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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2018

Entrevista a Sergio Glvez Biesca sobre La gran huelga general. El sindicalismo contra la modernizacin socialista
El 14D no fue una huelga revolucionaria, fue una huelga profundamente democrtica e interclasista en todos sus sentidos

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Nota de edicin: una versin parcial de esta entrevista apareci en la revista El Viejo Topo, julio-agosto de 2018.

Doctor en Historia contempornea, Sergio Glvez Biesca (Madrid, 1980) es actualmente investigador del Instituto Ibero-Americano de La Haya por la Paz, los Derechos humanos y la Justicia Internacional. Ha sido docente en la UNED, en la Universidad Complutense y en la Universidad de Buenos Aires. Es autor de ms de medio centenar de publicaciones cientficas y fue miembro fundacional en 2005 de la Ctedra Complutense Extraordinaria Memoria Histrica del siglo XX.

Mi ms sincera enhorabuena por su libro. Tengo un problema, se lo confieso, al entrevistarle: se me ocurren mil y una preguntas pero no quiero abusar. Que conste, para los lectores, que me voy a dejar muchas en el tintero. Empiezo por un texto amigo. Mire lo que dice del libro (y de usted) un historiador admirado, Mario Amors ( https://www.rebelion.org/noticia.php?id=236736 ): [] Glvez Biesca estudia las antecedentes inmediatos y los ms lejanos... de aquella gran movilizacin, su desarrollo y sus consecuencias. Y lo hace a partir de una documentacin de archivo cuidadosamente elegida y exhaustivamente trabajada... El libro se cierra con un relato casi periodstico de la gran manifestacin en Madrid del 16 de diciembre, con citas de los discursos de Nicols Redondo y Antonio Gutirrez... Por otro lado, con el paso del tiempo se ha mitificado aquella fecha. Qu se siente cuando uno lee cosas as?

Una mezcla de satisfaccin, responsabilidad y cierto tembleque. No me esperaba tal acogida a tantos niveles acad micos, polticos, sindicales y, en especial, entre las redes de amistad y tambin en el mbito de las redes sociales en tan poco tiempo. Cuando el editor de Siglo XXI de Espaa/Akal, Toms Rodrguez, me ofreci la posibilidad de escribir un libro sobre el 14D me pareci una gran oportunidad. Un tren que se coge o no. Yo me sub a l. Eso s, el encargo fue de tal importancia que he tardado cuatro aos en terminarlo pese a que parta, en buena medida, de lo escrito en mi tesis doctoral por ms que terminara dndole la vuelta al texto inicial. Por lo dems, Mario Amors es un buen amigo pero, sin duda, leer su resea te sube la moral.

Permtame dar cuenta del ndice del libro para el lector de la entrevista: ndice de siglas (seis pginas y media!); Presentacin: Historia de un xito?, 18 captulos (algunos muy extensos, casi un libro en s mismos; el IX, por ejemplo, se acerca a las 100 pginas) y la bibliografa. El primero de esos captulos se titula: Felipe se olvida de la letra de La Internacional. El fin de un centenario proyecto comn de partido y sindicato. Usted, a lo largo del libro, no parece tener mucho aprecio por la figura poltica-histrica del ex asesor de Gas Natural. Por qu? Algunos, no son pocos, pensaron y piensan que ha sido el poltico ms brillante de la Espaa del siglo XX (incluso de parte el XXI), a la altura de Azaa, lvarez del Vayo o Negrn por ejemplo.

El gran milagro de Felipe Gonzlez antes, durante y despus de los gobiernos socialistas, y hasta tiempo muy reciente, ha consistido en una prolongada como acertada estrategia de marketing de su imagen personal y poltica. Por este orden. En qu ha consistido?

Eso le pregunto, en qu ha consistido, cmo lo ha logrado.

Pues en una mezcla capaz de combinar lo que el pueblo quera or, votar y, por acompa amiento, por la ausencia de una oposicin poltica capaz de competir polticamente con l y con el PSOE y llevar a cabo, al mismo tiempo, un programa pol tico-econmico liberal o neoliberal, a gusto del lector. Lo anterior, por el lado econmico y laboral, pero si se mira su legado en materia de poltica social, poltica cultural, poltica antiterrorista o, directamente, en trminos de comportamiento tico o de actitud frente a la corrupcin a nivel partidista y gubernamental, el balance resulta claro. Hoy sobran las palabras, aunque hasta hace unos pocos aos todava persista la aureola del gran poltico espaol del ltimo tercio del siglo XX. Lo que condujo a un silencio generalizado sobre su papel real a lo largo de sus 14 aos al frente del Ejecutivo. Por supuesto, que el llamado Rgimen de 1978 necesita de figuras de este tipo como sucede con las biografas de Surez o Carrillo. Le fortalece, le asegura estabilidad, aun a costa de un gran envejecimiento de sus mecanismos de consenso y dominacin.

Por otro lado, solo con la perspectiva del tiempo, pasadas unas dcadas, la ciudadana y, sobre todo, los sectores populares han empezado a ser conscientes de quin fue realmente Felipe Gonzlez. Es pegarle un meneo a las redes sociales y observar en quienes le votaron en el 82, y en otras tantas elecciones, un sentimiento de arrepentimiento por su apoyo. Con un aadido: la palabra traidor. Aqu se mezclan dos aspectos paralelos: una crtica difusa por su actuar como presidente del Gobierno pero, sobre todo, en relacin con sus declaraciones y posicionamientos polticos adoptados en estos ltimos aos, junto con su paso al sector privado en uno de los ms evidentes ejemplos de puertas giratorias. Acaso se poda esperar otra cosa?

Mucha gente, como usted mismo dice, se esperaba otra cosa.

Gonzlez nunca fue un traidor a sus ideas, a sus convicciones o ideologa. En primer lugar, porque siempre se caracteriz por carecer de una ideologa precisa. Toda su vida Felipe ha sido un gran pragmtico en el terreno poltico y tico. Y, en segundo lugar, ya que en realidad nunca traicion a sus votantes si se pega un repaso a los programas electorales y las polticas que llev a cabo. Otra cosa es la imagen poltica que quiso transmitir y que tan distante sera de sus polticas reales ejecutadas. Pero ni enga ni traicion.

Me centro en la temtica del libro. Usted tena 8 aos cuando la huelga del 14D. No s qu ambiente familiar le rodeaba, no s si lleg a participar (aunque me imagino que s: los maestros y maestras de su escuela haran huelga ese da). Pero de dnde su inters por esta huelga obrera?

Efectivamente en 1988 tena 8 aos. A pesar de haber estado encerrado un largo tiempo con el libro, en momento alguno me ha venido ningn tipo de recuerdo. Lo que, por otro lado, ha sido enormemente positivo para tomar distancia con el objeto de estudio. No obstante, recuerdo algo de la huelga general de 1992 recog algunas pintadas en un diario infantil, que, claro, uno lo lee ahora y cae en la cuenta de la inocencia de un nio y bastante de la huelga general de 1994.

Est muy bien esa inocencia de nio a la que alude .

Procedo de una familia obrera de manual. Del sur de Madrid. De Aluche. Padre albail. Madre ama de casa. Ms. De una familia militante: de una familia comunista. Mi padre, Juan, se dej buena parte de su juventud entre la militancia, la clandestinidad y la crcel por defender derechos que nos estn arrebatando a pasos agigantados. De las Juventudes Comunistas, pasando por las CCOO y el PCE hasta la lucha armada contra el rgimen franquista. Todo un orgullo. Toda esa parte que llevo descubriendo estos ltimos aos poco antes de que mi padre muriera muy joven en gran medida por las heridas internas e invisibles que le dejaron las huelgas de hambre en la c rcel de Carabanchel y sobre todo despu s, en realidad, no constituyen el inicial motivo de escribir un libro de este tipo, a pesar de que en mi casa cada huelga general, cada huelga en la construccin, cada accin y/o reivindicacin se llevaba a cabo costara lo que costara. Y, te lo digo tal cual, lo pasamos fatal en no pocas ocasiones. Tiramos adelante, en no pocas ocasiones, gracias a esa vieja y hoy pr cticamente ya desaparecida solidaridad de barrio.

Le interrumpo un momento, perdone. Algn ejemplo de esa solidaridad?

Ah estuvieron las vecinas y vecinos de portal y algn tendero en este ltimo caso aquello fue ms un ejercicio de solidaridad obligada, en tanto, cmo se iba a negar a dejar apuntado un poco de leche, pan o huevos en un barrio en donde todo el mundo se conoca quienes echaron una mano, principalmente, con comida o algo de dinero para medicinas. Te dir ms: en los aos ochenta todava seguan existiendo las listas negras en la construccin. Imagnate. Todo ello en un contexto de profunda crisis econmica. Tiempo ms tarde, recuerdo las conversaciones con mi padre comentndome cmo iba de obra en obra y en todas les deca que no haba trabajo. En muchas de ellas terminaron colgando un cartel diciendo: No se necesita mano de obra.

Prosiga, prosiga. Le he interrumpido.

Prosigo. Desde que entr en la Universidad Complutense de Madrid para cursar la Licenciatura de Historia y para lo cual me tir no pocos veranos en el tajo con mi padre poniendo ladrillos y aprendiendo un oficio me sorprendi la escasa atencin que se prestaba a la historia del movimiento obrero y del comunismo espaol aunque, por fortuna, esta ltima cada vez se encuentra mejor atendida . L gicamente, eran los temas que ms me interesaban. Cuestiones, todas ellas, sobre las que he intentado reflexionar y escribir en trminos de debate historiogrfico. Lo cierto es que todava no s cmo termin haciendo el doctorado, la tesis Fue una mezcla de falta de salidas y un optimismo un tanto ingenuo por intentar ser profesor universitario de Historia. Hay que recordar que para toda aquella generacin de madres y padres que haban sufrido y sobrevivido al franquismo y cuando, ms o menos, haban asentado su vida, su gran ilusin consisti en que sus hijos fueran a la universidad. Si, adems, se quedaban eran el orgullo del barrio. En fin, que un da me toc elegir director de tesis. Tampoco todava s cmo Julio Arstegui dio el s. Al da siguiente, quien luego sera ms que un maestro, un amigo, me pidi un tema. Estaba en plena relectura de un texto fundamental de mis tiempos de cuadro de las Juventudes Comunistas: el famoso Informe Petras. Sin anestesia, le dije: Pues, Julio, le quiero meter mano a las reformas laborales de los Gobiernos socialistas. Y ah comenz todo.

Su libro supera las 760 pginas, la bibliografa debe tener ms de 400 entradas, las notas a pie de pgina deben superar el ao de nacimiento de Galileo Galilei, ha usado documentacin indita, Algo ha comentado antes pero insisto: cuntos aos de documentacin, estudio y escritura le ha llevado la elaboracin del libro? Han valido la pena?

Pues entre tesis ms incursin en archivos de toda clase y condicin para La gran huelga general, unos 10-12 aos. Tirando por lo bajo. No obstante, tengo documentacin para varios futuros libros que, partiendo de mi tesis doctoral Modernizacin socialista y reforma laboral (1982-1992) pretenden abordar si el trabajo, los ni os y la propia vida me lo permiten la d cada de los aos ochenta desde una perspectiva de la historia social desde abajo y con los de abajo, y en donde se pretende recuperar la historia del movimiento obrero y sus luchas.

Ha merecido la pena? Pues s y no. S, en el sentido de que ves el libro en las libreras, te llaman para presentaciones, hacen reseas, sales incluso en programas de televisin o radio, te escriben para agradecerte que, por fin, alguien hable de los militantes obreros, los sindicatos, sus dirigentes. Les ponga voz, nombre y apellidos. No, en el sentido, de que pienso y valoro el tiempo que le he quitado, al menos, a mis dos hijos pequeos y a mi propia pareja. A mi vida personal. Precisamente, a Mario y Nora est dedicado el libro por las horas robadas. Resulta harto difcil encontrar un equilibrio entre la vida acadmica y la vida personal. Quiz, esto ltimo, es algo que pocos lectores entiendan pero que tan necesario resulta explicar y defender.

No tan pocos, no crea. Muchos lectores y, sobre todo, lectoras creo que entendern las dificultades que seala. Historia social desde abajo y con los de abajo, dice usted. Me ha recordado las expresiones que usaba a veces un amigo y maestro mo, Francisco Fernndez Buey. Y qu es eso? En qu consiste esa perspectiva? No es o no debe ser, por otro lado, la usual para un historiador de izquierdas?

No te puedes hacer una idea lo que le echo de menos a Paco. Uno de los grandes. De los imprescindibles. Bien lo sabes t. Cada conversacin con l era una leccin de vida.

Por otro lado, no considero que se pueda hacer una traslacin directa entre una historia desde abajo y con los de abajo y una historiografa de izquierdas. Esta ltima est en retirada y personalmente me conformo con que en el gremio haya historiadores coherentes y profesionales. Por otro lado, yo vengo de una tradicin marxista pura y dura. Ahora bien, en estos ltimos aos he aprendido mucho de la escuela britnica y de otras tantas, marxistas o no, de cara a repensar y adecuar teora, metodologa y enfoques. Eso s, siempre, con Gramsci debajo del brazo. Y aprovecho la ocasin, si me lo permites, para la correspondiente cua publicitaria: la defensa del materialismo histrico, con sus aciertos y sus insuficiencias, hoy es ms que obligada.

Dicho queda: ms que obligada. Por cierto, hablando de notas de pie de pgina. Por la extensin e informacin de algunas (que no son pocas), he pensado al leerlas en notas del primer libro de El Capital. Por qu no ha incorporado al texto central muchas de los anlisis e informaciones desarrollados en esas notas? Un gran maestro, W.O.V. Quine, sola protestar educadamente ante los libros que le obligaban a lecturas bidimensionales.

De nuevo, tengo que agradecer a Siglo XXI de Espaa toda su flexibilidad en este aspecto. Tuve total libertad. No es fcil encontrar una editorial que, adems de atreverse a publicar un libro de estas caractersticas pero que, a fin de cuentas, ha resultado ser la primera monograf a sobre el 14D, lo que indica, al mismo tiempo, la dificultad del asunto haya permitido tal despliegue cr tico.

Sin embargo, creo y as me lo han trasmitido conocidos y no conocidos que el libro es perfectamente abordable sin leer las notas. No voy a defender que se trate de un libro de difusi n, pero s que he tratado y no es ning n tipo de egohistoria de que est escrito para todos los pblicos. Sin pedanteras acadmicas. Sin abrumadoras citas en el cuerpo central. De hecho, se puede leer sin tocar una nota a pie de pgina, pese a que resultan ms que aconsejables. Todo esto fue una obsesin: escribir en un lenguaje accesible pero sin perder el hilo acadmico.

Como antes deca, tena usted 8 aos entonces y yo, en cambio, que particip activamente en la medida de mis fuerzas, muchos ms. Despus de leerle me he sentido bastante frustrado. Sabe usted, mucho, muchsimo ms que yo de esa jornada de lucha. Cmo se consigue penetrar tanto, sentir tan tuyo, un tema de estudio?

Le poco despus de entregar el libro una cita de autoridad de esas que no se te olvidan: Un libro nunca se termina, se abandona. En este caso haba unos plazos que fui agotando hasta el lmite. La paciencia del editor de Siglo XXI de Espaa fue eterna. Lo tengo, nuevamente, que reconocer. El resultado final del libro me termin obsesionando. Fue terrible y maravilloso a la vez. Cuantos ms documentos de archivo encontraba, ms prensa localizaba y ms intercambiaba opiniones con protagonistas de aquel tiempo, fui dndome cuenta de lo que se jug en aquellos meses, semanas, das que antecedieron al 14D. Sobre todo en una situacin en que, se mirara donde se mirara, nadie se haba internado ms all de referencias vagas y errneas por extensin.

Terminas soando con ese u otro aspecto que se relatan en el libro. Te levantas y te das cuenta de que falta tal o cual detalle. O peor, que no has tocado este u otro punto. Vas internndote en aquellos aos como un outsider que lo ve desde fuera pero desde nuestra perspectiva del presente histrico. Intentas que todos los trozos de esa historia que no son pocos cuadren para explicar la relevancia hist rica de la huelga general del 14 de diciembre de 1988. Un momento nico y excepcional. De una potencialidad histrica de primer nivel.

La presentacin, Historia de un xito, lleva interrogantes. No fue entonces un da de jbilo el 14D? No es una historia de xito la historia que usted nos explica?

Estamos ante el gran drama del 14D desde la perspectiva sindical. Se puede ganar una huelga y no rematarla en los despachos. Eso es lo que sucedi, en buena medida, despus del 14 de diciembre de 1988. Sin querer adelantar lo que plantea el libro, sin duda, ha sido una de las grandes ideas-fuerzas del mismo. Desde las primeras pginas a la ltima. En suma, explicar cmo se puede paralizar un pas recordemos, par ms de un 90% de la poblacin activa, con ms de 8 millones de trabajadores y que a punto estuvo de provocar la dimisin del propio Felipe Gonzlez y, sin embargo, obtener unos resultados bastante modestos en el terreno de los hechos. En el terreno de los avances sociales y sindicales. Bien es cierto que se retir el Plan de Empleo Juvenil (PEJ) inicial y verdadero detonante de la convocatoria de la huelga general as como se consiguieron algunos avances que no victorias parciales y temporales pero siempre tan lejos de los objetivos sindicales. Lo que eufemsticamente se llam giro social.

El objetivo sindical de fondo por parte de las CCOO y la UGT fue el de modificar aunque fuera levemente la direccin, los objetivos y la estrategia de la poltica econmica del Gobierno socialista. No lo consiguieron.

No lo consiguieron?

Al contrario, el Gobierno, el PSOE, tras quedar en shock, durante das, lograron darle, en gran medida, la vuelta a la situacin. Supieron recuperar la agenda y la iniciativa poltica, atenuar los costes de la huelga, pero, sobre todo, consiguieron un gran pacto de Estado no escrito a modo de gran frente antisindical con el apoyo de todas las fuerzas polticas de derecha, medios de comunicacin, patronal Con un doble objetivo: evitar un posible debilitamiento de las bases consensuales del Sistema y por otro proseguir el camino emprendido de la reestructuracin del modelo capitalista espaol. Vamos, que le dieron la vuelta. Sumado a otro aadido: cuando lleg la crisis de los primeros aos noventa se acus, al unsono, a aquel tmido y pequeo giro social como su principal causante por el muy supuesto alto gasto presupuestario en trminos sociales. Aquella crisis corta pero muy dura en realidad fue producto del modelo crecimiento especulativo e irracional que disearon los tecncratas de Economa siempre con la bendicin de Gonzlez.

Por tanto, cuando se habla de una historia de xito entre interrogantes tambin se pretende avanzar en un debate poco transitado en la historiografa: la modernizacin y democratizacin de la convocatoria de las huelgas generales. Superado el franquismo ninguna huelga general convocada ha tenido por objeto tumbar al gobierno de turno. El 14D no fue una huelga revolucionaria. Al contrario, fue una huelga profundamente democrtica e interclasista en todos sus sentidos, que reivindic, al mismo tiempo, una de las herramientas fundamentales de la lucha obrera y contribuy, por otro, a consolidar el Estado social y democrtico de Derecho. A buen seguro, aqu se encuentre uno de los grandes legados del 14D.

Descansemos un momento, tommonos un respiro.

De acuerdo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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