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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2018

Entrevista al cientista poltico argentino, Horacio Machado Aros
Porqu ha fracasado el progresismo en Amrica Latina?

Contrahegemona


1) Ve una posibilidad de eventual vuelta de gobiernos progresistas en Latinoamrica? Qu implicancias o viabilidad tienen estos modelos hoy? Se agot el denominado ciclo progresista?

Independientemente de que no cabra descartar un eventual regreso electoral de alguna expresin del progresismo en algunos pases e inclusive, ms all de la continuidad de ciertos gobiernos (algunos emblemticos como el de Evo Morales en Bolivia, otros problemticos como el de Maduro en Venezuela, y otros tenues o difusos como el del Frente Amplio en Uruguay), considero que el ciclo de los gobiernos progresistas en la regin est definitivamente agotado; agotado y fracasado, al menos si hablamos de ellos en trminos de sus posibilidades de generar o alentar condiciones de transformacin de la dominacin capitalista. En esos trminos, estamos hablando de experiencias polticas absolutamente fallidas y caducas.

Reafirmando nuestra consideracin de que tales gobiernos significaron la continuidad (y hasta la profundizacin) del neoliberalismo por otros medios, ese eventual regreso estara ms bien enmarcado en las condiciones de inaceptabilidad social y resistencia poltica a los gobiernos de ultra-derecha que se perfilan en la regin, pero muy improbablemente constituyan de por s una bisagra hacia verdaderas alternativas de cambio.

Por lo dems, no hay condiciones macroeconmicas (ni internas ni externas) para intentar cierta re-edicin del programa de crecimiento con inclusin social que caracteriz a dicho ciclo. Se trata de un programa que dio muestras de resultar estructuralmente perjudicial e inviable.

La pretensin de escapar de los males estructurales del capitalismo perifrico-dependiente a partir de la profundizacin y aceleracin de la matriz primario-exportadora -con el nico matiz heterodoxo de una gestin keynesiana de la renta extractivista-, se evidencia hoy a todas luces como un absurdo total; precisamente porque esa matriz extractivista es la marca de origen, el ADN constituyente y constitutivo de nuestra dependencia; la ms profunda y pesada herencia colonial.

Ms all de la retrica propagandstica, lejos de procesos de industrializacin y recuperacin de bases materiales para un desarrollo autnomo, durante el ciclo de los gobiernos progresistas asistimos a la intensificacin de una dinmica de re-primarizacin, extranjerizacin y ultra-concentracin de nuestras economas, lo que nos sumergi en escalones ms profundos de integracin subordinada y dependiente de la acumulacin global.

Pretender ignorar los lmites y los condicionamientos histrico-estructurales que el capitalismo implica e impone en las economas perifrico-dependientes, me parece una ceguera difcil de entender, sobre todo en el siglo XXI, tras tanta inteligencia crtica acumulada por las luchas y las investigaciones sobre la naturaleza y dinmica de nuestras sociedades[1].

Ahora bien, ms all de los impedimentos econmicos estructurales, hay que decir que el ciclo progresista est polticamente acabado (al menos, as debiramos entenderlo). Me parece un total desvaro imaginar un proyecto pretendidamente transformador basado en la expansin del consumismo; confundir socializacin y democratizacin con la ampliacin del mercado de consumidores.

No se pueden seguir ignorando los efectos que el crecimiento tienen sobre la(s) subjetividad(es) y la conciencia colectiva. No se puede desconocer que el crecimiento -incluso, concediendo que haya sido impulsado por la expansin del consumo popular- significa, inexorablemente, la expansin de las relaciones y el imaginario capitalistas, la ampliacin de las fronteras de la mercantilizacin; en definitiva, la profundizacin de la sujecin y subordinacin de la reproduccin social de la vida a los imperativos del capital.

Si algo debiramos aprender del ciclo progresista es que ningn proyecto de cambio o de transformacin social puede basarse en aspirar a un capitalismo con rostro humano, a construir un capitalismo nacional serio, basado en la progresiva redistribucin igualitaria del ingreso, y suponer que eso permitira expandir indefinidamente el nmero de incluidos (incluidos en el sistema)

Eso, a nuestro entender, es revivir la vieja fantasa desarrollista que sigue operando como ncleo duro de nuestra condicin colonial, como la ms difcil y desafiante barrera epistmica y poltica a superar, para realmente imaginar/proyectar los cambios emancipatorios que precisamos. Justamente, me parece que la frontera poltica entre un reformismo inconducente y estril y las alternativas emancipatorias se sita entre la lnea que separa las polticas de inclusin, de las polticas de transicin radical hacia otros paradigmas civilizatorios.

