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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2018

El capitalismo ha optado por el fascismo

Pedro Luis Angosto
Nueva Tribuna


Aunque haya desaparecido casi de los planes de estudio y en muchos ambientes se le considere algo del pasado, Carlos Marx sigue vigente, y no hay ms que ver lo que est ocurriendo en el planeta para saber que la lucha de clases -pese a que la conciencia de pertenecer a una slo la mantienen los ricos- sigue siendo tan real como lo fue cuando Marx desarroll sus teoras.

Creo que es difcil negar que el sistema democrtico nacido tras la II Guerra Mundial al calor de la derrota de los fascismo y de la GuerraFra, entr en franca decadencia tras la disolucin de la Unin Sovitica, no porque la URSScontinuase siendo un modelo, una aspiracin, un referente para los trabajadores del mundo, sino porque su poder blico, su competencia por la hegemona mundial tena entretenidos a los estrategas de Occidente en procurar su colapso, paso imprescindible para despus acometer la laminacin de los derechos polticos, econmicos y sociales adquiridos por los trabajadores de EuropaOccidental.

Qu ha ocurrido despus? Qu ha pasado para que los combativos trabajadores de los aos cincuenta, sesenta y setenta se hayan convertido en corderitos mansos que se dedican a sacar brillo al matadero donde despus sern sacrificados? Qu para que la burguesa progresista se haya tornado conservadora, acomodaticia, temerosa y fraccionaria? No s si ser capaz de explicarlo, pero vamos a intentarlo.

Desde principios de los ochenta, cuando en la mayora de Europa se haban conseguido niveles de bienestar considerables, comenz un periodo de aburguesamiento acrtico creciente - el aumento del nivel de vida no fue acompaado por un crecimiento similar del nivel de cultura- que coincidi con la derechizacin progresiva de los partidos que hasta entonces haban representado a las clases trabajadoras. Como dice Naomi Klein, fue durante esa dcada que se impuso en toda Europa, y en todo el mundo, la idea de que la nica poltica econmica factible era la ultraliberal que haban diseado y experimentado en Chile Milton Friedman y sus discpulos con la previa intervencin armada de Estados Unidos. La izquierda admiti que no haba alternativa, que el monetarismo y las polticas de austeridad, que la eliminacin de la progresividad fiscal, que las privatizaciones de los servicios pblicos, que el achicamiento del Estado hasta reducirlo a un mero polica al servicio de los intereses de las clases pudientes, formaban tambin parte de su programa de gobierno, de su manera de manejar la cosas del comn. Esa poltica terrible, comenz a tener resultados funestos a partir de la crisis de los noventa, pero catastrficos despus de la crisis de 2008, cuando millones de personas vieron que no tenan ningn medio para acceder al mundo laboral, cuando millones de personas cualificadas comprobaron que tampoco la cualificacin les daba pasaporte para ese mundo, cuando los habitantes de los pases ms explotados y pobres de frica y Asia vieron por la televisin y por internet que por estos lares la gente viva -eso crean y creen, qu pena- infinitamente mejor y se decidieron a dejar el valle de lgrimas aunque fuese a bordo de una barca neumtica cargada con cien de los suyos.

La aceptacin por parte de los partidos de izquierda con posibilidad de gobernar de polticas y hbitos que no le eran propios por mor del pragmatismo, de la poltica de lo posible, la consideracin del ejercicio de la poltica como un triunfo, un premio personal, y no como una dedicacin al inters general, fue creando una desafeccin creciente en una ciudadana que haba conseguido ya muchos derechos y que empez a ver que nadie los defenda con la contundencia necesaria, que lo que llamaban reformas no eran tales sino contrarreformas encaminadas a disolver esos derechos en favor de los ms pudientes. Las sucesivas crisis econmicas contribuyeron a dejar a capas de la poblacin cada vez mayores fuera del sistema, viviendo de sus migajas, sobreviviendo de mala manera, y, por primera vez en mucho tiempo, temiendo al futuro, al propio y al de sus descendientes. Si las polticas desarrolladas por un partido democristiano incidan muy negativamente sobre la mayora de la poblacin, las implementadas por los partidos socialdemcratas no servan para paliar los daos hechos por aquellas, antes al contrario, en muchos casos, las profundizaban aunque para disimular ampliasen tmidamente las coberturas sociales. Claro, si las alternativas de gobierno, de polticas econmicas se reducen a lo epidrmico, si partidos en teora antagnicos son capaces de formar gobiernos de coalicin, si nadie se preocupa por lo que pasa a los ms desfavorecidos, stos, cada vez ms embrutecidos por las polticas educativas y los medios audiovisuales, optan por tirarse al monte, y es entonces cuando surge masivamente lo que Marx denomin lumpen-proletariado, una clase que no tiene conciencia de tal y que se siente cmoda al lado de los poderosos, esperando un retal de su magnanimidad, una clase que est compuesta por excluidos, marginados y empobrecidos, pero tambin por burgueses que temen y recelan de los poderes que han cercenado sus aspiraciones de ascenso y las de sus hijos. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, escriba Marx: Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organiz al lumpenproletariado de Pars en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a rous arruinados, con equvocos medios de vida y de equvoca procedencia, junto a vstagos degenerados y aventureros de la burguesa, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueos de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra toda esa masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohme: con estos elementos, tan afines a l, form Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de diciembre, Sociedad de beneficencia en cuanto que todos sus componentes sentan, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nacin trabajadora.... Sustituyamos algunos de los oficios mencionados por Marx por otros actuales, que exijan mucha o poca cualificacin, y veremos que nadie est seguro, que el mrito importa poco y que una mayora notable piensa que el nico futuro est en arrimarse al que ms tiene, en buscarse la vida por su cuenta por el medio que sea, nunca junto a los suyos, unidos contra el abuso y la explotacin.

Siguiendo a Marx, escriba Gramsci que adems de esos factores, para que triunfase el fascismo era imprescindible que se hubiese llegado a una crisis de hegemona, es decir a la prdida de confianza de los gobernados en la burguesa que detenta el poder, hecho que llevara a muchos gobernados a creer en las soluciones personales, en el hombre providencial, en el bruto, en el macho alfa que, paradjicamente, terminar siendo su verdugo. Si a eso aadimos el temor cateto y pattico de muchas pueblos a perder sus seas de identidad, de ser agredidos en sus esencias inmaculadas, de estar en vsperas de una invasin como aquellas que protagonizaron los brbaros, ms la corrupcin creciente en muchos pases, tenemos el campo sembrado para el fascismo, que es la mxima expresin del capitalismo.

No nos engaemos, el fascismo no est por venir, ya ha llegado. En la mayora de los pases de Europa amenaza con tomar los gobiernos -el poder econmico nunca lo perdi-, en Italia manda un fascista, en Espaa tenemos dos partidos de extrema derecha y uno residual que responde al nombre de Vox, en Reino Unido al lder del Brexit, en los pases del Este fascistas en Polonia, Ucrania, Hungra y las RepblicasBlticas, en Estados Unidos a Trump, en Argentina a Macri, en Rusia a Putin, y en Brasil a esa bestia llamada Bolsonaro. Estamos en estado de mxima alerta, en las vsperas de tiempos horribles. Slo cabe ensear los dientes, y si es preciso, morder. Si esas bestias ven que enfrente no hay nadie, arrasarn con todo, y no ser dentro de treinta aos, lo veremos en nada.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-luis-angosto/capitalismo-ha-optado-fascismo/20181030173339156976.html



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