Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2018

La economa y la poltica del reparto

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Cualquier economa -con minscula-, por elemental que esta sea y si se mantiene dentro de la racionalidad en sus actuaciones, tal y como se la exige por principio, parte de un postulado bsico que podra resumirse en no gastar ms de lo que se tiene . Aunque en algunos casos, excepcionalmente y desde previsiones realistas, pudiera extenderse a comprometer por adelantado lo que se puede tener. Toda actuacin sin tenerse en cuenta el realismo que exige la economa sensata suele topar, si la fortuna no acompaa, con lo que sucedi a la lechera del cuento . Sin embargo, esto es lo que se dice y a veces lo que se piensa, pero en el terreno real se asiste permanentemente a la prctica de economas ilusorias . El reparto distribuir la recaudacin estatal siguiendo criterios polticos- es el soporte de lo que en trminos propagandsticos ha venido a llamarse polticas sociales . Aquel viene a dar una idea del grado de realismo de la actuacin poltica o del nivel propagandstico al que se acoge, determinado en funcin del alcance de uno u otro, o sea, segn que los afectados sean todos, que son los que contribuyen, o solamente algunos de sus ciudadanos, que posiblemente no contribuyan.

Actualmente la clase poltica de las democracias avanzadas cuando accede al ejercicio del poder tiene el negocio cada vez ms complicado. Lo primero es que la estructura rgida del Estado impide llegar a gobernar utilizando los atajos. El Derecho establece los carriles por donde se tiene que circular. Luego est la democracia representativa electoralista, pero no supone un gran obstculo, porque el voto siempre se puede manejar con ayuda de los artilugios modernos. Lo peor es que debe atender a las demandas de los representantes del Estado profundo y hay que respetar obligadamente los intereses de las empresas capitalistas. As las cosas, queda muy poco espacio para moverse y la propaganda es el ltimo recurso, es decir, presentar ante el electorado como que se hace algo cuando, salvo cobrar la nmina, no se hace nada o alguna promesa adicional para entretener a las masas.

Por necesidades electorales, suele ser en el terreno de la ficcin donde se mueve la poltica llamada progresista e incluso, por la misma cuestin de fondo, la poltica conservadora, al sentirse ambas obligadas a vender la mercanca electoral propia de cada tendencia poltica. La cuestin es que para cumplir con el populismo dominante hay que ofrecer ilusiones al pueblo . Quizs desde este punto habra que replantear la profesin poltica y encomendarla a la economa realista , es decir, la que parte de evidencias numricas de tipo convencional, por ejemplo, como que dos y dos son cuatro , si se opera en base diez.

Hoy el terreno de la prctica poltica suele ser un coto privado para disfrutar de la caza entre amiguetes, en el que lo ldico se festeja con frecuentes disparos al aire para que suene el ruido pero no hiera a nadie -si acaso la vctima puede ser un inocente pajarillo que volaba en aquel momento por el lugar cavilando con sus cosas-. Por lo escarpado del terreno, aprovechan para echarse la zancadilla, incluso se empujan para ver si se caen. Son envidias naturales entre compaeros de profesin, pero en el fondo hay buen entendimiento. El debate, que puede ser agresivo en la forma para cubrir el expediente, no lo es tanto porque la sangre nunca llega al ro, ya que en el fondo est el dichohoy por ti y maana por mi. Las discusiones entre colegas, dirigidas a llamar la atencin del auditorio, giran en torno a que uno poda hacer las cosas mejor que el otro, alqutate tu que me pongo yo y vers que bien lo hago, pero resulta que solo podr hacer lo mismo.

Quitando el ruido de la plvora, las zancadillas y el reparto, queda poca cosa por hacer a los polticos. En el fondo es el poder del capitalismo el que no les deja gran cosa para que decidan, porque ha sabido atarles a la nueva forma de hacer la poltica, conforme se deca, sujetando las instituciones al Derecho, al Estado y a la democracia del voto. En cuanto a los afectados por el reparto, las masas de consumidores tambin estn sujetas, en este caso a la democracia representativa, puesto que son libres para elegir, pero no para decidir. Con votar de cuando en cuando, haciendo uso de la libertad dirigida por las trampas que permiten de las nuevas tecnologas, la cosa de lo poltico ya est arreglada, simplemente jugando todos al populismo, diciendo que el pueblo es soberano -aunque no lo sea ni por asomo- para ver quien compra ms votos. En definitiva est claro que en este panorama debe de haber un elemento vertebrador ms all de los vaivenes electorales, por lo que hay que hablar de esa elite del poder camuflada entre las formas directoras de la marcha del capitalismo global, que se representa localmente en el Estado profundo. Quien realmente lleva las riendas de los gobiernos y se est viendo a diario en cualquier parte de la comunidad global- son las grandes empresas, como piezas de la gran mquina capitalista destinada a vender bienestar como clave del poder.