Necesitamos volver a pensar en trminos de revolucin y a aspirar a cambios revolucionarios. Pero eso implica tambin necesariamente revisar y re-conceptualizar la idea de revolucin. sta no puede ya ser pensada como un proceso que se hace desde arriba, y que precisa primero la toma del poder del Estado. Necesitamos imaginar el cambio revolucionario, como una profunda migracin civilizatoria, que nos permita de-construir y abandonar el patrn de poder colonial-patriarcal-capitalista en el que, no ya slo como pueblo o regin, sino como especie, estamos sumidos. Un cambio que implica salirnos de las matrices antropocntricas, productivistas, urbano-cntricas, de la modernidad/colonialidad hegemnica, a la que una vieja izquierda (y por cierto, el progresismo) sigue apegada.

2) Qu caracterizacin hace del avance de gobiernos de derechas en los pases de Nuestra Amrica? Se puede hablar de una crisis de esos proyectos en la regin y/o del macrismo en la Argentina?

Lamentablemente creo que estamos frente a algo ms grave que a un ciclo de gobiernos de ultra-derecha en la regin. Las amenazas que afrontamos en este tiempo no se reducen apenas al arribo de personajes nefastos al gobierno (los Macri, los Duque, los Bolsonaro etc.) y a la aplicacin de polticas abiertamente clasistas-racistas-patriarcales.

Ms que una reaccin conservadora desde los gobiernos, estamos ante a un fuerte proceso de fascistizacin social; una oleada de fascismo social que se extiende no slo en la regin sino tambin en el mundo (por lo menos, es muy evidente en los pases del Norte Global).

Como expresin sintomtica de la agudizacin de la crisis civilizatoria en la que estamos inmersos, producto de casi cinco dcadas de neoliberalismo, nuestras sociedades estn siendo atravesadas por un fuerte proceso de des-humanizacin y donde las brechas de (in)humanidad entre grupos de clase, de gnero, tnicos, religiosos se hacen cada vez ms marcadas y violentas.

Podramos decir que el fascismo social tiene que ver con una situacin en la que las lites pueden producir una situacin de amnesia colectiva sobre los medios (de violencia estructural) que las llevaron a acumular sus privilegios; cuando estos privilegios se ven como mrito propio, y no como la contracara del despojo de vastas mayoras. Entonces, cuando se invisibilizan los crmenes histricos en base a los cuales se edificaron esos privilegios, adems de la impunidad, estos crmenes se naturalizan, se sedimentan en las instituciones, los imaginarios y los cuerpos.

Entonces, cuando eso pasa, las injusticias histricas dejan de ser vistas como tales, y pasan a (re)presentarse como posiciones legtimamente ganadas por el esfuerzo o por el mrito propio. La difusin de la ideologa meritocrtica -por lo menos desde Malthus- alienta una concepcin de la sociedad basado en la guerra competitiva de todos contra todos, el darwinismo social; en fin, un imaginario donde lxs despojadxs del mundo, lxs dbiles, lxs incompetentes, resultan un lastre social. Ese imaginario es lo que llamamos propiamente fascismo social: esto legitima y habilita las polticas de tolerancia cero, es decir, las polticas despiadadas y de crueldad absoluta contra los pobres, lxs desempleadxs, las mujeres, lxs migrantes, los pueblos originarios, las sexualidades disidentes, en fin, contra toda aquella identidad social que no se avenga a los requerimientos de normalidad del sistema.

Ahora bien, por otro lado, no se puede desconocer que este momento est polticamente relacionado con la fase anterior, con los extravos del ciclo progresista. Sinttica y provocativamente podramos enunciarlo as : siembra (neo)extractivismo y cosechars (neo)fascismo, en el sentido que la avanzada extractivista que protagonizaron los gobiernos progresistas -y en base a la cual se financi la expansin desigual del consumo- implic no slo la intensificacin de la violencia y las polticas de despojo sobre los territorios, sino tambin el abandono (unilateral) de la lucha de clases. Los gobiernos progresistas asumieron la va de la conciliacin de clases, creyeron posible y/o necesario la articulacin con una burguesa nacional y alentaron el ascenso de las clases medias supuestamente como va para sacar a los sectores populares de la pobreza.

La posterior cada de las cotizaciones de las commodities no slo desnud la insostenibilidad econmica de esas polticas, sino tambin el carcter quimrico, ilusorio, de la promesa desarrollista. Las clases medias, las ms propensas a aspirar los privilegios de las lites, estn a la vanguardia de esta ola neofascista; sus frustraciones se expresan en trminos de odio clasista, xenofobia, violencia machista, etc.

A ello, hay que agregar la fuerte avanzada del discurso reaccionario de ciertos credos sobre amplias capas de sectores populares, y el estado de desmovilizacin y/o fragmentacin de los movimientos sociales y las organizaciones polticas ms combativas. Todo esto configura un cuadro general muy complejo, en el que, por cierto, no cabra descartar posibles crisis de gobernabilidad de los gobiernos de ultraderecha vigentes (ms bien, es un horizonte con altas probabilidades). En todo caso, ante el escenario dado, las salidas o alternativas que se pueden llegar a abrir, resultan absolutamente imprevisibles, y no necesariamente positivas.

3) En Argentina, qu actores sociales y diferentes proyectos polticos aparecen como alternativas al macrismo?

Bueno, ac es necesario diferenciar las alternativas en el terreno electoral, de las que cabra sealar en el campo de los proyectos polticos que se vienen gestando en el campo popular y en la sociedad en su conjunto.

En el plano electoral, lamentablemente no veo opciones esperanzadoras. Veo ms bien un panorama sombro que se halla signado por la sobrevivencia fantasma[2] del ciclo progresista: como fantasma populista que tracciona el voto a la derecha[3], y como fantasa desarrollista que sigue ilusionando a ciertos sectores populares con un nostlgico retorno a las polticas expansivas, neo-keynesianas, como las aplicadas durante el ciclo 2002-2013, en la fase del boom de las commodities.

En esa polarizacin, el espectro de alternativas ideolgico-polticas se estrecha hacia el centro y hacia la derecha, presentndose el progresismo como de izquierda, lo cual nos deja entrampados entre una propuesta que promete y aspira a un Estado social gestionando mercado en expansin y una sociedad de consumo de masas frente a lo que se ve como la configuracin de un Estado penal sosteniendo a sangre y fuego la brecha de (in)humanidad entre apropiadores y despojados.

En estos tiempos, de neoliberalismo recargado, el debate electoral est viciado por lo que entendemos como una errnea conceptualizacin del mismo que lo concibe apenas como un tipo de polticas econmicas y de gestin gubernamental centrado en la dualidad Estado vs. Mercado, polticas keynesianas vs. polticas de ajuste, etc.

Mientras, en tanto fase histrico-estructural de la acumulacin capitalista global, el neoliberalismo avanza independientemente de los ciclos recesivos o expansivos, en su voraz hper-mercantilizacin de la vida y de las relaciones sociales. En ese marco, lo ms promisorio que electoralmente pudiera pasar es que se lograra articular una expresin lo ms amplia posible de una izquierda popular y anti-capitalista pasible de captar y canalizar el creciente estado de asfixia econmica y frustracin poltica de los sectores populares. Pero eso, por ahora, es una expresin de deseo ms que una probabilidad fctica.

Ahora bien, ms all de lo electoral, no se puede desconocer la potencia crtica y transformadora de ciertos movimientos sociales y populares emergentes en el escenario reciente. Me refiero en particular, a la irrupcin de la gran oleada feminista que desde el Movimiento Ni Un Menos, hasta las movilizaciones por la legalizacin del aborto, estn poniendo en cuestin un pilar clave del sistema, como el rgimen patriarcal.

Junto a los feminismos, las diferentes expresiones del ecologismo popular, las organizaciones de trabajadorxs desocupadxs y de la economa social, las entidades campesinas y de pueblos originarios, constituyen las insoslayables bases sociales de cualquier alternativa popular al macrismo, pero tambin a las versiones probables del progresismo. Ms all de que se logre fraguar (o no) un frente electoral alternativo, en todo caso hay un proceso de acumulacin de experiencias de resistencia que oficiar como un contrapoder condicionar el margen de maniobra de ste o futuros gobiernos.

4) Con qu ejes polticos y con quienes debera articularse el movimiento popular para enfrentar a la derecha y poner en pie una alternativa anticapitalista? Podra mencionar medidas y/o propuestas concretas?

