Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2018

La gestacin del capitalismo del siglo XXI

Jacinto Vaello
CTXT

Para caminar hacia una sociedad inclusiva hay que enfrentarse a una ruptura estructural


LA BOCA DEL LOGO

 

En los aos ochenta del siglo XX se inici el proceso de liquidacin del pacto social de la posguerra mundial. Ese pacto consolid la democracia liberal y abri la poca de implantacin y extensin del estado de bienestar. Fueron Margaret Thatcher, en el Reino Unido, entre 1979 y 1990, y Ronald Reagan, en los Estados Unidos, entre 1981 y 1989, los lderes polticos que encabezaron el movimiento y descabezaron a todas las fuerzas capaces de obstaculizar la ingente doble tarea que acometieron: la destruccin del capitalismo social y la construccin del nuevo orden.

Treinta aos ms tarde, el nuevo orden ha tomado forma, se extiende por el mundo y produce nuevos estertores propios de su crecimiento convulso. La quiebra de Lehman Brothers , en septiembre de 2008, se identifica de manera unnime como causa inmediata de la crisis (presunta) del sistema, a la que se le ponen apellidos que resumen la incapacidad o la falta de voluntad de penetrar en el fondo de la cuestin: "financiera", "econmica", cada vez ms "poltica", y, sobre todo, cada vez ms prxima a repetirse.

En la ltima conferencia de la OCDE, que ha tenido lugar los das 13 y 14 de septiembre de 2018, han vuelto a aparecer los interrogantes que desvan la atencin desde lo estructural a lo coyuntural: "dnde", "cundo" y "por qu causa inmediata" se va a "repetir la crisis".

Ahora los temores se dirigen hacia la gigantesca acumulacin de deuda, pblica y privada, cuya dimensin vara segn las estimaciones pero anuncia un estallido inevitable: entre 250 y 300% del PIB mundial, es decir, una masa ingente de deuda que puede aplastar al conjunto de la economa mundial. Pero la cuestin esencial, con ser muy relevantes estas cifras, est en lo que ellas ocultan: las causas de esta "burbuja" de deuda no residen en una gestin global irracional ni en una acumulacin de errores parciales sino en la hegemona del capital especulativo.

Efectivamente, algunas variables econmicas parecen simplemente desbocadas. Se hace referencia de manera reiterada a los bajos tipos de inters, que explican muy directamente la proliferacin de inversiones inviables y, desde luego, esas tasas de endeudamiento (es 'tan barato' endeudarse), pero parece que muy pocos estn dispuestos a llamar la atencin sobre la contradiccin de fondo, que puede sintetizarse en una pregunta sencilla: cmo alguien piensa (un ciudadano cualquiera, no necesariamente un economista o un financiero) que un sistema econmico puede funcionar con una nica mercanca global cuyo precio se fija por decisin administrativa, se sita cerca de 0 y no experimenta los vaivenes propios del mercado, es decir, no responde a desajustes entre oferta y demanda? Parece lgico pensar que los factores de ruptura del sistema se sitan ah, en el precio del dinero y en la multitud de variables que se organizan a su alrededor.

Hay que volver a ello, pero conviene recuperar para esta reflexin otras dos referencias determinantes del rumbo actual del capitalismo: la fiscalidad y las condiciones laborales. En trminos resumidos, la fiscalidad se ha ido acomodando a la conveniencia del gran capital, que practica un fraude generalizado, multiplica los parasos fiscales y extrema su ubicuidad impositiva. En los mismos trminos, las nuevas condiciones laborales se pueden sintetizar a travs de la precariedad, la temporalidad, el desplazamiento masivo de actividades hacia territorios de bajos salarios, la cada generalizada de las remuneraciones y la sustitucin creciente de trabajo actual (empleo) por trabajo pasado (aparataje diverso disponible; el proceso que para simplificar se denomina robotizacin).

Pagar menos impuestos significa menos recursos para el sector pblico, al que se obliga a restringir su capacidad de inversin y de consumo. Comprimir el mercado laboral reduce la capacidad de consumo de la mayor parte de la poblacin, precisamente aquella que tiene una mayor propensin al gasto. Si las variables crticas para el funcionamiento del capitalismo muestran semejantes tendencias descendentes, todo conduce a pronosticar un 'encefalograma plano'. Sin consumo pblico y privado, sin inversin pblica y con una inversin privada que privilegia las operaciones irracionales gracias al dinero barato, el sistema camina hacia el colapso.

Quienes forman parte de l en posiciones subordinadas, como las clases medias que entran en pnico y votan por Trump o escogen a la extrema derecha en Europa, o como la "clase trabajadora" que retrata Owen Jones en "Chavs", tienen pocas opciones de defensa y, desde luego, todas ellas pasan por hacer frente de manera organizada a la deriva descrita. Quienes, como los grandes operadores del capital especulativo, ocupan la posicin hegemnica, disponen de unos medios que son cada da ms numerosos e identificables, con un ncleo central que es la ubicuidad: la libertad de movimientos de los capitales a escala mundial, la libertad para remitir sus ganancias a los parasos fiscales, la libertad para reubicar sus actividades all donde encuentran las condiciones ms favorables, e incluso la libertad de instalarse a vivir lejos de los avatares y las tensiones de sus sociedades de origen en proceso acelerado de empobrecimiento.

Llegados a este punto surge necesariamente la cuestin poltico-institucional. La institucin clave de toda la primera poca del desarrollo capitalista ha sido el estado-nacin. La organizacin poltica que ha amparado la construccin del Estado de bienestar dentro del estado-nacin ha sido la democracia liberal. El elemento de cohesin de todo el conjunto ha sido el pacto social entre simplificando patronos y trabajadores. Qu queda hoy de todo esto y, sobre todo, qu necesidad tiene el capital especulativo de mantener estos parmetros?

Pacto social? Su papel ha sido el de garantizar la armona entre la supervivencia de los trabajadores y los intereses del capital, intentando generar una corriente continua de aumento del bienestar social y de crecimiento de los beneficios de las empresas. Cuando estas ltimas se pasan masivamente a los negocios especulativos y relocalizan sus actividades productivas en pases con mercados laborales sin proteccin alguna, el nico mbito en el que propulsar alguna forma de pacto social es el de aquellas actividades que siguen produciendo bienes y servicios in situ, sin relocalizarse en lejanos territorios. Pero este segmento capitalista opera en unos mercados marginales, en los que la ausencia de regulacin y la masiva disponibilidad de mano de obra facilitan la imposicin de condiciones ajenas a cualquier entendimiento entre las partes. Aqu surgen ahora los conflictos sociales entre capital y trabajo, pero nada de lo que acontezca tiene por qu resolverse en el marco de un acuerdo global; si acaso, basta con negociaciones parciales y ocasionales. El pacto social, tal como se ha conocido, deja de ser funcional para el capital y su contraparte, desprovista adems de sus herramientas de lucha tradicionales los sindicatos , lleva todas las de perder. Fin del pacto social.

Democracia liberal? Si la democracia representativa ha permitido situar la negociacin poltica como eje de la vida social y como va de instrumentalizar acuerdos, la desaparicin de la necesidad de pactar las formas de generacin y de distribucin de la riqueza nos acerca de manera muy rpida a la obsolescencia de las prcticas democrticas. No hay nada que negociar, por tanto para qu establecer un marco que regule esas negociaciones intiles. Si el marco existe, como es el caso en los pases occidentales, no tiene inters su pervivencia y se lo puede dejar languidecer hasta su completa extincin, o, al menos, hasta que solo conserve la apariencia tras cuya fachada se esconde un vaco real y una evidente inutilidad prctica. En ltimo extremo, nuevas formas de representacin poltica, como las que propugna la extrema derecha, pueden dar por liquidado este sistema. Fin de la democracia representativa.

Estado-nacin? Finalmente, el envoltorio que se invent para acoger estas formas de vida social avanza inexorablemente hacia su extincin. La prdida de la democracia liberal y la inutilidad de los pactos son un preaviso de que el estado-nacin est dejando de ser til. La puntilla se la da la ubicuidad de los capitalistas especulativos del siglo XXI. Si ellos se mueven por el mundo y todos sus intereses son extremadamente voltiles desde el punto de vista de las fronteras nacionales, qu funcin cumplen stas en la nueva poca del capitalismo? Para los especuladores tales fronteras son un obstculo ya superado, con lo que su utilidad se va limitando cada vez ms a los campos de la 'seguridad nacional' y del mantenimiento del orden social. Ni siquiera es ya el ejrcito el aparato del estado que ejerce de ncleo duro, sino ms bien las fuerzas del orden y los servicios de inteligencia, cuyas funciones estn ntidamente dirigidas hacia el interior, hacia esa estructura social cuya vida languidece pero puede dar origen a revuelos peligrosos. Desde luego, cualquier revuelta contra las consecuencias de esta deriva del capitalismo del siglo XXI tendr que nacer dentro de los estados-nacin, organizarse a escala supra-nacional y promover respuestas internacionales, de manera que el desafo que el capital puede temer es ante todo materia policial y de inteligencia, no militar. Fin del estado-nacin.

Panorama complejo, pero sobre todo malla inextricable de elementos cuya apariencia es a menudo suficiente para esconder lo esencial: parece que vivimos temporalmente peor, como consecuencia de 'la crisis', pero tericamente esto se supera y asunto resuelto. Sin embargo, el tiempo pasa y la realidad combina dos caras complementarias que componen otro panorama, diferente de eso que se denomina 'crisis'. Por un lado est la propia vivencia de la gente: cmo le explican a una persona de 45 aos, por ejemplo, que es al tiempo muy joven para jubilarse y muy mayor para trabajar? La explicacin de las consecuencias de tal cosa, aparentemente en el terreno de la psicologa, tiene que construirse verdaderamente en trminos de sociologa: no se trata de una posible depresin individual sino de un proceso sostenido y masivo de exclusin, que se prolongar de manera indefinida en el tiempo. Por otro lado estn los especialistas, los que entienden de la cosa, que van multiplicando ltimamente las advertencias pero no se atreven a ir ms all de una descripcin lineal: "la crisis puede rebotar en cualquier momento", es decir, la crisis de 2008, de la que vamos saliendo poco a poco, puede mostrar de nuevo su cara, quizs algo diferente. Prcticamente ninguno de esos especialistas quiere advertirnos de la existencia de un fenmeno de ruptura, que abre una nueva poca del sistema, no una crisis circunstancial. Se atreven a ir enunciando en una lista desordenada una serie de factores crticos pero se niegan a organizarlos en un todo coherente y asumir que es una nueva poca, que esos factores configuran una nueva realidad y han venido para quedarse.

Y en Espaa nos encontramos con una de las versiones ms extremas, no en trminos de transformacin estructural, que es ms o menos la misma en todo el mundo, sino en el ritmo y la intensidad del empobrecimiento y de la exclusin. No es extrao, puesto que arrancamos desde una posicin menos slida, ms vulnerable y de inferior riqueza material acumulada que en otros pases del entorno europeo.

Si se quiere avanzar en la comprensin de la situacin carece de sentido enredarse en variaciones ocasionales del crecimiento, en cifras sin contexto cuyo aumento se toma como indicador de buena salud econmica, o bien en la peor condicin de otros pases o en la aparicin de tendencias adversas generales. Para Espaa, la descripcin del momento social es fcilmente condensable en pocos trminos: los beneficios de las grandes empresas crecen sin freno, los presupuestos pblicos se someten a permanente escrutinio para impedir que suban, todos los programas sociales en consecuencia se comprimen, la remuneracin del trabajo disminuye, el empleo se contrae y el empobrecimiento invade ya el espacio de las clases medias. Pero lo ms importante est en algo que hay que repetir hasta la saciedad: esto no es el "legado de la crisis", esto constituye la esencia de la prolongada primera fase de la nueva poca del capitalismo, esa que iniciaron Reagan y Thatcher en los primeros ochenta del siglo XX.

Desde esta ptica, tiene todo el sentido avanzar hacia la internacionalizacin. El pacto social no est en la agenda de los pases ni en la de la Unin Europea. El retroceso democrtico es cada da ms visible, en los pases miembros y en la Unin. El estado-nacin termina por ser el territorio en el que el empresariado hegemnico se limita a mantener el control y tambin por convertirse en un cors para quienes intentan superar las consecuencias ms temibles de la nueva situacin. De hecho, cada vez menos cuestiones cruciales se dirimen dentro de los lmites de los estados, mientras los poderes supra-nacionales se dividen entre el que ejerce la UE como vigilante del orden establecido y el que ejerce el 'cuartel general de la oligarqua financiera internacional' para determinar qu se puede y qu no en el espacio econmico-financiero.

Solo un contrapoder de los perjudicados organizado a escala internacional puede situarse en posicin de fuerza para revertir las tendencias descritas. Van apareciendo y multiplicndose los intentos de ir por este camino, pero por ahora no pasan de ser esbozos sin concrecin real. La necesidad de avanzar en la gestacin de una sociedad inclusiva es cada vez mayor y nos interpela a todos, a quienes ya estamos comprometidos con ello y tambin a quienes tienen que ir asumiendo el reto de frenar una transformacin estructural que nos empobrece y nos excluye.

Jacinto Vaello es economista, colaborador del Banco Mundial, del Banco Europeo de Inversiones y de consultoras internacionales.

Fuente: https://ctxt.es/es/20181017/Firmas/22341/Jacinto-Vaello-tribuna-capitalismo-pacto-social-sociedad-inclusiva.htm

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter