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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2018

Arabia Saudita, un rgimen criminal

Thomas Cantaloube
Mediapart

El prncipe heredero Mohammed ben Salmane y el Reino que dirige de facto hace mucho tiempo que se benefician de la indulgencia de las democracias occidentales. Sin embargo, asesinato del periodista Jamal Khashoggi hace imposible ignorar la verdadera naturaleza del rgimen de Riad.


En qumica, se habla de precipitado. Se produce cuando la modificacin de la concentracin de diferentes lquidos o la agregacin de un elemento extrao precipita la formacin de elementos slidos. El caso Khashoggi, que probablemente debera llamarse ms exactamente el asesinato de Jamal Khashoggi, es un precipitado que revela al mundo entero la verdadera naturaleza de la monarqua saud, liderada por el prncipe heredero Mohammed ben Salmane y que ya no puede ser ignorada por sus clientes y socios occidentales: la de un rgimen criminal.

La desaparicin de un periodista saud de 60 aos, conocido nicamente por especialistas en Oriente Medio, no debera haberse convertido en un escndalo internacional. Nadie lo haba previsto y, por supuesto, no el hombre fuerte de Arabia Saud, Mohammed ben Salmane, conocido como MBS. Desde su irrupcin en el panorama saud en 2015 como ministro de Defensa, a los 29 aos, y su posterior ascenso a prncipe heredero en 2017, es decir, el primer sucesor de su padre el rey, ha acumulado tropiezos y errores de juicio, algunos ellos mucho ms mortferos que la eliminacin de Jamal Khashoggi. Pero las consecuencias de sus acciones nunca le haban salpicado hasta el punto de ponerlo en peligro. Hasta la fecha.

La guerra en Yemen, los miles de muertos civiles que ha causado, es obra suya. La quiso, la dirige y la pierde. A pesar de la indignacin de las ONG humanitarias y de los intentos de Naciones Unidas por detener el conflicto apuntando a la responsabilidad de Riad en el bombardeo de civiles, MBS prosigue sus operaciones, con el apoyo indirecto de sus aliados occidentales, encabezados por Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que le proporcionan servicios de inteligencia, armas y proteccin diplomtica. Pero Yemen est lejos, los reporteros apenas pueden llegar all y las guerras en Oriente Medio terminan por cansar. Adems, en el reino saud, nadie est autorizado a hablar de esta guerra, excepto para promoverla, a menos que quiera pudrirse en una crcel.

Cuando MBS y su padre cortocircuitaron el orden de sucesin al trono, una maniobra indita en Arabia Saud, condenando a su primo y rival a permanecer en arresto domiciliario, y ms tarde repatriando por la fuerza al pas a miembros de la familia real para mantenerlos callados, todo el mundo lo interpret como un ajuste interno de cuentas, a pesar de los mtodos utilizados, a menudo brutales, como el hecho de redirigir aviones en pleno vuelo a Riad.

Cuando el prncipe heredero secuestr durante varias semanas a ms de un centenar de notables saudes (empresarios, inversores, miembros de la familia real, exministros), antes de acceder a liberarlos a cambio del pago de una parte de su fortuna, obtenida no siempre de forma honesta, a veces arrancaba una sonrisa al recordar la justicia expeditiva, ms propia del lejano oeste, donde nadie es realmente inocente.

Cuando, por esas mismas fechas, MBS secuestr al primer ministro libans que haba acudido a la llamada de Riad y le obligaba a dimitir en directo en televisin, en un vdeo que recordaba a las confesiones filmadas de rehenes, caus cierto malestar, pese a todo. Pero Emmanuel Macron dio un rodeo para hablar con l, logr la liberacin de Saad Hariri, que de regreso a Beirut volvi a tomar posesin de su cargo y, meses despus, se diverta hacindose selfies con el prncipe, dando la impresin de que todo era una broma entre viejos amigos.

Tampoco ser fcil de olvidar el encarcelamiento y las amenazas de ejecucin de decenas de defensores de los derechos humanos; el embargo a Qatar para asfixiar al pequeo emirato demasiado independiente, para su gusto; la ruptura de las relaciones con Canad a raz de un tuit...

Todo esto es fruto de una estrategia pensada y conocida tanto por los autcratas como por los cineastas, consiste en infundir miedo, incluso terror, desde el principio a travs de una secuencia violenta o de un asesinato impensable. Pero mientras Psicosis, Alfred Hitchcock, o Juego de Tronos pertenecen al mbito de la ficcin y del miedo de los espectadores, el reinado de ben Salmane es demasiado real para sus oponentes.

Sin embargo, a pesar de esta pesada carga que se habra llevado por delante a cualquier lder, MBS ha seguido gozando de la indulgencia y del apoyo abierto de la mayora de las democracias occidentales. Son bien conocidos los resortes ocultos (o no tanto) de esta mano siempre tendida: el petrleo adquirido, las armas vendidas y las jugosas inversiones financieras en ambos sentidos, a lo que hay que sumar las promesas de reformas que ha realizado MBS que, aunque suelen posponerse, sirven de moneda de cambio en el panorama internacional. Y, por supuesto, como los gobiernos occidentales no dejan de repetir desde el 11 de septiembre de 2001, la colaboracin de Arabia Saud en la guerra contra el terrorismo tiene un costo que debe pagarse guardando silencio, como el que traga un medicamento asqueroso...

Ante el silencio que rodeaba sus acciones criminales, la impunidad de la que gozaba hasta la fecha, incluso la admiracin que despertaba en el extranjero (slo hay que recordar la gira que realiz por Estados Unidos en abril de 2018, cuando se entrevist con los principales dirigentes y medios de comunicacin entre loas), Mohammed ben Salmane no tena razn alguna para pensar que hacer desaparecer a un periodista crtico socavara su ndice de popularidad. Pero cometi un error de clculo.

A diferencia de la Rusia de Vladimir Putin, que elimina discretamente a sus opositores en el extranjero, excepcin hecha de meteduras de pata como la de Skripal 3, MBS ha optado por firmar su crimen. De qu otra manera cabe explicar si no la desaparicin de Jamal Khashoggi en su propio consulado mientras la prometida del periodista lo esperaba afuera? O es una estupidez, lo que no se puede descartar por completo, o es un mensaje. Pero el error fue cometerlo en Turqua.

El presidente Recep Tayyip Erdogan no es un amante de las libertades fundamentales, especialmente de la prensa, pero sus relaciones con Arabia Saud son tensas y es un buen estratega. En lugar de tapar el crimen, decidi hacerlo pblico, revelando todo aquello que los investigadores pudieron ir descubriendo como prueba. Esta es la paradoja del mundo trumpiano en el que vivimos: un jefe de Estado represivo autoriza la transparencia y deja que los medios de comunicacin trabajen cuando el presidente de Estados Unidos juega con la clera y denuncia a los periodistas como enemigos del pueblo.

El elemento final del precipitado es la crueldad del asesinato de Jamal Khashoggi. Se trata de un calco de una accin propagandstica del Estado islmico o de la decapitacin de Daniel Pearl a manos de Al Qaeda, mientras que se supone que Occidente debe luchar contra el oscurantismo y la violencia islamista de Daech o de los herederos de ben Laden con el apoyo de Riad. Lo que muchos han sealado desde hace tiempo, a saber, la porosidad entre el terrorismo de Al Qaeda o Daech y la alianza en el seno del rgimen saud entre la familia gobernante y el clero wahab, queda al descubierto.

Todo indica que el rey Salmane y su hijo van a buscar un chivo expiatorio para que asuma la culpa de este asesinato, disfrazando el crimen de operacin fallida de un subordinado tan celoso como incompetente. Quieren salvar el pellejo: los perros van a ladrar, pero la caravana del business debe pasar.

El mundo de los negocios tard alrededor de diez das en comprender lo que estaba en juego, pero finalmente se retir gradual y masivamente del llamado Davos en el desierto, la gran conferencia sobre inversiones prevista para el 23 de octubre en Riad. Pero, cunto tiempo pasar antes de volver por una puerta trasera, cuando haya menguado la atencin puesta sobre la suerte de Jamal Khashoggi? Resulta difcil de creer que vaya a haber una fuga masiva de businessmen de Arabia Saud. Quin dice, sin embargo, que no podran ser vctimas, a su vez y ms discretamente, de un ajuste de cuentas ordenado por la MBS si vienen a molestarle?

En cuanto a los lderes occidentales, seguirn dejndose ver con Mohammed ben Salmane? Continuaran cortejando sus petrodlares? Si persisten, ser una nueva desmonetizacin de la voz poltica, la que inevitablemente conduce a la erosin de los valores democrticos. Lo que vendr a significar: No creas en nuestros discursos. Predicamos los derechos humanos, la libertad y la moralidad en las relaciones internacionales, pero si un defensor de estos principios resulta asesinado ante nuestros ojos, no moveremos un dedo y nuestras advertencias slo se utilizarn para entretener a la galera.

Hace mucho tiempo que periodistas, investigadores y la mayora de diplomticos, con la condicin de permanecer en el anonimato, lo dicen: Arabia Saud es un Estado criminal que alimenta el terrorismo islamista, promueve regmenes autoritarios y regresivos (en Egipto, por ejemplo), tortura a sus mujeres y jvenes, negndoles cualquier perspectiva de emancipacin, y contribuye ms de lo razonable al cambio climtico por su dependencia del petrleo. Ya es hora de que los lderes franceses, estadounidenses, britnicos, alemanes, etc. lo digan pblicamente.


Fuente orignal: https://www.mediapart.fr/es/



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