Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2018

La tica como encrucijada de la izquierda

Carlos Molina Velsquez
Rebelin


En los tiempos que corren, pare ce que tica ms poltica solo puede dar corrupcin. Eso es lo que se dice en todas partes, as lo leemos en los peridicos, lo vemos en la televisin y lo vivimos en las redes sociales. La tica se ha convertido no en la medida para evaluar la poltica, sino en su anttesis. Antes de que un poltico pueda dar pruebas de descargo o exponer sus argumentos, el tribunal de la opinin pblica ya ha declarado su inmoralidad intrnseca.

La idea de que la sola dedicacin a la poltica implique una suspensin de toda moral fracasa en tres sentidos : promueve una visin abstracta, limitada e intil de la tica, al reducirla al mbito de las decisiones individuales o de la accin social apoltica; limita la poltica a lo partidario, ya que vuelve irrelevante el compromiso poltico que no se decanta por un partido, al mismo tiempo que invisibiliza el conflicto social entre grupos con intereses contrapuestos; y aleja nuestra atencin del resto de profesiones abogados, periodistas e instituciones iglesias, escuelas, en donde las conductas inmorales son el pan de cada da. Esto no siempre fue as. Cmo llegamos a esta situacin?

Desde hace algunas dcadas, a medida que el neoliberalismo fue expandindose y creando las condiciones para sus expresiones ms totalitarias, tambin construy su propio antidiscurso de la poltica. Era necesario asumir que la nica poltica buena es la que no corre el riesgo de transformarse en una distorsin del mercado como cuando se toman en serio los derechos humanos de los trabajadores o de los migrantes y que la gestin de lo pblico deba pasar, de las instituciones sometidas a control democrtico, a las burocracias privadas transnacionales y sus aliadas criollas1 . En otras palabras, el nico poltico bueno es el poltico muerto, pues la necesidad de la poltica ha desaparecido, y solo cuenta la gestin del presupuesto mnimo y las ganancias empresariales mximas.

En Amrica Latina, una vez que las derechas perdieron el control de algunos poderes estatales , la estrategia de las lites dominantes fue lanzar toda la basura posible contra la poltica partidaria, como lo haba hecho antes contra la poltica que se haca en las calles o en las montaas. Ahora que las izquierdas accedieron al poder en elecciones, era preciso convertir lo electoral en un circo y una vil ofensa, en material de memes y marchas de indignados organizadas por la sociedad civil. Toda poltica vino a ser, en la prctica, poltica partidaria. Por esa razn, no es extrao que lderes sindicales, defensores de los derechos humanos, compaeras feministas y luchadores ambientalistas huyan de la poltica como de la peste, piensen que apoyar a un partido equivale a un pacto inmoral y, aun compartiendo principios izquierdistas, prefieran que no se les asigne ningn posicionamiento ideolgico.

Una triste consecuencia de esto es la despolitizacin de la tica, en lo que a la cosa pblica respecta. No me refiero a esa tontera de que la tica corresponde a las personas y la poltica a la sociedad, sino a la eliminacin de la dimensin poltica cuando se abordan los problemas de corrupcin, gestin pblica poco profesional o la orientacin que se da a las polticas pblicas. No tienen nada que ver, dicen. No importa el color poltico, repiten los entusiastas de las metforas cromticas; la tica es la misma para todos. As lo sera, sin duda, si la sociedad tambin fuese lo mismo para todos, pero sabemos que eso no es cierto, tanto como que no todos somos dueos de los bancos o que no todos estamos legalmente dispensados del pago de impuestos.

La poltica no es solo una manera de gestionar las instituciones, antes que eso es expresin de los conflictos dentro de las sociedades y de las formas que usan los grupos dominantes para ejercer su poder, luchando contra quienes les disputan ese derecho. Poltica es, tambin, la diversidad cultural de las sociedades que aspiran al pluralismo, ya que las figuras de la vida que persiguen los diversos grupos, eventualmente, entran en conflicto con los valores de otros grupos, y eso genera pulsos de poder y luchas por la autodeterminacin de unos y otros. La poltica asume, de esta manera, una dimensin tica, ya que lo que preferimos para nuestras vidas y lo que debemos hacer para convivir no es siempre lo mismo para todos, sino que est condicionado por nuestros variados y conflictivos intereses.

La vida social es conflicto, lucha de clases y batallas por el reconocimiento de los grupos excluidos. No existe nada como un proyecto de pas que incluya a todos y cada uno. Todo proyecto social es poltico, pues busca controlar hacia dnde debe dirigirse la gestin pblica, y eso genera conflictos con quienes quieren llevar la s cosa s en otra direccin. La poltica tambin construye alianzas que ayuden a conseguir los objetivos, implica negociar con los opositores que an conservan poder, postergar compromisos con aliados ideolgicos y muchas ms medidas que garanticen que las cosas salgan como se espera. Una tica abierta a la realidad social es imposible si no se entrelaza a los intereses concretos y las luchas polticas, tiene que tomar partido , no puede construirse en ningn rincn alejado de los conflictos, como cosa de iluminados, santones o modelos ejemplarizantes.

