Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2018

Es de izquierdas durar?

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Uno de los rasgos de la izquierda clsica, marxista o libertaria, es su desconfianza hacia los partidos que llegan al gobierno y, enseguida, hacia los partidos que no son desplazados inmediatamente del gobierno. Es decir, hacia los partidos que se mantienen en el ejercicicio del poder. A partir de la conviccin no insensata de que (1) no se puede llegar al gobierno por vas democrticas -en las llamadas democracias burguesas- sin renunciar a la transformacin radical de la sociedad o de que (2) no se puede conservar el poder sin hacer concesiones de principio que implican la renuncia a esa transformacin, la izquierda ha tenido siempre dificultades para sumarse al juego electoral, luego para desear ganar las elecciones, por fin para interiorizar reglas de gestin muy correosas fosilizadas -por aos de gobierno de las derechas- contra sus valores y sus prcticas. En resumen: que la relacin con el gobierno se ha convertido bsicamente en un test de izquierdidad; ha servido para decidir retrospectivamente qu partido era realmente de izquierdas y cul no: todo partido que no fuese descabalgado por un golpe de Estado (blando o duro) o no perdiese enseguida las elecciones, todo partido que se mantuviese en el poder ms de cuatro aos se volva enseguida sospechoso y, si gobernaba ms tiempo, demostraba as que haba renunciado a sus principios, su programa y su vocacin transformadora. El solo hecho de durar ha desacreditado siempre a los gobiernos de izquierda. Durar slo puede ser una cosa de derechas.

Esta relacin izquierdista con el gobierno tiene dos laderas. Una relacionada con el hecho, desgraciadamente inobjetable, de que los cambios que se pueden introducir desde el poder son pocos y casi homeopticos y de que los partidos que han intentado ir ms lejos han sido derrocados por campaas militares o civiles una veces cruentas y otras bellacas. Pero tiene tambin que ver con la prevalencia -psicolgica y poltica- del momento revolucionario o momento constituyente en el pensamiento clsico de izquierdas. De izquierdas es slo el instante del relmpago liberador, la disrupcin popular en la plaza liberada, el derribo fulminante de la Bastilla; momento a partir del cual todo slo puede ser ya desviacin, aburguesamiento y decadencia. Este prestigio del momento revolucionario ha sobrevivido a la posibilidad misma de la revolucin y a la conciencia razonable de que la violencia revolucionaria se revel en el siglo XX ms limitada en su capacidad transformadora que la propia impotencia democrtica (al menos en su capacidad transformadora benfica). Se sigue privilegiando mentalmente -y esperando sin darse cuenta- el levantamiento emancipador, la ruptura tectnica, la fractura constituyente despus de la cual la poltica se har sola, como administracion de las cosas o como solidaridad ininterrumpida organizada; y ello con la fatal consecuencia de que, incluso cuando la izquierda acepta disputar electoralmente el poder, desdea prepararse para su ejercicio. Me temo que si a veces se ha hecho menos de lo que se hubiera podido en los municipios gobernados por las fuerzas de cambio no ha sido tanto porque no se quisiera hacer ms -que tambin- sino porque no se saba siquiera qu se poda hacer. No es que nuestros alcaldes y concejales hayan descubierto, mediante el choque frontal con la correosa realidad administrativa, todo lo que no se puede hacer; es que an no han chocado lo bastante con ella como para averiguar todo lo que no saban y an no saben que s se puede hacer.

La izquierda sabe que se puede hacer poco y lo pide todo. La izquierda sabe que se puede hacer un poco ms, pero lo pide todo. La izquierda no denuncia la diferencia real existente entre lo que se puede hacer y lo que an no se ha hecho sino que una y otra vez lo pide todo. Muchas de las crticas que se han dirigido desde la izquierda a Carmena en Madrid o a Colau en Barcelona son sin duda razonables e iluminan ese espacio -o hiato- entre la posibilidad y la voluntad; otras, en cambio, desprecian cada medida como expresin de una claudicacin frente al IBEX-35 o de una voluntad de durar incompatible con los principios y las necesidades transformadoras. Las dos posiciones, no siempre infundadas, ignoran, en todo caso, estas preguntas: qu significa realmente hacer? Qu significa hacer cuando pasamos del nivel individual al nivel institucional? Y la ms importante: cunto tiempo hace falta para -sencillamente- descubrir, no ya lo que no podemos hacer -que imagino se descubre enseguida y de manera traumtica- sino lo que s se puede? Es decir: cmo diablos vamos a hacer todo lo que podemos hacer sino sabemos siquiera que podemos hacerlo?

