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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2018

Globalizacin e identidad: crisis y autoritarismos en el siglo XXI

Andrs Zamora, Mauricio Ramrez, Jiddu Rojas y Rodolfo Weidenfeller
Rebelin


La constante bsqueda de sentido y certezas por la que pasa la humanidad, se ve reflejada en los voltiles y complejos procesos de cambios polticos, sociales, econmicos y geopolticos de nuestros das. Los nuevos fenmenos ideolgicos contemporneos son cada vez menos definidos y con contradicciones que no fcilmente se pueden pasar por alto, situacin objetiva que los vuelve dbiles y marginales para la hora de realizar un intento de aproximacin crtica a la realidad.

La modernidad clsica brind opciones slidas de apertura, crecimiento, seguridad y sentido de pertenencia, esas certezas bsicas que toda unidad humana necesita para existir en relativa paz interior y exterior, era evidentemente un nuevo mundo que emerga de las sombras europeas de un oscurantismo religioso sin precedente. De la mano de este nuevo orden mundial, vena la revolucin industrial, tecnolgica y el expansionismo del modelo econmico que hasta hoy, ha sido gran responsable de un proceso bien conocido: la mundializacin, mismo que no se puede confundir con la estrategia anglosajona de poder denominada globalizacin.

Esas pocas de modernidad slida como llamaba el socilogo polaco Zygmund Bauman, han acabado y por el contrario, la liquidez, lo efmero y voltil es lo que verdaderamente marca la pauta de los tiempos actuales; no hay compromiso real, el pacto social est en entredicho ya que se ha convertido en un mecanismo de exclusin social debido al fundamentalismo utilitario del mercado y la prdida de credibilidad de las sociedades en las antiguas formas de representacin poltica; llmese sindicatos, partidos polticos, ideologas y dems. Esto es cada vez ms evidente y preocupante, como todo proceso dialctico, ese exceso de apertura, velocidad, auge de actores internacionales ms importantes que el Estado, estn provocando, como bien lo explica el francs Paul Virilio, que nuestra civilizacin est viviendo los tiempos accidentales de la modernidad.

Ante el exceso de apertura deviene por naturaleza su proceso contrario, realidad que se puede palpar materialmente en lo poltico con el auge de la nueva derecha extrema en Amrica y Europa, lo cul es adems, una manera de exteriorizar la profunda crisis espiritual e identitaria en que se encuentra gran parte de la humanidad. Ello implica que sea nuevamente el Estado, en manos de grupos extremistas, el actor internacional que otra vez ms, vuelve a ser el ente canalizador por excelencia de esos nuevos procesos de fragmentacin o relocalizacin.

El problema tambin es que el cambio poltico que se est dando en materia ideolgica est siendo muy rpido. Si la sociedad ya no es capaz de percibir un orden, y no encuentra por s mismo la raz del problema, el Estado es el que de nuevo toma relevo y construye con el otro extremo los vacos que no han podido tapar conservadores y progresistas. Es cierto que Max Horkheimer en su Crtica de la razn instrumental abog por la tesis de un cambio en el statu quo despus de la Segunda Guerra Mundial, el cual daba por finalizada la era de los autoritarismos en sus estratos ms extremos, y el auge de una autonoma social (propagado por el fenmeno de la globalizacin) que iba a suplantar dicho paradigma. Pero el ciclo natural del devenir histrico comienza a invertir la idea de Horkheimer, al menos de manera progresiva. Frente a la globalizacin, el Estado Nacional y el Estado Social de Derecho o Welfare State en EE. UU., aparecen o reaparecen como mediacin social necesaria. As el Estado y el Gobierno vuelven a jugar un rol de poder regulador de la voracidad capitalista internacional, y de su lgica mercantilista, as como de su irracionalidad autodestructiva. En consecuencia, y cuando la izquierda abandona la categora de Patria, se la regala a la derecha populista Neoconservadora.

Donald Trump, Jair Bolsonaro, Jimmy Morales, por citar ejemplos concretos en Amrica Latina, todos ellos representan el logos comunitario que se quiere de vuelta, y el enojo de la sociedad ante la prdida de libertades, entendia como prdida de valores por la globalizacin, cuyo componente ideolgico ms importante es la comprensin de la propiedad privada y el libre mercado como proyecto de igualdad humana. Trump por su parte, con una evidente contradiccin por su retrica antiglobalizacin, que en el fondo es una defensa del capitalismo imperialista, se ha convertido en un globalista selectivo, disfrazado con un hbil y oportuno discurso nacionalista populista. De esta conclusin se parte que el voto en nuestras convulsas sociedades es y ser ms pragmtico que otra cosa, buscando el mal menor.

Cabe recordar adems, la ola de diferentes nacionalismos con muy distintos matices y discursos, desde Polonia a Rusia, Ucrania, los racistas Blticos, desde Le Pen hasta Hungra, pasando por el Brexit y llegando a los neofascistas, la nueva derecha italiana, los neofascistas del Sur de Italia, la Liga Lombarda del Norte (separatista), la derecha castellana "Espaolista", los nacionalistas de izquierda o de liberacin nacional de Catalua o Pas Vasco o Galicia o Canarias, Escocia, Gales, Irlanda del Norte, etc. Ms los regionalismos, diferentes de nacionalismos, slo para hablar del nacionalismo en pases centrales (no perifricos). O sea, de los nacionalismos en Europa.

Algo que debe quedar claro tambin, es que entre todos esos nacionalismos existen profundas contradicciones, ya que por sus caractersticas propias tienen un nivel de detalle que junto con el Capitalismo Financiero Global no se pueden entender de forma lineal sino ms bien compleja, incorporando otro tipo de variables al anlisis poltico. Por ejemplo, en Amrica Latina el nacionalismo y nacionalismo popular generalmente devena en antimperialismo. O sea, es indispensable para las transformaciones sociales populares, en Europa en cambio, -salvo los casos de nacionalidades oprimidas (Irlanda, Catalua, Euzkadi, Serbia, etc)-, y despus de la Segunda Guerra Mundial, es ms conservador, aunque puede entrar en contradiccin con EE. UU. o la ex URSS.

Inclusive si se analiza con detalle el devenir actual del mundo, la dialctica de la ilustracin pierde su racionalidad y, lo que se conoce como revolucin industrial y tecnolgica se comienza a considerar como limitacin de la libertad humana. Ah es donde Dios, el Estado (alias monarqua en el siglo XVIII) y la patria recuperan terreno. Si no se pudo realizar hace ms de 70 aos con el facismo y el Nacional Socialismo, por qu no tomar las secuelas de la historia para que el rumbo vuelva a cambiar a favor de los regmenes fundamentalistas? He ah el dilema. Esta misma disyuntiva tambin lleva a la pregunta del cmo revalidar el poder inteligente de Joseph Nye en tiempos donde el discurso por los derechos humanos, la diversidad de gnero y la ampliacin del espectro tecnolgico se oxidan como parte de la poltica exterior estatal que llega a concluir en una polarizacin ideolgica-poltica entre las sociedades.

La globalizacin despoja, (segn ella: libera ) al individuo de toda identidad colectiva, sea cultural o religiosa, segn Aleksandr Dugin el individuo es atomizado y lo zambulle en una realidad a lo tabula rasa , en la que este tendr que potenciar sus capacidades para construir su propio yo, es decir, encontrar en su auto-percibimiento un significado que lo ubique en una realidad preestablecida.

En dicho proceso, tanto el Estado como el mercado, en estrecha alianza, desempean roles de harta importancia a travs, generalmente, de medios estructurales como el sistema educativo: una herramienta que reproduce la Weltanschauung (del alemn: cosmovisin, ideologa) dominante, borra los aspectos que identifican y diferencian al colectivo como tal (v.gr identidad cultural e ideolgica) y pone a sus componentes unos contra otros a travs de la premisa de la superacin al otro (divide ut impera!, suenan las campanas del realismo). Por otro lado, mediante mecanismos de poder suave como los medios de difusin de informacin dominantes, los cuales operan en nuestro contexto con ensaada destruccin de los elementos originarios que han identificado a aquellos primeros pobladores, en nuestro caso concreto: costarricenses, labriegos sencillos; y, en sustitucin, impulsan una progresiva absorcin de estilos de vida extranjeros, especialmente el american way of life.

Las fronteras para el gran capital as como a sus representantes no existen en ese mundo plano como lo denomina el idelogo norteamericano Thomas Friedman. Los trminos como Patria o Nacionalidad quedan obsoletos para el discurso globalizador, mientras que al mismo tiempo, en una poca que se vanagloria de cosmopolita, el peso de la nacionalidad si se aplica con toda rigurosidad para los millones que viven en la pobreza y se ven obligados a abandonar su pas en busca de ese anhelado sueo por una vida digna, para ellos lo que existen son muros, tragedia, muerte e ilegalidad. Resulta contrastante adems, por ejemplo, en trminos de turismo, que los latinoamericanos tengamos que solicitar visado para ingresar a los EEUU, mientras que los estadounidenses no requieren permiso alguno para ingresar a Latinoamrica.

Aproximadamente, desde el 2007, ao en que Costa Rica acept por mayora el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Repblica Dominicana (CAFTA-DR), el pas poco a poco ha estrechado sus vnculos ideolgicos con esta tendencia globalista. Con este tratado, el Estado y sus rganos consienten en obligarse a cumplir con lo estipulado (pacta sunt servanda), ejemplo concreto es que en el lapso 2015-2016, el Ministerio de Educacin Pblica modific los programas de estudio de las asignaturas de Estudios Sociales y Educacin Cvica. En la primera, se sustituyeron los contenidos sobre geografa e historia de Costa Rica, por historia universal: Egipto, China, Europa. En la segunda, se debilitaron contenidos como el Cdigo de Trabajo, Garantas Sociales, Smbolos Patrios y funcionamiento de las instituciones pblicas, y en cambio, se enfatiz en pensadores polticos de la modernidad, formas de gobierno, resolucin de conflictos y valores (de corte liberal obviamente).

La paradoja social del mundo posmoderno: todo lo que implique acercamiento con el mundo de las ideologas, se relaciona a un torrente de sensacionalismo que muere ms rpido que una flatulencia. Por eso se reniega a Marx y a los capitalistas del pasado y presente. Se est volviendo a las tesis fundamentales que van hacia los extremos, el punto medio (alias progresismo liberal) no tiene un significado poltico perenne en el tiempo. Las cosas funcionan segn la dinmica en la que se mueve el mundo de los negocios. Por eso la consecucin del espritu absoluto hegeliano se vuelve consecuente ya no en la metafsica, si no en el plano existencial viviente de cada persona. La historia culmina para darle forma a algo nuevo (regresin hacia el mal menor). El devenir del tiempo siempre ha condenado al que sabe ms all de las reglas morales y ticas construidas por el Estado (Dios) y la sociedad. El que cuestiona muere en el intento por querer entender la crisis en la identidad de su prjimo posmoderno.

Andrs Zamora Gutirrez es estudiante de Relaciones Internacionales, Mauricio Ramrez Nez es profesor de Relaciones Internacionales y Jiddu Rojas Jimnez y Rodolfo Weidenfeller Reyes son profesores de Filosofa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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