Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2018

La irresistible atraccin del macho alfa

Ral Zibechi
La Jornada


Las elecciones  brasileas muestran una enorme diferencia de comportamientos entre varones y mujeres, tan amplia y profunda como pocas veces se registra en nuestras sociedades. Segn la primera encuesta de Datafolha luego de la primera vuelta, existe un empate tcnico entre las preferencias femeninas: 42 por ciento apoyaban a Jair Bolsonaro y 39 por ciento a Fernando Haddad, cuando el primero tiene casi 20 puntos de diferencia (goo.gl/B769dj).

Las preferencias masculinas se vuelcan en 57 por ciento por el candidato de la extrema derecha y slo 33 por ciento por Haddad. La diferencia es tan grande que merece alguna explicacin. Bolsonaro es un personaje machista, militarista y racista, que nunca ocult sus opiniones y hasta se jacta de ellas, de modo que quienes lo apoyan es porque simpatizan con sus ideas y actitudes. Lo que debemos explicarnos entonces son las razones por las cuales la mayora de la poblacin brasilea se siente atrada por l.

La primera es la profunda crisis, tanto econmica como social, con un aumento importante de la violencia. En 2017 se produjeron casi 64 mil muertes violentas, una cifra que aumenta de modo exponencial: al comienzo del periodo neoliberal en 1990 eran 14 mil y en 2002, cuando Lula gan las elecciones, eran 49 mil personas muertes cada ao (goo.gl/82jd9i). La violencia no deja de crecer y se ha llevado medio milln de personas en la reciente dcada.

Un aspecto central de la crisis es la disolucin de los vnculos sociales y comunitarios. Mucho antes de la centralidad que adquiri Bolsonaro, las grandes ciudades se haban convertido en espacios de violencia desbordada. La principal diferencia desde 2013, es que ahora la violencia arraig tambin en los barrios de clase media, cuando histricamente estuvo focalizada en las favelas y periferias urbanas, donde la sociedad ms desigual del mundo descerrajaba sus armas contra la poblacin negra.

La segunda es el clima de inseguridad imperante. Por curioso que parezca, en los barrios populares las cosas han cambiado poco. En la noche, en la Mar, la mayor favela de Brasil en Ro de Janeiro, la gente contina haciendo su vida en calles que siempre estn atestadas. En los barrios nobles (as le llaman en este pas a la ciudad formal), las calles estn desiertas y los pocos peatones deambulan como fantasmas apurando el paso.

La inseguridad es cosa de clase media, ya que los ms pobres nunca vivieron otra realidad que el temor a la Polica Militar y a sus aliados: polticos conservadores, traficantes y, ms recientemente, iglesias pentecostales y evanglicas que persiguen con saa las religiones afro.

Son los miedos de las clases medias los que se vuelven noticias, sus paranoias ganan titulares y sus barrios se llenan de guardias privados, cuando pueden pagarlos. Con la crisis un sector muy amplio de las clases medias teme, adems, perder el empleo y el estatus econmico y social. En este punto, Bolsonaro promete acabar con la inseguridad, se ofrece como el gran protector, liberando el gatillo contra los pequeos delincuentes y prometiendo castracin qumica a los violadores. Todo parece tan fcil que resulta poco creble.

La tercera cuestin es que el macho alfa, en sus variantes duras o blandas, es el estereotipo conocido, tanto a derecha como a izquierda. Salvo el pequeo sector de universitarios exitosos, el resto de la poblacin sigue creyendo en la mano dura y el hombre fuerte que la practique, desde la familia y el barrio hasta las instituciones estatales. Por algo las fuerzas armadas gozan de tan buena reputacin, al punto que toda la campaa de Bolsonaro gira en torno a militares que no rechazan ni la tortura ni las soluciones represivas.

La cuarta cuestin se relaciona con el campo emancipatorio. Los partidos y movimientos, incluso los varones que nos decimos antipatriarcales, no hemos trabajado otros modelos masculinos diferentes a los que nos ofrece el sistema. Nuestra izquierda sigue apostando en caudillos, algo que pareca hasta cierto punto entendible hasta la revolucin mundial de 1968.

Hemos hablado de leninismo, de peronismo y de castrismo. Ahora seguimos por el mismo camino: chavismo, lulismo y todos los ismos imaginables vinculados siempre a un caudillo que, naturalmente, remite al patriarcado. Somos tan grotescos que incluso cuando un movimiento cubre las caras de sus portavoces y los denomina subcomandantes para que se entienda que obedecen a las comunidades, incluso en este caso, los analistas creen que son Galeano y Moiss los que mandan.

Nuestra cultura poltica no deja de producir machos alfa. Vladimir Putin y Xi Jinping provocan suspiros de amor revolucionario entre no pocos intelectuales que, en tanto, se horrorizan cuando el macho resulta de signo contrario a sus ideologas.

Finalmente, creo que no debe confundirse la figura del guerrero/guerrera, necesaria para defendernos, con el macho alfa. ste se manda solo y hace lo que su testosterona le indica. El guerrero obedece a su pueblo.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/10/26/opinion/025a1pol



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter