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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2005

Gabriela quiso otro Chile

Hernn Soto
Punto Final


Gabriela Mistral aborreci muchas cosas de los chilenos. La hacan padecer la belicosidad, la envidia, las borracheras colectivas, la arrogancia, los espejismo de la fortuna y la credulidad en las promesas de los polticos. En Chile no me quieren, deca. "La cursilera del chileno me empalaga, los orgullitos, la soberbia y la maledicencia ociosa y temeraria. Ms limpia y agradada me deja hablar con un indio", apuntaba en un cuaderno de memorias cuando estaba en California. Sufri en carne propia la mordedura ponzoosa del pelambre y tuvo, casi siempre, relaciones difciles con el Chile oficial; salvo con el presidente Pedro Aguirre Cerda de quien se sinti cercana. Abominaba de los "espadones" y los "hombres de botas", porque amaba la paz y el entendimiento fraternal. No soportaba la mitologa patriotera y prefera la mansedumbre del huemul a la vocacin carnicera del ave nacional sustentada en la carroa. Menos cndor y ms huemul, peda.
Gabriela amaba a los hombres sencillos de su patria y a otro Chile, embellecido por el recuerdo de la niez. Senta que el Valle del Elqui era su tierra matriz, con durazneros, damascos, parras e higueras, con pequeos huertos fragantes a romero, menta y cedrn junto al ro que baja entre cerros ridos. Quera a los mapuche, a los campesinos y los nios eran su fantasa. En uno de los ltimos cuadernos de memorias escribi pesarosa: "Con los aos nos vamos reduciendo a escombros. Cunto tema esto yo cuando era una muchachita elquina que no se cansaba de trepar los peladeros buscando flores y piedras y cmo echo de menos los ojos de gaviln con que deletreaba las brumas ms lejanas y hasta el temblor del pelaje de un conejo al otro lado del Valle! Tuve ese surco de surcos, mi Elqui patrio, ms conocido para m que mis versos o el mapa de mis manos y lo tuve por rebose de unos sentidos certeros y alertsimos. Nada de eso vuelve".
El mundo aorado emerge con rasgos arcdicos en el Poema de Chile, que apareci diez aos despus de su muerte en una edicin que ha sido criticada por especialistas. La historia es curiosa. Algunos la remontan a los aos 30, cuando habra comenzado a escribirlo, pero es ms probable que haya empezado en la dcada siguiente. Fue un proyecto interminable que cambi en el camino. Palma Guilln, secretaria suya, habla de un "Recado de Chile", un inmenso poema de cien mil versos. Matilde Ladrn de Guevara la recuerda en su casa italiana de Rapallo escribiendo en un cuaderno de gran tamao dividido minuciosamente por temas. Fernando Alegra cuenta que alrededor de 1946, Gabriela le dijo que trabajaba en un largo poema que l entendi era un canto a Chile. En algn momento, tal vez cuando presenta los pasos de la muerte, los planes cambiaron. El Poema de Chile no alcanza los cuatro mil versos.
Cuando preparaba su ltimo viaje a la tierra natal, en 1955, dijo misteriosa: "Ir a recorrer el pas, de la mano de un nio", como sintiendo que el viaje lo hara espiritualmente, en compaa de su adorado Yin Yin -Juan Miguel Godoy- que se suicid en 1943, a los 17 aos, y que nunca conoci los cerros, los valles y los mares agitados del pas de Gabriela.

EL POEMA

Escrito en octoslabos -como los versos del romancero- tiene un argumento muy sencillo. Gabriela, muerta, baja a la tierra chilena en condicin de fantasma. Encuentra a un nio indgena, un pequeo diaguita, con el que parte de viaje. Los acompaa un huemul que para Gabriela es tambin ciervo. Es un recorrido imaginario de Gabriela con un nio -que le dice "mama"- y que es, sin duda, representacin de Yin Yin.
Gabriela viva se asume muerta y hace que el joven muerto reviva en el nio indio. Viene a recorrer la tierra a la que no puede acceder fsicamente, prisionera de una zozobra que no puede afrontar. Camina por los paisajes chilenos con el nio al que va contando cosas que atesora en el recuerdo. A Gabriela le gustaba narrar cuentos populares, uno de ellos era "el cuerpo repartido", en que los miembros del cuerpo humano vuelan en la noche para instalarse en distintos lugares. En el Poema eso no ocurre. Viene nica, no dividida. Desciende bellamente en la primera estrofa de "Hallazgo": "Baj por espacio y aires / y ms aires descendiendo, / sin llamado y con llamada / por la fuerza del deseo / / y arribo como la flecha / ste mi segundo cuerpo / en el punto en que comienzan / Patria y Madre que me dieron". El tono clsico pronto es alterado por giros y trminos vernaculares que hacen al poema inconfundiblemente chileno.
Comienza el viaje desde el norte: desiertos, tierras blancas de sed, pjaros, plantas, el Valle Central, mares y nieves, ros, las islas australes, la Patagonia. No hay personas identificables, sino seres colectivos, campesinos, artesanos, pescadores, mapuche, mujeres. Casi no aparecen ciudades y las pocas que acepta, merecen pocos versos. No olvida los escenarios que la hicieron sufrir y borra a Vicua y Temuco. Santiago tampoco se salva. En otro cuaderno de memorias escribi: "Santiago para m es intocable. Se ha vuelto una superciudad, caliente y bochinchera, presumida y peligrosa para cualquier ser que diga lo que piense y piense en contra de ese conglomerado loco y vanidoso". Y en otro apunte: "En m no existen las ciudades de Chile; existen las aldeas mseras del Valle de Elqui, en las cuales me cri, sobre todo Montegrande".
Las montaas estn siempre presentes: "En montaas me cri / con tres docenas alzadas / Parece que nunca, nunca / aunque me escuche la marcha / las perd, ni cuando es da / ni cuando es noche estrellada / y aunque me vea en las fuentes / la cabellera nevada / las dej ni me dejaron / como a hija trascordada".
En el Poema, Gabriela opta por el camino recatado de la invencin personal e ntima del pas y descarta internarse en la historia para emprender su reconstruccin y soslaya la pica del pueblo. Con todo, no faltan los atisbos sociales. Fiel a su conocida definicin de "vieja agrarista" partidaria de la reforma agraria, en "Campesinos" lamenta que no tengan "un canto de suelo" mientras suean con la tierra propia, despus imagina que la tierra se entrega "a los Juanes y a los Pedros".
No les falla Gabriela a los mapuche cuando le cuenta a su pequeo compaero de viaje que "ellos eran dueos de bosques y montaas / hasta el llegar de unos dueos / de rifles y caballadas. / Ellos fueron despojados. / Pero son la Vieja Patria / el primer vagido nuestro / y nuestra primera palabra". Y le dice a su amiguito: "Nmbrala t, di conmigo: / brava gente araucana. / Sigue diciendo: cayeron. / Di ms: volvern maana".
Recorren y recorren el territorio en un peregrinaje en que se apropian de lo esencial. Finalmente, Gabriela descansa y sabe que tiene que volver al lugar en que estaba. Ha sido llamada "por un silbo" de su Dueo y debe irse. Satisfecha por haber bajado a salvar al nio atacameo, que entiende suyo, y por haber sentido el aire y palpado -como dice- el agua y la Tierra.

EL MISTERIO

Si el Poema result en definitiva como lo conocemos, por qu no se public en vida de Gabriela? O bien, al no considerarlo terminado, por qu lo dej inconcluso?
No hay una respuesta clara. Puede pensarse, sin embargo, que no quiso terminarlo. Prefiri dejarlo como obra abierta, voluntariamente inacabado, porque al escribirlo y al estar pensando en l viva en Chile, en ese Chile que amaba, fulgurante en el recuerdo y la imaginacin, una tierra fabulada con el tiempo, espacio mgico que la acompaaba en la trashumancia y la haca vivir.
As lo destaca el profesor Grnor Rojo cuando escribe: "en los ltimos quince aos de su vida, Gabriela Mistral no vive en ninguno de los varios lugares por los que 'pasa', menos todava en un Chile que visita a la fuerza. Vive en el nico sitio donde quiere y puede vivir, en el interior de su Poema de Chile. Por eso no lo termina. Terminarlo, cerrarlo y publicarlo era terminar con el aire necesario para su respiracin".
Gabriela-fantasma camina por Chile llevando de la mano al nio indio, que le pregunta y aprende de ella, como le hubiera gustado lo hiciera Yin Yin. Lo conduce donde quiere y le muestra lo que quiere y, al mismo tiempo, le oculta muchas cosas: lo feo, los usos srdidos, las ciudades llenas de hombres y mujeres vidos, la explotacin, la miseria extrema, la destruccin de la naturaleza. Le muestra el pas que ansiaba que existiera y siguiera existiendo, un anhelo imposible, slo elaboracin ideal, utpica, propia de un tiempo desaparecido. Una especie de Arcadia incompleta, no la mansin de la felicidad y la inocencia. Pero que podra, tal vez, construirse si los hombres fueran distintos



Obras consultadas:
Poema de Chile, Gabriela Mistral.
Genio y figura de Gabriela Mistral, Fernando Alegra.
Bendita mi lengua sea. (Diario ntimo de Gabriela Mistral), Jaime Quezada.
Dirn que est en la gloria, Grnor Rojo.


http://www.puntofinal.cl/604/mistral.htm
Noticia facilitada por Jacobo Serruya W.


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