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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2018

Ms all de Escila y Caribdis

Napolen Saltos Galarza
Rebelin


 


La revolucin debe revolucionar una y otra vez, y esa es su paradoja: habla de la posibilidad de algo nuevo, diferente, pero tambin de una esperanza que no sabe exactamente cmo encontrar. -Zizek

 

1. La sorpresa

La sorpresa recorri en todos los bandos. Las encuestas obligaron a Rafael Correa a buscar un relevo que no era el sealado: Lenin Moreno era el eslabn necesario para la llegada del elegido, Jorge Glas, y para preparar el retorno de Correa en el 2021. A pesar del margen apretado, la maquinaria funcion y Alianza Pas logr el triunfo en la segunda vuelta. Correa intent crear un gobierno paralelo, pero Moreno empez a diferenciarse, primero en el estilo y luego en las polticas. La oposicin pas de la sorpresa al festejo; y luego a la casa tomada.

Alianza Pas se fractur entre correistas y morenistas. El un bando acusaba de traicin, y el otro aceleraba la depuracin. Parecera que la ruptura estaba consumada; pero el cordn umbilical mantena los lazos secretos.

2. Juego de espejos

En la Odisea, Homero describe un canal estrecho por el que deben pasar los barcos. En un lado, habita Escila, un monstruo con torso de mujer y cola de pez del que surgen seis perros, cada uno con dos patas finalizados en cabezas con tres filas de dientes, que atacan ferozmente a los barcos que pasan por su lado. Y en el otro, tres veces al da se forma un remolino, Caribdis, que atrapa a los barcos que pasan por su lado y los devuelve destrozados. El canal es muy estrecho, al pasar los barcos, si no caen en las garras de Escila, lo hacen en las olas de Caribdis. En el relato, Odiseo, por consejo de la diosa Circe, pas por el lado de Escila, pues as perda slo seis marineros, pero no todo el barco.

Estamos entre dos peligros, entre dos modelos fracasados. El modelo progresista, basado en el poder del Estado y en la abundancia rentista, fracas atrapado en las garras de la dependencia del capital financiero y rentista, de la corrupcin, del despilfarro. Despus de la ilusin del cambio, de las ofertas constituyentes, del combate a la pobreza, el resultado es la destruccin de la base productiva, el regreso del desempleo y el sometimiento a un endeudamiento incontenible.

Con el sucesor resucitan los viejos fantasmas que creamos haberlos enterrado. Bajo el mando de las Cmaras empresariales regresa el rostro renovado del antiguo modelo neoliberal. La frmula es conocida, un plan de austeridad: Alianzas Pblico-Privadas, Tratado de Libre Comercio, privatizacin de los recursos del Estado, expropiacin de los fondos de la seguridad social, reduccin de los impuestos a las grandes empresas, eliminacin de los subsidios de los combustibles, flexibilizacin laboral. Todos los argumentos se reducen a uno, crear las condiciones, seguridad jurdica, incentivos, para atraer la inversin privada externa, pues all est la salvacin.

El primer paso es la Ley de Fomento de la produccin: remisin de 4 mil millones de intereses de las deudas de los grandes capitales locales y transnacionales, mientras se anuncia la eliminacin del subsidio del gas y del disel industrial. La puerta para obtener el certificado de buena conducta del FMI.

Aunque no estamos ante proyectos definidos, estamos ante una situacin de fragmentacin, dispersin, funcionamientos de intereses parciales, agitados por la supervivencia de las herencias progresistas que no terminan de desaparecer, y el retorno de estrategias neoliberales que no terminan por consolidarse. Es un asunto continental. Las imgenes propaladas por la propaganda sobre el fracaso del modelo venezolano con Maduro a la cabeza, no pueden ocultar el fracaso de la obediencia fondomonetarista de Macri en Argentina. En Brasil, el encarcelamiento de Lula no puede ocultar el repudio generalizado a Temer y la profundizacin de la crisis.

3. Continuidades y rupturas

En Ecuador, ms que ruptura hay continuidad. Si puede retornar al neoliberalismo, es porque nunca se fue. El TLC con Europa, ahora es continuado con el TLC con Estados Unidos. La privatizacin y la entrega de las Joyas de la Corona, de los puertos, ahora son continuadas con los contratos renegociados. El Plan B contina en el Yasun.

El signo es la deuda. Si en los diez aos se hubiera sentado las bases de un modelo productivo, sustentado en el mercado interno y en diversificacin de las capacidades de exportacin, empezado a superar la dependencia del rentismo extractivista y exportacin primaria; si se hubiera logrado subordinar las ganancias del capital bancario a la lgica de la inversin productiva, enfrentando la hegemona del capital financiero local y transnacional; hubiramos estado preparados para el ciclo de escasez, y no necesitaramos acudir a un endeudamiento agresivo como nica tabla de salvacin.

El signo principal es el tab de la dolarizacin. En el 2000 encomendamos la estabilidad a la renuncia de la soberana monetaria y pasamos a vivir en medio de las turbulencias de las guerras econmicas globales, en el ciclo mundial de abandono progresivo del dlar como la moneda universal. Mientras a nivel global retorna el oro y se constituye una canasta de monedas, como garanta de estabilidad, nuestro pas se aferra al ancla de la dolarizacin, aunque las condiciones materiales de su existencia se desvanecen a nivel interno y externo.

Aunque con Moreno hay una modificacin de ciclo de acumulacin del capital y de representacin poltica. La acumulacin del capital pasa por diversos ciclos; la hegemona es una correlacin de fuerzas inestable.

En los diez aos de Rafael Correa, se presentan modos de acumulacin y de reordenamiento de los grupos monoplicos desde arriba, una especie de va junker, con decisiones desde el Estado, en procesos impulsivos de reordenamientos de las acumulaciones de los diversos sectores del capital; un perodo que se abre a disposiciones verticales, discrecionales, en donde la corrupcin es una estrategia de direccionamiento y aceleracin de la acumulacin de los fondos pblicos. Un perodo Al Capone, de mafiacin de la poltica, que rompe los viejos cauces oligrquicos de acumulacin en favor de nuevos grupos o de antiguos grupos beneficiados. Isabel Noboa por lvaro Noboa, El Juri por los Isaas, junto a la una banca modernizada y a los nuevos ricos.

Esta fase se expresa en el funcionamiento bonapartista-autoritario-populista del Estado para superar la crisis de inestabilidad poltica e impulsar procesos de modernizacin tanto econmica como poltica y de rearticulacin con el capital financiero-rentista mundial. El actor hegemnico es una tecnoburocracia que acta como expresin general del proyecto, con procesos de autonomizacin del Estado ante las fracciones y grupos particulares de poder y ante los grupos y movimientos sociales. El discurso de las Alianzas Pblico-Privadas es el nuevo paradigma ordenador: para superar los unilateralismos de la dictadura del mercado, propuesta por el neoliberalismo, o del intervencionismo del Estado, propuesta por los keynesianos; se presenta la imagen de un Estado subsidiario al funcionamiento del mercado.

La abundancia rentista por la oleada alcista de los precios internacionales de las commodities y, en particular, del petrleo, as como la desvalorizacin temporal de dlar, reforzaron la autonoma del Estado mgico, y abrieron las condiciones para un breve perodo de desconexin del eje Norte-Sur, liderado por la trada USA-UE-Japn, y un acercamiento al eje Este-Oeste, liderado por los BRICs, en particular, China. El discurso antiimperialista, reducido al dominio norteamericano, y la articulacin continental de los gobiernos progresistas dibujaron la imagen de un realineamiento en el nuevo orden geopoltico mundial.

Esta fase no poda prolongarse; el bonapartismo es un tiempo provisional hasta estabilizar la economa y la poltica, y recomponer la hegemona; la desconexin poda sostenerse en la abundancia. La iliquidez a partir del 2013, debilita el papel del Estado y precipita correcciones del proyecto. 2013 es el ao de quiebre, concluye el intento de la modernizacin desde arriba; y bajo el mado de Correa se inicia la fase de normalizacin y relacin orgnica con las representaciones del capital local y mundial. El signo es el paso al Plan B del Yasun. Concluyen los discursos antiimperialistas, ambientalistas, etnicistas. Es el tiempo del realismo: TLC con Europa, el retorno del FMI, la venta del oro a Goldman Sachs, la reentrada de Schlumberger. El corte del tiempo no est en enero de 2017, sino en agosto de 2013.

Con Moreno, el tiempo del orden y la normalizacin del capital y la democracia representativa-liberal se muestran sin las coberturas de la propaganda progresista. De un funcionamiento bonapartista del Estado, se pasa a la representacin orgnica, las Cmaras de la Produccin toman el mando del frente econmico del Gobierno e impulsan un programa de austeridad bajo el discurso de las Alianza Pblico-Privadas, con iniciativa privada; el Partido Social Cristiano cogobierna tras bastidores.

La hegemona en el poder se construye en el combate al consenso arriba. La disputa es entre las diversas variantes del plan de austeridad para enfrentar la crisis fiscal, y las propuestas dispersas de salidas alternativas en torno a un plan de reactivacin productiva, la recuperacin de la autonoma-soberana sobre los bienes estratgicos y el centramiento en el poder de lo comunitario.

El poder quiere ganar la mente de la gente en torno al discurso de la austeridad: la eliminacin de los subsidios, las privatizaciones y el respaldo a los capitales privados externos y locales como los salvadores.

El primer paso es convencernos de la crisis y que todos debemos sacrificarnos. Pero all empieza el problema, el primer silenciamiento: la crisis no es de todos. Segn los datos oficiales, el PIB en el 2017 tuvo un crecimiento del 3%. Las exportaciones crecieron en el 0,6% y las importaciones en el 9%. La banca tiene un saldo positivo. El crecimiento del Gasto de consumo final de los hogares (4,9%) y del Gasto de consumo final del Gobierno central (3,8%) fueron los dos principales dinamizadores del crecimiento de la economa. El Presupuesto General del Estado fue calculado con precio referencial de 41,92 USD/barril; en agosto se comercializ a 68,50 dlares/barril.

Estamos ante una crisis de iliquidez fiscal y podemos entrar en una crisis de pago de la deuda externa. Sin embargo, el rgimen y los sectores dominantes tratan de mostrar una crisis general, para justificar nuevas polticas en favor de los grandes grupos econmicos, mientras llama al sacrificio para disciplinar la economa, con la eliminacin de subsidios.

Empantanados en el falso dilema Correa-Moreno, no encontramos el cauce. Creamos nuestros espejos para movernos bajo la ilusin de la seguridad del objeto de la lucha, de la verdad de la opcin, o, al menos, de una aproximacin a esa verdad mediante la condena del adversario; repetimos la estrategia del mal menor.

La disputa arriba es sobre la representacin de la administracin de una crisis econmica conducida: estamos ante un neoliberalismo progresista, desde el manejo del Estado, con asistencias sociales; y un neoliberalismo orgnico, con variaciones gradualistas desde la posicin de Moreno o con medidas de shock segn los idelogos ortodoxos de la derecha. Esta disputa se da en el marco de los virajes en el poder mundial, el enfrentamiento entre globalistas y nacionalistas, con sus reflejos y traslados locales.

En nuestro pas an no hay an espacio para un Bolsonaro o un Macri, todava es funcional la segunda fase de Alianza Pas. La catarsis del Consejo de Participacin Transitorio permite un paso menos traumtico hacia el restablecimiento de algunas reglas de la democracia representativa liberal, la entrada de un pluripartidismo disperso, y evita niveles de polarizacin extrema. Hay una tendencia a la disolucin de las representaciones de la totalidad, lo que pone en riesgo la estabilidad poltica y abre el cauce a la expansin difusa de las violencias en la sociedad.

Las fronteras son el territorio de las nuevas violencias y la disolucin del Estado. Ayer el problema se present en la frontera Norte, en el abandono de Esmeraldas y el copamiento del territorio por las transnacionales extractivistas y el narcotrfico. La ola se extiende a lo largo del literal en procesos de despojo de las tierras comunales a manos de una alianza tripartita entre los neoterratenientes locales, el poder poltico seccional y el capital transnacional ligado al turismo, la pesca y las plantaciones, con la actuacin soterrada de capitales criminales.

Posorja es la metfora de debilitamiento no slo del gobierno, sino del Estado, y la irrupcin de nuevas formas de violencias. La destruccin de la comunidad, por la entrada de las concesiones del puerto al grupo de Isabel Noboa y el capital transnacional de Dubai, abre paso al choque con las redes virtuales de la postverdad, sostenida en los rumores y los prejuicios. Desamparada del Estado, expulsada de la comunidad, la masa se revuelve contra la violencia inmediata, no encuentra a la fuente del poder ni al capital para enfrentarlos, sino que desata su ira en sus semejantes. La fascistizacin de la sociedad es el soporte del retorno de autoritarismo polticos.

4. Hay alternativas

El riesgo para las fuerzas populares, es regresar a la estrategia del mal menor, continuar en el debate o Correa o Moreno, en la delegacin del poder.

