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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2018

Debate sobre la subjetividad de la juventud trabajadora

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Me habis planteado que: El debate general que queremos aclarar es el siguiente: Si el sujeto es la clase trabajadora, qu subjetividades tenemos los jvenes que tambin lo integramos?. Me explicis en vuestra nota que tambin debatiris en otra charla sobre qu es la clase obrera en la actualidad, y que estas y otras discusiones son parte de un plan de formacin de la juventud militante.

Damos por supuesto que por clase trabajadora entendemos esencialmente lo mismo y que vosotros y vosotras asums que formis parte ella. Tambin damos por supuesto que estamos de acuerdo en lo que entendemos por subjetividad en su sentido bsico. Explico lo de sentido bsico porque el trmino de subjetividad es bastante vago, muy manipulable porque arrastra desde el origen de la filosofa una dificultad que reaparece en momentos de crisis en las prcticas colectivas y/o personales. Hay que decir que lo que oficialmente se entiende por filosofa surgi como pensamiento de las clases dominantes para justificar la opresin sobre la que se asentaban sus privilegios. Tambin fue este el origen de la tica, pero no podemos desarrollar este punto ahora.

Ambos, filosofa y tica, o si se quiere, las primeras interpretaciones de lo que es la sociedad y el pensamiento realizadas desde las necesidades de la minora dominante, toparon de inmediato, al instante, con el problema del sujeto y del objeto y de las relaciones entre ellos. El sujeto era y sigue siendo el hombre dominante, el objeto era la mujer y el hombre esclavizados, los pueblos brbaros que haba que dominar y explotar, o exterminar. El desarrollo del dinero como equivalente universal, y de la mercanca, agravaron la incapacidad para resolver la dialctica entre el sujeto y su subjetividad, y el objeto al que se le neg la subjetividad porque era eso: un objeto, una cosa sin ideas propias o en todo caso con ideas despreciables, sin civilizar. La burguesa, la patronal siente un profundo desprecio por la clase trabajadora, sobre todo cuando es mujer y ms an cuando es migrante.

Desde entonces y hasta la aparicin de la lucha de clases socialista y su sntesis terica en el marxismo, todo lo relacionado con la subjetividad ha sido dominio exclusivo de las clases dominantes eurocntricas y masculinas, sobre todo cuando la burguesa en ascenso tena que explicar la exclusin del proletariado, de la mujer trabajadora y de los pueblos colonizados de los derechos de ciudadana que ella haba creado para s misma en su lucha contra el feudalismo.

La solucin del problema de la subjetividad aparece por primera vez en la Tesis sobre Feuerbach de Marx, aunque ya vena anunciada por otros autores como Goethe cuando dijo que en el principio era la accin y no el verbo. La solucin es la praxis, la dialctica entre la mano y la mente: una vez que las luchas conscientes y organizadas de las clases y de los pueblos haban demostrado que la accin pensada y el pensamiento practicado se imponen sobre la subjetividad totalmente separa de la objetividad de las opresiones, negndola incluso: todo depende del color del cristal con que se mire, asegura la subjetividad solipsista. Frente a este canto extremo a lo subjetivo ms reaccionario, debemos decir que lo objetivo es aquello de lo que no podemos escapar entre otras razones porque tambin es nuestra subjetividad.

Hablamos de praxis social prolongada en el tiempo que ana lo objetivo con lo subjetivo, no de situaciones individuales y aisladas, o minoritarias, en las que la subjetividad est divorciada y hasta enfrentada a la realidad de los hechos, o sea en las filosofas idealistas, en lo que llaman enfermedades mentales, etc. Sin entrar por ahora a una crtica del orden psiquitrico, y sin explicar por qu frecuentemente es ms sano integrarse en una organizacin revolucionaria y/o sindicato sociopoltico que ir a un psiclogo o a un confesor, existen subjetividades reaccionarias, personalidades psicpatas, socipatas, etc., y tambin normales en el sentido que veremos dentro de poco, que tienen mucha influencia en la poltica burguesa para imponer a la juventud subjetividades reaccionarias aunque est camufladas debajo de celofanes de tolerancia y progresa.

Como hemos dicho, el problema de la dialctica entre la subjetividad y la objetividad empez a resolverse cuando la clase proletaria entr en escena con un objetivo cada vez ms concreto: la destruccin del Estado del capital, la creacin de un Estado o Comuna para asumir la autocrtica de Engels en 1875 en el sentido de que para l y para Marx era mejor hablar de Comuna que de Estado-, el avance consciente hacia la superacin de la ley del valor y de la mercanca y, simultneamente, la creacin de una personalidad multidimensional, polifactica y omnilateral, polcroma.

En 1845 con las Tesis sobre Feuerbach tom forma bsica la solucin del problema de las subjetividades. Pero en la medida en que el movimiento revolucionario no haba generado an la suficiente experiencia de praxis, en esa medida existan an vacos. Fue muy importante la oleada de luchas de 1830 y la resistencia popular de 1842-43, con la participacin de mucha juventud alemana, para recuperar lea y otras materias en los bosques comunes que haban sido privatizados. El Manifiesto Comunista y la revolucin de 1848, El Capital de 1867, la Comuna de Pars de 1871, la revolucin de 1905, la guerra de 1914, fueron hitos de praxis que demostraron la veracidad de la solucin marxista.

Ya para entonces era incuestionable que la juventud trabajadora formaba un pilar decisivo en esa solucin. La matanza de millones de jvenes en la guerra industrializada de 1914 azuz el problema al mximo. En diciembre de 1916, Lenin escribi en el exilio lo que sigue:

Se sobreentiende que an no hay claridad terica ni firmeza en el rgano juvenil y quiz nunca la haya, precisamente porque es un rgano de la juventud impetuosa, burbujeante, indagador [] Una cosa son los adultos que confunden al proletariado, que pretenden guiar y ensear a los dems; contra ellos hay que luchar despiadadamente. Otra cosa son las organizaciones de la juventud, que declaran de forma abierta que an estn aprendiendo, que su tarea fundamental es preparar cuadros de los partidos socialistas. A esta gente hay que ayudarla por todos los medios, encarando con la mayor paciencia sus errores, tratando de corregirlos poco a poco, sobre todo con la persuasin y no con la lucha. No pocas veces sucede que los representantes de las generaciones maduras y viejas no saben acercarse como corresponde a la juventud que, necesariamente, est obligada a aproximarse al socialismo de una manera distinta, no por el mismo camino, ni en la misma forma, ni en las mismas circunstancias en que lo han hecho sus padres. Por lo tanto, entre otras cosas, debemos estar incondicionalmente a favor de la independencia orgnica de la unin juvenil, y no slo porque esta independencia sea temida por los oportunistas, sino por la esencia misma del asunto. Porque sin una total independencia, la juventud no podr formar de s misma buenos socialistas ni prepararse para llevar el socialismo hacia delante. La Internacional de la juventud, Obras Completas. Progreso Mosc, 1984, Tomo 30, p. 233.

Lenin pensaba entonces que no vera la revolucin ya que tardara mucho tiempo en estallar. Se equivocaba porque irrumpi en escena tres meses despus. Pero ese error en el clculo de los tiempos demuestra la importancia de sus palabras porque no respondan a una urgencia tctica ante la inminencia de las sublevaciones, sino que exponan una teora estratgica de muy largo alcance en un mundo capitalista en la crisis sufrida en su historia. Son tan aplastantes los argumentos de Lenin que no podemos aadir nada que los mejores, sino slo confirmar que la historia los ha revalidado siempre, y tanto ahora, ciento dos aos ms tarde en una sociedad burguesa obsesionada por envejecer mentalmente y alienar a la juventud trabajadora, reprimiendo sin piedad a la que adquiere conciencia revolucionaria.

La juventud obrera fue clave en la victoria de la revolucin bolchevique de 1917 y en la oleada de luchas desatada por ella. La juventud pequeo burguesa, campesina media y alta, y alto burguesa, as como la gran mayora de la cristiana, tambin fue importante en el ascenso del nazifascismo desde 1923 en adelante. Pero la dogmatizacin del marxismo oficial precisamente desde esos aos anul el potencial terico latente en las palabras de Lenin, en las conquistas de 1919-23 del bolchevismo en lo concerniente a la libertad juvenil, deterioro que sera retroceso desde 1933.

En este contexto, W. Reich escribi en 1933 y 1934 las dos citas que trascribimos por su importancia. En noviembre de 1932 el nazismo subi al poder al ganar las elecciones generales y para febrero de 1933 desat la caza, captura y asesinato de la izquierda. La juventud proletaria se haba enfrentado al nazismo pero el marxismo oficializado y dogmatizado ya para entonces no poda entender la naturaleza compleja del nazifascismo, y menos sus las races inconscientes, lo que reduca a nada su lucha contra tanta irracionalidad. El mismo W. Reich haba sido expulsado del Partido Comunista Alemn en 1932 por plantear abiertamente tales limitaciones suicidas.