Para averiguarlo -maldicin- hay que gobernar. En trminos institucionales, hacer significa ante todo deshacer lo que han hecho los equipos salientes durante dcadas de gobierno; deshacer medidas, pues, que han sido respaldadas desde el poder legislativo en el Parlamento y que slo podran ser revisadas o derogadas desde all. Se puede rescindir un contrato blindado que se hereda del PP? Cunto tiempo y cunto dinero se necesita? Y cunto tiempo lleva municipalizar los servicios o establecer un nuevo contrato ms favorable para el conjunto de los ciudadanos? Cunto tiempo hace falta, repito, para llegar a saber qu podemos hacer?

Es verdad: en la izquierda estamos fatalmente acostumbrados a que el oportunismo, el falso realismo y la mutacin paquidrmica invoquen la necesidad de durar -frente a enemigos muy peligrosos- para reproducir nuevas lites en el poder, cada vez ms lejos de los principios y los programas que las llevaron hasta all. Pero habr que ajustarse a algn criterio -entre la ingenuidad idoltrica y la desconfianza ideolgica- para sopesar la distancia entre la posibilidad y la voluntad, la dificultad aparejada a las circunstancias, los riesgos de pedir demasiado cuando el demasiado antagnico empuja desde el otro lado, con ms medios y en un contexto favorable, de la forma ms amenazadora. La recomposicin del rgimen del 78, la debilidad de Podemos, el desplazamiento de la derecha hacia posiciones ms radicales, la situacin en Europa y en el mundo, parecen aconsejar no facilitar la des-democratizacin rampante de nuestras instituciones; aconseja conservar los espacios ganados y los pequeos logros conquistados. Cuando se tiene poder, por poco que sea, hay que utilizarlo tambin para conservarlo. Eso lo hace muy bien la derecha, porque tiene los medios pero tambin la conviccin -el deseo y el orgullo de la duracin.

No creo que debamos ahorrar ninguna crtica que ilumine el hiato entre posibilidad y voluntad o que ayude a descubrir y ampliar los lmites de lo realmente posible. Estoy seguro de que ese hiato es ya, si se quiere, poltico y no sencillamente tcnico, pero me parece que cuatro aos son muy pocos para descubrir y forzar los lmites administrativos y horadar los paquidermos fosilizados por acumulacin histrica de poder derechista; son muy pocos, sobre todo, para dejar rastros materiales que a la derecha le cueste luego deshacer; son muy pocos -an ms- para abarcar los prximos cuatro aos que de otro modo llenar, como un caudal que recupera su cauce, una nueva derecha mucho ms vieja y agresiva. Yo soy -escriba hace unos das- del partido oportunista de los remendones y parcheadores; del partido tambin de los pararrayos y los rompeolas. Hay ocasiones en que las barricadas no hay que hacerlas en las calles sino en las instituciones. Necesitamos amontonar ruedas, sillas y cascotes en el poder municipal; necesitamos un mandato ms. Los ideales hay que dejarlos para tiempos mejores o para tiempos peores; para cuando todo sea posible o para cuando todo sea ya imposible -salvo nombrar el bien. Pero cuando algunas cosas son an posibles y otras no, y ni siquiera sabemos cules son por falta de tiempo, conviene no comportarse como si todo estuviese ya ganado o como si todo estuviese ya perdido. En un contexto en el que lo ms posible -si lo damos todo por ganado o todo por perdido- es que Espaa se sumerja con el resto de Europa en el tsunami des-democratizador, el tiempo se vuelve de pronto tan material como un cortafuegos o una muralla. Una advertencia: si hablo de ideales no es para relativizar los principios; los principios son innegociables pero a veces los ideales son lo contrario de los principios porque impiden formular -y desde luego responder- a la pregunta: qu puedo hacer -e incluso negociar- en favor de mis principios?.

Nunca -es cierto- ha habido pocas blandas, pero sta es especialmente adversa. Por un milagro inexplicable la derecha no gobierna en el Estado y los harapos del 15M gobiernan algunos municipios. Es de izquierdas durar? Mucho me temo que en estos momentos una de las pocas cosas de izquierdas que puede hacer la izquierda en Espaa es conservar el poco poder que tiene: como parche, como dique e incluso como objeto de crtica y de presin. Desde el pesimismo radical y contra el derrotismo idealista dira incluso ms: lo nico de izquierdas que se puede hacer hoy en Espaa es precisamente eso: durar.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2018/10/23/santiago-alba-rico-izquierdas-durar-luchas/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter