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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2018

El movimiento estudiantil universitario del Valle del Cauca

Horacio Duque
Rebelin


En un contexto poltico de crisis del Estado y del rgimen de dominacin oligrquico, reflejada en la amplia votacin ciudadana disidente que apoyo con ms de 8 millones la candidatura presidencial (2018) de Gustavo Petro, y en la votacin de casi 13 millones de sufragios en favor de la Consulta anti corrupcin, se ha desatado por todo Colombia una de las ms potentes movilizaciones estudiantiles para demandar soluciones a los problemas financieros de la educacin superior pblica, exigir mejoras en la calidad de la educacin y defender la construccin de la paz con compromisos acadmicos orientados a dar apoyo a la democratizacin poltica, la reforma rural integral, la reincorporacin, la sustitucin de cultivos y los derechos de las vctimas mediante la profundizacin del modelo restaurativo de justicia.

Cali, Popayn, Bogot, Medelln, Barraquilla, Bucaramanga, Armenia, Cartagena, Pereira y otros grandes centros urbanos han sido escenario de gigantescas manifestaciones de los jvenes estudiantes que han sido acompaadas por otros movimientos sociales como los ambientalistas, los de derechos humanos, los cocaleros, los docentes de secundaria y los trabajadores de la CUT.

El origen de la rebelin universitaria, en la que tambin participan directivos de 32 Instituciones de Educacin Superior, es la bancarrota financiera que carcome a todo el sistema, la crisis del modelo educativo neoliberal y colonial y la defensa de la paz pactada con la guerrilla de las Farc y pendiente de las negociaciones con el Eln, truncadas por el perverso plan del nuevo gobierno de imponer una rendicin incondicional en la Mesa de conversaciones en La Habana.

Como un componente del movimiento social colombiano, el movimiento estudiantil universitario est reflejando nuevas tendencias y otros repertorios en su activacin.

El movimiento universitario del Valle del Cauca es una de las expresiones regionales de la mayor envergadura de la protesta en curso. Su epicentro es la Universidad del Valle, fundada en 1945, con casi 40 mil estudiantes y asignaciones presupuestales que traspasan los 300 mil millones de pesos y atrapada en sus directivas por los sistemas clientelares del Senador Roy Barreras, representante del Partido de la U, creado por Juan Manuel Santos y beneficiarios de ros de mermelada del sistema general de regalas que se asignan y gastan sin control entre sus clientelas de contratistas (https://bit.ly/2AcFgOW). Tambin participan ncleos de algunas universidades privadas como la catlica y el Icesi, aunque muy presionados por las directivas ligadas a tendencias cristianas ultra conservadoras y neoliberales.

La demoledora crisis financiera.

La fuente del conflicto universitario en curso es la crnica crisis financiera que amenaza gravemente las instituciones de educacin superior.

Como seala Acosta en cuanto al financiamiento, la universidad pblica acusa enormes falencias. La misma se rige por la Ley 30 de 1992, la cual no responde a la dinmica de crecimiento de la cobertura y de las nuevas y mayores exigencias que ella demanda. De conformidad con el artculo 86 de la misma, las transferencias de la Nacin a las universidades, desde su entrada en vigencia en 1993, estn indexadas con la inflacin causada el ao anterior (Ver https://bit.ly/2CWtdIc).

All mismo cita Acosta estudios del Sistema Universitario Estatal (SUE), los cuales sealan que los gastos de funcionamiento e inversin de las universidades en los ltimos aos se incrementaron ao a ao en promedio 10,69%... Es decir, alrededor de 5 puntos porcentuales por encima del promedio del ndice de Precios al Consumidor (IPC) en ese mismo perodo. All est claro el descalce entre los recursos asignados por Ley y los requerimientos de las 32 universidades pblicas. Es ms, de acuerdo con un estudio de Quimbay y Villabona, el efecto acumulado de la reduccin de los aportes de la Nacin a los presupuestos de funcionamiento e inversin de las universidades entre 1993 y 2015 fue de 44,4%, al pasar de representar el 3,6% del total de gastos del Gobierno nacional en 1993 a solamente 2% en el ao 2015 (Ver https://bit.ly/2CWtdIc).