Una de las soluciones que propuso para romper las cadenas psicopolticas que frenaban la expansin del partido entre la juventud trabajadora fue la realizacin de asambleas militantes en las que padres y madres del partido debatieran con sus hijas e hijos tambin militantes los problemas a los que se enfrentaban haciendo especial hincapi en los familiares, afectivos y sexuales, dado que, para Reich y con razn, eran pesadas anclas profundamente incrustadas en el fondo de estructura psquica. La burocracia adulta boicote estas y otra propuestas. Por tanto, las dos citas han de leerse e interpretarse como una sola:

La psicologa burguesa tiene por costumbre en estos casos querer explicar mediante la psicologa por qu motivos, llamados irracionales, se ha ido a la huelga o se ha robado, lo que conduce siempre a explicaciones reaccionarias. Para la psicologa materialista dialctica la cuestin es exactamente lo contrario: lo que es necesario explicar no es que el hambriento robe o el que el explotado se declare en huelga, sino por qu la mayora de los hambrientos no roban y por qu la mayora de los explotados no van a la huelga [] La economa ha ignorado hasta el momento que la cuestin esencial no reside en saber que la conciencia de clase existe, y de qu modo, entre los trabajadores (esto es una cuestin evidente) sino en averiguar qu es lo que impide el desarrollo de la conciencia de clase. Psicologa de masas del fascismo. Ayuso. Madrid 1972, pp. 32-33.

En todo joven acta una tendencia hacia la rebelin contra la represin autoritaria, especialmente contra los padres, que son los rganos ejecutivos corrientes de la autoridad estatal. Es esta rebelin, en primer lugar, la que suele atraer a los jvenes hacia las corrientes izquierdistas. Va siempre ligada, con una necesidad ms o menos consciente y urgente, a la realizacin de la vida sexual [] Ha de ponerse as mismo claramente de manifiesto que la juventud, que aspira a pasar de las trabas del hogar paterno a la libertad y la autodeterminacin, con lo que estamos de acuerdo y nos proponemos realizarlo, cae, en realidad, en otra relacin de autoridad, esto es, en la del campamento del servicio social o de la unin fascista, donde hay que callarse nuevamente [] No se trataba solamente de las trabajadoras a las que la labor en la fbrica haba madurado, orientadas ms inequvocamente hacia la izquierda, sino de la enorme mayora de las amas de casa, trabajadoras domsticas, tenderas, empleadas de grandes almacenes, etc. Segn nuestra experiencia, la relacin sexual extramatrimonial, o la tendencia hacia la misma, constituye un elemento susceptible de desplegar una gran eficacia contra influencias reaccionarias [] Revolucionaria en la fbrica, ms de una mujer es reaccionaria en la casa. Materialismo dialctico y psicoanlisis. Siglo XXI, Madrid 1974, pp. 100-107.

La crtica de W. Reich aporta aspectos centrales al debate sobre la subjetividad de la juventud trabajadora; el papel autoritario del poder adulto, de la familia patriarcal que es muy correctamente definida como rgano ejecutivo del Estado y, por tanto, la urgencia de que la juventud se autoorganice para conquistar la independencia vivencial; la necesidad de unir la revolucin sexual con la revolucin social en la praxis independiente del poder adulto y del Estado, y sobre todo en la liberacin de la mujer trabajadora en la que el matrimonio es una crcel que destruye la conciencia libre; el papel reaccionario de la psicologa oficial, y la crtica del dogmatismo economicista que reduce la conciencia de clase a un mero problema de pacfica negociacin salarial; el poder de alienacin de la juventud obrera de los aparatos asistenciales del Estado y del fascismo, la necesidad de combatir toda relacin de autoridad.

Siempre dentro del capitalismo occidental, imperialista, la expansin posterior a 1945 busc tambin integrar mejor decir, desintegrar- a la juventud trabajadora no mediante el fascismo desde luego, sino mediante el llamado Estado del Bienestar (?) y su asistencia integradora, mediante la muy correctamente denominada desublimacin represiva, denunciada por Marcuse y sectores de izquierda de la Escuela de Frankfurt, en la que el consumismo era ya un medio de alienacin. Marcuse se adelant a su tiempo y acert de pleno porque medio siglo ms tarde el capitalismo ofrece en especial a la juventud una ficcin de libertad plena porque, segn D. Rushkoff; Se trata de utilizar la tecnologa para estimular conductas obsesivas y compulsivas en la medida en que nuestros deseos son repetidamente amplificados para luego darnos la oportunidad de satisfacerlos. La velocidad y la especificidad son las caractersticas que diferencian al futuro individualizado del marketing tradicional al que estamos acostumbrados (Coercin. Por qu hacemos caso a lo que nos dicen. La Liebre de Marzo. Barcelona 2001, p. 293).

Este logro es cierto pero las dificultades que ha de vencer el poder adulto son ms graves y estructurales ya que el consumismo depende en ltima instancia de las fases de crisis capitalista. Es por esto que, por debajo de la manipulacin del consumismo, el poder tomara medidas ms profundas de manipulacin desde la infancia. G. Jervis fue un militante comunista que junto con otras personas estudi el llamado orden psiquitrico que integrado en la totalidad del sistema de control social reforzaba la alienacin de masas justo en los momentos ms lgidos de la lucha de clases en la Europa capitalista de comienzos de la dcada de 1970:

Somos exhortados a ser normales obedeciendo a las leyes, honrando al padre y a la madre, vistindonos como requiere nuestra condicin social, teniendo las distracciones y las costumbres de nuestro propio ambiente, comportndonos de modo tranquilo y sensato, as sucesivamente. La normalidad viene prescrita como una serie variable (segn las clases) de cdigos de comportamiento; si sta es violada intervienen la represin judicial y la psiquitrica, en particular si el sujeto pertenece a clases sociales subordinadas. Manual crtico de psiquiatra. Anagrama. Barcelona, 1977, p. 207.

G. Jervis critic tambin cmo la introduccin de la droga destrozaba la juventud obrera y revolucionaria, cmo la flamante democracia burguesa del momento recurra a la tortura para ampliar esa destruccin; cmo el Partido Comunista Italiano cometa un error irreparable en 1977 al ayudar a reprimir a la izquierda revolucionaria, porque desconoca la compleja dialctica entre lo racional y lo irracional (G. Jervis Psiquiatra y sociedad. Fundamentos, Madrid 1981, pp. 147-156). Junto con otros colectivos que analizaban los medios de manipulacin inconsciente y subconsciente de masas, llegaron a escribir por esos aos obras premonitorias, que incluso ahora son ms vlidas que entonces.

Por ejemplo, D. Sibony demostr cmo en la Italia y en la Europa capitalista tensa al extremo por la lucha de clases, la burguesa sin embargo estaba logrando introducir en la sociedad la creciente indiferencia por la poltica mediante, entre otros mtodos, reforzar la figura del Amo en la estructura psquica de masas (De la indiferencia en materia de poltica. Locura y sociedad segregativa. Anagrama. Barcelona 1976, p. 108). Debemos recordar que al cabo de pocos aos el PCI se haba autodisuelto, desapareciendo de la lucha sociopoltica tras haber ayudado a encarcelar a la izquierda; recordemos que sobre ese desierto social la figura del Amo se encarn en el neofascista Berlusconi, dando fuerza a la fascistizacin en curso.

El PCI y el eurocomunismo en cuanto tal fueron un muy efectivo instrumento para imponer la normalizacin social a la juventud trabajadora. En Euskal Herria esa tarea fue desarrollada en un primer momento por el PC de Euskadi y por Euskadiko Eskerra y luego por el reformismo abertzale. Desde luego que la ofensiva contra la juventud abarca a todas las reas de su vida, en especial cuando sta desborda la legalidad del Estado que oprime nacionalmente a su pueblo: tal fue y es la constante que sufre, por ejemplo, la juventud abertzale vasca. Recordemos el bodrio reaccionario llamado Subcultura de la violencia en la juventud vasca de 1995. Formaba parte de una larga ofensiva que, en su fase actual, se inici con el Plan Zen de 1982-83, dio un paso en 1987 con en el gobiernillo vascongado de PNV-PSOE y de ah hasta las encarcelaciones inacabables de militancia joven en un contexto de recentralizacin poltico-cultural y administrativa espaola.

Adems de estos mtodos poltico-policiales y en lo que concierne a otras las estrategias del poder para impedir que crezca la subjetividad revolucionaria en la juventud debemos prestar tambin atencin, por un lado, al control social que tiene el objetivo de, segn O. Daza Daz: el estudio de los individuos para la seleccin y vigilancia; la eficacia y rapidez de la produccin industrial; la reforma de los individuos para adaptarlos a esa tecnologa y el progreso ilimitado de nadie sabe quin (El paradigma del control social en los orgenes de la psicologa, Antipsy-Chologicum. Virus. Barcelona 2006, p. 42).

Y por otro lado, tambin tenemos que combatir lo que E. Acosta Matos define como neolenguaje (Imperialismo del siglo XXI: Las Guerras Culturales. Ciencias Sociales. La Habana, 2009, pp. 323-335), una terminologa borrosa, grandilocuente, aparentemente nueva y original que ha creado el neoconservadurismo para erradicar conceptos cientfico-crticos que aludan a la objetividad de la explotacin, de la injustica, del saqueo, de los crmenes imperialistas, de los terrorismo patronal y patriarcal, de los crmenes racistas: si la juventud desconoce esos conceptos desconocer lo que expresan y cmo interactan las contradicciones objetivas que analizan. Logrado esto, la juventud tendr una subjetividad analfabeta, ignara, pasiva.

La letalidad psicopoltica y tica del neolenguaje es muy alta, por eso voy a volver a citar aun a costa de repetitivo y cansino, unas palabras siempre necesarias de J. P. Garnier que nunca debemos olvidar: Capitalismo, imperialismo, explotacin, dominacin, desposesin, opresin, alienacin Estas palabras, antao elevadas al rango de conceptos y vinculadas a la existencia de una guerra civil larvada, no tienen cabida en la democracia pacificada. Consideradas casi como palabrotas, han sido suprimidas del vocabulario que se emplea tanto en los tribunales como en las redacciones, en los anfiteatros universitarios o los plats de televisin. Y lo mismo les ha ocurrido a otros conceptos, cuyo origen beligerante les ha valido el calificativo de no operativos, como es el caso de clase, luchas, antagonismo, contradicciones, intereses, burguesa, proletariado, trabajadoresY qu decir tiene de aquellos vocablos que nos remiten a utopas quimricas, como emancipacin, socialismo, comunismo o anarquismo! Todo el mundo sabe, y los investigadores los primeros, que recurrir a ese antiguo glosario es sinnimo de expresarse en una lengua muerta (Contra los territorios del poder. Virus, Barcelona 2006, p. 22).

Bien, para ir terminando a modo de propuesta en diez tesis para el debate que nos rene:

1. Dado que la subjetividad dominante en la juventud trabajadora alienada es la burgueso-patriarcal con mayores o menores dosis de opio religioso en sus tres formas espaola, francesa y vasca-, lo primero que debe lograrse es desarrollar la subjetividad euskaldun con conciencia nacional de clase en el contexto presente: precarizacin, empobrecimiento, represiones mltiples, restricciones de derechos y libertades La subjetividad crtica en desarrollo ha de asumir que su campo de batalla es toda la sociedad porque no existe ninguna zona de ella libre de la lgica capitalista. Tanto en su conjunto como en cada una de esas injusticias concretas ha de explicarse mediante la pedagoga del ejemplo que existen alternativas particulares y generales integradas en una estrategia en la que el joven proletariado tiene un papel protagnico.

2. Dado que la subjetividad dominante se sostiene en el miedo a la libertad y en la dependencia hacia el poder adulto, lo primero que ha de desarrollar la subjetividad crtica es la suficiente independencia vivencial en cada caso, pero tendiendo siempre a que sea por fin libertad real autoorganizada mediante la autogestin colectiva, decidida mediante la autodeterminacin asamblearia, y que asuma la autodefensa de lo conquistado. Esta liberacin es tanto ms fcil cuanto mayor sean las tareas conjuntas con los movimientos vecinales, populares, culturales, sindicales, polticos, etc., de la zona de militancia.

3. Dado que la subjetividad de la juventud alienada es reforzada por el sistema educativo, por la industria cultural, etc., la subjetividad crtica debe llevar la opresin de la juventud trabajadora al interior de la educacin y crear su prensa independiente. La industria universitaria tambin es un batustn de paro juvenil y un potro de resignacin pasiva: criticarla desde dentro para hacer de ella un espacio ms de lucha integrada en la liberacin nacional de clase es una tarea bsica para reforzar la subjetividad libre.

