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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2018

Repasemos las seales, estn ante sus ojos

Patricia Simn
La Marea

"Solo hay una manera de no llegar al da en el que todas las seales que estamos viendo se conviertan en La ley. Pero para eso hace falta aprender a unirnos, abrindonos a las diferencias, hacindonos fuerte en la pluralidad de prioridades y de ideas.


Repasemos las seales, estn ante sus ojos

Fotograma de la serie El cuento de la criada

 

Escena I

Hay un da en el que, como ocurri en Siria hace siete aos o en Nicaragua hace unos meses, sales a la calle a pedir un poco menos de corrupcin o que no recorten las pensiones, y terminas esquivando las balas de los policas. Si la rabia ante las primeras muertes te impulsa a vencer el miedo, decidirs no volver a casa esa noche y te unirs a otros y otras tan asustados como t, tan sobrepasados como t, tan desconcertados como t. Esos desconocidos hasta hace un rato se convertirn en tu familia en las siguientes semanas y meses. Llegar un da en el que te des cuenta de que ya nunca podrs volver a tu hogar porque sabes que all te estn esperando para atraparte, torturarte, desaparecerte; y al mismo tiempo sentirs la imperiosa necesidad de comprobar que tus padres, esposo o hijos no han sufrido las represalias de un Estado que, hasta no hace tanto, solo te pareca que abusaba demasiado, que corrompa demasiado, que manipulaba demasiado o, incluso, que torturaba demasiado. Piensas que si el mundo sabe lo que est ocurriendo, que si consigues publicar vdeos de cmo os estn asesinando, intervendr, ir en vuestro socorro, porque cmo podran saber que un pueblo est siendo masacrado y no actuar?

Meses despus ya no tienes ganas de atender a los periodistas a los que una vez recibiste con esperanza, protegiste de los francotiradores, alojaste en tu escondite. Porque, para qu contarlo todo otra vez? Para qu mostrarles de nuevo los hospitales clandestinos y las morgues? Le importan a alguien, acaso? Cambiar algo, acaso? Una noche, desde tu refugio, ves cmo ejecutan de un tiro en la cabeza a tu compaero, ese que te salv la vida tantas veces. Temes ser descubierta por el vaho que despide tu boca. Deja de respirar. Y de llorar, te ordenas. Semanas ms tarde eres apresada, seis policas te violan, te gritan traidora, te dicen que van a matar a toda tu familia, te arrojan a un calabozo, y ahora s, te quieres morir. Morir ya, ah, noms. Pero te vuelves a despertar, y rezas sin saber a quin dirigirte, porque no hay Dios, pero debera haberlo, y maldices el da que decidiste pedir un poco ms de pan, de justicia, de libertad. Y te gustara volver a los das en los que tu gobierno corrompa de ms, manipulaba de ms, torturaba de ms. Pero no hay Dios, ni vuelta atrs.

Cuando deciden soltarte para que tu cuerpo masacrado sirva de advertencia a los dems, corres y corres hasta cruzar la frontera ms cercana. Ladridos, focos, vallas. Refugiada, sea bienvenida. Pase, aqu tiene su campo de concentracin. O aqu tiene un parque en el que dormir. O aqu termnese de morir en vida. O aqu, dganos, un poco ms alto, mire a cmara: Mereci la pena?

Escena II

Por fin, aquella noche de julio de 2016 estrenbamos nuestro documental La fuerza de los pequeos en Gijn. Entre los varios centenares de asistentes, se encontraban algunas de sus protagonistas, mujeres que haban conseguido liberar, con el apoyo de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, a ms de 11.000 trabajadores esclavos en los ltimos veinte aos. La emocin electrificaba el ambiente. De repente, las pantallas de los mviles de muchos de los periodistas que asistamos al estreno se iluminaron por las alertas. Turqua estaba sufriendo un golpe de Estado. Nos miramos, algunos salieron de la carpa para hacer llamadas, otros nos fuimos a alguna esquina donde consultar las noticias sin molestar al resto de los espectadores.