Segn cifras de la Asociacin Colombiana de Universidades (Ascun), recogidas por Acosta, el nmero de estudiantes matriculados en pregrado pas de 159.218 en 1993 a 611.800 en 2016, creci casi 4 veces y la cobertura se ampli entre el 2010 y el 2016 del 37,1% al 51,5%. La verdad sea dicha, los recursos apropiados para financiar la educacin superior por parte del Gobierno nacional, segn el SUE, ha aumentado de $2,21 billones en 2002 a $8,9 billones en 2017. No obstante, las transferencias de la Nacin a las universidades han tenido un decrecimiento del 55,7% al 37% en el mismo perodo. En cifras redondas; mientras que en 2004, de los $2,8 billones apropiados para la educacin superior, $1,4 billones, el 50%, fueron transferidos a las universidades pblicas; en el 2017 de los $8,9 billones solo recibieron $3,2 billones, el 35% (!), afirma Acosta en el mismo artculo de opinin, con toda la autoridad que l tiene por conocer las finanzas del Estado.

Escenario que se complic con el Programa neoliberal santista Ser Pilo paga que termino convirtiendo a la principal Universidad privada del pas, la de los Andes de Bogot, en la principal favorecida del presupuesto nacional para los centros de educacin superior ampliando las condiciones de desigualdad y privilegios.

El dficit de la educacin superior pblica es el caldo de cultivo que encadena los otros males adicionales como el incremento de las matriculas para suplir la falta de recursos afectando a miles de estudiantes en condiciones de pobreza absoluta; la masificacin de los profesores de catedra; el taxmetro de las matriculas; la desercin estudiantil; el desplome de las infraestructuras escolares; la baja calidad acadmica; la escasa o nula produccin cientfica; el desplome del modelo neocolonial epistemolgico eurocntrico prevaleciente en todas las universidades neoliberales, con su trasnochada y obsoleta departamentalizacin [1]; y el desconocimiento de las realidades sociales del pas por parte de un mundo que marcha a espaldas de la nacin empeada en la construccin de la paz y la superacin del conflicto social y armado.

La constitucin del actual movimiento universitario.

En ese escenario es que irrumpe el movimiento estudiantil que de entrada ya fue estigmatizado por las roscas gubernamentales. El Ministro de Defensa, la polica, el Esmad y, por supuesto, las mafias de la ultraderecha uribista y sus redes mediticas ya recuperaron el viejo discurso estigmatizador y macartista para sealar a los estudiantes como desadaptados, disfuncionales, delincuentes y perturbados mentales a los que se debe aplicar con todo el vigor la Ley 1453 del 2011 (Ver https://bit.ly/2yZl5lV) expedida para perseguir a los jvenes, como lo acaba de anunciar el flamante Secretario de Seguridad de Cali Andrs Villamizar, quien escribi en su cuenta de Twitter que "bloquear vas puede dar hasta 4 aos de crcel. Daar o afectar vehculos de transporte pblico hasta 8 aos. Urge aplicar la ley 1453. No ms abusos del derecho a la protesta" (Ver https://bit.ly/2PKMaAm).

Esta amenaza es parte del discurso instalado por el Ministro de Defensa, seor Botero, quien como mano derecha del Presidente Duque ya desplego la correspondiente arremetida discursiva para demonizar los movimientos populares y sus lderes, que segn el, hacen parte del entramado de los carteles mexicanos de la droga, abonando de esa manera el genocidio de los dirigentes sociales y reincorporados de las Farc que cada da son objeto de atentados y masacres, ya van 400 desde octubre del 2016 al da de hoy.

El Movimiento estudiantil universitario tiene necesidad de caracterizar sus contenidos y tendencias para determinar con claridad sus tareas estratgicas y sus rumbos de presin sobre el Estado; adems proveer medios de proteccin de los derechos humanos y de la vida de los lideres e integrantes mediante una estrategia que haga realidad los Acuerdos de paz en la materia propiciando la convergencia de las infraestructuras instaladas para dar las garantas correspondientes. Es cierto, las dos grandes manifestaciones, realizadas el 10 y 17 de octubre, con gigantescas concentraciones en el Sur de Cali, para el caso del Valle del Cauca, frente a las oficinas del Icetex y en las principales Avenidas de la ciudad, han golpeado duro al gobierno del seor Duque, obligndolo a realizar anuncios de adiciones y reacomodos presupuestales que a la postre han resultado una farsa perversa cuyo fin es propiciar la desmovilizacin y la confusin.

Pero se necesita, como lo sugiere Fernndez de Rota (Ver file:///C:/Users/FERNANDA/Downloads/487-1225-2-PB.pdf ), que a partir de las aportaciones posestructuralistas se repiense los movimientos sociales ms all de la Teora de Sntesis. Tal teora ha sido propuesta durante las dos ltimas dcadas en la Sociologa de los movimientos sociales como una suerte de cierre disciplinar. Sin embargo, la sntesis (de las teoras de la movilizacin de recursos, la oportunidad poltica y la enmarcacin cognitiva) lejos de suponer un avance en aspecto alguno, se ha conformado con aglutinar y prolongar las teoras previas, sin proceder a lo que en nuestra opinin era una necesaria tarea de reconceptualizacin de la constitucin de la potencia, la dinamicidad y la corporalidad del movimiento. Resulta sumamente paradjica la escasa o nula atencin que a la definicin del movimiento presta los estudios sobre los MMSS. El inters es volver a pensarlo desde ms ac del sujeto o cualquier otro tipo de institucin, en tanto que fuga y potencia creativa desplegada sobre el plano de lo cotidiano, agrega Fernndez (file:///C:/Users/FERNANDA/Downloads/487-1225-2-PB.pdf ).

Al hilo analtico de Fernndez, e incrustados en el desempeo creciente del movimiento estudiantil del Valle del Cauca y del resto de la nacin, lo que las teoras modernas de los movimientos sociales no parecen tener claro, ms all de sus definiciones en negativo (lo que un MMSS no es) o de sus apelaciones al sujeto, es qu significa el movimiento en cuanto tal. Para Aristteles, el movimiento era el paso de la potencia al acto, o como dira Agamben [2], la constitucin de la potencia en tanto que potencia (2005). Recurriendo al pensamiento postestructuralista hemos sealado como esa creatividad se produce en la expresividad de las multiplicidades, precisamente en el desbordamiento de la institucin representativa (sujeto, estado, soberano, etc.). Segn Aristteles existen tantas especies de movimiento como especies tiene el ser en s mismo (1994). Nosotros, agrega Fernndez, hemos sealado hasta aqu distintas especies fundamentales, contextualizadas en planos ontolgicos y lgicas del ser diferentes: hay movimientos moleculares y movimientos molares, movimientos de produccin del comn y movimientos de produccin de la diferencia, tambin hay desaceleraciones que desembocan en reterritorializaciones representativas o identitarias, destrucciones del comn y reduccin de las multiplicidades mediante capturas y saqueos, reticulaciones, fijaciones e incesantes intentos de reductio ad unum. Pero todo eso no parece inquietar a las ciencias sociales modernas. Paradjicamente, el movimiento se suele confundir con la fijacin del devenir en una organizacin autoconsciente, identificando organizacin con movimiento. A menudo, la metodologa y el proceso de clasificacin analtico procede de la siguiente manera: primero se sealan las organizaciones, luego, a partir de un reduccionismo identitario, se reifica y fragmenta la transversalidad de la multiplicidad en movimiento en un nmero serial de familias: movimiento feminista, movimiento ecologista, Lgtbi, estudiantiles etc. Sin embargo, dada la continua emergencia de movimientos atpicos como la alterglobalizacin, o expresiones polticas tan difcilmente categorizables como la insurreccin de las banlieus parisinas del 2005, el concepto tradicional de movimiento social, as como la delimitacin de familias de las polticas identitarias, han entrado en una crisis ineluctable (Ver file:///C:/Users/FERNANDA/Downloads/487-1225-2-PB.pdf ). Crisis que debe ser asumida por los mismos protagonistas estudiantiles.

Lo visualizado y lo invisibilizado.