Echando un vistazo a la idea de bien comn podemos ver ms claro esta parcialidad de la tica. Desde el bien comn de la teologa medieval con su nocin de una sociedad orgnica, en la que cada uno cumple con la funcin encomendada por Dios, hasta el inters general del capitalismo la bsqueda del beneficio individual es reconducida por las leyes del mercado hacia una sociedad mejor, pasando por quienes insisten en que la Constitucin garantiza el bien comn otra cosa es que lo que dice la Constitucin se pueda interpretar de mil maneras distintas y casi siempre segn el capricho de sus intrpretes autorizados, es evidente que sus sentidos son diversos. Pero lo fundamental no es eso, sino que, en cada contexto, el concepto se interpreta para favorecer los intereses de un determinado grupo de poder, sea este la jerarqua eclesistica, los capitalistas o las lites que pagaron para que les hicieran su propia Constitucin.

Quien sostiene que el criterio del bien comn es lo que contribuye a la humanizacin de las mayoras populares hace una opcin poltica , y se coloca del lado de los pobres y los excluidos. No hay que ser ingenuos esperando que todo el mundo est contento, ni hay que poner cara de sorpresa si no se suman a nuestras iniciativas: lo que beneficia a las mayoras seguramente perjudicar a quienes las explotan y marginan. Tampoco nuestra posicin est ms all de la poltica ni es neutral ni nada parecido. Los que piensan que la tica puede ser objetiva o que existe una verdad de las vctimas que no implica una previa opcin por ellas, solo enrarecen ms la discusin y equivocan el tiro. Quienes insisten en que la opcin por las mayoras es lo nico que puede garantizar la vida de todos han hecho una apuesta por la humanizacin y se arriesgan al hacerlo2.

Un a lamentable muestra de la despolitizacin que padecen muchos camaradas con quienes, supuestamente, compartimos ideales sociales y polticos es el de algunas feministas que no ven ninguna diferencia entre Angela Davis y Angela Merkel, o que pensaban que era una buena idea votar por Hillary Clinton o por la derechista salvadorea Ana Vilma de Escobar. Una vez anulada la diferencia ideolgica procedimiento ineludible de la despolitizacin contempornea, la lucha por los derechos de las mujeres obtiene una dudosa legitimidad de esa construccin llamada sociedad civil, en donde todas las gatas son pardas y la dominacin patriarcal es concebida fuera de la historia. En estos registros, la lucha contra el capitalismo es desplazada o anulada por completo, y se rehuye hablar del carcter izquierdista del feminismo, al mismo tiempo que se destruye la posibilidad de superar las concepciones esencialistas de lo humano, que deberan preocuparnos a todos.

En El Salvador, vimos d os ejemplos de e sto hace algunos aos, en una campaa poltica y en las declaraciones de algunas lderes feministas . En las elecciones de diputados y alcaldes de 2015, el anuncio de una organizacin feminista invitaba a votar por mujeres, porque daban por sentado que estas ejerceran mejor su funcin poltica, precisamente por ser mujeres. En una inversin del discurso machista que asigna poderes, capacidades y roles sociales segn el sexo, las compaeras intentaron defender lo indefendible: no solo es falso que ser mujer u hombre es la razn por la que uno puede ser un mejor o peor poltico, sino que semejante idea impide al elector detenerse a pensar en las razones que de verdad importan a la hora de votar.

El otro ejemplo es el mil veces repetido machistas de derecha y machistas de izquierda, un lema apropiado para poner en una pancarta y llevarla a la Asamblea Legislativa , para presionar a los diputados que no apoyan los cambios que las mujeres necesitan como el derecho a que se les practique un aborto, pero que es tambin una frase que no podemos tomar totalmente en serio. Esta forma de argumentar oscurece el significado tico de la izquierda, pues, cmo se puede ser izquierdista sin estar en contra del machismo, sin luchar contra toda forma de dominacin, incluido el patriarcado? El problema es que, tambin, podra sugerir que hay feminismos de derecha y eso es, sencillamente, un disparate. Una cosa es que haya machistas hombres y mujeres en partidos polticos de izquierda y en ese caso no son autnticos izquierdistas, y algo muy distinto que el feminismo sea una opcin poltica e ideolgicamente indiferente. Tampoco hay que confundir las alianzas estratgicas con diputadas de derecha con la idea de que se navega en el mismo barco. En realidad, no hay machistas de izquierda, sino farsantes de izquierda que se delatan gracias a su machismo.

De nosotros depende que la tica sea una huida de compromisos incmodos o la oportunidad para asumir su rostro humano. En realidad, y contra lo que muchos piensan, la observancia estricta de principios ticos y leyes morales (o la Constitucin o los mandamientos bblicos) no es garanta de una sociedad ms humana. Las formas ms graves que puede adoptar la deshumanizacin tienden a ocultarse bajo el manto de la justicia y el cumplimiento de las leyes. Por el contrario, solo asumiendo la perspectiva subjetiva del compromiso con las mayoras desposedas y encajando sus inconveniencias es posible atisbar el rostro humano de la tica3.

Hace algunos aos, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador dio un claro ejemplo de esta ley que se cubre del manto de la imparcialidad, pero realmente golpea a los pobres y se burla de todos. Ante la urgencia de que le practicaran un aborto a Beatriz, una mujer pobre que padeca lupus, los magistrados fallaron que los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobre los del nasciturus ni viceversa, una afirmacin que no solo era una tontera de proporciones colosales el feto en el vientre de Beatriz era anenceflico, es decir, hablando en plata, no tena cerebro o un cmodo desentenderse del problema los magistrados, ni lerdos ni perezosos, le pasaron la pelota a la Asamblea Legislativa, para que resolviera las discrepancias jurdicas constitucionales, sino tambin una nueva muestra de que para aplastar a una mujer pobre no hace falta infringir la ley, basta con cumplirla al pie de la letra (o interpretarla maliciosamente)4.

No tenemos que elegir entre tica y poltica, esa es una falsa disyuntiva. La eleccin debemos hacerla entre una poltica y tica que favorezcan a las mayoras, y las que no. Esto debemos tenerlo claro al abordar los ataques que se hacen a los proyectos polticos progresistas en Amrica Latina. La crtica y denuncia de la corrupcin o de las acciones poco profesionales de los polticos debemos hacerla tambin desde la izquierda, desde nuestra propia opcin tica y poltica, y no desde cualquier posicin.

El enfoque de derecha sobre la corrupcin, por ejemplo, tender a presentarla como un vicio individual, que tiene su raz en la natural ambicin humana. Esto le resulta muy conveniente, ya que lo acompaa de un nfasis explcito en los funcionarios pblicos y minimiza la participacin de agentes privados. Los primeros son corruptos, porque disponen mal de los recursos pblicos, animados por su ambicin. Los segundos son emprendedores, porque utilizan la ambicin como incentivo para generar riqueza. Los vicios de estos son virtudes pblicas, mientras que los trapicheos de los primeros son solo eso, trapicheos.

Es evidente que la derecha utiliza la tica para debilitar a los gobiernos de izquierda que no puede vencer limpiamente en las urnas. Frente a esto, no basta con adoptar una postura reactiva que denuncie la conspiracin y se limite a llamar a una poltica de manos limpias dentro de las propias filas. La izquierda deber tomar la iniciativa y considerar el problema de la corrupcin como una razn ms para acabar con la raz del mal: el capitalismo. Un izquierdista no puede conformarse con no robar o con exigir castigos para quienes lo hacen incluidos los corruptos de partidos y organizaciones sociales de izquierda , tambin debe luchar para acabar con un sistema dominado por bandas de ladrones. Y eso no ser nada sencillo, sin duda, pero es lo que una tica y una poltica de izquierda deben hacer.

Notas:

1. Cfr. Hinkelammert, Franz; Derechos humanos: distorsiones del mercado, en Solidaridad o suicidio colectivo , Ambientico Ediciones, Heredia, 2003, pp. 13-16; Hinkelammert, Franz; El socavamiento de los derechos humanos en la globalizacin actual: la crisis de poder de las burocracias privadas, en El asalto al poder mundial y la violencia sagrada del imperio , Editorial DEI, San Jos, 2003, pp. 17-31.

2. Cfr. Molina Velsquez, Carlos; tica del bien comn y de la responsabilidad solidaria, Devenires, Revista de Filosofa y Filosofa de la Cultura, Ao IX, N 17 (2008) pp. 156-186; Ellacura, Ignacio; Historizacin de los derechos humanos desde los pueblos oprimidos y las mayoras populares, en Escritos filosficos III, UCA Editores, San Salvador, 2001, pp. 433-445.

3. Cfr. Hinkelammert, Franz; Pablo: la maldicin que pesa sobre la ley. Un ensayo sobre la Carta a los Romanos, en La maldicin que pesa sobre la ley. Las races del pensamiento crtico en Pablo de Tarso , Editorial Arlekn, San Jos, 2010, pp. 71-115.

4. Cfr. Molina Velsquez, Carlos; FONAT o por qu los Cuatro realmente son Fantsticos, ContraPunto, 22 de julio de 2013. http://www.contrapunto.com.sv/columnistas/fonat-o-por-que-los-cuatro-realmente-son-fantasticos; Feussier, Oswaldo Ernesto; Desde el dogmatismo hacia la exclusin: Apuntes sobre el delito del aborto en El Salvador, Revista Redbiotica / UNESCO, Ao 6, Vol. 2, N 12 (2015) 46-69.

Carlos Molina Velsquez, salvadoreo, profesor de filosofa en la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas, y colaborador eventual de Rebelin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter