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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2018

Los intelectuales y el debate constitucional

Rodolfo Alpzar Castillo
La Cosa


Quisiera creer que se trata de un malentendido, pero todo indica que no lo es. Por ello siento vergenza ajena. Y propia.

Ajena porque s que no soy culpable: Fueron otros quienes decidieron y otros los que admitieron la decisin. Pero tambin propia, porque, a fin de cuentas, se supone que unos y otros estamos en la misma trinchera.

O ser que no es as?

Ser que quienes ms repiten vocablos como vanguardia, patria y revolucin ocupan en realidad una trinchera diferente de la nuestra, la de quienes hemos hecho de nuestras vidas una entrega a ideales patriticos y revolucionarios?

No s cmo se han manifestado los miembros de otras asociaciones dentro de la Uneac, pero me consta, pues al menos en tres ocasiones he estado presente, que los escritores hemos reclamado con insistencia nuestro derecho a participar, por nosotros mismos, como los intelectuales patriotas cubanos que somos, en la discusin del anteproyecto de constitucin.

La respuesta siempre ha sido negativa. Alguien de arriba decidi que no nos reunamos para esa discusin. Para analizar la futura constitucin estn las asambleas de barrio o de centro de trabajo. La Uneac, que se clasifica como organizacin social, no gubernamental, con personera jurdica propia, acat la absurda decisin.

Pareciera que una ong reconocida por el Estado cubano no est capacitada para reunir a sus miembros para discutir, analizar, ampliar, mejorar, el texto legal supremo de la nacin. Sus dirigentes lo aceptaron. No defendieron los derechos ciudadanos de los miembros de la Uneac.

Tenemos los intelectuales cubanos que esperar a que alguien nos oriente ser patriotas? Debemos esperar orientaciones de arriba para serlo de hecho y de derecho, y no meros repetidores de consignas en la plaza pblica o en los medios?

Los intelectuales cubanos, como ciudadanos, tenemos el derecho y la obligacin de participar en la discusin de cuanto documento o ley incida sobre el tipo de nacin en que se haya de convertir nuestra patria, el derecho y la obligacin de participar como tales, en discusin entre pares, no en asambleas de centros de trabajo que no tienen por qu invitarnos, pues una gran cantidad de nosotros no pertenece a ellos, o de barrio, donde apenas podramos expresarnos, pues no cuentan con las condiciones logsticas y de tiempo para discusiones profundas y detalladas sobre aspectos que no incidan de modo inmediato sobre la comunidad.

Quin nos impide participar?

Alguien de arriba decidi que en el concepto pueblo no entra el sector intelectual del pas? No somos de la repblica?

Por falta de espacios donde hacerlo, algunos hemos circulado por correo electrnico nuestras reflexiones sobre el tema constitucional. No pocos de esos textos contienen importantes aportes que se deberan incorporar al proyecto definitivo de constitucin. Pero nadie nos ha hecho caso.

Y nuestra organizacin, la Uneac, no nos oye, no nos apoya. Nos ignora.

Hace ms de medio siglo, Ernesto Guevara se refiri a los intelectuales del momento, y afirm que el pecado original arrastrado por muchos de ellos era no ser verdaderamente revolucionarios.

La frase, propia de un contexto muy especfico, fue aprovechada por quienes no eran verdaderamente revolucionarios ni tampoco verdaderos intelectuales. Devenidos cazadores de brujas, la interpretaron a su conveniencia y cometieron incontables crmenes contra la cultura nacional. A pesar de ello, los intelectuales heredados por la revolucin dieron una contribucin imposible de ocultar: Eran patriotas.

Guevara completaba su frase con una recomendacin: Injertar perales en los olmos; esto es: Educar en la revolucin a quienes llegaron a ella ya maduros. A la vez, sembrar perales; esto es: Formar las nuevas generaciones de creadores en el espritu de la revolucin.

Las nuevas generaciones de intelectuales cubanos, ni superiores ni inferiores a nuestros antecesores, nos formamos en la revolucin, en ella hemos crecido y trabajado. Como parte del pueblo cubano, contribuimos a erigir un pas que pretendemos con todos y para el bien de todos. Hemos crecido formando parte de un proceso lleno de luces y de sombras, como nosotros mismos, como nuestra obra personal. Comunistas y no comunistas, religiosos y no religiosos, diversos en nuestras concepciones y nuestras estticas, en nuestros proyectos de vida, trabajamos da a da por una patria que creemos posible.

No somos creadores encerrados en nosotros mismos. Entre nosotros hay quienes fundaron armas dentro de las fuerzas armadas, alfabetizadores, combatientes internacionalistas, jueces legos, delegados del poder popular, dirigentes sindicales de base, maestros, trabajadores simples. Entre nosotros se cuentan sobrevivientes de la lucha contra la tirana batistiana, incluso torturados por pertenecer a organizaciones revolucionarias. Todos juntos formamos la intelectualidad cubana de hoy.

Algunos crticos con el actuar gubernamental, otros ms moderados, los creadores cubanos tenemos un comn denominador: Amamos la tierra en que nacimos, somos patriotas cubanos. Como tales deseamos aportar nuestros criterios de ciudadanos a la nueva constitucin.

Quin teme a la expresin de nuestras ideas? No ser un revolucionario, seguramente: Es imposible ser revolucionario verdadero y temer a las ideas.

Ante la prohibicin (y su aceptacin por la Uneac), imagino la satisfaccin de los herederos de los parametradores y cazadores de brujas de dcadas atrs, ansiosos de revancha, felices por esta censura actualizada, esperando el momento en que tendrn manos libres para volver a imponer, tras una fraseologa falsamente revolucionaria, su imperio de terror y mediocridad sobre la verdadera intelectualidad cubana.

Lamento la actitud de la Uneac como institucin. Pierde con ello la que acaso sea su ltima oportunidad de rescatarse a s misma como representante de los creadores del pas. Regala armas a quienes afirman que no es ms que un medio de control del gobierno sobre los escritores y artistas cubanos.

Lamento tambin el mutismo de nuestros premios nacionales en las distintas manifestaciones. Sus voces son ms difciles de silenciar que las nuestras.

Pero callan.

An se puede revertir la situacin. An est la Uneac a tiempo de manifestarse como organizacin social con fines artsticos y culturales, continuadora de las ms autnticas tradiciones culturales, patriticas y ticas de la nacin cubana. De no esperar por orientaciones de arriba y actuar como organizacin revolucionaria de hecho, no de consignas, y convocar a sus miembros a la discusin del anteproyecto de constitucin.

Con permiso o sin permiso de arriba.

Rodolfo Alpzar. Escritor, lingista y traductor. Desde hace dcadas, es el principal introductor de la literatura africana de expresin portuguesa enCuba, cuyos escritores ms importantes ha dado a conocer. Licenciado en Lengua y Literaturas Hispnicas (Universidad de La Habana, 1974). Ha dictado cursos de introduccin a la Terminologa en universidades y organismos de traduccin en su pas, as como en la Oficina de la organizacin intergubernamental Unin Latina en Cuba. Ha asesorado a varios ministerios y organismos estatales del pas en temas relacionados con la Terminografa. Traductor miembro de la Federacin Internacional de Traductores (traductor FIT). Miembro fundador de la Asociacin de Traductores e Intrpretes de Cuba (ex miembro del ejecutivo nacional, ex vicepresidente, ex presidente). Presidente de la Comisin de tica de la Asociacin de Traductores e Intrpretes de Cuba. Vicepresidente de la Seccin de Traductores Literarios de la Unin Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Fuente: http://jcguanche.wordpress.com/2018/10/26/los-intelectuales-y-el-debate-constitucional/



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