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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2018

Ser y no ser del socialismo

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Estamos a un siglo del cambio poltico que dio lugar a la Unin Sovitica, para muchos y sobre todo en la llamada izquierda− a la instauracin del socialismo en el planeta.

Parece fecha propicia para reexaminar una cuestin que ha sido abordada reiteradamente, aunque en general sin mayores resultados; ya veremos que la iconografa socialista es pertinaz (lo cual, por otra parte, no tiene porqu ser un defecto).

El socialismo ha sido una de las principales corrientes de pensamiento de la modernidad. Tras el Renacimiento y el acceso a todos los ocanos por parte de la navegacin de origen europeo, el mundo cambia.

La globalizacin, el sistema de intercomunicacin humana que nos dejara a las puertas de esa modernidad, en los siglos XIV y XV tena como Mare Nostrum, el viejo mar de los romanos; el Mediterrneo, entre frica y Europa. En sus costas estaban los principales centros culturales y comerciales de lo que ahora llamamos el Mundo Antiguo, que se denominaba el Poniente, o en rabe el Magreb. Hacia el Asia, entonces, estaba el Levante, el Masriq rabe, las Clebes, el Mar de China.

As, las bibliotecas de Alejandra en Egipto y la de Timbuct en el actual Mali constituan centros de irradiacin cultural, al que concurran los intelectuales de la poca. Por su parte, Gaza (actual Palestina), Fenicia (actual Lbano) eran nexos, portuarios, entre el Levante y el Poniente.

Con el arribo de la Corona Espaola a Abya Yala, en 1492, y la consiguiente toma de posesin que lleva a cabo Coln, asombrado de lo fcilmente esclavizables que son sus habitantes ─lo cual nos dice mucho sobre la mirada europea─, se va configurando una nueva globalizacin, ahora con el Atlntico Norte como nuevo Mare Nostrum.

En el nuevo eje Viejo Mundo-Nuevo Mundo, frica es subalternizada, y Asia dejada a un lado.

Aquellas universidades que se haban ido forjando en Europa desde los siglos XII y XIII con un pensamiento cada vez menos teolgico, iban dando lugar a un pensamiento civil y laico. La primera, la de Bologna, en el siglo XII y las de Pars, Oxford, Montpellier, Cambridge, Salamanca, Padua, Npoles. Toulouse, Orleans, Siena, Valladolid y Lisboa en el siglo XIII, irn cambiando el eje de las preocupaciones intelectuales e ideolgicas, alejndonos del pensamiento teocrtico y acercndonos al abordaje de la realidad y la sociedad, el mundo de los vivos y carnales.1

Con el Renacimiento, la Ilustracin, los enciclopedistas y el enorme empujn material que significa el aprovechamiento de las riquezas del Nuevo Continente, junto a una navegacin que se independiza de las costas, se va configurando una actualizacin de la actividad intelectual, reconociendo e incorporando los avances cientficos, en astronoma, fsica, qumica, biologa, antropologa, arqueologa, medicina.

Los descubrimientos geogrficos, gestan nuevos intereses en crnicas de viajes que van a su vez ampliando el conocimiento de las nuevas realidades sociales; en tales relatos se despliegan diversos planes o sueos de nuevas sociedades; en 1516 Thomas Moro, telogo, crea Utopa y en 1602 tenemos a Tommaso Campanella, monje domnico, creando su Ciudad del Sol.

Se va socializando un ansia de vida diferente; lo que genricamente conocemos como socialismo utpico ─del cual son ejemplos pioneros los relatos de Moro y Campanella─ ir configurando la cuestin poltica cada vez con mayor fuerza. Un rasgo comn a esos sueos o ensueos sociales es un acentuadsimo autoritarismo; liberar al gnero humano ser visualizado como el reino de lo exacto, el control absoluto, las decisiones objetivas, la regimentacin total de la vida cotidiana.2

As llegamos al s XIX. Para entonces, los planteos y aportes de Karl Marx resultan protagnicos dentro de las corrientes socialistas, en medio de un multitud de variantes, algunas incluso muy enfrentadas con los desarrollos marxianos o marxistas, como es el caso, sin ser las nicas, de las corrientes cratas o antiautoritarias.3

El aporte de Marx, enfrentado al socialismo utpico, fue una nueva mirada sobre el acontecer social; las transformaciones sociales no son fruto de la voluntad de polticos, magnates o reyes; Marx fue contundente en explicar que existen causas ajenas a la voluntad que modifican y transforman las sociedades.