Reducido el marco de actuacin de la poltica, ha pasado a definirse como un juego - en el que se gana o se pierde- cuya finalidad es el  reparto discrecional, y sus profesionales, generalmente con escasos conocimientos de economa -aunque para suplirlos ah estn los verdaderos profesionales de la macroeconoma para asesorarles- se ofertan como repartidores del dinero pblico, quitando de aqu para poner all, buscando que si no son todos, la mayora de sus votantes quede satisfecha. Cada grupo poltico reparte conforme cree interesa a sus fieles para no perder votos. En cuanto a los infieles, mira para otro lado y sigue adelante con su poltica a la que llama social.

A la poltica le interesa el reparto porque se trata de vender bienestar a la gente -lo que convence a todos-, y la tarea del populismo dominante es publicitar quien ofrece msbienestar para llevarse los votos que garantizan la permanencia en el coto privado del grupo patrocinador. El reparto se realiza a travs de las que ahora se llaman polticas sociales en el mbito econmico, que consisten en dar dinero y poner remiendos, tratando de favorecer a un grupo de personas para que disfrute de una especie de limosna -que no resuelve en absoluto su precaria situacin- con cargo a todos los dems, pero dejando poco ms o menos las cosas como estaban. En definitiva suele tratarse de paos calientes, frmulas del populismo gobernante -ya sea de p opulismos de derecha, izquierda y centro, porque todo el espectro poltico cabe en el populismo- para que se diga que hace algo e incorporarlo a su currculum electoral. En resumidas cuentas, propaganda, pura y dura propaganda.

Aunque el verdadero reparto venga hecho previamente a nivel global por el capitalismo a travs del mercado, los populistas insisten en darse protagonismo en una tarea que ya est tasada y que consiste en decir que como hay tanto, veamos la forma de gastar eso y algo ms, porque lo que interesa es gastar, ya que si no es as el consumo se resiente. El populismo moderado, que pretende estar de actualidad, se presenta como reflexivo ante el auditorio y dice hay que gastar conforme a lo que tenemos. Mientras que el populismo radical, sostenido en ideologas obsoletas que parten de principios utpicos decimonnicos, proponen gastar ms de lo que se tiene. A la gente que le seduce el despilfarro la propuesta les convence, pero luego se lamentan cuando el barco se hunde por efecto del gran tsunami de la crisis de turno, y es entonces cuando se piden responsabilidades. Esta es la hora de las lamentaciones. Otra irresponsabilidad, en este caso de las masas, porque no existen responsabilidades efectivas en el ejercicio poltico por los desatinos de moda en cada momento, puesto que casi siempre resulta posible justificar el despilfarro.

Primero, la realidad econmica viene a hacer una llamada de atencin a las polticas sociales, sean del signo poltico que sean, para bajarlas de la nubes, poner el asunto a pie de tierra y dejarse de ideologas anticuadas que ya no tienen sentido en el mundo actual. En cuanto a los votos agradecidos, no hay que olvidar que son inestables y desaparecen cuando descubren que muchas de las polticas sociales no resuelven los graves problemas econmicos de fondo, especial los de la pobreza, puesto que el que se declaraba pobre antes de beneficiarse de la poltica, por lo general, lo sigue siendo despus de aplicar la poltica. Las polticas sociales vienen a facturarse como progreso para la sociedad afectada, pero en realidad son modas para promover las ventas de las empresas capitalistas y animar el mercadeo de los votos polticos. La igualdad no se construye a golpe de decreto ni desde la propaganda ni dando limosnas ni promoviendo falsos conceptos de solidaridad para que los verdaderos obligados escurran el bulto desplazndolo a la ciudadana. En estas condiciones, la mejor poltica social sera no hacerla, porque, adems de no resolver los problemas, es antieconmica y, en ocasiones, acaba generando desequilibrios sociales. Pero resulta que cuando fracasa una poltica, las consecuencias no las pagan los promotores, sino los contribuyentes, motivo por el que los polticos siguen con sus experimentos. En las contadas ocasiones en las que tienen xito, suelen ser un producto importado, pero la medalla se la ponen los gobernantes.

Esta situacin, en la que la racionalidad brilla por su ausencia y se impone en su lugar la simple apariencia, apunta en la direccin de que hay que abrir paso a los buenos administradores, es decir, los que actan en el marco de la realidad -tanto tengo, tanto gasto-. El reparto no pude sostenerse en modas del momento, falsa proteccin de derechos y libertades para fomentar el clientelismo poltico o en simples ocurrencias del gobernante de turno, sino en realidades econmicas. Hay que aparcar las polticas sociales -que en el fondo no tienen nada de sociales- arropadas en el mito de la solidaridad, dedicadas a favorecer a unos pocos con cargo a todos, que adems suelen ser simples parches para ir tirando, y en su lugar aportar soluciones imaginativas que permitan resolver los autnticos problemas de una determinada sociedad. Pero tal vez la propuesta sera arriesgada de seguir en las democracias representativas en las que el voto de los electores tienen cierto peso especfico. Por lo que resultar menos comprometido atenerse al dictamen de los entendidos, considerando que es mucho mejor seguir ofertando al electorado cuentos infantiles.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter