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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-10-2018

Ser periodista en Honduras y sobrevivir para contarla

Luca Maina
La tinta



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Despus de investigar y denunciar los vnculos entre las maras y el poder poltico y econmico hondureo, el reportero Milthon Robles sufri amenazas, persecuciones, varios intentos de asesinato y un secuestro. Ahora, desde el exilio en Barcelona, le cuenta a La tinta la violencia y la impunidad que se vive en su pas, donde cientos de periodistas, estudiantes, indgenas y campesinos han sido asesinados en los ltimos aos por denunciar la injusticia o involucrarse en luchas sociales.

 

Milthon Robles es de esas personas que re con ganas y sin filtros. Antes de ser un periodista perseguido, amenazado y exiliado de su Honduras natal, Milthon es una persona que re. La complicidad de una carcajada fue lo primero que compartimos al conocernos en el pueblo de Olot, al norte de Catalua, donde la vida nos encontr en una residencia para debatir, junto a varios periodistas ms, sobre el Nuevo Periodismo, o ms bien, sobre las historias que es necesario contar en estos das del mundo. Despus, solo despus de las risas, empez a aparecer su historia, marcada por la persecucin que implica en su pas contar lo necesario y por una seriedad que ahora se impone en su gesto y que me lleva a preguntarme cmo se re uno entre tanta violencia.

A Milthon le toc nacer en Honduras, uno de los primeros pases en sufrir un golpe de Estado en la Amrica Latina del siglo XXI y uno de los primeros en vivir un gobierno democrtico elegido mucho menos por el pueblo que por el fraude de partidos de derecha. Un pas que, visto desde octubre de 2018, en los das en que Jair Bolsonaro se encamina a la presidencia de Brasil, se parece bastante a una premonicin continental.

A Milthon le toc nacer en San Pedro Sula, definida, hasta hace pocos aos, como la ciudad ms violenta del mundo por su alta tasa de homicidios, asociados en los discursos oficiales a ese callejn oscuro y annimo de las maras y el narcotrfico. Ah, hace 21 aos, l decidi ser periodista. Empez por el periodismo deportivo, pero pronto pas a investigar temas sociales como la explotacin infantil y la violencia de gnero para despus vincularse con radios comunitarias en el contexto rural e involucrarse en conflictos ambientales y de derechos humanos. Mientras conversamos sentados en una mesa de vidrio, con la paz que imponen a nuestra derecha las montaas del norte cataln, a ms de 8.000 kilmetros de su pas, Milthon repasa las estadsticas, las muertes de su tierra desde que empez el golpe de estado en 2009.


En ocho aos, se han asesinado casi 22 mil personas en Honduras. Un 47% fueron femicidios de mujeres jvenes, entre los 16 y los 30 aos; la mayora de los casos estn en la impunidad. Desde 2010, 1538 estudiantes universitarios y secundarios han sido asesinados por ser activistas de luchas sociales; se ha comprobado que, en la mayora de los casos, son policas los que los capturan y luego aparecen asesinados en cunetas o en terrenos baldos, aparecen incluso enterrados semanas o meses despus. Periodistas, de los casos conocidos, han sido asesinados casi un centenar y a ello se suman unos 50 ms, que son comunicadores sociales de radios o peridicos comunitarios, que no se visibilizan internacionalmente.


Tambin enfocamos mucho el tema de la impunidad y la corruptela de los gobernantes -cuenta Milthon frente al grabador prendido sobre el trabajo periodstico que haca en su ciudad-. Es que, desde 1990 hasta la fecha, no ha habido tan solo un gobierno que no est involucrado en el narcotrfico y en robos en Honduras; se han cargado todas las empresas del Estado y, hasta ahora, no ha habido nadie juzgado por haberse robado tantos millones. Hablar as, sin filtros, siguiendo su mxima de no se es periodista cuando se oculta la verdad, le cost el exilio. La primera vez fue despus del golpe de Estado que, en 2009, destituy al ex presidente hondureo Manuel Zelaya, situacin que lo oblig a exiliarse en Guatemala durante casi un ao. En ese momento, estaba en otro pas latinoamericano y era prcticamente como estar con las manos atadas, porque la red del crimen organizado se extiende desde los Estados Unidos, que es desde donde dictan las pautas, hasta la Patagonia: te localizan donde sea, dice.

Despus, logr regresar a su pas y sigui investigando. Se meti, entonces, en los vnculos entre las maras y el poder poltico y econmico, recopil entrevistas, documentos, grabaciones, hasta que un secuestro y la persecucin constante lo obligaron a volar a Madrid en diciembre de 2016, donde vivi hasta mayo pasado. Ahora, se encuentra en Barcelona, como residente del programa Escritor Acogido que la asociacin PEN Catalcoordina con el apoyo del Ayuntamiento de esa ciudad.

Aunque Europa no es el modelo de seguridad a seguir, honestamente, al menos aqu tienes libertad de caminar, no?, dice comparando sus dos exilios, con el pelo largo atado con una gomita y una barba que le sube hasta las orejas, de la que tambin se re en sus redes sociales. El que te dejes la barba o te la quites no te hace ni intelectual ni pendejo, ni de izquierdas ni de derechas, escribi en su facebook hace poco sobre la imagen que muchos quieren proyectar como una ideologa, y yo escucho una vez ms su risa, que suele sonar como una denuncia del poder o de nosotros mismos. Pero ahora no, ahora me habla, con su gesto serio, de la libertad de caminar.

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Getty Images

Impuesto de guerra

En 2015, Milthon tena un programa en una radio local de San Pedro Sula. Desde all, comenz a investigar una extorsin que se conoce en Honduras como impuesto de guerra y que maras y pandillas cobran a pequeos negocios, a supermercados de barrio, a taxistas y conductores de autobuses. Es un engranaje del crimen organizado, parte de ello involucra a Europa y Norteamrica, y tambin hay muchos empresarios colombianos y panameos en la corruptela en Honduras. Yo comenc con testimonios que emita en la radio, pero el proyecto era llegar a un documental y un libro sobre la situacin, porque logramos conseguir fotocopias de cheques, de depsitos bancarios, explica.

Cmo funcionan estas extorsiones?

Bueno, t tienes un negocio o un taxi, y te llaman por telfono desde lneas que no son de Honduras; pueden ser de Guatemala, de EEUU, de Mxico, de Colombia o de El Salvador. Y te dicen: Mira, ya sabemos ms o menos cunto es lo que t ganas a la semana y, de eso, tienes que darnos tanto, tienes que ir a dejarlo en tal lugar el da jueves o viernes, que son los das que normalmente ellos recaudan el dinero. Si t no cumples, primero, te pueden matar un pariente y, luego, va avanzando hasta que te pueden matar a ti. En teora, te puede llamar una mara, dos o tres: hay gente que le paga hasta a tres organizaciones criminales. Entonces, la gente termina cerrando sus negocios, los conductores dejando de trabajar y, en el peor de los casos, terminan asesinados. Hay gente que le ha tocado dejar su casa en los barrios y las casas quedan en ruinas, porque no hay salida; hay gente que logra vender sus bienes y se viene a estos pases con el sueo de tener una estabilidad aqu, pero luego se topan con otra realidad.

Quines integran las maras? Cul es su vinculacin con el poder poltico?

Solamente en San Pedro Sula, hay 137 organizaciones de maras y pandillas; en Tegucigalpa, hay 149. No es solo la mara 18 y la MS, estas son las ms grandes, pero esto es como las organizaciones terroristas: les lavan el cerebro a los jvenes, que muchas veces provienen de la desercin familiar, de la paternidad irresponsable y, en otras ocasiones, ocurre dentro del ncleo familiar. Los cazadores de las maras, en principio, les ofrecen un cobijo de familia, les ofrecen drogas, marihuana, crack, van avanzando. Y luego, la primera prueba que deben pasar es ir a matar a alguien contrario a la pandilla, de otra mara. La segunda es cruzar territorio enemigo y muchos de ellos mueren en ese camino porque los mata la otra mara.


Es una escala como el ejrcito, tienen el mismo modelo militar. Pero qu pasa? Los jefes de mara, si bien es cierto que llegan a tener en teora una comodidad y economa, siguen viviendo en barrios marginales y estn expuestos a que les dispare cualquiera. El dinero va a parar a cuentas de ministros, de diputados, de empresarios, de banqueros, de lderes religiosos que estn muy involucrados en el tema de lavado de dinero. Y, por otro lado, est la lucha por el narcomenudeo, entonces, la mara que ms recauda es la ms protegida por la polica, porque los altos mandos de la polica y el ejrcito tambin estn involucrados.


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Noticias de un secuestro

Cuando empez a investigar y denunciar este tema, Milthon perdi su espacio en la radio local. Despus, le ofrecieron dinero para que dejara de investigar, algo que, dice, es muy comn en Centroamrica cuando los periodistas denuncian la corrupcin de polticos o empresarios. Y como l se neg a aceptarlo, empez la persecucin: Saban todos los puntos donde me mova dentro de la ciudad. Comenzaron a hacer llamadas y mensajes de texto a los telfonos, comenzaron a hackear mis redes sociales, mis correos electrnicos. Ya para mayo, haba una presin terrible, se apostaban vehculos frente a mi casa, las amenazas eran constantes, era una carga psicolgica terrible. Ese mismo mes, denunci su situacin ante el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh) para pedir proteccin, pero no tuvo respuestas.

Ya el tema se agrav totalmente en agosto de 2016, cuando, en menos de 3 semanas, intentaron asesinarme ms de cinco veces, dos veces me dispararon en la calle, tres veces me intentaron atropellar, recuerda Milthon. Con distintas organizaciones que lo apoyaban, busc entonces asistencia en otros organismos y lo nico que consigui fue que le ofrecieran proteccin policial. Yo saba que eran policas los que me perseguan tambin, estaba muy comprobado dentro de la investigacin. As que me negu, as como se han negado muchos, como Berta Cceres y cantidad de defensores de derechos humanos y periodistas, porque saben que en la misma polica estn los delincuentes.

Das despus -cuenta-, cuando sala de un centro comercial en su ciudad, lo secuestraron: Yo, celosamente, llevaba toda la documentacin que guardaba para el proyecto y se la llevaron. Me tuvieron siete, ocho horas, no s por dnde porque me pusieron una bolsa negra en la cabeza. Me golpeaban, me insultaban y, al final, como a las siete de la noche, me fueron a tirar a mi casa desde el vehculo en marcha.

As fue que decidi, finalmente, pedir asilo en Espaa y, en diciembre de 2016, lleg a Madrid, donde fue recibido por la ONG Reporteros Sin Fronteras y recibi el apoyo de algunas organizaciones para poder sobrevivir. Meses despus, su compaera tuvo que seguirlo por la persecucin que empezaron a ejercer sobre ella.

Ahora no podra regresar aunque quisiera, porque el gobierno me ha amenazado de que si regreso, me meten a la crcel cuenta Milthon-. Es que, en enero de este ao, hicieron una reforma al cdigo penal y agregaron un inciso en donde ponen a la libertad de expresin como apologa de terrorismo. Si t criticas a un poltico, haces un simple comentario en una red social, puedes ir hasta 12 aos a la crcel.

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Muchas Bertas

El asesinato de Berta Cceres, lder indgena y defensora del medio ambiente, se ha vuelto un caso emblemtico, el nombre que resuena en los medios desde 2016, cuando se habla de la creciente persecucin a activistas. Pero la lista de nombres contina, los asesinatos y las persecuciones a quienes participan en luchas sociales se repiten una y otra vez en Honduras. Y all aparece, por ejemplo, Margarita Murillo, dirigente campesina que fue asesinada en 2014 mientras trabajaba en su huerto y que llevaba dcadas en luchas por la tenencia de la tierra.


Berta es uno de los ms de 1500 casos que han sucedido en los ltimos 20 aos de personas asesinadas por defender los derechos humanos en todos los contextos, por cuestiones de gnero, libertad de expresin, etc. Si t vas a los informes oficiales, hablan de cantidades bien inferiores, porque siempre toman muestras de las ciudades, pero, en zonas rurales, la situacin es ms grave porque es totalmente invisible, dice Milthon.


Y cuenta, por ejemplo, que, el ao pasado, fue asesinado un profesor de una comunidad indgena donde se extraa coltn, un mineral utilizado especialmente para tecnologas de la comunicacin, como los celulares que usamos da a da y que genera graves consecuencias en la salud y el ambiente.

Los estudiantes son otro de los blancos de la violencia en Honduras. Segn datos del Observatorio Nacional de la Violencia de esa universidad, de enero de 2010 a mayo de 2018, han sido asesinados 1,522 estudiantes de todos los niveles. Ahora mismo, Milthon me cuenta que trabaja para gestionar apoyos a un estudiante que acaba de llegar a Madrid, tambin en condicin de asilo, por las amenazas y la persecucin que sufra en el pas tras participar en un reclamo en la Universidad Autnoma de Honduras.

Apago el grabador y el gesto serio permanece. Pasan algunas horas y entonces s, vuelve a brotar en Milthon la risa por un gesto, un comentario, un motivo cualquiera. Yo la comparto y pienso en el parntesis necesario de olvido para el mundo en el que andamos, pero despus llega tambin la carcajada, como un reflejo, como un sonido involuntario del mundo que llevamos dentro, como una declaracin irreverente del triunfo de estar vivos.

Fuente: https://latinta.com.ar/2018/10/ser-periodista-en-honduras-y-sobrevivir-para-contarla/

 



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