Despus de Marx ya no se pudo insistir en el voluntarismo para las modificaciones polticas y sociales (aunque se sigui insistiendo), algo que haba caracterizado a los socialistas utpicos pero no slo a ellos. El aprender a ver, el tratar de analizar causas objetivas es su aporte fundacional para otra forma de entender la realidad y sus transformaciones. Pero Marx dio otro paso; algo habitual cuando se siente haber alcanzado una verdad fuerte, nueva; no limitarse al anlisis de la realidad presente, sino inferir cientficamente el camino que la sociedad habr de tomar, segn esas legalidades independientes de la voluntad. Por ello, con la audacia propia del pionero, tach a su diseo poltico de socialismo cientfico; una denominacin que iba a tener fuerte impronta en un momento en que los desarrollos cientficos estaban tomando enorme vuelo.

El abordaje que hizo Marx coloc en un mundo por venir la realizacin de las transformaciones socialistas.

A diferencia del debate poltico entonces existente en que se analizaba el pasado para entender el presente, Marx (y Engels) se plantean analizar, criticar y entender el pasado para conocer (inferir) lo futuro, lo que no exista entonces. Lo que otorgaba a esos conocedores un papel mucho ms trascendente que el mero conocer; la undcima tesis contra Feuerbach, aun al margen de la dimensin temporal, apunta a una pretensin ms incisiva: Los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Junto entonces con la idea de un compromiso total con la transformacin de la sociedad, todo fundido en un magma nico −realidad, conocimiento de la realidad, protagonistas−, el pensamiento moderno marxismo, positivismo− introdujo la idea de cognoscibilidad de lo futuro. Algo que desde el universo burgus, en ascenso, tuvo buena acogida.

Vale decir que en tiempos modernos, posmedievales y posrenacentistas, aduearse de lo por venir empez a ser concebible, deseable, sentido al alcance del discernimiento humano y tal aspiracin se hizo comn entre pensadores tanto burgueses como antiburgueses (tratando de ser fiel al espritu de Marx, habra que decir posburgueses, puesto que Marx siempre apoy el desarrollo burgus, slo que no acept quedarse en l como el non plus ultra, caracterstico de los intelectuales del novel capitalismo, como habra sido el caso de su maestro, G. W. F. Hegel).

La lucha de pobres contra ricos, por ejemplo, tan caracterstica de tiempos medievales, perda validez a ojos de Marx; ahora haba que asumir, aceptar, propender que el rico fuera ms rico para mejor desarrollar a su enterrador; el proletariado.

El conocimiento de lo futuro

La dimensin de futuro haba sido aceptada hasta ahora, nicamente desde la magia, la cbala, la astrologa. O en todo caso, captada desde lo mtico.

Pero Marx trajo la dimensin futura al ms ac, a nuestro mundo. Consider que haba inteligido procesos, momentos, y que el desarrollo burgus, que provena histricamente del medioevo, iba a desembocar, ineluctablemente, en el socialismo.

Esos momentos histricos se vehiculizaban con respectivas clases sociales y as como atribuy el ascenso capitalista por sobre las viejas sociedades agrarias a los burgueses, anlogamente atribuy al proletariado el protagonismo de esa nueva sociedad: la socialista.

En pleno siglo XX, el historiador suizo Bernhard Grthuysen hizo un jugoso anlisis del ascenso burgus en Francia, en los siglos XVII y XVIII. Que a mi modo de ver inhabilita toda la construccin histrica, marxiana o marxista, de secuencia aristocracia-burguesa-proletariado (que tanto se propag en manuales de divulgacin marxista militante como asumido por la intelectualidad socialista en general).

Grthuysen se dedic a analizar los sermones de los plpitos de las parroquias provinciales francesas de esa poca y advirti ciertas legalidades: los sacerdotes estaban a menudo inquietos por la presencia, mejor dicho la ausencia, de unos vecinos que olvidaban los deberes religiosos por trabajar. Eran seores, cristianos, pero tibios, que en lugar de cazar y dedicarse a las armas (como la aristocracia) o a la vida ultraterrena (como el clero), centraban su actividad en algo que hasta entonces slo haba sido una maldicin que tenan que sobrellevar los pobres: el trabajo.

All estaban estos anmalos, con sus aparatos, de mensura, de ptica, de relojera

Eran el ncleo burgus que se estaba configurando. No eran los aristcratas que vivan de sus heredades. O al menos, no solamente de ellas. Estaban gestando nuevos comportamientos. Pasado el tiempo, la banca, el comercio y las nuevas ramas tcnicas generaron nuevas capas dirigentes que finalmente sustituyeron a la aristocracia y en buena medida al clero.

Este ascenso burgus poco y nada tiene que ver con las profecas del ascenso socialista. Mediante la poltica. Porque lo que rastrea Grthuysen no es un cambio poltico y masivo de una clase por otra; es ms bien el surgimiento desde adentro de un nuevo tejido social y material dentro del viejo y carcomido, en vas de caducidad

Sin embargo, la espera del socialismo a lo largo de todo el siglo XIX fue ganando terreno. Su advenimiento ─se sola ser uno de los calificativos ms usuales─ denotaba el carcter religioso, bblico, de tales expectativas. Pero imaginado desde cambios ms bien rotundos en las clases. Y materiales. No es raro; generalmente lo nuevo y lo viejo se entretejen y a menudo se hace difcil discernir lo nuevo dentro de lo viejo.

Pero lo decisivo de la investigacin de Grthuysen es la diferencia radical entre el surgimiento registrado por l y el advenimiento imaginado por la militancia socialista.

Tantas fueron las ansias depositadas en el mundo nuevo que cada episodio ms o menos significativo fue entrevisto como el dichoso advenimiento. As, la Comuna de Pars de 1871, despus del ensayo general de la comuna de la misma ciudad en 1848, se sobreentendi como plasmacin del proyecto socialista que significativamente se calific como primer asalto al cielo (volvemos al mito redentor, propio de la religin en este caso cristiana o, mejor dicho, judeocristiana).

La creencia en el advenimiento del socialismo se fue extendiendo por las sociedades europeas de finales del s XIX y principios del s XX a tal punto que intelectuales reaccionarios y antisocialistas compartan dicho visin (slo que lamentndolo y no ansindolo como los socialistas).

No es por lo tanto extrao que el enorme cimbronazo poltico que acab con el zarismo en febrero de 1917, con el establecimiento de un gobierno moderno, antimonrquico, partidario de una actualizacin poltica democrtica, que tuviera un andar agnico, incapaz de satisfacer las demandas populares, que incluan reclamos obreros como la ley de 8 horas, pero sobre todo, alimentos; enfrentar el problema del hambre cada vez ms generalizada, que semejante gobierno pretendiera como finalidad, el socialismo.

Se podra decir que casi todo 1917 (febrero a octubre) fue el de una Rusia ya no imperial, pero carente de firmeza para seguir una poltica satisfactoria para masas cada vez ms hambrientas y crecientemente conscientes de sus derechos.

Y en octubre 4 de ese ao, propiamente revolucionario, tuvo lugar una suerte de golpe de estado (Lenin dicindole a sus camaradas: un da antes puede ser prematuro y fallido, un da despus, resultar demasiado tarde) donde los bolcheviques se hacen cargo de los principales resortes del estado ruso y del Palacio de Invierno, sede del gobierno provisional, casi sin disparar un tiro.

Los bolcheviques avanzan inmediatamente suprimiendo instancias democrticas, como el Parlamento ruso, la Duma, donde los socialistas revolucionarios de izquierda tenan la mayor bancada, que ideolgicamente se identificaba con el campesinado ruso en tanto los bolcheviques, con su impronta marxista, crean encarnar al proletariado y se sentan totalmente alejados del universo campesino (esa impronta perdurar durante las siete dcadas de gobierno comunista sovitico).

As que una vez ms, como en 1871, un sacudn social fue interpretado como advenimiento del socialismo; el cumplimiento la lettre de la profeca de Marx.

Tanto es as, que pasados los setenta y tantos das de la toma de poder bolchevique, Lenin, pese a su habitual severidad, bailar conmemorando que ya haban sobrepasado los das que haba durado la Comuna sin haber sido derribados el segundo asalto al cielo pareca mejor encaminado

Y as, se sobreentendi que lo que se haba instaurado en Rusia con el golpe de mano bolchevique era un gobierno socialista. Y prcticamente la humanidad empez a contar los das de la Revolucin Rusa como pertenecientes al nuevo mundo socialista.

Es increble con qu facilidad se puede generalizar, planetariamente, una confusin, un enredo semntico, una verdad

Sin embargo, y ms all de toda fraseologa revolucionaria, lo que se fue instaurando en Rusia ya con los zares decapitados, fue un rgimen de creciente dureza y control social, no de obreros y campesinos, ni siquiera de obreros y soldados, sino de una direccin supremacista, que no admita crticas ni diferencias, con el carcter inflexible de un Calvino, un Robespierre en accin, con la rigidez mental de las utopas archiautoritarias.

Con una pretensin totalitaria de enorme fuerza. Panait Istrati, indio, en una visita pionera a la URSS a principios de los 20, testimoniar la furia obsesiva de las primeras autoridades soviticas de registrarlo todo, medirlo todo; los humanos, las vacas, pero tambin los rboles, las lombrices! Con el presupuesto cientificista de que llegaran a soluciones perfectas teniendo todos los elementos a disposicin. Algo que abonaba la idea de mecanismo.

Esos datos vendran bien para los personajes cientificistas que ridiculizaba Gustave Flaubert en pleno siglo XIX −Bouvard y Pcuchet−, pero aquella fiebre a caballo del socialismo cientfico seguir conformando la idea de lo por venir −embretndonos− ya bastante entrado el siglo XX

El concepto de temporalidad en el socialismo

La experiencia histrica de los llamados estados socialistas plantea una problemtica filosfica que nos obliga a observar los conceptos propios de la temporalidad.

Todo el edificio sovitico y las ampliaciones socialistas consiguientes se basan o se basaron en lo podramos llamar la profeca del socialismo cientfico.

En poltica, en nuestras sociedades y vidas, colectivas y particulares, la cognoscibilidad de lo futuro no existe. Y su pretensin no nos gua a mayor conocimiento sino a mayor desnorteo.

Fueron el positivismo y el marxismo, sus teoras del conocimiento, las que introdujeron cierta equidistancia, una simetra dentro de lo temporal entre pasado y futuro.

Hace un siglo, los cursos de idioma castellano, al menos en Espaa, enseaban los artculos gramaticales de un modo altamente significativo en esta cuestin de la temporalidad, y con un enorme valor filosfico: se hablaba de el pasado y lo futuro. Justamente rompiendo toda equivalencia temporal, toda pretensin de tratamiento comparable. El pasado fue. Objetiva y categricamente. Nuestra dificultad en todo caso consiste en asirlo, conocerlo. Por eso la complejidad de la labor de historiadores y todas sus ramas y actividades conexas. Por su extraordinaria diversidad, podramos incluso sostener que el pasado es inabarcable y su conocimiento siempre perfectible.

De lo futuro, nada podemos inferir, registrar; en todo caso, abrir hiptesis, a veces muy fuertes. Pero aun en tales casos, es ms que frecuente que la liebre salte por donde menos se piensa. Es un dicho popular, llano, de conocimiento emprico, pero no por ello menos sabio.

Pasado el auge filosfico del positivismo y el marxismo, desde fines del s XX se va fortaleciendo la conciencia de lo que designamos la incognoscibilidad de lo futuro; hay ms y ms filsofos que adscriben a esa idea, a tal punto que podramos decir que, culturalmente ya pertenece a nuestro presente. Pienso en referentes culturales del peso del recientemente fallecido Zygmunt Bauman, por ejemplo, o Ernest Garcia, filsofo cataln, Ivonne Gebara, monja y filsofa brasilea, y hasta Joaqun Miras, que aun marxista sostiene, como los antes mencionados, el carcter incognoscible de lo por venir.

Como que ya no es el tiempo de las etapas que nos iban a conducir para desembocar en el socialismo; pienso en Pljanov, en Lenin, Lefebvre y tantos otros marxlogos y diamatistas. Ese tiempo, con el horizonte socialista a la vista, ha sido, culturalmente, borrado. Enhorabuena.

URSS

Tempranas visitas, como las de Fernando de los Ros, socialista burgus y de ngel Pestaa, anarcosindicalista, en 1919, espaoles invitados para ir gestando una nueva Internacional diferenciada de la Segunda 5 mostraron que era idiota hablar de control obrero de la revolucin cuando lo visible y evidente era el control sobre los obreros

Las manifestaciones opositoras fueron siendo ahogadas mediante la represin directa de la polica poltica (Tcheka o Cheka). Viktor Serge, un bolchevique, exanarquista, que curiosamente no adopt el comportamiento del recin llegado y conserv el carcter dscolo, que probablemente tuviera en tiempos cratas, recordar que la ltima manifestacin poltica callejera, con crticas pblicas al gobierno bolchevique, ser el entierro de Piotr Kropotkin, octogenario, figura pblica, gegrafo, zologo, anarquista, a principios de febrero de 1921. Se trat de una clara manifestacin poltica bajo la forma de procesin portando un fretro, que agrup, en lo ms fiero del invierno, a decenas de miles de manifestantes (algunos estiman centenares de miles). De los anarquistas encarcelados, que ya se contaban por centenares, el gobierno bolchevique, para bajar la presin, autoriz concurrir al entierro a un puado, menos de una veintena, mediante una excarcelacin de 24 hs. Todo el acto, manifestacin de hecho, entierro, estuvo vigilado por la Cheka. Al fin del da los anarquistas liberados sern reingresados a las prisiones de las cuales saldr al exilio una exigua cantidad (algunos sern matados abiertamente y la mayora conocer la condicin de desaparecidos). Al mismo Kropotkin, el gobierno le rindi mnimos honores por sus trabajos como climatlogo, zologo6 y hasta prometi el nombre de una calle, pero se neg a reconocer su actuacin poltica, crtica.7

En marzo de 1921, tendr lugar la represin masiva, militar, a la rebelin del soviet de campesinos y soldados de Kronstadt, ciudad-fortaleza, al fondo del Golfo de Botnia, que se insurreccionaron para alcanzar la Tercera Revolucin (secuenciando febrero como primera y el segundo semestre de 1917 como segunda).

Mtenlos como conejos, dir entonces el comandante en jefe del ya constituido Ejrcito Rojo, Lev Trotski. El ahogo de dicha desobediencia costar la vida de unos cincuenta mil insurrectos, refractarios y rebeldes.

El engendro sovitico que tantos socialistas confundieron con la llegada del socialismo a la Tierra ir cosechando una pesadilla colectiva que fue anunciada permanentemente por militantes que iban de visita, a menudo ilusionados, pero que no estaban de antemano comprometidos con privilegios de diversa ndole (becas, obsequios, viajes) o por quienes se animaban a analizar esa edificacin social sin anteojeras.

La lista de objetores y desengaados es enorme (pero sin duda la de adictos e incondicionales fue, por dcadas, mucho mayor). Aparte del puado ya nombrado, mencionemos algunos pocos ms cuyos nombres nos han alcanzado: V. Volin, B. Suvarin, P. Archinoff, J. Majaiski, B. Rizzi, A. Gide, entre los que revelaron verdades en la dcada del 20 y aun antes. Y en la del 30, A. Ciliga, K. Korsch, C. Berneri El goteo continuar dcada a dcada; V. Kravchenko, V. Gonzlez, hasta enterarnos −Stalin extinto−, de las principales obras de Alexander Solzhenitsyn, sas s muy difundidas en Occidente por el bien provisto campo anticomunista pro-occidental, por geopoltica, no por respeto a la verdad.

En los 70, ya no estaban, muchos matados, los crticos del 17 y los de la generacin revolucionaria de la dcada del 20. En un pasado ms reciente −nuestro presente para los veteranos actuales−, la URSS internaba en psiquitricos a disidentes y refractarios al sistema sovitico. As se haba modernizado, actualizado, suavizado, el sistema represivo que procuraba ahora simular su regulacin total(itaria). Fruto posestalinista, la modernizacin esconda el ritmo terrorista de crceles, internaciones concentracionarias y juicios sumarsimos para internacin psiquitrica.

Habiendo alcanzado el paraso proletario o estando a punto de lograrlo, o mejor dicho, haciendo como si estuvieran a punto de, repitiendo mutatis mutandis las bambalinas de Potemkin, los dirigentes soviticos no podan entender, o por mero afn de conservacin de privilegios, aceptar, que alguien se rebelara ante el ordenamiento (llamado) socialista. Si alguien tena tales planteos era porque estaba sencillamente loco.

As, fueron internados en psiquitricos algunos de los llamados disidentes, como Andrei Siniavski el extraordinario analista, pulverizador del realismo socialista. En 1978, por ejemplo, es finalmente expulsado de la URSS un exinternado psiquitrico, Piotr Bukovsvki, acogido en el pas que tambin a m me haba aceptado como refugiado poltico: Suecia.

Bukovski, que estaba todo menos loco, vaticina en su presentacin en su pas de acogida, la inviabilidad a largo plazo de la URSS, explica sus trabazones internas, el estado anmico de la poblacin, el papel devastador de la burocracia sovitica y por todo ello vaticina que no puede durar ms de seis aos.

Imagino que muy pocos de los que lo escuchamos puedan haber aceptado, acordado, con semejante vaticinio. Bukovski jugaba con la fecha de Orwell, 1984. Sin embargo, muy poco tiempo despus empec a entender la justeza de su vaticinio. Por cierto que err la fecha, pero si pensamos en las siete largas dcadas del rgimen sovitico, que el mismo haya implosionado en 1991 y no en el pronosticado 1984 es apenas una minucia de siete aos (y aun menos, porque el derribo del Muro de Berln, en 1989, ya prefiguraba todo el desenlace).

El colapso sovitico no signific la desaparicin lisa y llana del llamado, mal llamado, mundo socialista. En esa dcada y en el resto del siglo XX, vimos regmenes socialistas como el albans, el cubano, el norcoreano, el vietnamita, el intento moldavo, los proyectos bolivarianos. Y Cuba. Entrando ya en el siglo XXI, son muy pocas las formaciones estatales que se proclaman socialistas. Y cada vez a ms distancia de lo que se denominara socialismo real.

Tirando el bebito con el agua sucia

Hecho este sucinto itinerario por los estados socialistas, entendemos fundamental diferenciar esa acepcin de socialista, atada a los estados que se proclamaran tales, de otra que se atenga a diferenciar la propiedad privada de los medios de produccin, por ejemplo, de la produccin colectiva o social de esos mismos medios. El sentido del socialismo estriba en negar el sentido de la propiedad privada para entender los procesos materiales, biolgicos, econmicos y hoy diramos ecolgicos. Se puede pretender, que tenga sentido la propiedad privada de la tierra, el agua, el aire? Y yendo incluso a aspectos ms parciales, se puede entender, aceptar circunscribir a la propiedad privada reas como las de la salud o la atencin de los pequeuelos y los discapacitados?

La que entr definitivamente en crisis, entendemos, es la idea de socialismo anclada en el conocido campo socialista, pases socialistas. Pero eso no inhabilita hacer una crtica radical, socialista, a la idea de propiedad privada.

Porque ya sabemos que la propiedad socialista estatal es abusiva. Pero ya sabemos que la propiedad privada es tambin abusiva.

Socialismo o socialismo?

Podramos decir que el mundo ha vivido equivocado? Es aterrador, puede resultar presuntuoso proponerlo. Sin embargo, la humanidad ha vivido a menudo, en grandes porciones de la especie, de ese modo. Las creencias en el alma, en el infierno, en el dominio viril, varonil o masculino, han sido ideas compartidas por una mayora, a menudo aplastante en amplios sectores de la humanidad. Sin embargo, cada vez nos suenan ms falsas.

El socialismo fue una idea motriz de enorme propagacin y trascendencia que se basa en una verdad de a puo, que ya hemos abordado: la propiedad privada daa el ambiente, la naturaleza y por consiguiente a todos nosotros. Pero la dura experiencia nos ha sealado que la propiedad colectiva, comunal, comunitaria, pblica ─eljase la preferida─ tambin daa al ambiente, a la naturaleza y, transitivamente, a nosotros mismos.

Qu recursos tenemos los humanos para distinguir verdad y falsedad, justicia e injusticia, olvido y memoria, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, la libertad y el terror?

Lo ms escalofriante del experimento sovitico no es solo haberle atribuido un carcter ideolgico pre-determinado sino que, durante dcadas, en la humanidad hubo un gran contingente de poblacin ─los comunistas─ convencido que all se haba instaurado el mejor de los mundos y aunque millones de tales cultores jams pisaron los territorios emancipados constituyendo as un fenmeno de pura creencia, hubo s varios, miles a lo largo de los aos, y desde los ms diversos rincones del planeta, que visitaron y convivieron con el universo sovitico y testimoniaron convencidos que se era el mejor mundo posible o al menos el camino hacia ese mundo. Aunque hubo quienes vivieron ese universo, o lo conocieron, y estaban exactamente convencidos de lo contrario.

En esa segunda humanidad, renuente al logro revolucionario, tenemos que distinguir entre quienes rechazan el experimento sovitico luego de haber participado en l directamente, a veces como sostenedores, a veces como convivientes; poblacin rusa, por ejemplo, o sindicalistas y socialdemcratas o luchadores antizaristas; gente como el ya citado Anton Ciliga, croata, con su formidable alegato El Pas del silencio y la gran mentira. Y quienes tambin repudiarn la URSS a partir de la propaganda anticomunista que desde Occidente y en particular, luego de 1945, desde usinas de poder en EE.UU. y Europa Occidental descargarn furibundas crticas anticomunistas. Estos segundos fueron en general reclutados por los aparatos ideolgicos occidentales, como el Congreso por la Libertad de la Cultura, y su crtica al campo socialista aun, cuando llegaban a emplear buenos argumentos, obedeca a una estrategia de enfrentamiento del capital cada vez ms mundializado contra un competidor, supuestamente anmalo.

Eran otros cretinos tiles tan penosamente idiotas como los que fabricara la maquina propagandstica sovitica. Una cosa es Ciliga; otra Commentary.

El capitalismo mundializado trat de unificar la oposicin a la URSS. Pero los que conocieron 1917, los que pasaron por la experiencia traumtica de Ucrania dividida en cuatro sectores poltico-militares (bolcheviques, machnovistas, petlurianos y zaristas, al menos entre 1917 y 1921), enfrentados entre s, los que procesaron el levantamiento rebelde de Kronstadt en 1921 por la Tercera Revolucin socialista, contra el viejo rgimen y contra los bolcheviques; los que conocern las prisiones que le har decir a Ciliga que en 1930 los nicos lugares con debate poltico dentro de la URSS eran las crceles, puesto que la vida social, econmica, poltica de la URSS, estaba ahogada en terror, nada tienen que ver con el anticomunismo pos 2GM.

Cuento una cortsima ancdota personal para ver si puedo traslucir el grado de abyeccin en que se fue cayendo, tal vez lentamente.

Comienzos de la dcada de los 80, reinado de las dictaduras militares occidentalistas en el Cono Sur americano. Mi situacin entonces era la de refugiado poltico en Suecia. Europa era chica para nuestras medidas geopolticas, y el nivel de ingresos generoso mirado con ojos rioplatenses.

Fui a conocer Pars. Algo que en los cuarenta largos aos previos ni siquiera haba estado en agenda. All resida una uruguaya hermana de un gran amigo. Refugiada poltica ella tambin. Fui a visitarla y result en pareja con un joven, tambin uruguayo y comunista como ella. Lo ms llamativo para m era que el consorte era un rentado .

Conoca y bastante concienzudamente el penoso y cmplice papel del PCU con los militares, torturadores, aunque la jerga partidaria los considerara patriticos. Ese conocimiento estaba, para mejor, reforzado con el penossimo y vergonzante papel que el PCA haba tenido ante la dictadura militar argentina, en 1976 (antes y despus). Tuve varios episodios, por mano propia, sobre todo en el universo carcelario, donde la poltica estaba mucho ms explcita (como contara Anton Ciliga de las crceles soviticas de las dcadas del 20 y 30).

En Pars, entonces, nos saludamos, nos presentamos y entramos a hablar de poltica. En las primeras de cambio, le confes al funcionario que tena una duda, que quera saber cmo se planteaba l, y podramos decir hoy el PC(U), frente a la terrible realidad de la actividad concentracionaria sovitica, el papel y el destino de los que haban ido a parar a los campos, de su vigencia, si persistan o si eran historia.

Era una pregunta que, hasta 1956 e incluso alguna dcada despus, habra sido contestada con un arrebatado: −sos un agente de la CIA! o sos un provocador!, quin dirige tu voz de chirolita? Pero con el posestalinismo y cierto pesado aprendizaje democrtico la occidental, tambin podra haber sobrevenido un: −Terrible problema que sufri la URSS a causa del estalinismo; pero hemos aprendido que fue un error gravsimo, un horror inaceptable, y al da de hoy se han desmantelado todos los campos [no es de estilo seguir llamndolos de concentracin].