El punto de partida es que aceptemos que hay alternativas. En medio del caos y la incertidumbre del tiempo que vivimos, la tentacin es el realismo, aceptar lo posible. Las banderas que guiaron las batallas de los pueblos ahora han perdido su vigor, se han licuado bajo el torbellino de marketing y la instrumentalizacin.

4.1. Por ello, el primer paso es una reconcentracin ideolgica, volver a fundamentar la utopa.

En la lnea de Zizek, hay que dar la vuelta a la Tesis XI de Marx: si el problema del siglo XX era que los filsofos no haban hecho ms que interpretar el mundo, cuando de lo que se trataba era de transformarlo; el problema del siglo XXI es que partimos del fracaso de los intentos de transformar el mundo y es necesario volver a interpretarlo, para encontrar el camino.

El objetivo es reconocer la raz de las derrotas y la fuente de las nuevas utopas, de los nuevos sujetos de la transformacin. Inicialmente podemos ver tres elementos:

1. Caracterizacin de la poca actual

No tanto como transicin, sino como fase previa: (i) El tiempo de la decadencia del capitalismo, caracterizado paradjicamente por el agotamiento de la forma de vida en la relacin con la naturaleza y con la humanidad; y por la virulencia de las formas de dominio y explotacin, el copamiento de la subsuncin real de la vida al capital. (ii) El tiempo de la incertidumbre del camino; una transformacin sin sujeto; o ms bien un tiempo germinal, con mltiples sujetos portadores de semillas de transformacin. El giro hacia una estrategia ms mesinica, las luchas cotidianas, parciales, mltiples, con significantes utpicos transversales-comunes.

 

2. El fetichismo del Estado y del consumo

Las tres grandes propuestas de transformacin, derrotadas en el siglo XX, el socialismo real, la socialdemocracia y las luchas de liberacin nacional, tienen como centro la conquista del poder del Estado. Con ello, contribuimos a consolidar una maquinaria absolutista de dominio de la sociedad, la jaula de hierro. El giro desde un socialismo estatalista a la visin del comn desde la sociedad-humanidad, lo comunitario insurgente. La recuperacin de la tica y la democracia como fundamento de los proyectos alternativos.

 

Desde el Sur, la reduccin de las luchas antiimperialistas al enfrentamiento del poder norteamericano, desconociendo la modificacin profunda con la presencia de un imperialismo centralizado, no slo en trminos econmicos (99-1), sino sobre todo ideolgicos (la Matrix), llev a distorsionar las luchas frente al Estado nacional, justificamos los lmites de las salidas progresistas por la justificacin geopoltica del alineamiento mundial. Se requiere un giro desde la geopoltica de los Estados, al internacionalismo de los pueblos.

El centro de la subsuncin real de la vida al capital, ya no est slo en el dominio del mundo de la produccin y el trabajo, sino tambin y, sobre todo, en el dominio del mundo del consumo y de la construccin de subjetividades. Las luchas reivindicativas se han centrado en la satisfaccin de necesidades, con lo que contribuimos a consolidar la maquinaria utilitarista y la visin del progreso. El giro a una visin de tiempos lmites y de arquitectura de subjetividades-sujetos en las brechas de ruptura antisistmica construidas desde abajo.

3. La raz patriarcalista

Las luchas postcapitalistas se articulan con las luchas postpatriarcalistas, como uno de los ejes transversales de todas las luchas.

 

4.2. En segundo lugar, se trata de dibujar lneas programticas que orienten los caminos desde los puntos de ruptura antisistmicos construidos desde abajo, en el tiempo tctico.

El dilema se mueve en la perspectiva de un Estado fallido o la posibilidad de un camino difcil de soberana (desconexin-conexin selectiva), y acumulacin desde abajo (desde las economas productivas y las economas comunitarias).

Las races son estructurales: desde el lado del patrn de acumulacin, rentismo extractivista, dependencia, capitalismo especulativo y criminal, cambio climtico y destruccin de la naturaleza, monopolizacin y desnacionalizacin de la riqueza; desde el lado del modo de vida, patriarcalismo y dominio instrumental de la naturaleza. Se requiere una estrategia de largo alcance para el cambio, no slo a nivel interno, sino en el marco de la condiciones y procesos globales. Es el tiempo de pensar el cambio en la perspectiva de los bienes comunes de la humanidad, de la construccin de una sociedad postcapitalista y postpatriarcalista. Pero se puede empezar con algunas medidas claves, ubicando los puntos con capacidad de ruptura antisistmica.

La salida empieza por mirar desde abajo, desde la vida de la gente, de los sectores productivos, de los pueblos originarios, de los trabajadores, de las comunidades campesinas, de los hombres y mujeres que luchan por una vida digna, de la reserva moral y productiva del pas. Las victorias en las luchas contra el extractivismo en Ro Blanco y en la Amazona, muestran el camino. Los pasos en el caso de los Zambranos muestran la posibilidad de la lucha contra la corrupcin.

El primer elemento es defender el acumulado de la riqueza social en manos del Estado, y ponerlo al servicio de los sectores productivos, sobre todo comunitarios y colectivos, comunas, cooperativas, asociaciones, artesanos, pymes, de los pueblos originarios, de las familias trabajadoras.

El principal ahorro est en los fondos de seguridad social que han sido arrasados en los diez aos de correismo. La deuda del Estado al IESS bordea los 3.5 mil millones de dlares, hay que sumar los prstamos al Estado, que son cubiertos con papeles que no tienen respaldo, y que estn en torno a los 9 mil millones de dlares. En lugar de privatizar los bienes pblicos en favor de las transnacionales y los brkeres locales, demandamos que se entregue el Banco del Pacfico al IESS, bajo el control y la direccin de los trabajadores y los jubilados. Con ello, se puede impulsar un agresivo proceso de reactivacin productiva, con el respaldo de crditos para los emprendimientos de los afiliados y pensionados, con tasas de inters que no superen el 8%, para enfrentar la expoliacin de la banca privada que aplica intereses prohibitivos del 18, 20, 22% sobre todo a los sectores productivos.

Una segunda medida es el viraje de la orientacin financiera a una orientacin productiva de la economa, para impulsar un proceso de acumulacin hacia adentro. En esta perspectiva, un paso inicial es la reduccin de la tasa de inters de los crditos de la banca al 8%, sobre todo para los emprendimientos productivos; y el fortalecimiento de las redes comunitarias de crdito y financiamiento.

Una tercera medida es recuperar los dineros de la corrupcin. La Comisin Nacional Anticorrupcin calcula un perjuicio en torno a los 30 mil millones de dlares en los diez aos de Alianza Pas. Estos bienes han sido apropiados por los intermediarios locales, la responsabilidad es de los altos mandos del rgimen de Rafael Correa; pero la mayor parte ha ido a parar a manos de las transnacionales. La lucha contra la corrupcin tiene sentido cuando se para la impunidad y se recupera los bienes para el pas. El riesgo es que los fondos de la corrupcin queden en manos del gobierno norteamericano. Se requiere un plan integral: leyes de recuperacin de fondos a nivel nacional e internacional, actuacin coordinada de la justicia y los organismos de control, participacin activa de la ciudadana. Si recuperamos los fondos de los casos emblemticos, Odebrecht, Petrochina, Refinera de Esmeraldas, Refinera del Pacfico, Singue, Mandariacu, Caminosca, Papeles de Panam, Centrales hidroelctricas, Telefnicas, tendramos recursos para la reactivacin productiva, sin acudir a paquetazos de ajustes. Para una proyeccin programtica se requiere vincular la lucha contra la corrupcin a un Plan alternativo de una nueva tica, volver a vincular la tica con la poltica. Un viraje desde el discurso general y abstracto de la lucha contra la corrupcin y la tica, a la fundamentacin concreta de la tica en la vida de los excluidos.

Una cuarta medida urgente es la reactivacin del agro, con la reorientacin de la produccin hacia el mercado interno, un modelo de sustitucin de importaciones de los productos de la canasta bsica, que parte de la solucin a los problemas de apropiacin monoplica de la tierra, bajo mecanismos de acumulacin por desposesin de las tierras comunales.

Una quinta medida, es la proyeccin de las luchas antiextractivistas hacia la modificacin de la relacin con la naturaleza, con un Plan de tratamiento territorial diversificado de la biodiversidad, basado en la consolidacin de reas protegidas de biodiversidad y de vida de las comunidades indgenas, campesinas y afro, liberadas de la explotacin extractivista; reas de produccin agrcola, orientadas al modelo de sustitucin de importaciones de la canasta bsica en combinacin con proyectos de turismo; reas limitadas de explotacin de recursos naturales necesarios para la vida de la poblacin.

Una sexta medida, es el paso de un modelo consumista y de subsuncin real de la vida al capital, a un modelo de reproduccin respetuosa de la vida de la naturaleza y de la sociedad. Una base es proyectar las luchas feministas, las luchas de gnero y de defensa de los derechos de los nios-nias-adolescentes, no slo al enfrentamiento de los efectos de la violencia, sino a la construccin de visiones y prcticas post-patriarcalistas.

4.3. Sobre estos fundamentos es posible pensar diversas formas de reconcentracin organizativa, espacios de confluencia que combinen la fuerza de la diversidad, la participacin de las diversas identidades, proyectos, visiones, con el acuerdo sobre elementos rectores de las bsquedas, significantes trasversales que junten las luchas en la constitucin de nuevos actores colectivos.

 

5. Democracia y tica

Los progresismos han sido derrotados sobre todo en dos campos: la democracia y la tica. Dos campos tomados por el capital y el patriarcalismo.

El triunfo de la democracia liberal ha creado dos fuentes de legitimacin: el dominio de las reglas del Estado, la forma ms alta es el Estado de derecho y su variante actual el Estado de derechos y justicia, como fuente de legitimidad y autorizacin de las acciones. Y el dominio de la regla de la mayora, el triunfo electoral, como fuente de la autoridad.

Los progresismos abandonaron este campo desde el discurso de la participacin, en un juego perverso de suplantacin de la voluntad general por el dominio del Estado-partido-caudillo, bajo formas bonapartistas-populistas-autoritarias.

La democracia liberal en la fase actual del capitalismo tardo, es una paradoja, funciona sobre la base de la fractura entre poltica y poder. La poltica pretende moverse en el campo de los derechos y las normas, para lo que requiere el funcionamiento del Estado-nacional; el poder globalizado rompe esas fronteras e impone la lgica del capital mundial.

Vivimos una inflacin poltica de la tica. La lucha contra la corrupcin se ha convertido en un arma clave en la disputa poltica. Los gobiernos progresistas han sido cercados por las denuncias de corrupcin. El consenso se asienta en el sealamiento de la denuncia del otro, del enemigo. El problema no est en el ataque desde el adversario, las armas del golpe blando, sino en el desmoronamiento desde adentro. El tema clave est en la articulacin con la expansin global de una racionalidad cnica, asentada en la ruptura de la relacin verdad-bien y el dominio de la conciencia del mal. Un proceso perverso en el que el conocimiento y la informacin no se dirigen al bien, como esperaba el ideal iluminista, sino que bajo el dominio del poder se orienta al xito individual y de grupo y, en las esferas ms altas, al dominio del capital criminal. La bolsonarizacin de la sociedad se asienta en dos pilares: la lucha contra la corrupcin del otro, y la segurizacin autoritaria de la poltica; la imagen del macho alfa como el salvador ante la decadencia moral y la inseguridad.

La cuestin es volver a la fuente del sentido de la democracia y de la tica, en dos direcciones: como la ausencia del Gran Otro, la ausencia de un significante maestro, y la presencia de mltiples significantes-sujetos, la democracia de la diversidad, la hegemona de la diversidad, en donde cada significante-sujeto da testimonio de una verdad construida en la divisin y la convergencia. Y la fundamentacin autnoma de la legitimidad de las actuaciones, la legitimacin democrtica de la actuacin sin permiso de un poder (estatal) externo, bajo la forma de poderes autnomos-paralelos y liberacin de territorios geogrficos y espirituales. La condicin es, sobre todo, la democracia de la diversidad en la direccin.

La tarea no es slo que todas las voces se puedan expresar y escuchar, sino al mismo tiempo sustraer y construir la tensin antagonista subyacente a todas las luchas, reducir la multiplicidad a su mnima diferencia: como dice Zizek, La poltica emancipatoria siempre se centra en esa parte de ninguna parte: descubrir el punto lmite de cada sujeto-significante, en el que puede quebrar el sistema. El inmigrante como el sujeto de la nuda vida, en cuanto est aqu expulsado del Estado de derecho; las luchas femeninas y de gnero, como la condicin de la superacin del patriarcalismo; el nio-nia violentado como objeto de la violencia absoluta y condicin de humanidad; los nuevos desarraigados y desposedos que no tienen nada ms que perder que sus propias cadenas, como el signo lmite de a transformacin.

Con ello, se levanta una nueva tica, ya no de la solidaridad y de la compasin, sino de la parti-cipacin, reconocernos como parte del proceso desde nuestra propia subjetividad. La tica de la comunidad, ser-con-nos-otros, desde un sentido insurgente. El nuevo sujeto parte de la comunidad, de lo comunitario como ordenador del mundo econmico, poltico, cultural.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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