Me parece que la potencia poltica de los sectores populares organizados est en ltima instancia proporcionalmente relacionada con su autonoma y su creatividad. Desde ese lugar, creo que hay una diversidad de movimientos sociales y populares que han venido construyendo una agenda poltica realmente valiosa en trminos de su radicalidad transformativa.

Creo que estos movimientos -a diferencia de las opciones partidarias tanto progresistas como de la izquierda clsica- vienen haciendo aportes sustantivos en la prefiguracin de un horizonte post-capitalista, post-colonial y post-patriarcal. En ese sentido hay todo un nuevo lenguaje que se ha venido construyendo y un nuevo imaginario en gestacin que parte precisamente de la profunda conviccin de la crisis terminal y el fracaso rotundo del modelo civilizatorio de Occidente; de la necesidad de trascender el horizonte antropocntrico, productivista, individualista, desarrollista, urbano-industrialista que desde el sistema se nos presenta como el nico horizonte deseable de bienestar y de progreso.

Si algo tienen en comn los feminismos comunitarios latinoamericanos, con las perspectivas del ecologismo popular, las cosmovisiones originarias y campesinas y el ethos de la economa popular, es su convergencia en un horizonte post-desarrollista; el abandono de la idea acrtica de una economa en permanente expansin y de crecimiento infinito, y la revalorizacin de las economas del cuidado, de la reproduccin de la vida, de valorizacin de las relaciones vitales y de las capacidades humanas; las ideas de sustentabilidad y de cultivo de la socio-biodiversidad y el valor clave del trabajo libre y de la produccin social en manos de trabajadorxs libremente asociadxs.

Todo ese imaginario va a contrapelo de las ideas progresistas (y an de las izquierdas ortodoxas) que tienen como horizonte la redistribucin de la riqueza; ac estamos ante una gramtica que presupone un cambio radical en el sentido social de la riqueza. Las ideas de Buen Vivir, de Derechos de la Naturaleza, de Plurinacionalidad, de Justicia Integral (tnica, genrica, generacional) son algunos de los postulados que tienen un sentido orientativo fundamental en esa transicin civilizatoria.

Y eso no queda as en un nivel metafsico, pues se ha ido encarnando/territorializando en prcticas concretas que tienen que ver con la produccin autogestiva, la defensa de los territorios, la consolidacin y ampliacin de la agroecologa y de desarrollo de las tecnologas sustentables, la estructuracin de economas locales y de movimientos en pos de la soberana alimentaria, la democracia energtica y la justicia hdrica y climtica.

Esos principios, valores tico-polticos que desde las prcticas de re-existencia de nuestros pueblos se han ido gestando, nos parecen los criterios ms valiosos que tenemos como orientacin hacia un caminar que procura realmente trascender el actual rgimen de dominacin capitalista-colonial-patriarcal. Esos, a mi modesto entender, deberan ser los ejes fundamentales a no perder de vista en todo proceso de articulacin poltica y construccin colectiva.

5) Qu rol juega la institucionalidad democrtica actual en la construccin de alternativas populares?

Es claro que esa institucionalidad, la del constitucionalismo republicano y representativo ha sido diseado ab initio para restringir las concepciones ms radicales de la democracia, para enmaraar y/o limitar en todo caso el ejercicio de la soberana popular. A esas limitaciones de origen, se han ido sumando un conjunto de factores y problemas harto conocidos[4] que en trminos agregados dan como resultado no slo la configuracin de modos de gobierno que distan muchsimo de responder a la voluntad de las mayoras, sino que ms an estn en la raz de la profunda crisis de legitimidad del sistema y en la despolitizacin de amplios sectores.

Con ello, es claro que esta institucionalidad poltica constituye un pesado lastre que funciona ms como obstculo que como facilitador de las alternativas populares, emancipatorias, y que avanzar en esa direccin requerir inexorablemente cambios radicales en las instituciones y en lo que se entienda como sistema de gobierno (cambios que, por cierto, incluyen una transformacin sustancial de la forma Estado).

Sin embargo, no podemos desconocer que estamos en un momento muy complicado, en el que las propias limitaciones de la democracia liberal estn siendo amenazadas y degradadas. Como en otros momentos de la historia, queda claro que el capitalismo impone un techo taxativo a las aspiraciones de la soberana popular, pero ni siquiera es capaz de garantizar un piso mnimo de la formalidad democrtica: en tiempos de crisis, hasta esa definicin minimalista, procedimental, de la democracia se ve amenazada y puede ser suprimida.

Este escenario nos pone a la defensiva, en la necesidad de resistir los intentos en curso de perforar ms an el piso de derechos y garantas, an siendo conscientes de lo extremadamente insuficiente de ese piso. Nos pone -a mi modesto entender- en la necesidad de no descuidar el campo de batallas de lo electoral y del sistema de representacin y o pero, al mismo tiempo, no perder de vista que el propio campo de acumulacin poltica pasa por esos otros espacios de construccin de autonomas, imaginarios, territorios/cuerpos practicantes de regmenes otros de relaciones, modos de vida radicalmente alternativas.

Esto ltimo es lo que me parece central. Pues, estamos ante una situacin en la que afrontamos la avanzada de una nueva derecha, de una derecha envalentonada, masificada y radicalizada, con las matrices de una vieja izquierda (me refiero a las opciones poltico-electorales); una izquierda desconcertada y desorientada, que ha perdido la capacidad para ofrecer un horizonte de futuro. Ante ese vaco, es clave la construccin en marcha de las re-existencias desde abajo.


Notas

[1] Me refiero al hecho elemental de que las teoras sociales latinoamericanas -desde el estructuralismo cepalino a la teora de la dependencia, abarcando incluso versiones de las teoras de la modernizacin y por supuesto, las perspectivas descoloniales- han hecho una profunda crtica de los regmenes primario-exportadores como la base de todos nuestros problemas estructurales. En los autores clsicos, segn los casos, superar ese modelo era visto como una condicin ineludible para superar nuestro subdesarrollo, dependencia o condicin colonial.

Cabe resaltar tambin lo de problemas estructurales, pues como queda claro en los anlisis de autores tan dismiles como Ral Prebisch, Gino Germani, Cardoso y Faletto, o Florestn Fernandes, Theotonio Dos Santos, Marini, Gonzlez Casanova, etc., los modelos primario-exportadores no slo implican limitaciones macroeconmicas, sino que tambin estn en la base del carcter oligrquico de los regmenes polticos, las estructuras de clases tan desiguales y los fenmenos del autoritarismo, el racismo y el colonialismo interno.

[2] Apelo a estas categoras propuestas por Adrin Scribano para dar cuenta de las polticas de regulacin de las emociones por las cuales el capital produce condiciones estructurales de soportabilidad social (de la expropiacin/opresin) y de coagulacin de la accin. Al respecto vase: Scribano, A. (2008) Fantasmas y fantasas sociales: notas para un homenaje a T.W. Adorno desde Argentina, Intersticios, Revista de Sociolgica de Pensamiento Crtico, http://www.intersticios.es/article/view/2791. Tambin: Scribano, A. (Comp.) (2013) Teora social, cuerpos y emociones, Estudios Sociolgicos Editora: http://estudiosociologicos.org/portal/teoria-social-cuerpos-y-emociones/.

[3] Ac hago referencia al uso y abuso hecho por el establishment meditico y gubernamental de los escndalos de corrupcin que tien las administraciones progresistas, as como tambin a la debacle de la economa venezolana, y la deriva personalista e incluso autoritaria que se vislumbra en ciertos pases (el gobierno de Maduro en la Repblica Bolivariana de Venezuela y el de Daniel Ortega en Nicaragua). Ms all de las operaciones propagandsticas y de manipulacin (des)informativa que la derecha ha hecho y hace de estos casos, no se puede desconocer estos problemas ni minimizar la defraudacin poltica que han significado. De hecho, en buena medida, la ola conservadora y reaccionaria que sostiene a los actuales gobiernos de derecha en buena medida se apoya en el rechazo social, electoral a los referentes del progresismo (el sentimiento anti-petista en Brasil, anti-kirchnerista en Argentina, etc.).

[4] Tales como el propio funcionamiento del sistema de partidos; la constitucin de una clase poltica profesional, la burocratizacin de las fuerzas partidarias; el tema del financiamiento de la poltica y el rol de las grandes corporaciones en ese aspecto; el papel de los medios masivos y el de las nuevas tecnologas de informacin que han incrementado enormemente su capacidad de incidencia, manipulacin y formacin no solo de sentidos sino tambin de estados de nimo y emociones colectivas; etc.


Fuente original: https://kritica.info/porque-ha-fracasado-el-progresismo-en-america-latina/


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