Luces, donde trabaj como librero all por 2005 cuando estudiaba. Me queda por pensar bien y escribir cunto influy mi primer empleo all en mi vida profesional posterior.

Como explica Peyr en su prlogo, es comn entre nosotros manifestar una nostalgia por las artes de la oratoria, por la diccin bien pulida, por esa capacidad de persuasin de seduccin que tiene la palabra pulsada a la medida de nuestra inteligencia y nuestros afectos. Y da en el clavo: hablar bien, tener un vocabulario amplio y florido es de esas cosas que hablan en favor de alguien pero que no parece cotizar al alza en las enseanzas curriculares oficiales. Como ocurre con la lectura: una biblioteca personal nutrida sigue siendo una carta de presentacin personal contundente, muy por encima de la ltima generacin de gadgets encima de la mesilla de noche.

El libro rene aqu discursos variados si los juzgamos por las audiencias a las que van dirigidos, desde asociados a clubes navales hasta miembros de la Real Academia de las Artes, pasando por expertos de la Sociedad Geogrfica de Londres o brigadas del cuerpo de cadetes. Variados pero no tan distintos entre s. Kipling es directo, pedaggico, a veces exaltado y ms cercano a la idea que tenemos de los discursos clsicos. Y siempre cercano a su tiempo, al Imperio y al espritu ingls de la poca. Peyr aade que Kipling es aqu ntimo y confesional.

Su vocacin haba nacido pronto, y l mismo la declara en uno de los textos recogidos. Dice que se declara culpable de interesarse por la realidad fuera de sus horas de oficina como escritor. Como explic la traductora en la presentacin, en muchas ocasiones veremos cmo coincide la descripcin de su lenguaje como un lenguaje directo y vigoroso, incluso pasional. [] Es cierto que puede convertir un discurso que podra durar cinco minutos en uno de media hora por incluir, como digo, una historia sobre el primer hombre que aprendi a navegar, cmo construy su bote, cmo luch contra su creencia de que el dios del sol lo abrasara o el dios de la marea se lo tragara, cmo inculc todo lo que aprendi a su hijo y un largo etctera, pero su historia tiene un fin y un aprendizaje claros (y, de todas formas, por si no est claro, l se suele encargar de aclararlo).

Y contina: No se conforma, adems, con contar la historia de pasada. Se encarga de darnos los detalles de cmo ese hombre encontr el tronco perfecto para construir una embarcacin que flotara, cmo con la ayuda de su mujer coloc pieles de animales que haran que el viento lo impulsara. Quiere que lo veamos remar hasta lo que l crea que era el fin del mundo y que captemos sus sensaciones con cada nuevo descubrimiento.

El encargo ms difcil

Uno de los pasajes de un libro que ms me ha impresionado en los ltimos aos fue el que le en el prlogo del libro que rene en espaol las crnicas de la Primera Guerra Mundial de Kipling. La firma el mismo Peyr que prologa estos discursos, y all cuenta que nuestro nobel acab perdiendo a su nico hijo en la batalla de Loos en 1915, y que de dicha muerte sali el profundo mensaje de consuelo que escribi a un amigo mayor que, como l, haba perdido a su hijo: T tienes menos tiempo para sufrir.

Kipling dijo en uno de estos discursos que l no era ms que un comerciante de palabras, y bien que conoci la parte ms laboriosa de su labor cuando, tras la misma contienda que le haba arrebatado a su hijo asumi el encargo real de poner las leyendas en las tumbas de los soldados cados. Peyr record en la presentacin una especialmente emocionante, que Kipling ide para las tumbas de los soldados cados y que no fueron identificados: Aqu yace un soldado cuyo nombre slo es conocido por Dios.

Unas palabras que hacen pensar que Kipling que fallecera en 1936 quiz puso en duda muchas certezas previas, algunas de ellas polmicas, en sus aos finales. Nada como volver a sus libros, artculos y discursos para entender que nunca fue un fantico. Era un gran escritor y un ser humano que dudaba y sufra, a veces oculto tras la mscara retrica de la poca, como estamos nosotros tras la de la nuestra. Alguien lejos del clich que, de alguna forma, todos habamos asumido.

Fuente: https://elasombrario.com/rudyard-kipling-discursos-comerciante-palabras/

 



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