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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2018

Mirando atrs sin detenerse, sobre la movilizacin universitaria en Colombia hoy

Rafael Rubiano Muoz
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En 1928, justamente hace noventa aos, la prestigiosa Revista Universidad (1921 1931), creada por Germn Arciniegas, public un manifiesto titulado: Universidad y patria [1], en la que se exiga al gobierno conservador de Miguel Abada Mndez (1926 1930) y al Congreso de Colombia la creacin de las universidades departamentales, quiere decir, demandaban erigir un plan donde a nivel regional, se fundaran universidades en las provincias.

Noventa aos han transcurrido de la misiva que, entre otras, fue firmada por los intelectuales (liberales y de izquierda) ms prestigiosos y quienes reclamaban del Estado educacin en las regiones. Para los aos veinte nuestra nacin experimentaba la sacudida de la masificacin y la presin de sectores obreros, y en parte campesinos (en esos aos las ideologas socialistas surgen in crescendo, lo que se puede corroborar con la creacin del PSR de la mano de Mara Cano y de Ignacio Torres Giraldo), que irrumpan en la aparente paz de las ciudades adormecidas por la herencia de la colonia hispnica apaciguada preferentemente por la mentalidad catlica.

El pas era manejado por unas lites enquistadas en el Estado y la administracin pblica, quienes con sus reminiscencias, aparentaban democracia y modernidad, cuando lo que pretendan era cristalizar en el alma de los colombianos una nostalgia reverencial que miraba atrs detenindose y congelndose en el siglo XIX. Esos aos veinte fueron (y para el observador de hoy son) fascinantes, ya que fue la era en nuestra tierra donde las demandas por derechos ya no requeran los llamados a las armas, porque las que se esgriman se hacan mediante la cultura oral y escrita, en la calle, con la movilizacin; actitudes polticas que alimentaran, despus en el tiempo, el proyecto gubernamental de la Revolucin en Marcha (1934.1938), liderado por Alfonso Lpez Pumarejo.

Las exigencias de derechos laborales, educativos y hasta ideolgicos o polticos, constituan la normal respiracin de una ciudadana, anhelante y expectante que aspiraba romper con la modorra corrosiva de un pas todava anclado en el siglo XIX. Por fortuna esos aos fueron sacudidos por la movilizacin ciudadana y por la inferencia de ideologas forneas, entre ellas, provenientes de la Revolucin Rusa y el modernismo latinoamericano, lo que poco a poco arrincon y fue agrietando el dominio de las lites y castas que haban monopolizado el poder desde 1885 con la regeneracin, y de paso confrontaron a una generacin poltica que compuso lo que se llam la hegemona conservadora con otra activa y candente, mucho ms impulsiva.

En el ambiente individual y colectivo se alent el inconformismo y el sentimiento de injusticia, la denuncia y, ante todo, la exposicin pblica contra la arbitrariedad, el despotismo y la tirana de un rgimen que se prolong durante dcadas. Estas actitudes se constituyeron en referentes de no pocas luchas e idearios de emancipacin que le dieron un giro significativo a la vida del pas entrado el siglo XX, como lo ha mostrado de modo excepcional Mara Tila Uribe [2].

Los aos veinte fueron los aos de la movilizacin estudiantil y junto a sta se propici una era de cambios y transformaciones en nuestro contexto (incluido el latinoamericano), en la que a las demandas por derechos y por las garantas estatales, se sumaron las nuevas ciudadanas que emergieron en el trasfondo de sociedades impactadas por la urbanizacin, la industrializacin y la proletarizacin, adems por la sensibilidad ante una nacin irritada por la desigualdad social y econmica, por las escasas libertades, por la arbitrariedad de los usos jurdicos y constitucionales, por los monopolios de unas clases que en la cultura de vieta y en la placidez de su confort y de sus comodidades pretenda mirar atrs detenida y petrificada. Estas movilizaciones y luchas llevaron a un nivel la presin y la tensin entre ciudadanas y Estado, lo que le indujo a las lites polticas del pas proponer una solucin en la que por un lado el Estado interviniera en el sentido de incluir, no de apaciguar lo que en ese tiempo se llam la problemtica social, o los problemas sociales.

En 1936 con una reforma constitucional y bajo la Revolucin en Marcha, se dieron pasos agigantados por garantizar una educacin secular y moderna, mejorar el mbito laboral, se garantiz el sindicalismo y las ideas o ideologas de izquierda tuvieron campo y espacio en el hermtico y polarizado cielo de la sociedad colombiana. Pero variados factores confluyeron en esos logros (el inconformismo, el deseo de democracia, las luchas sociales y ciudadanas y una mirada al mundo interno y exterior) que aos despus en los variados nudos polticos o procesos polticos del pas, fracasaron con aquellos otros que miraban atrs detenidos, es decir, los sectores o grupos conservadores y de derecha, quienes con la pausa de Eduardo Santos, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitn el 9 de abril de 1948 (hace 70 aos) enclaustraron a Colombia y la retrajeron, primero a un rgimen falangista ultracatlico con Laureano Gmez en 1949 y con un golpe militar en 1953 por el militar Gustavo Rojas Pinilla, quien censur, persigui y cerr peridicos y por lo dems, realiz una masacre estudiantil en 1954, en las cercanas de la plaza de toros de Bogot.