Tales eran las respuestas que esperaba segn fuera ms o menos eurocomunista, y pensaba como ms probable la segunda estando refugiados en Europa El rentado contesta: ─No te puedo decir, nada, es un tema que no conozco, no tengo la menor idea

A lo que no tuve ms remedio que contestarle: ─Entonces no tenemos mucho ms que hablar. Porque te hice un pregunta medular y vos ests profesionalmente integrado a la organizacin responsable de semejantes comportamientos, de millones de seres humanos que me temo fueron masacrados por esa maquinaria ideolgica que me decs que no conocs. No tengo idea cmo compagins tu carcter de rentado con semejante prescindencia. Pero es cosa tuya. Pero entonces, no tenemos nada ms que hablar.

Me levant, y me fui. Contrariado por su total indiferencia, irresponsabilidad, aparatismo la facilidad que tenemos los seres humanos para proteger hasta los comportamientos ms miserables, crueles, atroces, si contamos con una coartada, un amparo, un taparrabos ideolgico que apenas guarde nuestras vergenzas.

Y esto es lo peor del siglo XX socialista. El desprecio por la verdad y la dignidad de nuestras vidas. Tal vez algo peor; nuestra aquiescencia, nuestra indiferencia. El abuso y cierta comodidad generalizada.8

Para remate, tanto el nazismo como el sionismo han invocado el socialismo en sus banderas y el cuidado de sus prjimos.

Qu es lo nuestro, qu vamos a cuidar para no daarnos a nosotros mismos, a nuestros prjimos

La propiedad comn respeta continuos naturales y culturales, pero no parece fcil ni seguro empearnos en esa senda.

Y de todos modos, los planteos ecologistas, gaianos, nos llevan a desconfiar radicalmente de la propiedad privada. Lynn White, Frederick Soddy, Andrew Kimbrall, Nicholas Georgescu-Roegen, Rachel Carson, Lars Berg, Joan Martnez Allier, Dahr Jamail nos llevan, nos sealan, si todava queremos conservar el nombre, otro socialismo.


Notas

1 Interesante anotar que la primera universidad noruega, pas del primersimo mundo, data del s. XIX; 1811, en Christiania, poco antes de que se fundara la primera en Uruguay, 1849.

2 Escasa minora de utopas no autoritarias dejarn tambin su marca en este nuevo universo ideolgico; valga el Notices of Nowhere (que podra leerse como Notices of Now Here; es decir en lugar de Noticias de ninguna parte, Noticias de aqu y ahora), de William Morris. Y pocas ms

3 Se le atribuye a K. Marx un deslinde, elemental y sin embargo significativo: habra dicho que l no era marxista, rompiendo lanzas por un pensamiento original.

4 La Revolucin de Octubre tuvo lugar el 7 de noviembre segn el calendario desde entonces adoptado.

5 Y de otros proyectos como la llamada Segunda y media Internacional

6 Autor de El apoyo mutuo, un abordaje de las relaciones interespecies e intraespecies que constituy un enfoque diametralmente enfrentado al de Charles Darwin con su Origen de las especies. Con el capitalismo en auge y el industrialismo en su marcha triunfal, las tesis de Darwin se acomodaron mucho mejor al clima imperante; una forma cientfica de Homo homini lupus, de Thomas Hobbes, del capitalismo temprano de mediados del s. XVII. Con la mirada que hemos ido elaborando con la crisis ambiental a lo largo del s. XX, tiendo a considerar mucho ms respetables y acertadas las tesis kropotkinianas. Carente de apoyos institucionales El apoyo mutuo ha quedado mucho ms en la sombra. Sin embargo, la biologa ms reciente, ha captado la calidad cientfica de muchas de sus observaciones en tanto el darwinismo, vampirizado por el sistema dominante, ha sido usado como una suerte de neo-hobbesianismo.

7 Kropotkin le escribi un par de cartas abiertas a Lenin criticando el nuevo curso y cabe pensar que al verticalismo bolchevique no le cay bien, aunque se cuid de reprimir a un octogenario famoso. El tributo institucional de la nueva dictadura se cumpli: efectivamente una calle moscovita recibi el nombre de Kropotkin. Irona de la historia: ha sido el asiento de las juventudes bolcheviques (Komsomol) durante la era sovitica.

8 Un fenmeno de identificacin y racionalizacin de similar ceguera voluntaria podramos rastrear en el fascismo y el nazismo, y hoy en da, en el sionismo.


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