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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2018

Racismo
Esta es la historia de los sureos blancos que han cambiado de opinin sobre el racismo

Donna Ladd
The Guardian / El diario

Desde las reacciones violentas en el contexto de la lucha por los derechos civiles de los sesenta, muchos sureos blancos mostraron un cdigo racial diferente.


 
La primera cancin que Krista Hinman aprendi a tocar en el piano fue Dixie, el himno de facto del ejrcito sureo durante la Guerra de Secesin. Aprendi esta cancin de juglar que se convirti en el himno de la esclavitud durante su infancia en Southaven, Mississippi, un suburbio predominantemente blanco de Memphis, Tennessee.

"Crec haciendo actividades de blancos", explica Hinman, una camarera de 44 aos, en el jardn trasero de su apartamento en Jackson, la capital de Mississippi, una ciudad habitada predominantemente por negros. Durante su infancia, el Ku Klux Klan, una organizacin racista que ms tarde se volvi a movilizar para aterrorizar a los negros durante el movimiento por la defensa de los derechos civiles, prcticamente no exista. A pesar de ello, el que fue su vecino durante la dcada de los setenta era miembro de esta sociedad secreta.

Ella era racista? "S", reconoce Hinman. Nacida en 1974, reconoce que a menudo pronunciaba la palabra "negrata" con desprecio y le diverta compartir chistes racistas con sus amigos. "Estaba muy convencida. Me crea toda esa historia de la 'herencia' y dems", seala.

Sola recitar tropos revisionistas de la guerra civil que se haban ido perpetuando en los libros de texto sureos, como los que afirmaban que la Guerra de Secesin nada tuvo que ver con la esclavitud, que la guerra fue un alzamiento valiente contra la tirana del norte, que los esclavos eran felices y adoraban a los "seoritos" a los que servan hasta que 'los yankees del norte' les comieron el cerebro. Tambin defenda la bandera y los monumentos de la Confederacin.

Los padres de Hinman no queran que pronunciara la palabra "negrata" o que hiciera bromas racistas en casa. A pesar de ello, de nia, cuando miraba el programa de televisin In the Heat of the Night, le gustaba decir que cuando fuera mayor tendra un novio negro, para hacer rabiar a su padre. "[Si tuvieras un novio negro] Te dara una patada en el trasero de tales proporciones que volaras hasta Nueva York y volveras", exclamaba el padre. Desde las reacciones violentas en el contexto de la lucha por los derechos civiles de los sesenta, muchos sureos blancos mostraron un cdigo racial algo confuso. "Mi padre no crea en un racismo total", recuerda Hinman, "pero no invitabas a negros a casa", aade.

Ya de veinteaera, cuando estudiaba en la Universidad de Mississippi, sus valores cambiaron. Hizo amigos progresistas. Su amiga Kiki le explic cmo era vivir en el barrio negro de la ciudad universitaria, donde los blancos no iban prcticamente nunca y donde los nios tenan escasas oportunidades de progresar. Hinman entendi que el racismo no era solo una sucesin de motes sino la negacin sistemtica de un trato igualitario y equitativo en las escuelas, en el lugar de trabajo, en poltica, en el acceso a la vivienda y la salud pblica; en definitiva, en el da a da.

Hinman se percat de que muchos blancos son propensos a creer mentiras sobre los negros, como que son biolgicamente inferiores, ms proclives a delinquir y menos trabajadores. "Tiene que ver con un sentimiento de superioridad", indica: "puedo vivir en una caravana en Tchula, Mississippi, pero de algn modo puedo seguir afirmando que soy mejor que ellos este sentimiento de superioridad ha justificado actos horribles".

En la actualidad, forma parte de un grupo cada vez ms numeroso de blancos de Mississippi de distintas procedencias y deseosos de compartir la mala educacin racista que recibieron de nios con la esperanza de que la verdad salga a la luz y las tensiones disminuyan. Ahora est convencida de que la bandera de Mississipi y las estatuas de la Confederacin son un recordatorio de esa opresin. "Es importante que sean retiradas", afirma. Paradjicamente, Mississippi es probablemente el lugar con ms dilogos raciales del pas, al menos per capita.

La historiadora Susan Glisson, de 50 aos, desempe un papel clave para que el estado reconociera pblicamente su pasado racista cuando ayud a crear un foro en la Universidad de Mississippi en 1997, en el contexto de una iniciativa impulsada a nivel nacional por el entonces presidente Bill Clinton. Ese esfuerzo dio paso al Instituto William Winter para la Reconciliacin Racial, que dise un formato de dilogos y mesas redondas con personas de diferentes razas y creencias.

"No empezamos los debates hablando de racismo", indica Glisson. "Empezamos desde la nocin de un ser humano que reflexiona sobre quin es, sus valores. Intentamos tender puentes de confianza". Solo si se tienden estos puentes es posible poner en contexto 500 aos de historia de racismo y derribar creencias que han permitido seguir justificando las actitudes supremacistas de los blancos aos despus de poner fin a la esclavitud. "No es un modelo basado en culpar y avergonzar", indica Glisson en referencia al enfoque de estos encuentros. Es necesario que los blancos, incluso los progresistas que creen que tienen los valores correctos, vengan y escuchen. "Realmente es importante que los blancos reflexionen con otros blancos", seala.

La gente no se queda de brazos cruzados

Glisson aplaude el rechazo pblico que causaron los supremacistas blancos que se manifestaron en Charlottesville en 2017. "Esos cabrones perdieron sus puestos de trabajo", indica con un gesto de aprobacin, recordando que en dcadas pasadas la poblacin se limitaba a observar, grabar imgenes y a no hacer nada. Sigue invitando a los racistas a los dilogos, sin reproches o insultos, ya que cree que esta actitud no propicia el entendimiento y un cambio de mentalidad. "Tenemos que hacer ambas cosas de forma inteligente", indica y recuerda las amistades polticas de Hannah Arendt. Cree que es una simple cuestin numrica y que cuantos ms racistas cambien de opinin, menos personas se vern perjudicadas por sus acciones o por medidas polticas racistas.

Bob Fuller, de 56 aos, trabajaba como director de una escuela de secundaria situada cerca de Starkville, cuando tuvo una revelacin. Dos profesores negros se apellidaban Coleman, como un antepasado suyo esclavista. "Mis antepasados eran los amos de sus antepasados", pens horrorizado.

Cinco generaciones de la familia Fuller han trabajado el campo en el condado de Winston, situado en el este central de Mississippi, donde ahora l vive junto a su esposa e hijos. La mayora eran granjeros y madereros, pero los antepasados de Coleman posean esclavos. "Los habitantes de Iowa no tienen este tipo de pasado", indica sentado en un sof de piel, en una casa de campo que construy en un terreno de su familia, y rodeado de libros sobre la historia del estado, arte, folk y una serie de banderitas tibetanas. Su esposa, Allison Stacey Parvin, es pastora en una iglesia metodista situada cerca de su casa.

"Fui un nio supremacista blanco. Pensbamos que ramos mejores que los negros", reconoce. Cuando Fuller estudiaba tercero, el Tribunal Supremo de Estados Unidos oblig a las escuelas que todava separaban a los estudiantes en funcin de su raza a cambiar de poltica. Sin embargo, los autobuses siguieron discriminando a los negros durante algunos aos ms, de hecho su autobs pasaba de largo y no recoga a los nios negros que esperaban en una parada. En las clases de historia de Mississippi que tom en 1976 todava no se mencionaban a los activistas que haban conseguido transformar el estado doce aos antes. "En clase nunca se habl del movimiento en defensa de los derechos civiles", seala.

Solo cuando entabl relacin con profesores y familias negras cambi de mentalidad. Fue entonces cuando decidi enfrentarse a la verdad y estudi la historia de los estados sureos. "La guerra civil s tuvo que ver con la esclavitud pero los libros de texto endulzaron la historia", indica. Aade que "era una lucha de ricos contra pobres".

Pancarta antifascista en las protestas de Charlottesville (Virginia)

Pancarta antifascista en las protestas de Charlottesville (Virginia) EFE

"Como ahora", subraya Fuller, puntualizando que hay un "esfuerzo consciente" para que los blancos y los negros de clase trabajadora no se unan polticamente a pesar de que comparten intereses: "Se le llama estrategia surea". Con esta afirmacin, Fuller hace referencia a unas alianzas polticas de la dcada de los 60 que propiciaron que los republicanos blancos hicieran comentarios racistas sobre los delitos cometidos por "los negros y las madres que reciben ayudas del estado" para que los sureos blancos se hicieran de derechas. "No quieren que estemos unidos" afirma Fuller, refirindose a los blancos y negros de clase trabajadora.

Como director de un centro educativo, Fuller decidi ondear la bandera de Estados Unidos en vez de la del estado de Mississippi, que incluye motivos de la Guerra de Secesin. No tuvo problemas hasta que un padre, oriundo del estado de Virginia, se percat. "Por qu no ondeas la bandera?, pregunt No lo dice la ley del estado?". El hombre inform a la oficina central del distrito, que confirm que la escuela deba ondear la bandera de Mississippi. Fuller se neg e indic que un trabajador de la oficina central del distrito tendra que desplazarse diariamente hasta la escuela e izarla.

Robert Brown se sienta frente a Fuller, en un sof de piel idntico, con los brazos cruzados. Brown es negro y conoci a la mujer del director de escuela, Parvin, despus de que en 2014 un tornado causara graves daos en la zona del condado de Winston donde viven muchos afroamericanos. El balance fue de diez muertos y muchas casas destruidas.

Brown, de 44 aos, hijo de un contrabandista, luego adoptado por una mujer negra que lo educ para que quisiera progresar. Ahora es dueo de la barbera Straight Line. Sin embargo, y al margen de su xito actual, Brown deseara haber ido a la universidad. Tuvo una educacin autodidacta, en especial en lo referente a la historia de su estado. Siempre que tiene ocasin, le gusta explicar a los blancos qu connotaciones tienen los emblemas de la Confederacin para los negros.

"He sido un rebelde toda mi vida"

Protest por el hecho de que se ondeara la bandera del estado en un acto en recuerdo de las vctimas del tornado en el que habl el gobernador de Mississippi. Intent, sin xito, convencer al ayuntamiento para que no izara la bandera en edificios pblicos. "He sido un rebelde, un radical, toda mi vida", afirma con calma. Sin embargo, la masacre de Charleston, en la que un joven supremacista blanco, Dylann Roof, mat a nueve personas, lo sacudi. "Murieron nueve feligreses en Carolina del Sur y eso fue el detonante", dice. Parvin lo apoy. "Muchas personas, como Stacy, me dijeron que estaban orgullosos de m y que me apoyaban al 100%".

Brown explica que algunos afroamericanos a menudo le preguntan: "Por qu te preocupas por ese trapo?". "Los smbolos son una manera de hacerte saber subliminalmente quin manda, quin tiene el control", responde. La bandera y la estatua confederada que se encuentran en medio de una interseccin en la cercana Louisville, cerca de su barbera, le dicen a la gente negra que todava son sirvientes. Es por este motivo que no deberan estar en lugares pblicos.

Brown todava recuerda cmo un profesor de la escuela pblica para los estudiantes negros lo intentaba convencer de que la guerra civil no tuvo que ver con la esclavitud sino con la situacin econmica. "Seor, le contest Brown fue sobre la economa de la esclavitud y las espaldas de los trabajadores negros".

Fuller puntualiza que "la sangre, el sudor y las lgrimas" de los esclavos africanos levantaron el pas. "Son la base de la riqueza de Estados Unidos, no admite discusin", concluye.

Cuanto terminan de hablar, Fuller y Brown hacen planes para cenar con otras personas que comparten sus ideas. Para Fuller, los esfuerzos por terminar con el supremacismo de los sureos blancos, y de los estadounidenses blancos en general, "es un maratn", dice Fuller sobre el fin de la supremaca blanca en el sur y en Estados Unidos: "El testigo del legado se nos pasa a nosotros". "Ojal ya se hubieran sentado a hablar hace 20 aos", agrega Brown.

Laurie Myatt, de 49 aos, vive en un suburbio de Jackson. Recientemente se percat que nunca ha compartido mantel en una casa con una persona negra. "Es un buen ejemplo de que no se ha avanzado mucho, no?", se pregunta. Ella ya no vive en la sociedad cerrada de mente de la zona rural de Raleigh, Mississippi. Hace tiempo que se fue del condado de Smith, donde la palabra "negrata" sigue siendo comn, y desde hace aos tiene un crculo ms extenso de amigos y con ideas ms abiertas.

"Repites tus creencias y pronuncias la palabra 'negrata' hasta que te formas una opinin", explica sentada en el saln de su casa, frente a una pared cubierta de cruces. "Era algo comn. No es algo de lo que me sienta orgullosa".

Myatt comenz a reflexionar sobre sus ideas en torno al racismo y a la bandera de la Confederacin despus de leer un artculo publicado en The Guardian sobre los habitantes de Mississippi que todava defienden determinados smbolos y creencias. Contact con un amigo ingeniero negro que le explic el dolor que le caus ver a un nio blanco con la "bandera rebelde", la Navy Jack, en su vehculo. Luego pregunt a amigos blancos con una educacin similar qu sentimientos les provocaba la bandera. "Lo cierto es que este tipo de smbolos no me molestan", le dijeron.

Como muchos otros habitantes blancos de Mississippi, la infancia de Myatt estuvo marcada por las retorcidas intrigas de los supremacistas blancos, creando confusin sobre si huir o adaptarse, si avergonzarse y callar, o si dar un paso al frente para desmantelarlas. Su padre diriga una fbrica de ropa y cuando ella era pequea el hombre ya contrataba a blancos y negros por igual. Pero tambin recuerda haberse encontrado con una antigua empleada de la limpieza de su familia en un supermercado; emocionada, la mujer negra la levant en el aire y la bes. La muestra pblica de afecto enfureci a la madre de Myatt, una profesora de historia que dej su carrito de compras en el pasillo, agarr a sus hijos, se los llev a casa y les lav la cara.

Myatt, que se describe como "una persona muy conservadora", vot a Donald Trump pero est descontenta con su gestin. "Cada da que pasa parece ms idiota", indica: "No est uniendo a los ciudadanos, los separa". Le gustara ayudar a otros blancos a deshacerse de falsas creencias sobre la inferioridad de los negros. "Te limitas a creer lo que te ensean, lo que ves, hasta que ves algo ms y te das cuenta de que esto no est bien", dice.

Traducido por Emma Reverter.

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/surenos-blancos-cambiado-opinion-racismo_0_823118327.html


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