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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2018

Torbellino neofascista, socialdemocracia en crisis terminal y desafos para una izquierda ausente

Pedro Santander
Krtica


Rosa Luxemburg: La cuestin de Reforma o Revolucin se convierte en una cuestin de ser o no ser"


Trump no est solo. Eso ya debera estar claro. Sus posturas misginas, racistas, clasistas, homfonas, etc. son apoyadas por lderes y movimientos de derecha a largo del mundo. l es el ms poderoso, claro est, por lo tanto, quien marca el comps, pero no se trata de un fenmeno exclusivo de los Estados Unidos.

En Alemania los nazis volvieron al Bundestag (Parlamento) despus de 80 aos, en Italia gobierna la extrema derecha, lo mismo que en Ucrania, Chequia y Hungra; en Noruega, Francia y en varios ex pases del Este su avance parece imparable; en Filipinas su Presidente Duterte no tiene problemas en insultar al Papa, a las Naciones Unidas, a los homosexuales y a hacer llamados para que la ciudadana haga justicia por sus propias manos. Y ahora el fenmeno avanza sobre Amrica Latina, con Bolsonaro a la cabeza.

Segn el estadounidense Bernie Sanders, quien enarbola las banderas del socialismo democrtico, estamos asistiendo al surgimiento de un nuevo eje autoritario. Este incluye tambin a gobiernos como el de Israel que recientemente al estilo sudafricano- aprob la Nation State Law, que categoriza a ciudadanos de primera y segunda, de acuerdo a su origen; o a la monarqua de Arabia Saudita, la que hace poco concedi la nacionalidad saud a un robot (Sofa se llama), que tiene ms derechos que las verdaderas mujeres sauds.

Slavoj Zizek piensa que ms que concentrarnos en Trump, hay que analizar el fracaso del establishment poltico estadounidense, que le abri un espacio. El acontecimiento importante es el fracaso de lo que, en trminos marxistas, llambamos hegemona ideolgica. Se abri una brecha de desconfianza del proceso poltico dominante en el pueblo y Trump llen ese espacio

(https://www.perfil.com/noticias/periodismopuro/zizek-trump-como-peron-mezcla-extremos.phtml)

Los discursos y programas de esta alianza mundial conservadora y neo-fascista comparten atributos esenciales: hostilidad hacia la democracia, hacia la diversidad (cualquiera que sta sea) y, an ms, hacia la izquierda anticapitalista. Tambin comparten, como dice Sander, la creencia de que el gobierno debera beneficiar a sus propios intereses financieros egostas. Estos lderes tambin estn profundamente conectados a una red de oligarcas multimillonarios que ven al mundo como su juguete econmico.

Estos movimientos autoritarios son parte de un frente comn. No estn solos, ni sus condiciones de posibilidad y despliegue hubiesen sido posibles, si es que lo estuviera. Son alianzas internacionales, estn en estrecho contacto entre s, comparten tcticas y, como en el caso de los movimientos de extrema derecha europeos y estadounidenses, incluso comparten algunos de los mismos financiadores. El objetivo de este eje autoritario: derribar un orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial que, a su juicio, limita su acceso al poder y la riqueza, dice Sanders (https://www.theguardian.com/commentisfree/ng-interactive/2018/sep/13/bernie-sanders-international-progressive-front)

Crisis de legitimidad del neoliberalismo y crisis terminal de la socialdemocracia

El avance global de estas fuerzas polticas ha sorprendido a muchos, y, sobre todo, a cierta lite neoliberal. La noche de la victoria de Donald Trump el economista y Premio Nobel de Economa, Paul Krugman, reconoci que la gente como yo y probablemente la mayora de los lectores del New York Times o el Financial Times no hemos entendido el pas en el que vivimos. Pocos en la lite gringa apostaba por Trump. La feminista liberal Hillary Clinton era su favorita, tambin de las encuestas de opinin pblica y de los medios de referencia.

Tambin en Chile pocos pensaron que el pinochetista Jos Antonio Kast le ganara a Marco Enrquez Ominami o a la candidata de la Democracia Cristiana en la presidenciales del 2017; y an menos pensaban apenas un ao atrs que un ex militar que alaba dictaduras, la tortura y la violacin de mujeres, como lo hace Bolsonaro, llegue a ser el Presidente del ms importante pas de Amrica Latina.

Pero s ha habido voces que estaban alertando acerca de este fenmeno. Adems de Sanders, otra de ellas es la feminista estadounidense, Nancy Fraser, para quien la eleccin de Donald Trump es una ms de una serie de insubordinaciones polticas espectaculares que, en conjunto, apuntan a un colapso de la hegemona neoliberal

(http://www.rebelion.org/noticia.php?id=221955)

Entre esas insubordinaciones, ella menciona el voto del Brexit en el Reino Unido, el rechazo de las reformas de Renzi en Italia, el apoyo creciente al Frente Nacional en Francia, pero tambin agrega la campaa de Bernie Sanders para la nominacin demcrata en los EE.UU.

Aun cuando difieren en ideologa y objetivos, esos motines electorales comparten un blanco comn: rechazan la globalizacin de las grandes corporaciones, el neoliberalismo y el establishment poltico que los respalda. Sus votos son una respuesta a la crisis estructural de esta forma de capitalismo, crisis que qued expuesta por primera vez con el casi colapso del orden financiero global en 2008.

En este contexto, tal vez lo ms sorprendente es el papel que la socialdemocracia y partidos progresistas afines jugaron durante este proceso cleptocrtico neoliberal (como lo denomina Sanders). Su rol fue clave para lograr, por un lado, la subordinacin de los movimientos sociales antisistmicos al capital financiero y, por otro, para aislar a la clase trabajadora de dichos movimientos.

Se trata, en opinin de Fraser, de una alianza entre fuerzas progresistas fundamentalmente los partidos socialdemcratas como el PSOE, SPD alemn, PSOK griego, PPD y PS de Chile, AD venezolano, MNR boliviano, etc.- que se han unido efectivamente con las fuerzas del capitalismo cognitivo, especialmente el de la financiarizacin.

Tal vez aun sin quererlo, lo cierto es que le han transferido su carisma al neoliberalismo, es decir, a la cleptocracia del capital. Ideales progres como la diversidad y el empoderamiento, que en principio podran servir a propsitos emancipadores, ahora visten de avance y modernidad a polticas que han resultado devastadoras para la industria manufacturera y y para lo que antes era la clase media, y ni qu decir las clase popular.

Nancy Fraser le da a esta tendencia el nombre de neoliberalismo progresista. Lo describe como una alianza entre las corrientes dominantes en los nuevos movimientos sociales (feminismo liberal, antirracismo, multiculturalismo y derechos LGBTQI), por un lado, y, por el otro, el ms alto nivel de sectores de negocios simblicos y de servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood).

Como consecuencia, la nocin liberal e individualista del progreso que sustenta el neoliberalismo, fue reemplazando gradualmente a la nocin emancipadora, anticapitalista, abarcadora, anti-jerrquica, igualitaria y sensible al concepto de clase social que haba florecido en los aos 60 y 70. Con la decadencia de la Nueva Izquierda se debilit la crtica estructural de la sociedad capitalista, y el esquema mental liberal-individualista se reafirm a s mismo, al tiempo que se contraan las aspiraciones de los progresistas, explica Fraser.

Se trata de un triunfo ideolgico del neoliberalismo sobre la izquierda que slo fue posible gracias a la complicidad y alianza que la socialdemocracia hizo con el capital y que permiti, por ejemplo que dicho neoliberalismo progresista cubrieron el asalto a la seguridad social con un barniz de carisma emancipatorio, conteniendo, cooptando y frenando la rebelda popular y separando a los movimientos sociales de la clase trabajadora.

El neoliberalismo progresista en Amrica Latina: la deriva suicida de la socialdemocracia

El neoliberalismo progre ha gobernado buena parte de Sudamrica en la ltima dcada. El caso de Chile es emblemtico. El Partido Socialista, partido originalmente marxista, antiimperialista, anticapitalista y latinoamericanista, elenista, partido de Salvador Allende, asumi en los ltimos 25 aos el lamentable rol de vanguardia poltica y cultural en la transferencia de legitimidad al neoliberalismo, gracias a gobernanzas de Presidentes socialistas como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet que hicieron una gestin neoliberal en lo econmico, reaccionaria en poltica exterior y progresista en lo valrico-cultural.

Pero tambin el PT brasileo, an con Lula y Dilma a la cabeza, hace aos que ya haba abandonado su visin de clase, antiimperialista y emancipadora, reemplazndola por una versin light de progresismo que nunca toc los intereses del gran capital.

El PT no hizo la prometida reforma agraria, pero s estimul la actividad agro-forestal que, a la par de enriquecer an ms a los empresarios de la soya y madereros, aumentaba la devastacin de la selva amaznica. No se modific un pice el modelo econmico, ni las ganancias del 1% ms rico, antes bien, stas aumentaron, y queda para el juicio de la historia el incumplimiento programtico en lo econmico y en lo socio-ambiental.

Es cierto que la pobreza se redujo, aunque fue sobre la base, por un lado, de una lgica asistencialista de frgil sostenimiento en pocas de recesin econmica, como qued claro despus de la crisis del 2008 y, por otro, de una inevitable despolitizacin popular.

Como dice Stefanoni, el propio PT hizo mucho por debilitar su pica originaria, su integridad moral y su proyecto de futuro. La lucha de clases soft que durante su gobierno mejor la situacin de los de abajo, sin quitarles a los de arriba termin por ser considerada intolerable por la elite. La experiencia petista termin exhibiendo relaciones demasiado estrechas entre el gobierno y la burguesa nacional que socavaron su proyecto de reforma tica de la poltica y terminaron de debilitar la moral de sus militantes (http://nuso.org/articulo/antiprogresismo/).

La consiguiente desconfianza popular hacia el PT, azuzada intensa e intencionadamente por los medios, contribuy a abrir la puerta al fascismo.

Lo complejo es que a pesar de que las relaciones capital-trabajo no se modifican bajo las gobernanzas del neoliberalismo progresista, antes bien, favorecen al primero, los partidos proges transfieren legitimidad porque a menudo acceden a los gobiernos como consecuencia de las luchas sociales de los pueblos.

En nuestro continente los pueblos originarios, los afros, los sectores populares, los trabajadores, los estudiantes resistieron la primera oleada neoliberal privatizadora y protagonizaron levantamientos, insurrecciones y amplias resistencias del ms diverso tipo. Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela e incluso Chile son ejemplos de ello. La izquierda llega al poder, sobre todo en forma de socialdemocracia, con la promesa de mejorar las condiciones de vida de la ciudadana, pero cuando llegan al poder traicionan esas promesa y dicen al pueblo que es el mercado el que obliga a ir en una u otra direccin, cuando la gente no ha votado al mercado, sino a ellos para que apliquen polticas alternativas, aclara el senegals Pierre San, ex director general de Amnista Internacional

(https://www.publico.es/sociedad/entrevista-ex-director-general-amnistia-internacional-pierre-sane-izquierda-responsabilidad-ascenso-fascista-rendirse-mercado-gobierna.html).

Entonces, no es de sorprenderse que el pueblo que vive un aumento generalizado de sus condiciones de precariedad, que ven corrupcin en partidos que tuvieron un capital tico y claudicacin de sus banderas originarias, rechacen ya no el neoliberalismo sin ms, sino, sobre todo, el neoliberalismo progresista. Ah es por donde , como dice Zizek, se abre la brecha de la desconfianza y la ultra-derecha la llena.

Nos encontramos as en una situacin en la cual observamos, por un lado, una crisis legitimidad del neoliberalismo y, por otro, una crisis terminal socialdemocracia. A la par, pueblos mirando con simpata al neo-fascismo en el mundo entero.

Aunque duela, no debiera sorprendernos que los sectores populares que viven a diario las cada vez peores condiciones de vida, prdida de derechos, incertidumbre y explotacin del neoliberalismo, miren hacia la ultraderecha. sta les habla de sus temas: economa, seguridad, delincuencia, migracin, y un futuro mejor. Zizek recuerda que Marine Le Pen fue la nica, entre los grandes partidos, que se dirigi directamente a la clase obrera.

En cambio, cules han sido los temas del neoliberalismo progresista? qu tpicos debaten los partidos y movimientos progres con fruicin? La feminista Nancy Fraser lo viene alertando hace tiempo: dado que este neoliberalismo progresista combina polticas econmicas regresivas, liberalizantes, con polticas de reconocimiento identitario aparentemente progresistas, se prioriza una agenda pblica con temas que, aunque legtimos, slo sintonizan con una minora ilustrada.

Una izquierda moderna liberal la llama Zizek, que se concentra tanto en temas como el multiculturalismo, que ha perdido contacto con la gente comn, y dej espacio para que se impusiera esta derecha populista.

La izquierda soft, los liberales, los progres se las juegan por el multiculturalismo, el ambientalismo, el lenguaje inclusivo, los derechos LGBTQI, etc. temas que son enteramente compatibles con el neoliberalismo financiero y que, a su vez, permiten bloquear el igualitarismo social y la crtica capitalista. As, el feminismo liberal, el anti-racismo liberal y el capitalismo verde son las nicas opciones crticas que el sistema legitma, estimula y visibiliza a travs de sus dispositivos comunicacionales, calificando toda otra resistencia o rebelin como populismo.

Se levant as en los ltimos 20 aos una agenda en apariencia crtica, pero basada en temas micro-identitarios, que sintonizan con una audiencia hipersegmentada y redundan en una multi-fragmentacin de la lucha social. El caso de las diversidades y disidencias sexuales es ilustrativo, en ese sentido.

Lo que comenz como una sigla que todos podamos recordar (y comprender) LGT hoy se ha transformado, a la luz de apasionados debates mediticos, en LGTBQI +.Es decir, como a menudo recuerda Bernie Sander, mientras el 1% superior de la poblacin mundial posee la mitad de la riqueza del planeta, mientras que el 70% inferior de la poblacin en edad de trabajar representa solo el 2,7% de la riqueza mundial, el progresismo pelea intensamente por asuntos como la normalidad queer, las masculinidades neo-ortodoxas o la descolonialidad hetero-normada..

Esta situacin de hablar preferentemente acerca de reivindicaciones micro-identitarias, produjo una profunda desconexin identitaria entre las fuerzas progresistas y amplios sectores de la poblacin que, mientras perciben que sus condiciones de vida socio-econmicas empeoran y pocas esperanzas tienen que las de sus hijos e hijas sean mejores, ven que desde el progresismo se les habla de la lucha por el matrimonio gay, por la adopcin homoparental, los derechos trans, el animalismo, la eutanasia, etc.

Son todos temas legtimos, sin duda, reivindicaciones justas, claro est, estamos con ellas. Pero ocurri que el neoliberalismo, mediante sus dispositivos mediticos hegemnicos, supo convertirlos en tpicos de desalojo ideolgico y amansamiento poltico. Es decir, en discursos que desplazan y reemplazan la crtica social sistmica.

Ante esta prdida de sustantivos crticos (como dice de Sousa Santos) a la ultra-derecha se le abri de par en par un campo discursivo para responder con su lenguaje neo-fascista a las preguntas fuertes que los sectores populares hoy se hacen frente a la realidad precaria, compleja, desesperanzadora que les toca vivir.

Los tpicos micro-identitarios no slo amansaron el discurso crtico de la izquierda y generaron un distanciamiento y desconexin abismal con el pueblo, tambin permitieron agrupar a la derecha y al conservadurismo, le dieron identidad y fueron hbiles en levantar referentes de opinin que dispararon contra lo que metonmicamente- denominan ideologa de gnero, los cohesion ideolgicamente y les permiti pasar a la ofensiva poltica.

Efectivamente, ha sido la ultraderecha la que mundialmente se ha levantado contra los discursos polticamente correctos que el neoliberalismo impuso tras la cada del Muro! Discursos que borraban toda marca de clases en el lenguaje, de antagonismo y diferencia social (ejemplo: el pobre no es pobre, es una persona en situacin de vulnerabilidad) .

El fascismo ha sabido conectar con los sentimientos de desamparo, desproteccin y abuso que experimentan los pueblos bajo el neoliberalismo, con eslganes fciles, demagogos, es cierto, pero que estn enmarcados en temticas que importan y permiten conectar. Trump lo dijo ms de una vez, no podemos preocuparnos ni darnos el lujo de ser polticamente correctos. Lo mismo el ultraderechista, Vctor Orban, primer ministro de Hungra, debemos desechar la correccin poltica, o el ultra nacionalista holands, Geert Wilders es mi deber hablar acerca de los problemas, aun cuando la lite polticamente correcta prefiera no mencionarlos. Ni qu decir de Bolsonaro en Brasil.

El lugar estratgico de las prioridades

La izquierda vinculada a la socialdemocracia, a lo progresista ha cedido demasiado ante las posiciones de la clase media urbana pro-globalizacin, olvidndose de los perdedores, marginados, expulsados del sistema, a los que hay que recuperar defendiendo polticas redistributivas. Es imprescindible competir con la ultraderecha, pero con un proyecto poltico creble para los votantes de clase trabajadora que han dejado de apoyar las alternativas progresistas. El enemigo de los obreros no son los inmigrantes, sino los poderosos.

Para evitar que las distintas fracciones de la clase trabajadora se enfrenten entre s, es preciso reclamar ms derechos, no menos. Lo que abarata la mano de obra no es el inmigrante, sino la falta de proteccin y legislacin social, que los obliga a asumir trabajos en las peores condiciones. Algo que saben bien los que elaboran las leyes migratorias y las que las sufren, como las trabajadoras domsticas en Europa, la mayora de ellas latinoamericanas, o los y las inmigrantes que trabajan en la agricultura.

El feminismo radical tiene un papel destacado y de avanzada en esta lucha, porque los derechos de las mujeres tambin estn amenazados por la extrema derecha, y de manera prioritaria. La tarea pendiente de las fuerzas progresistas ser defender y ampliar esos derechos de todos. Esa es la nica disputa real con el fascismo.

Sin embargo, para ello la seleccin de temas, discursos y prioridades polticas no puede estar determinada por la agenda de las corporaciones mediticas que premian con visibilidad y prestigio a los buenos crticos, como alguna vez hicieron con el buen salvaje. El neoliberalismo progresista confunde comunicacin, marketing y estrategias polticas, abandonando su rol transformador, abandonando al pueblo, codendose con la elite.

Al respecto, en abril de 1899, Rosa Luxemburgo, discutiendo las tesis de Bernstein, sostena en su obra Reforma o Revolucin, que la cuestin de Reforma/Revolucin se convierte para la socialdemocracia en una cuestin de ser o no ser, lo que est en juego es la existencia misma del movimiento socialdemcrata.

A la luz de los hechos y si observamos quines hoy, ante la ofensiva reaccionaria estn en pie y quines no, vemos que Venezuela, Bolivia y Cuba han sabido resistir. Son aquellos pases donde la izquierda, con todos sus errores y limitaciones, opt por enfrentarse al capital y politizar al pueblo; dos factores esenciales que el neoliberalismo progresista detesta.

Entonces, ante el dilema planteado hace casi 120 aos por la ms bella rosa roja del socialismo, viendo lo realmente existente, cabe an alguna duda entre Revolucin o Reforma?

* Pedro Santander es profesor de periodismo en la Universidad Catlica de Valparaso (Chile)

Fuente: https://kritica.info/torbellino-neofascista-socialdemocracia-en-crisis-terminal-y-desafios-para-una-izquierda-ausente/



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