Nunca se aclar si la insurreccin fue real o un montaje del presidente Erdogan para salir de la crisis poltica en la que llevaba inmerso desde las protestas de 2013 de Taksim Gezi, y justificar as la imposicin de un rgimen autoritario como respuesta. El caso es que, desde entonces, ms de 150.000 funcionarios han sido despedidos acusados de tener vnculos con el fallido levantamiento o con grupos terroristas, ms de 70.000 personas muchas de ellas, profesores, periodistas y defensores de derechos humanos han sido encarceladas preventivamente por los mismos cargos y unos 130 medios de comunicacin han sido censurados por el gobierno, segn datos de Human Rights Watch. Un ao despus, un cuestionado referndum que gan Erdogan con el 51,37% de los votos frente al 48,63%, converta a Turqua en un rgimen presidencialista con omnvoros poderes legislativos y judiciales. Erdogan terminaba as de dar el portazo a la, al menos aparente, separacin de poderes que toda democracia debe salvaguardar. El terror y la oscuridad que exuda el totalitarismo se colaban en los hogares de la que, hasta pocos aos atrs, se nos presentaba como la esperanzadora democracia turca. Frente a la legalidad, se haba impuesto La ley.

Escena III

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Fotograma de la serie El cuento de la criada

Pero antes de aquel extrao levantamiento hubo seales: arrestos arbitrarios, agresiones policiales contra los manifestantes, casos de corrupcin con los tres poderes del Estado implicados, recortes de derechos y libertades, ataques a los medios de comunicacin, la creacin de enemigos externos e internos a los que convertir en cabeza de turco, el cuestionamiento de las garantas jurdicas para presentarlas como un obstculo para el deber del Estado de proteger a su ciudadana Hubo quienes advirtieron las intenciones, como los dos mil profesores universitarios que firmaron un manifiesto en enero de 2016 contra la violencia del Estado empleada en el sudeste kurdo. Lo pagaron con despidos y crcel. Las mismas seales que tambin vio la madre de June Osborne, protagonista de la serie El cuento de la criada, basada en la novela distpica de 1985 de Margaret Atwood . Holly Maddox, activista feminista, vio claro que su pas se iba por el desage, como dice en un momento de la serie en el que le recrimina a su hija que est pensando en jugar a las casitas, refirindose a sus planes de boda, en lugar de combatir la amenaza del fundamentalismo. No es hasta aos despus, en un Estados Unidos ya sometido a una dictadura teocrtica, y repasando clandestinamente los peridicos en los que su madre apareca en las protestas, cuando es capaz de identificar todos los sntomas que haba infravalorado en su momento.

Si hay algo que me aterr desde el primer captulo de la brillante y necesaria serie El cuento de la criada es su realismo, su lucidez para describir lo que han vivido los habitantes, y especialmente las mujeres y el colectivo LGTBIQ, de pases donde la ortodoxia y el autoritarismo se han ido apoderando de sus instituciones: Israel, Egipto, Afganistn, Iraq, Rusia, Brasil, Nicaragua Y, sobre todo, la advertencia que supone para lo que nos est pasando en Europa y en Estados Unidos. La deshumanizacin del otro, del extranjero, del migrante de la que llevamos siendo testigos ms de dos dcadas en Europa, y en concreto en Espaa, solo necesitaba de una crisis-estafa para transformarse en deshumanizacin y criminalizacin tambin de los pobres empobrecidos autctonos, de las desviadas feministas y personas del colectivo LGTBIQ, de los y las defensoras de derechos humanos, de los y las intelectuales insobornables, de las voces heterodoxas

En el caso concreto de las mujeres en la Espaa democrtica, las primeras que vieron cmo el Estado dispona, sin pudor, toda su maquinaria para oprimirlas, explotarlas, amedrentarlas mediante las redadas racistas y desecharlas mediante las deportaciones, fueron las migrantes, especialmente las que estaban en situacin administrativa irregular. El Estado es su enemigo y la legislacin est diseada para que les resulte prcticamente imposible salir de la clandestinidad y que, as, tengan claro cul es su lugar: la mano de obra ms explotable. Con la supresin del Ministerio de Igualdad como primera respuesta a la crisis, el gobierno de Zapatero mandaba el mensaje a la sociedad de que erradicar la discriminacin sistmica de la mitad de su poblacin autctona dejaba de ser una prioridad. Como lo fue la orden del gobierno de Rajoy, mientras se instalaba en la Moncloa, de que se vaciase de presupuesto la Ley de Dependencia.

Poco despus, Gallardn se quitaba la careta de rara avis dentro del PP que con tanto entusiasmo haban construido algunos medios de comunicacin para anunciar restricciones al derecho al aborto. Consiguieron tumbar su intencin las decenas de miles de mujeres que llenaron las calles de Madrid en 2014 gracias a la convocatoria feminista de El Tren de la Libertad . Mientras, desahuciaban a decenas de miles de familias, muchas de ellas monoparentales y muchas otras lideradas en su resistencia por mujeres que dieron el paso de acudir a la PAH para evitar que sus vidas terminasen de desmoronarse.

Ahora, las masivas movilizaciones del 8-M, la irrupcin de los discursos feministas en los medios de comunicacin, el #MeToo y el esfuerzo de una parte de la izquierda por imponer una agenda feminista en el Congreso de los Diputados, han encontrado una virulenta respuesta reaccionaria de la que Vox solo representa el histrionismo. Ya sabemos cmo se volc el PP y parte de la Iglesia catlica contra la aprobacin del matrimonio homosexual. Cmo, este ao, PP y Foro Asturias han votado en contra de la despatologizacin de la transexualidad. Cmo el PP y Ciudadanos ningunearon y rechazaron la huelga general del 8-M hasta que la marea feminista les oblig a recular e intentar, borchornosamente, subirse al carro.

Escena IV

Que Vox venga a decir que hay una reducida parte de la poblacin que no nos quiere en este pas no me preocupa. Ya lo sabamos. Que el Partido Popular y, ahora su bastn, Ciudadanos, haya siempre identificado a los y las defensoras de derechos humanos como un obstculo para el enriquecimiento de las lites por defender la justicia, la igualdad, la verdad, el amor y la fraternidad, no debera sorprendernos. Es su negocio. Pero que parte de la sociedad civil organizada y los partidos de izquierdas se enzarcen en virulentas batallas dialcticas por la pureza ideolgica o por la falta de adscripcin total a sus postulados, no solo me indigna, sino que me aterra. Cmo seducir, entonces, a esa poblacin a cuyos problemas la democracia no est dando respuestas para que no voten democrticamente a los antidemcratas? Qu propuestas, modelos, medidas alternativas les estamos ofreciendo que alimenten su legtima aspiracin a mejorar sus vidas? Qu podemos esperar despus de aos de medios de comunicacin masivos empeados en crear una alarma social basada en una invasin migratoria que no existe, en un aumento de la criminalidad que es una falacia, en un choque cultural que es un fantasma?

Yo tengo claro dnde est mi vanguardia poltica y social, y siempre est en la retaguardia, con las botas embarradas y los odos y las mentes abiertas. Nunca azuza para que se apresuren los que vienen de ms lejos, precisamente porque saben que el que ms camino ha recorrido, ms tiene que ensearnos. Pero, para evitar que un da yo o cualquier otro preguntemos por nuestro derecho a ser quienes somos y nos respondan, como a la criada June Osborne, que esa ley que nos amparaba ya no existe, que ahora solo rige La ley, me encontrarn con todos los dems. Con todas y todos los que no piensen que un rgimen o gobierno tiene ms derecho que otro a reprimir, que la heterodoxia se paga con la inclusin en listas negras, que la libertad de expresin y la pluralidad de ideas es un derecho accesorio, que una vida vale ms que otra, o que cualquier idea vale ms que una vida.

Para esto se han reunido en Mlaga ms de 350 personas en Quorum Global , un evento que ha congregado a ms de 100 organizaciones sociales con el objetivo de conectar sus luchas y aprender a trabajar en comn para conseguir la transformacin social que buscan.

Ojal lo consigan. Porque la desunin ya estamos viendo a donde nos lleva: Under his eye.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/10/23/repasemos-las-senales-estan-ante-sus-ojos/

 



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