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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2018

Luego del exilio el regreso a Ocaa

Carlos Meneses Reyes
Rebelin


Por un instante imagin que al rededor del cuarto donde dorma, llegaba el rumor de alguna quebrada, precipitada por el seco rumbn en verano y rauda en esta poca del ao, henchida de no s qu bsquedas ante lo incierto de los afluentes, por si la matriz de sus ros an existe y la silenciosa y amplia cobertura donde confluyen, les espera y recibe. Fue un palo que se cay y al entreabrir los ojos el verde hmedo, gotear de la vegetacin escampando, y la hilera de carros esperando demostraba la existencia de un derrumbe u obstculo. Ve. Ya me sacaron mil pesos, expres el conductor y acucioso esper la presencia de sujetos armados. Pero no. Ayudantes de camiones y espontneos, machete en mano, en par minutos, cortaron las ramas del grueso tronco cado a la carretera, despejando la va. Nos encontrbamos en Montecitos, arriba de Platanal, comenzando el ascenso de 37 kilmetros, hasta llegar al Alto de Saninvilla, desde donde se observa el Norte de la extendida cuidad de Ocaa, que con un acumulado de viviendas y trazado paisaje, se confunde e integra el municipio cesarense de Ro de Oro, con el ducto vial de lo barrios de la segunda ciudad del Departamento de Norte de Santander y Capital de El Catatumbo por confluir en ella, cual satlites, once municipios del inmenso entorno fronterizo de tupidas selvas, ros navegables, sinfona de relmpagos y de truenos esparcidos en la lejana de las distancias, ya no escuchados, pues la velocidad de la luz supera a la del sonido. Todo un eco de recuerdos inquieta mi ser, al palpar, que luego de veintisiete aos de ostracismo, regreso a la Cara Ocaa de mis pinitos de literario, de la formacin en la oratoria con los padres eudistas, del incansable ratn de biblioteca en el Colegio Caro y las incomodas sillas de la Biblioteca Paz Courvel; de propulsor de la organizacin estudiantil y campesina, enfrentado desde los trece aos a las lides del movimiento popular, materializado con la participacin en el glorioso Paro Campesino del Nororiente, que me valieron el desprecio de la decadente oligarqua local provinciana aduciendo que haba llevado a diez mil campesinos a orinarse al Parque 29 de Mayo, desconociendo la forma organizada de su comportamiento y el alcance de sus propuestas y exigencias y an continan sin perdonarme, en cumplimento de los de la generacin de la violencia subvertir el orden poltico impuesto por el fatdico Frente Nacional, al erigir como partido en el Norte de Santander a la alternativa poltica del Frente Popular. Desde entonces, el panorama poltico en la Provincia de Ocaa y El Catatumbo despej al salto cualitativo de la lucha popular prolongada clandestina a la amplia poltica de masas, con corrientes paralelas como A Luchar! Y la Unin Patritica (UP).

A las siete de la noche me esperaba la comitiva de familiares y amigos en la esquina del parque de Rio de Oro. Hoy no suenan las guitarras, adujeron. Arribamos al barrio Cristo Rey, donde avanzaban los preparativos para una gallina alcaparrada, aduciendo tambin el motivo del cumpleaos de Julio. Que asma, ni que carajo! Inhal el frescor de la noche. Se me ocurri combinar el olor al barbatusco y a la guayaba. La hilera de casas, en ondulante calle peatonal, que linda con el abismo, permite que su espacio se convierta en sala, para observar la panormica de la ciudad y el manto de luceros tintineantes. Al alcance de las manos estaban las guayabitas arrayanas de gratas recordaciones, paralelas a sin fin de ancdotas relatadas. Estas son las cocotas que se dan en Cristo Rey, distintas a las huertas coloniales del centro, aducan. De un sonoro mordisco rumie, bajo las cascadas de los tragos, la pulpa del delicado manjar. Aunque vos escribs sobre la cocota y le dedicas poemas, no est escrita la ltima palabra, me vocearon.

Al da siguiente la bohemia se desarroll en la amplia casa de los Baca, en el tradicional barrio de Villanueva, de corredores, espaciosos aposentos y sala de tejido techo de caa brava, delicada y armoniosamente entrabada y esmaltada. Fue construida en el ao de 1910 y aunque no habitada, se conserva amueblada y celosamente mantenida por tan apreciada familia. La huerta de dos mil metros cuadrados linda con el ro Tejo. Lo conservan limpio y por la oscuridad, denota el embrujo del silencio y el suave murmullo de un silbido, paseante en arboles y plantas. En ese ambiente verde, que te quiero verde de Garca Lorca, rasga la guitarra de Jairo Manzano, indito artista ocaero, que vivo de la msica, so bobo qu ms hago?. Lo acompaa el tambin canta autor Fernando Manzano. Sublime escucharlos. Junto con el viejo Rodrigo (Rigo) Manzano al tiple y el inigualable Nando Restrepo El Mazo, contrapunteando cual rival consagrado, en lo creativo del momento, la improvisacin acompasada que nos transporta a los lares de lo jams olvidado. Desde El Barcino y las canciones protestas interpretadas y compuestas a tono de la movilizacin popular de los aos setenta y ya triunfante sobre el Imperio el valeroso y ejemplar pueblo vietnamita. Al lado, el chasquido del fogn de lea, hirviendo la olla de la sopa de arroz con gallina casera de huerta, combinando con el aroma de la arepa ocaera, de tostada cara dorada, que se levanta, para rellenarla de queso rallado, y de la que me abstengo de perorar sobre cuanto he investigado sobre su origen, por aquello que no est escrita la ltima palabra.

El sbado da de la virgen, desist de caminar al santuario de la Virgen de Las Gracias de La Torcoroma. Sin fin de romeros y hasta por carretera ascienden por el viejo camino a Buena Vista o llegan a lugar apropiado por carretera. Me confirman de la tenaz lucha por la recuperacin del pjaro hormiguero (el pjaro pico de hacha) y conservacin del hbitat. As se moleste la Monsanto los originarios conservan avanzado banco de semillas autctonas.

Al visitar a mi hermana mayor atin a decirme que fulana cmo se pondr de contenta al saber que estas aqu, - es de las mismas ideas tuyas- y no ha dejado de preguntarme por vos durante todos estos aos. Al indagar sobre quien era me contest: - ! pues no te digo, porque est casada!.

Reviv lo redactado sobre Ocaa, recin llegado a Colombia, teniendo como fuente testimonios, videos, fotografas, etc., que me hacan llegar los paisanos. Es insoportable e inhumano transitar por el centro va al Mercado Pblico. La enrredera de cables y lneas denotan el atraso, en planificacin, de no estar bajo el suelo y la desidia de la cuestionada Alcalda , con representante Uribea a bordo- que se da el lujo de permanecer bajo rejas, sindicada de corrupcin, varios meses del ao; decreta el sistema operativo de la consulta que busca revocar su mandato; atina a la prctica clientelista de la abstencin para no llegar al umbral de revocatoria, no sin antes aplicar un cambio de cierre de vas, levantamientos de aceras, para impedir el acceso de vehculos al lugar central de votacin. nico caso de fuente ovejuna en el mundo en que sin reato de tica o de conciencia persiste en permanecer en el cargo.

Las viejas casonas de la Calle del Dulce Nombre y el Seminario, alteradamente remodeladas y reformadas en mltiples locales comerciales, semejando laberintos por el fondo de sus terrenos. Volcadas las mercaderas a la calle sin respeto al espacio pblico. Ensordecedor ruido, aunado al rugir de las motos, con el paso lento pero estrepitoso de variedad de automotores. All se refunde lo divino y lo humano. Lo legal y lo ilegal. Sin justificacin alguna el tronar de un equipo de sonido de un automvil con las puertas abiertas y la multitud pasando o detenindose, con la sola explicacin-para mis adentros- que anuncia su presencia de micro traficante de sustancias, a ciencia y paciencia del sin fin de sabuesos policiales sin uniforme, que transitan cual plaga por esas apocalpticas calles en bsqueda de localizar al enemigo que baja de civil desde el monte.

Transcurre el tercer y ltimo da de mi permanencia. Por el bajo cariz de mi presencia, trato de pasar desapercibido, como un ciudadano ms; pero no falta el personaje coetneo que me identifica. Me ilustran sobre la crisis econmica que afecta a la Provincia y al Departamento. Resaltan el que los bancos estn solos, sin movimiento. Destacan la cantidad de locales desocupados y/o en venta. Explican que no esta llegando la plata del Catatumbo. Relatan con lujo de detalles y expresiones autctonas que desde las veredas se ven los campos rebosantes de cultivos de coca. La maldita, pero a su vez, benefactora hoja, se cultiva todo el ao y no importa el clima imperante. En este momento es como si existiera una orden tacita de no comercializarla. Todo bramaje e intercambio en dinero, en especie o trueque de la hoja de coca est congelado. Estn esperando que el gobierno nacional cumpla con el compromiso de los Acuerdos de sustitucin de cultivos y que paguen con regalas el monto del valor de la hoja, acorde con el humero de hectreas cultivadas por cada cabeza de familia. El indiscutible aumento de hectreas cultivadas de coca tiene que ver con el desacierto poltico demostrado por el antiguo Secretariado de las Farc-ep, de desarmarse o entregar las armas sin haber materializado la implementacin de tan fundamental Acuerdo. Ya sin armas, el campesino no obedeci. Ahora se impone el mayor nmero de hectreas cultivadas con el redito de percibir un mayor ingreso familiar al darse la sustitucin voluntaria, el pago de lo debido, y el reto de un verdadero cambio de modelo econmico- productivo como subsiguiente etapa, al que el actual gobierno pareciere no estar en capacidad de asumir a tono con el mandato impuesto y finalidad de la DEA que persiste en ser la rectora de la comercializacin de la coca en la regin. La tensa sintomatologa reinante en la regin alude a la campaa de las organizaciones campesinas y del movimiento popular en no permitir la fumigacin area para destruir los cultivos de coca. La nueva dirigencia campesina actuante y consecuente expresa que no van a permitir tal devastacin, aprestndose a la movilizacin, a la resistencia y a la protesta organizada.

Fui el primero que recogi la buseta en la cntrica Calle de Los Telfonos y por ende recorr el periplo de recogida de los dems pasajeros faltando veinte minutos para las cinco de la maana. Percib el contraste del amanecer para el fatigoso trajinar de una ciudad congestionada, desorganizada, abandonada a la suerte de lo diario de las instituciones y el vaivn del mercado. Siete pasajeros, siete paradas; el penltimo en la Ciudadela Norte y el ltimo en Rio de Oro, citadino con un libro bajo el brazo. Despuntando el amanecer subiendo a Saninvilla, pletrico de encantos y de informacin sobre la situacin de la tierra de los Caro y el valle de las Ibez, sin volver la vista atrs, preguntndome sobre el falsi-realismo de enunciados de tantos contrastes confrontados y el qu vendr, en este presente intenso, en la aorada regin de mi niez en que solo retumban los aconteceres de un conflicto armado no superado.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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