Sostiene Fernndez, hay algo que chorrea sobre lo social e impregna los movimientos. Se comunica subrepticio sobre el campo de la vida cotidiana. Teje redes y prcticas, crea nuevas valores y nuevas formas de sentir, produce mundos significativos, contrasta las hiptesis y discute las consignas institucionales, crea tambin los lugares comunes y los desencuentros que vertebran las luchas polticas. Es en esta comunicabilidad social que se tejen las resistencias, y tambin los movimientos de comunalidad y diferencia. Autores como Alberto Melucci [3] o Mario Diani [4], citados por Fernndez, han manifestado la necesidad de atender a esas invisibilidades de los movimientos, es decir, a las redes que estn desperdigadas por lo social y que en un momento dado se constituyen para formar una serie de movilizaciones y organizaciones. En este sentido, prosigue, se entiende que el movimiento sumergido precede al movimiento social visible. Ahora bien, afirma, aun cuando Melucci y Diani hacen bien en exigir el atender a esas realidades latentes, las realidades latentes de las que hablan son demasiado superficiales, demasiado toscas. Su apuesta es peligrosa. En ella resuena un antiguo eco reaccionario, sentencia. Melucci y Diani hablan de la latencia de los Muchos en el Uno como cuando Hegel hablaba de la subsuncin de las partes en el proceso teleolgico del espritu o del Estado. La vida antagonista que recorre sigilosa lo social es obligada a converger, por ramificacin, sobre el tronco de la movilizacin, ms concretamente, el tronco institucional del movimiento social. Slo as puede reclamar su carcter poltico. Ms an, slo las prcticas que realizan la sntesis consumando el ser-Uno son consideradas latentes; lo dems, simplemente, puede permanecer invisible, objeta Fernndez.

Con razn dir Mendiola [5]: si bien Melucci (1994) apunta acertadamente que existe una miopa de lo visible por medio de la cual el estudio de los movimientos nicamente se ha ceido a las acciones ms visibles (....), el peligro al que aludimos, constituira una visualizacin de (la) otra miopa de lo visible por medio de la cual lo cotidiano devenido poltico adquirira su forma paradigmtica en los conflictos desatados por los movimientos, sin apercibirse, en consecuencia, que ms all de lo que se oye hay un rumor incesante de lneas de fuga que desatan alteraciones, afirma Mendiola citado por Fernndez.

En definitiva, el gran peligro, advierte Fernndez, consistira en volver a conferir al Uno aunque este Uno ahora sea el movimiento social- el carcter central, el de fuente original dispensadora de sentido y praxis al otorgarle un privilegio cognitivo inexistente en otros espacios de lo social, lo que les constituira en actores colectivos capaces de poner de manifiesto las relaciones de poder que permea el proceso de subjetivacin (ibidem). Fernndez sugiere que as no estaramos repitiendo sino la misma vieja concepcin del movimiento que lo piensa como vanguardia de lo social. El Movimiento como corte procedera a reproducir la escisin poltica noolgica (pueblo/gobernantes) entre un actor poltico (el movimiento y su latencia) frente a un resto que sera pensado entonces como impoltico, como lo plantea Agamben. Muy a pesar de las teoras de la unidimensionalidad de Marcuse, y la espectaculariazacin de lo social en la proyeccin de Debord elaboradas por los frankfurtianos y los situacionistas, debemos reconocer con Fernndez, que lo social se manifiesta como un continuo proceso de renegociacin, desviacin y rechazo de los significados y las praxis esperadas.

Las distintas teoras del consumidor/espectador creativo de Mary Douglas [6], Hall [7] y Fiske [8], han contribuido a visibilizar estas prcticas dinmicas y paradjicas.

Otros autores, como Michel De Certau, en este caso siguiendo el anlisis foucaultiano, intentaron repensar la potencia del antagonismo dentro de este micro-mundo de las tcticas cotidianas, irreductibles al movimiento social visible o latente, otorgndole la voz por tanto al otro subalternizado por el pensamiento poltico clsico (en este caso, el pueblo impoltico al que aluda Agamben).

Tcticas y estrategias del Movimiento social.

Michel De Certau [9] diferencia entre tcticas y estrategias en los movimientos sociales.

La estrategia y lo molar.

