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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2018

Emergencia fascista
Dilemas y problemas para el socialismo de la clase obrera en Chile

Javier Ziga
Hemisferio Izquierdo


1. Nuestra hiptesis ms general es que la emergencia y accin de nuevos grupos fascistas operan en relacin a las tendencias histricas que articulan el desarrollo del capital. En ella obtienen su razn de ser; son parte de la historia y no una anomala. Esto se evidencia en al menos cuatro planos:

i) rechazan la poblacin migrante, a pesar de que la mayor parte de esta es la consecuencia de la disolucin de fronteras que impone el gran capital y la consolidacin de la tendencia a convertir a Amrica Latina en reserva de poblacin obrera sobrante en relacin a las necesidades de valorizacin del capital. Aunque ellos culpen a quienes estn en situacin de migracin, al abstracto globalismo progre y no al capital como organizador de relaciones sociales

ii) el capital requiere competencia al interior de la clase obrera. Los fascistas agudizan esa tendencia: oponen al pueblo chileno, como si fueran fuerzas exteriores a la clase obrera, el feminismo, obreros migrantes, estudiantes, sindicatos, organizaciones de trabajadores/as, etc.

iii) estas ltimas surgen, precisamente, contra las formas de precarizacin de la vida que impone la matriz rentista y financiera en Chile: violencia de gnero, desigualdad, pensiones miserables, sobre explotacin de obreros migrantes, etc. Bajo la apariencia de proteger al pueblo chileno, no hacen sino guarecer las posiciones de los capitalistas, que necesitan estas formas de precarizacin para reproducirse como clase privilegiada

iv) se oponen a igualdades formales que el propio capital facilita y promueve (como leyes de identidad de gnero, acceso igualitario a derechos civiles, etc.), pero que en la prctica requieren ser manejadas de forma antagnica, para perpetuar la competencia al interior de la clase obrera.

2. Conviene distinguir: no todo movimiento que practique o reivindique giros autoritarios puede ser considerado fascista. Pero la aparicin en escena de grupos fascistas, que promueven el autoritarismo, forma parte del proceso de recomposicin poltica de los grupos dirigentes y expresan la diversidad ideolgica de la derecha, la cual tiene sus propias pugnas, siendo la fraccin fascista una de ellas, habiendo otras doctrinarias, neoguzmanistas, liberales, socialcristianas, centristas, etc. No es tan amplio el espectro fascista ni toda la derecha es fascista.

3. Por otro lado, distinguir tambin escenarios y sentidos de la actividad poltica fascista: es distinto que sus lgicas se desarrollen en la democracia, es decir, aprovechando las instituciones para desplegarse y legitimarse (ej: Kast, Bolsonaro), que se ejecuten contra la democracia, que impugnen el aparato estatal y se reclamen otras vas de legitimidad. Pueden combinarse ambas, la segunda necesitar la primera, pero es necesario confrontar con efectividad diferenciando el escenario tctico empleado por la poltica fascista.

4. En relacin a esto, tambin hay que identificar aquellos elementos autoritarios o fascistas que ya estn incorporados y gestionados por el Estado (ej. Ley Antiterrorista), de otros que son promovidos y legitimados desde y por grupos polticos y sociales hacia el Estado, construyendo marcos que hacen pensable y luego posible su ejecucin por parte del Estado (ej. Las medidas de exterminio que adopta el estado Alemn entre los aos 30 y 40 fueron posibles por una profunda preparacin ideolgica previa; las intervenciones militares en Amrica Latina en los 70).

5. Es importante preguntarse si la clase obrera se encuentra o no integrada a las estructuras polticas funcionales a los capitalistas; si es o no una fuerza social que tiene la capacidad de diferenciarse de otras, es decir, si posee autonoma poltica, posibilidad de decidir las formas en que se organiza la vida social. En tiempos de los fascismos histricos, la clase obrera no estaba integrada como fuerza gravitante en el Estado, pero s era una fuerza social diferenciada. Hoy, ni lo uno ni lo otro. Por lo mismo, requiere pensar las dinmicas histricas en que se recomponen las fuerzas fascistas, los marcos y procesos en que se encuentra la clase obrera, pues parte importante de su base social se nutre de ella y no son indiferentes las condiciones en las que ella se encuentra.

