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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2018

Nicaragua: tolerancia cero?

Guillermo Prez Molina
Rebelin


La democracia nicaragense, marc en las ltimas tres dcadas, niveles aceptables de integracin y resolucin del historial de conflicto poltico, armado e institucional, acontecido durante el siglo pasado en el pas.

El asunto de un pasado de confrontacin poltica y cero entendimientos entre las partes, quedaba como una variable ms histrica, que anclada en la poltica y de lo poltico tambin. De tal manera, la cultura poltica expresada por la ciudadana en un carcter general, hasta antes del 18 de abril, se iba consolidando hacia un horizonte de ms tolerancia poltica e intercambio de ideas y, por ende, mayor convivencia democrtica de los nicaragenses y las nicaragenses.

Sin embargo, la crisis de abril fue un quiebre en la sana convivencia de los ltimos aos entre nicaragense. Ahora bien, viejos conflictos, tales como el divisionismo y la intolerancia, son efectos constituido y constituyente en un escenario post-conflicto. Lo ms alarmante de los efectos sociales de la crisis mencionados, es la puesta en escena de un antagonismo poltico como nodo de socializacin de las interacciones entre nicaragenses.

Consideramos que resulta imposible comprender entonces el divisionismo y la intolerancia poltica sin reconocer el antagonismo como una fuerza motriz de las relaciones sociales y, en consecuencia, de la democracia. Por ello, las reflexiones propuestas aqu se basan en examinar la relacin entre antagonismo poltico y democracia, para tratar, finalmente, de repensar el estado actual de la convivencia democrtica en Nicaragua.

Antagonismo poltico y democracia

Una breve explicacin terica, para centrar al lector en las claves principales del texto, sobre antagonismo, es entender este como un elemento constituyente de lo poltico. Es decir, la naturaleza de las relaciones sociales se constituye a partir de un elemento identitario pluralista y en constante disputa por reconocimiento. Cada identidad se posiciona en una lucha permanente por hegemonizar su sentido comn identidad y proyecto. Por consiguiente, las relaciones sociales por ipso facto siempre implica una configuracin en condiciones potencialmente conflictivas.

Con el asunto referente a lo potencial conflictivo, la politloga britnica Chantal Mouffe, en su libro titulado: Agonstica. Pensar el mundo polticamente (2014: 26) , considera que lo importante es que el conflicto no adopte la forma de un antagonismo (una lucha entre enemigos) sino la forma de un agonismo (una lucha entre adversarios).

En tal sentido, cuando se instala el antagonismo en un determinado conjunto de relaciones existente una Nacin, por ejemplo es altamente peligroso para mantener una convivencia tolerable con el otro; con lo diferente; con quien o quienes no piensan como uno.

Por lo tanto, encontraremos relaciones sociales en un latente enfrentamiento, que, considerando el ejemplo de la Nacin, trazarn una sociedad fragmentada, recortada y segregada. As pues, unas relaciones nosotros/ellos basada en una lgica antagnica, de enemigos, es un punto de inflexin para el desarrollo de una democracia sana e, inclusive, para una paz social duradera.

Es un punto de inflexin, porque toda democracia necesita, y existe por el mismo sentido de pluralismo, confrontaciones poltica y disputa por lo pblico. Eso s, en un marco de convivencia de tolerancia poltica. Dicho de otro modo, la intolerancia poltica, devenida de una relacin antagnica, hace imposible establecer un nosotros/ellos, compatible con los valores de la democracia.

La mejor alternativa para la configuracin de una relacin social de tolerancia poltica, suscribimos aqu, es radicalizar un modelo agonista. Es decir: (1) es aceptar que lo poltico tiene que ver con el conflicto; (2) el reconocimiento de la legitimidad del oponente; y (3) la conduccin del conflicto a travs de las instituciones.

Antagonismo e intolerancia: caso escrache a JR

El antagonismo convertido en intolerancia poltica tiene su puesta en escena con el caso de escrache al comediante nicaragense Jos Ramn Quintanilla, conocido popularmente como JR, en un centro comercial de Miami (Estados Unidos), durante la ltima semana de setiembre del presente ao.

El caso. Dos ciudadanos nicaragenses se acercaron a JR y lo confrontaron pblicamente. No fue una confrontacin de posiciones polticas democrticas; los ciudadanos, a cul identificaremos como moralizadores, quisieron someter a JR desde determinadas connotaciones morales. Al final, pareca un acto, donde los moralizadores se mostraban as mismo como los buenos y al comediante como un sujeto que encarnaba lo malo.

Segn las y los moralizadores, si no ests de acuerdo con las lecciones de moral que pregonan, la descalificacin no se hace esperar, como paso con el comediante, quien fue tachado de: sapo, asesino y cmplice.

Ntese que un discurso de intolerancia poltica cargado de descalificativo y de una supuesta pureza moral, desvirta al otro; donde de adversario poltico se convierte a la otredad en un enemigo a erradicar. En otras palabras, tratar al otro como enemigo, basado tericamente en fundamentos morales, es no reconocer el nodo central de toda relacin, lo poltico; igual es deslegitimarlo y, finalmente, no se conduce democrticamente el conflicto.

A la luz de discursos similares de cero tolerancias, nunca ms oportuno la idea de que dar lecciones de moral a los dems nunca ha sido un acto moral (Todorov). Aunque ms ajustado es sealar esos tipos rezos, con mayor incorporacin en los sectores opositores al sandinismo, como una confusin entre moral y poltica.

Nicaragua: ms tolerancia y mayor democracia

Las y los demcratas nicaragenses, que somos la inmensa mayora, debemos apelar por la reconciliacin y el encuentro. A revisar la historia de nuestra Nacin, elementos como el antagonismo y la intolerancia poltica, nunca fueron parte de la frmula de resolucin pacfica de los desencuentros entre nicaragenses. Todo lo contrario, fueron elementos de discordia, de guerra y violencia prolongada.

El caso escrache a JR, demuestra que las confrontaciones polticas disfrazadas con camuflajes retricos de antipoltica y pureza moral, desva la atencin de los temas grandes y necesarios para una Nacin.

Por consiguiente, debemos retomar una convivencia democrtica lo ms inmediato posible. Nicaragua, como nacin y sociedad, no puede seguir sacrificndose, cultural, econmica y socialmente, por luchas de poderes. Por consiguiente, a ttulo personal, familiar y comunitario promovamos un dialogo sincero e integral desde los barrios, comarcas y comunidades con ms tolerancia, lo que nos asegurar mayor democracia entre nicaragenses.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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