La estrategia se definen como un clculo de relaciones de fuerza que slo es posible una vez que un sujeto es capaz de construirse y aislarse en un ambiente propio, un lugar que controla y definen los dispositivos del poder (la escuela, los mass media, el ejrcito, la crcel, la universidad, la fbrica, el estado, etc.). Desde tal lugar propio gestiona las relaciones con una exterioricidad de metas o de amenazas (los competidores, clientes, enemigos, los objetos de la investigacin cientfica, etc.). Supone un dominio de la visibilidad de los espacios y los tiempos que en ellos transcurre, de forma que permite capitalizar las ventajas adquiridas y planificar las expansiones futuras. Las estrategias se realizan desde lo nodos de efectuacin del poder (instituciones representativas) y los nodos estratgicos de resistencia (instituciones expresivas). Las tcticas, por el contrario, carecen de lugar propio. Se desarrollan en el lugar de las estrategias del poder.

Resisten desde dentro, en un espacio ajeno. Crean nuevos usos para las cosas, constituyen nuevas semnticas sociales, esquivan las capturas, provocan crisis y propician la creacin de mundos otros. En definitiva, transforman las instituciones, tambin las organizaciones movimentistas.

En su libro La invencin de lo cotidiano Michel De Certeau estudia un sin fin de tcticas distintas que, utilizando el lxico que Foucault elabor en Vigilar y Castigar [10], define como anti-disciplinarias. Un ejemplo sera el llamado rechazo al trabajo que se da en los espacios de la fbrica y la empresa; otro ejemplo de tctica antagonista sera la (ciber) piratera actual. Ahora bien, con lo dicho en los epgrafes precedentes, nos dice Fernndez en su magnfico ensayo, ser fcil comprender que lo que bulle por debajo de las tcticas y las contra-estrategias no pueden ser reducidas nicamente a lo racial (clculos de probabilidades, y tcticas para subvertir dichos clculos). Los microcosmos moleculares que implican, y las variaciones en la distribucin/composicin del deseo y las creencias que provocan, no pueden definirse dentro del esquema de la i/racionalidad. Sin tener en cuenta todos estos movimientos moleculares, que continuamente ponen en crisis a las instituciones, no sera posible explicar el cambio social; tampoco su heterognea complejidad ni la potencia del movimiento antagonista. La crisis del fordismo y el auge del postfordismo, por ejemplo, no podran ser explicados sin tener en cuenta los antagonismos estratgicos de los movimientos estudiantiles, negros, anti-coloniales y las huelgas salvajes. Tampoco podra explicarse sin tener en cuenta el antagonismo tctico, el efecto del rechazo al trabajo, por ejemplo; los elevadsimos niveles de absentismo laboral, escaqueos, ralentizacin de la produccin y boicots que tuvieron lugar en muy diversos pases durante las dcadas de los aos sesenta y setenta, como lo afirman Negri [11] y Hardt [12]. Pero, del mismo modo, no son incomprensibles si no se tiene en cuenta el efecto en la transformacin los flujos moleculares, sus desplazamientos de las representaciones culturales, su creacin de nuevas distribuciones y composiciones sociales del deseo, en el anlisis de Deleuze y Guattari.

En sntesis.

En fin, las invisibilidades movimentistas en latencia de Melucci y Diani comienzan a problematizar la nocin de movimiento social, pero lo hacen de forma insuficiente. La visualizacin de las tcticas antidisciplinarias politiza lo social ms all de lo que suele delimitarse bajo el concepto habitual de movimiento social. Sin embargo, ninguna de las dos aportaciones logra aprehender los agenciamientos de enunciacin colectiva que anteceden a los sujetos y sus prcticas.

Los antagonismos moleculares terminan por abandonar cualquier postura centrada en el sujeto y en los objetos slidos.

La produccin de una lnea de fuga o una revolucin molecular ya no remite a sujeto alguno. Muy por el contrario, dispone planos donde los sujetos se forman. Y en este sentido, podemos concluir con Mendiola que, la especificidad de los movimientos no deber fundamentarse, consecuentemente, en la bsqueda de rasgos propios que no se encuentran en el tejido social, una idiosincrasia que es posteriormente llevada a la sociedad, sino que por el contrario, sus peculiaridades habrn de buscarse en los espacios y tiempos que derivan de la tensin ontolgica que da lugar a trayectos sociolgicos que son irremediablemente colectivos: la especificidad de los movimientos emerge en un cronotropos, en el despliegue performativo de una multipliciadad cambiante.