6. Por otro lado, al no estar integrada se reducen sus posibilidades de que puedan gestionar el Estado en funcin de ciertos pisos mnimos de seguridad social y, por lo tanto, tiende a estar en condiciones de precarizacin. Como la clase obrera es una parte importante de la base social del fascismo actual, sus condiciones de vida inciden en los recursos polticos e ideolgicos que emplean los fascistas. No es casual que este crezca como opcin cuando las polticas de ajuste, austeridad, pensiones, salud, ambientes devastados, flexibilizacin del trabajo, descomposicin del estado de bienestar y de los estados capitalistas de compromiso, encontrando en ese cmulo de situaciones descontentos y subjetividades polticas que buscan una respuesta, soluciones y de grupos o personas que sean indicados como los responsables.

7. Los fascismos histricos de comienzos del siglo XX son modernos, son una fuerza efectiva desde el punto de vista poltico y no grupsculos romnticos, fuerza interclasista y con apoyos considerables de la clase obrera. Son tambin modernizadores: por ms que configuren una esttica del retorno, del pasado glorioso, no representaron una tentativa de regreso, menos an, la restitucin precapitalista ni una crtica a la sociedad capitalista. Por el contrario, consistieron en una apuesta de gestin, de direccin poltica en el capitalismo, con elementos de novedad que las capas dirigentes previas al asalto poltico fascista no lograban implementar. Hoy, en cambio, los neofascismos reivindican dos grandes temticas:

i) restablecer prerrogativas que garantizaban los estados de bienestar y ciertas polticas sociales que, en el marco de precarizacin obrera, figuran como horizontes a los que volver o actualizar, centrndose, sin embargo, en la nacin, los chilenos postergados, como destinatarios de su poltica. Es un paso atrs, en tanto que es el propio capital quien, para continuar su acumulacin, desmont las garantas sociales que alguna vez se obtuvieron, tanto en Europa como Amrica Latina

ii) son al mismo tiempo una reaccin frente a las transformaciones que han experimentado los vnculos sexuales al interior de la clase obrera y de la sociedad en general: en la medida que las prcticas de impugnacin a las diferencias sexuales jerarquizadas toman fuerza, los fascistas agrupan la reaccin, se nutren de ella y la dotan de significado (feminazis, progres, ideologa de gnero), es decir, los neofascismos representan una respuesta poltica, pero en clave reaccionaria.

8. Los fascismos histricos surgen como organizadores de la actividad social cuando otras formas de integracin social, esto es, de procesar y conciliar intereses de clases antagnicas, fracasan. Al mismo tiempo, emergen como fuerza cuando las tentativas de revolucin socialista se debilitan o derechamente fracasan. De hecho, no son los fascistas los que ocasionan dicha derrota, sino que se montan y aprovechan los efectos estratgicos de la misma. Esta es una diferencia a considerar, pues hoy, a nuestro juicio y al menos en Chile, los grupos dirigentes no hallan en el Estado el sustrato que les permita sostener acuerdos estratgicos, abriendo la posibilidad de fisurar la capacidad de gobernabilidad (como en otros pases de Amrica), volviendo plausibles otras formas de gobernanza e integracin social. Alternativa fascista que puede crecer, toda vez que no parece haber fuerzas de izquierda socialista que, actuando en el mismo escenario, apueste en un sentido distinto, igualitario y socialista.

9. Los fascismos histricos son movimientos de masas, proyectuales, con programa concreto. Fueron apuestas autoritarias que, sin embargo, arrebatan el monopolio de la gestin estatal a los grupos industriales, financieros, agrarios, etc., y la ampliaron a sectores pequeoburgueses e incluso, en un primer momento, a la propia clase trabajadora. No es certero homologar el proceso inicial de construccin de un estado autoritario con la ausencia de movilidad social, de democratizacin el acceso al Estado. Similar fue el proceso en la URSS de los aos 20 y 30, en el cual una vez arrebatado el poder estatal a la aristocracia zarista, el Estado se transforma y ampla a la participacin de miles de obreros, pero constituyndose en torno a un ncleo autoritario: el partido de Estado. Por lo mismo, los neofascismos hoy pueden movilizar sectores populares, incluso garantizar acceso y participacin en las instituciones del Estado, legitimarse al mismo tiempo que deslegitiman al personal corrupto y las instituciones para ellos inadecuadas (ej. organismos garantes de DDHH). No hay contradiccin en ello.

10. Tampoco la hay en el hecho de que tanto los fascismos histricos como los actuales hayan contado, o pretendan contar, con movilizacin de sectores populares en apoyo y como parte del fascismo. Para entender estos procesos polticos, hay que desmontar la suposicin de que todo movimiento de la clase obrera toma un sentido clasista y socialista por s mismo. No toda su actividad poltica tiene por qu ser as. Sin la presencia activa de perspectivas socialistas (y hoy, de un feminismo socialista) al interior de la clase obrera, se abre la posibilidad al fascismo.

11. Por lo tanto, la actividad crtica, la prctica poltica antifascista, debe preguntarse por qu ciertas corrientes le entregan sentido a la experiencia social de la clase obrera, y otras no; por qu y cmo afirman, aunque sea en un sentido reaccionario, potencias histricas latentes, y las organizan con efectividad, sobre todo ante la ausencia y debilidad de una fuerza obrera socialista.

12. El prejuicio racionalista de izquierda no permite comprender el hecho de que las masas obreras no se movilizan necesariamente por un proyecto racional, transparente, asumido y luego ejecutado como una hoja de ruta. Tampoco quiere decir que sea incapaz o irracional (dicotoma que es otra trampa ilustrada). Lo decisivo para comprender el apoyo al fascismo es asumir el hecho de que pueden ser una prctica social que permite articular canales de escape a la opresin de las subjetividades que produce el capital. Poco importa para el fascismo si es una salida aparente, ilusoria o no (la miopa de pensar la ideologa como pura falsa consciencia), lo importante es que tiene un efecto social, hace actuar, moviliza y organiza, y tiene la eficacia suficiente para cambiar correlaciones de fuerza, agrupar, hacer emerger nuevos actores polticos.

13. Por ltimo, la pregunta programtica: por qu las actuales formas de socializacin producen grupos e individuos que receptan, organizan y practican una poltica fascista? Si identificamos su relacin directa con ciertas tendencias del capital, debemos encontrar en esas mismas tendencias respuestas que vayan en otra direccin, una que no consagre la fragmentacin y aniquilacin obrera. En ese ncleo histrico estn las fuerzas que hacen posible un programa que no slo haga frente al fascismo combatiendo los resortes que lo originan, sino que a la vez afirme una perspectiva socialista de la accin poltica obrera. La lucha antifascista no puede ser slo moral o codificar el se le combate en un terreno militarista-voluntarista: si no es la clase obrera la que actualiza un horizonte socialista, la que cree y asuma un programa de cambio, la que con l busca desmontar las formas de socializacin que habilitan el resurgimiento fascista, no tendremos a la mano formas ms eficientes de enfrentarlo.

* Militante de La Savia y activista ecosocialista. Magster en Historia de Chile e investigador independiente.

https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/10/22/Emergencia-fascista-dilemas-y-problemas-para-el-socialismo-de-la-clase-obrera-en-Chile?fbclid=IwAR2xaE3BjPpOozm6ao1c5-EmVXIYBtgbDl4Hv2KM8Xq8tmFO1gKakUH6SWY 



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