Mirando atrs ya sin detenerse, bajo el espritu de la Reforma de Crdoba y de un profundo anhelo de cambio y transformacin, de luchas y de movilizaciones empujadas por el inconformismo, se sacudieron las telaraas que se haban fijado desde el siglo XIX en los techos de las mentalidades que dirigan y lideraban al pas. Lo que en ltimas quera decir que el papel de la universidad y de sus pensadores e intelectuales fue la poca en que se demandaba de los librepensadores o de los liberales, una sensibilidad hacia lo social fue crucial y hay que notar que muchos liberales y algunos pocos conservadores empujados por las problemticas sociales se volvieron socialistas o comunistas e incluso anarquistas.

En esos tiempos, el primero que llam la atencin de la transicin del liberalismo al socialismo, fue el pensador antioqueo Baldomero Sann Cano, quien desde Madrid conmin a los progresistas del pas, sin importar el bando ideolgico a ser ms consecuentes con los retos y las encrucijadas del pas. Efectivamente no pocos bajo el inconformismo, se lanzaron a las aguas del socialismo o del comunismo en los aos sucesivos. Como se recordar entonces universidad y cambio social constituyeron un binomio que, alentado por la onda expansiva Reformista de Crdoba de 1918, permiti al menos momentneamente algunas reformas y transformaciones en la esqueltica y cristalizada sociedad colombiana. Y no obstante los resultados, en esa poca ms que respuestas a las exigencias de derechos y soluciones momentneas y fugaces o efmeras, se busc, se batall pensar (y hacer) al largo plazo, mejor, exigir en el caso de la educacin pblica, planificarla estatalmente y con una proyeccin que no tuviera la adversidad o el obstculo de gobiernos de turno que la revocaran o la retrajeran, que empujaran esos avances y progresos jurdicos y polticos al abismo de la indiferencia o del descuido premeditado. De todos modos, al cabo del tiempo, del empuje progresivo y de revolucin, el pas se contrajo y de modo sucesivo no solamente instal la reaccin que produjo una contrarrevolucin que se incrust de 1957 hasta el da de hoy.

En la misiva Universidad y Patria (citado arriba en la Revista Universidad) se dijo, ya comenzando el ao de 1928, que la universidad es un asunto poltico y lo poltico es un asunto de la universidad, quiere decir educativo y que, por lo tanto, toda problemtica social involucra ineludiblemente los asuntos universitarios. Cules van a ser las condiciones educativas que podrn soar todos esos sectores vulnerados y vulnerables del pas que no pueden acceder a la educacin de mercado impuesto hace aos mediante la educacin privada?

En las marchas el 10 y 17 de octubre del presente ao, no solamente regocija la cantidad y el compromiso de los estamentos universitarios, es de celebrar la constancia, vigencia, talento y resistencia de los estamentos en los derechos exigidos. Sorprende acaso no debera ser as, la vinculacin de minoras de las universidades privadas que se sumaron al inconformismo.

De igual manera es de celebrar la inclusin de muchos otros sectores vulnerados y marginados, que, en medio de esta implosin poltica del pas, quiere decir, gobierno neoliberal y de derecha, anteponen el mercado a la conciencia poltica. Pese a lo corrosivo del pas y a otras corrosiones que desean y buscan acabar la universidad pblica, las movilizaciones dan cuenta que hay antdotos y que la mejor manera de defender la universidad pblica a las marchas de los sujetos se debe unir la marcha de las ideas.

Las ideas tambin marchan en las calles y eso ha mostrado el 10 de octubre inmediatamente pasado. La exigencia de dignidad y de justicia no es solamente un asunto ciudadano, es de educacin y poltica. Mirando atrs sin detenerse, las movilizaciones demandando educacin pblica, financiacin, cobertura, ciencia e investigacin, docencia y extensin con calidad y con solidez, hace noventa aos, por lo menos siguen a la espera de una poltica planificada a largo plazo, o para decirlo con la ciencia poltica de hoy, una poltica pblica racional, sostenida y sin plazos ni programas momentneos y fugaces. A marchar tambin con las ideas, mirando atrs sin detenerse. En noventa aos las deudas han sido muy abismales.


Notas

[1] Carta Universidad y patria. En: Revista Universidad. No. 56. Bogot, noviembre 19 de 1927.

[2] Tila Uribe, Mara. Los aos escondidos. Sueos y rebeldas en la dcada del veinte. Bogot: Cestra-Cerec. 1994.

Fuente: https://prensarural.org/spip/spip.php?article23600



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