La invisibilidad de los antagonismos slo podr ser aprehendida si se trasciende el movimiento y su latencia, si se atiende a las tcticas tanto como se ha atendido a las contra-estrategias (movilizacin de recursos, etc.), si se responde a los problemas que plantea la distincin entre expresin y representacin institucional, y si se incorpora en el anlisis la perspectiva molecular de una ciencia nmada. Al permanecer invisibles los flujos y las multiplicidades, al permanecer incuestionado el sujeto, de los movimientos slo se estudia uno de sus ejes espacial-temporales: los de la reterritorializacin, concluye Fernndez, en una provocadora narrativa que resulta pertinente debatir al interior del actual movimiento universitario.

Nota. El da 19 de octubre del 2018, en un ambiente de apertura propiciado por la Secretaria de Paz territorial del Valle del Cauca, y de su representante, el Doctor Fabio Cardozo, as como por el Observatorio de Paz de dicha entidad, de la que hacen parte muy destacados gestores de paz, se debatieron con profesores y estudiantes, las caractersticas del actual movimiento estudiantil caleo y caucano, y se propusieron importantes actividades con Foros programticos y reuniones de los organismos de Derechos Humanos regionales, para construir un Plan de Accin de prevencin y proteccin de los lderes y de todos los integrantes de la actual movilizacin universitaria, amenazados por el Esmad, los paramilitares, las mafias, las burocracias y las gubernaturas fascistas del uribismo.


Notas

[1] Ver Santiago Castro-Gmez en el siguiente enlace electrnico recuperado el 20 de octubre del 2018 https://bit.ly/2yPscxa

[2] Ver Agamben, Giorgio (2005). Movimiento, Caosmosis, extrado el 4 de febrero del 2008, de http://caosmosis.acracia.net/?p=378.

[3] Ver Qu hay de nuevo en Melucci, Alberto (1994). Qu hay de nuevo en los nuevos movimientos sociales?. En Enrique Laraa y Joseph Gunsfield (eds.), Los nuevos movimientos sociales. De la ideologa a la identidad (pp. 119-150). Madrid: CIS. Melucci, Alberto (1998): La experiencia individual y los temas globales en una sociedad planetaria. En Tejerina, Benjamin e Ibarra, Pedro (eds.), Los movimientos sociales. Transformaciones polticas y cambio cultural (361-382). Madrid: Trotta

[4] Ver Diani, Mario. (1992) The concept of social movements. The Sociological Review, 40(1), 1-25.

[5] Ver Mendiola Gonzalo, Ignacio (2001). Movimientos sociales y

[6] Douglas, Mary (1998). Estilos de pensar. Barcelona: Gedisa.

[7] Hall, Stuart (1973). Encoding and Decoding in the Television Discourse. Birmingham: University of Birmingham.

[8] Ver Fiske, John (2004). Reading Television. Londres: Routledge.

[9] Ver De Certau, Michel (1999). La invencin de lo cotidiano. Mxico D,F. : Universidad Iberoamericana.

[10] Ver Foucault, Michel (1984). Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI. Foucault, Michel (1997). Las palabras y las cosas. Madrid: Siglo XXI. Foucault, Michel (2001). El sujeto y el poder. En Paul Rabinow y Hubert Dreyfus, Michel Foucault: ms all del estructuralismo y la hermenutica (pp. 241-259). Buenos Aires: Nueva Visin. Foucault, Michel (2004). Nietzsche, la genealoga, la historia. Valencia: Pre-textos. Foucault, Michel (2005a). La voluntad de saber. Madrid: Siglo XXI. Foucault, Michel (2005b). El uso de los placeres. Madrid: Siglo XXI. Foucault, Michel (2005c). La inquietud de s. Madrid: Siglo XXI.

[11] Ver Negri, Antonio (1994). El poder constituyente. Madrid: Libertarias/Prodhufi. Negri, Antonio y Hardt, Michael (2005). Imperio. Barcelona: Paids.

[12] Ver Negri, Antonio y Hardt, Michael (2006). Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio. Barcelona: Paids.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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