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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2018

Hambre y obesidad

Luis E. Sabini Fernndez
Revista futuros


Con motivo del Da Mundial de la Alimentacin, 16 de octubre, que patrocina la FAO, esta red mundial perteneciente a la ONU ha hecho pblicos los guarismos de hambre y obesidad mundiales: 811 millones de seres humanos y 665 millones, respectivamente.

Podramos decir que si antes tenamos un gran problema el hambre− ahora tenemos dos.

En el penoso tema del hambre, se puede, en rigor es necesario, distinguir el hambre endmica, tradicional, que castigaba a todas las poblaciones humanas (y en general vivas) del hambre moderna, resultado de la interrrelacin asimtrica entre sociedades y pueblos, lo que se conoce histricamente como colonialismo e imperialismo.

La primera hambre histrica tiene que ver con la escasez de nutrientes y la humanidad la ha ido resolviendo con sus piernas, en una primera y muy prolongada era, de migraciones, y con su propia inventiva, poco a poco, que le fue permitiendo reconocer alimentos saludables y facilitar su crecimiento; la agricultura y la cra de animales domsticos. Si el recurso de las piernas fue usado durante un milln de aos, el de la cra de animales y cultivos no tiene ms de diez mil aos.

En ninguno de tales momentos, la obesidad fue un problema; al contrario; basta ver lo que nos ha permitido conocer la fotografa desde mediados del s. XIX, apenas desde hace 150 aos, para advertir que los oriundos o establecidos de cualquier lado tenan cuerpos sin grasa, piernas musculosas.

La segunda variante del hambre, poco tiene que ver con la escasez y mucho con la rapacidad humana: el colonialismo fue un proceso mediante el cual un pueblo dominando se apropia de excedentes, o no tanto, de un pueblo dominado. Frances Moore Lapp, [1] una investigadora norteamericana, ha registrado que los aos de mayor hambruna en la India a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX, coinciden con los aos de mejores cosechas. Cmo es eso? Porque los aos de cosechas excelentes eran los que aprovechaban los ingleses para cargar sus barcos y llevarse a casa tal produccin.

As que el hambre moderna tiene que ver mucho con el poder y la poltica. Veamos lo que pasa con la obesidad.

Lars Berg, [2] un estudioso sueco nos habla que el pasaje del mundo de las migraciones a la sedentarizacin signific una primera revolucin alimentaria.

No hay empero un corte entre la sociedad ms primitiva y la asentada, porque actividades como el cuidado de animales domsticos se va gestando en aquel mundo nmade, y por ese lado, el ingreso de lcteos y de carnes de animales domsticosen la dieta humana estaba ya presente antes de la sedentarizacin y la agricultura.

De todos modos, lo que Berg caracteriza como primera revolucin alimentaria es el pasaje de una dieta basada en la recoleccin de frutos, vegetales y animales, pesca y caza, a una alimentacin ms bien basada en cereales y lcteos (y carne, cada vez menos de caza y ms de animales domsticos, domesticados).

Y Berg nos dice que con la modernidad a pleno, en el cambio de siglo del XIX a XX, y fundamentalmente en EE.UU., se produjo una segunda revolucin alimentaria. Ya no regida por la escasez sino por la abundancia. Las dietas de los habitantes romanos, medievales y decimonnicos se parecan ms entre s que con la dieta que se va imponiendo en la modernidad tarda, american. Esta dieta, hoy dala nuestra, se caracteriza por disponer de mucha ms grasas y azcares.

Esos ingredientes, aclara Berg, son muy apetitosos. La gente se tienta ms. En EE.UU., para promover el consumo, para agrandar ganancias de los productores, se ha empleado la poltica; por ejemplo, se ha dispuesto el agrandamiento de los dimetros de los platos a 30 cm, para dar sitio a porciones mayores.

Con esta segunda revolucin alimentaria empezamos a comprender ms fcilmente el origen de la obesidad moderna.

Pero ahora tenemos, como dijimos, dos problemas. Por qu se nos suman, complicando un cuadro de por s ya atroz?

Aqu entra en juego cada vez ms clara y decisivamente la cuestin de la rentabilidad y la tecnologa. La modernidad nos muestra que el capital se agranda y expande con el uso de tecnologa. La tecnologa usada al servicio de la rentabilidad. Se trata de producir alimentos rentables, no (necesariamente) sanos. Incluso ms, si la tecnologa produce alimentos insanos, pero de mayor rendimiento, adelante! El criterio declarado ser la salud, pero el practicado ser la rentabilidad.

Si los aditivos que prolongan la durabilidad de un alimento, son txicos, se usarn igual. Si los empaques que se usan para transportar alimentos para extender su alcance, son txicos, se usarn igual.Si los ingredientes que se agregan a un alimento para facilitar determinados procesos (de estiba, de conservacin, de apariencia de frescura) son txicos, se usarn igual, si mejoran la rentabilidad.

Cmo es eso posible, admisible? Desde hace dcadas lo conocemos: mediante la asignacin de lmites de seguridad. Si el veneno es chiquitito, se podr usar, hasta determinado lmite.

Claro que nuestros cuerpos van a ir recibiendo pequesimas magnitudes de cada txico, pero una cantidad inimaginable de veces y txicos en todos y cada uno de nuestros alimentos.

Esa sinergia no se mide. Ah est una al menos de las trampas que le permite a cada industrializadorde alimentos mantener su conciencia tranquila y sobre todo, no sentirse un delincuente, que es la tipificacin de cualquier ser humano dedicado a intoxicar a otros.

Qu est pasando en nuestras sociedades (un proceso que con diferente intensidad y tiempos distintos abarca a todo el planeta)? En primer lugar, un proceso que hemos llamado de campesinicidio. La eliminacin progresiva de quienes estn dedicados a la produccin rural en unidades pequeas. Y su sustitucin por la agroindustria que en nuestro pas se atribuye la calidad de agricultura inteligente, una forma elegante de decir que la cultura campesina es de imbciles.

Aunque justamente la agricultura de los pequeos cultivadores y granjeros da lugar a la produccin de alimentos con menos agregados qumicos, y es la agroindustria −que se considera inteligente− la que se ha casado con los desarrollos tecnolgicos de mayor avanzada, valida de una enorme batera de productos qumicos, que cada vez ms, est imposibilitando una alimentacin sana. Porque lo que los progresistas creen parte de la solucin ha resultado tambin parte del problema. Porque se ha tratado de un desarrollo tecnolgico movido por la rentabilidad y no, por ejemplo, por la salud planetaria.

La expansin desenfrenada de la agroindustria, que nuestros polticos progresistas ven natural y positiva, es la que nos est dando alimentos cada vez ms problemticos, pero eso s, con abundancia de grasas y azcares. Lo que los dietlogos denominan comida chatarra y, podramos agregar, el mundillo de las golosinas.

El avance de comida con enorme peso de productos qumicos,de cultivos transgnicos, de uso cada vez mayor de plaguicidas y fertilizantes, ha ido generando una cultura de la gndola, y quebrando la cultura de lo artesanal (maduraciones y desecados, por ejemplo, naturales, en lugar de procesos estimulados y ayudados con aditivos y maravillas tecnolgicas).

En muchas familias de origen rural es fcil rastrear ese proceso: cuando muere quien haca los dulces caseros, los embutidos caseros, los encurtidos, las pasas de frutas y verduras, el secado de hongos, quienes han vivido en esa familia, si son jvenes, suelen abandonar todo ese trajinar y pasan a comprar, a buscar en la gndola lo mismo. El detalle es que lo que ofrece la agroindustria y los grandes consorcios transnacionales dedicados a la alimentacin, no es lo mismo.

El abuelo haca en casa pan fresco. Dos das despus, haca otra vez pan fresco. Grandes transnacionales te ofrecen pan fresco todos los das, elaborado hace semanas o meses cmo pan fresco? Porque no es pan fresco, pero parece. Est igualmente tierno, entonces? Magia? No, aditivos. Saludables? No tanto, pero es legal, porque est por debajo de los lmites de seguridad que las autoridades bromatolgicas han establecido.

Pero entonces, es tan saludable?

A la obesidad me remito. Para abrir siquiera una discusin celosamente escamoteada por reformistas, progresistas y tantos titulares de la fraseologa burocrtica de organizaciones tipo FAO, que en cada encuentro mundial parecen haber descubierto la piedra filosofal de la cuestin alimentaria que tendrn que sustituir en un prximo encuentro

Notas:

[1] Frances Moore Lapp, Lindustrie de la faim, ditionsLetincelle, Quebec, Canad, 1978.

[2] Lars Berg, El estmago, los alimentos y el poder, futuros, no 6, Ro de la Plata, 2004.

Fuente: https://revistafuturos.noblogs.org/2018/10/hambre-y-obesidad/



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