4. Dado que la subjetividad alienada acepta la objetividad de la dictadura del salariado, dado que el sindicalismo y el reformismo aceptan el salariado, dado que la ideologa reformista rechaza la crtica marxista de la explotacin de la fuerza de trabajo y la objetividad de la ley del valor, dado que, entonces el desarrollo de la subjetividad revolucionaria debe basarse en la tarea doble de luchar por mejorar lo ms posible las condiciones de vida y trabajo pero, y dentro de una lucha implacable aunque pedaggicamente explicada con el sistema salarial, enseando que es objetivamente imposible de que existan esas ficciones reaccionarias llamadas salario justo, reparto de la riqueza, justicia social. No habr subjetiva obrera alguna, y menos juvenil, mientras no asuma la necesidad histrica de acabar adems de con la propiedad privada sobre todo con la ley del valor, con el valor y con el trabajo abstracto.

5. Dado que la subjetividad de la clase obrera adulta acepta medidas de austeridad, subcontrataciones, deslocalizaciones y descentralizaciones, nuevos ritmos y horarios, prejubilaciones, etc., que precarizan, subemplean o desemplean a la juventud trabajadora y sobre todo a las mujeres jvenes; dado que el reformismo poltico-sindical no moviliza frontalmente al pueblo trabajador contra estas agresiones en el ahora, en el presente, que generar luego, en el maana, verdadera penuria de masas, sino que negocia a la baja cuando la burguesa accede, y cuando no accede termina aceptando sus condiciones, la subjetividad de la juventud revolucionaria ha de lleva la concienciacin no slo a las fbricas y centros de trabajo, no slo a los sindicatos y partidos, a la prensa, etc., sino tambin al interior de la familia obrera, de la cotidianeidad alienada de la familia, al ncleo del poder adulto.

6. Dado que la subjetividad alienada sostiene que la clase obrera o ya no existe o ya no es revolucionaria; dado que una gran parte cree que es clase media o desea fervientemente serlo; dado que cree que ha pasado para siempre la poca de la lucha revolucionaria existiendo slo la posibilidad de la accin reformista en lo salarial y en lo parlamentario, sabindolo as, la subjetividad crtica ha de ensear que sin clase obrera no existira capitalismo, ha de ensear la historia real de la lucha de clases, y sobre todo ha de mostrar que el sistema capitalista slo tolera algunas reformas insustanciales que las intenta destruir nada ms apreciar desunin, cansancio y dudas en el proletariado.

7. Dado que la subjetividad dominante es patriarcal, racista, autoritaria; dado que admite las enormes diferencias salariales y de derechos entre la aristocracia obrera y las franjas ms golpeadas del pueblo trabajador; dado que tiende a aislar la lucha de la fbrica de las luchas vecinales, populares y sociales; sabindolo as, la subjetividad de la juventud trabajadora ha de defender a estos sectores dentro y fuera del lugar de trabajo, buscando la integracin sociopoltica y geogrfica de la clase, organizando adems de debates concienciadores y actos prcticos con sectores juveniles no aun no concienciados en especial con mujeres.

8. Dado que la subjetividad dominante en la clase obrera acepta el desarrollismo capitalista a ultranza; acepta la destruccin de la naturaleza para mantener los puestos de trabajo sacrificando la salud por el salario; acepta producir armas para los crmenes imperialistas contra pueblos y clases hermanas a cambio de salarios; sabindolo as, la subjetividad crtica ha de movilizarse contra el desarrollismo, por la introduccin de energas limpias, no contaminantes y por la emisin 0, por el reciclaje; dado que la socioecologa empieza por la salud de la especie humana y de la naturaleza, la subjetividad juvenil ha de luchar por la salud laboral y social y por la reintegracin de la sociedad en la naturaleza.

9. Dado que la subjetividad reaccionaria niega el marxismo asumiendo en un catico eclecticismo las modas post, el idealismo, versiones positivistas, etc., todo ello justificado con el neolenguaje arriba visto, entonces la subjetividad revolucionaria ha de recuperar en las condiciones actuales la validez de los conceptos cientfico-crticos, la doctrina o teora del concepto como elemento central para la destruccin del capitalismo: pensamos con conceptos que nos revelan la esencia de las contradicciones objetivas, usarlos es requisito previo pasa saber cmo acabar con la malvivencia que padecemos. Sin teora revolucionaria no hay ni praxis ni subjetividad revolucionaria.

10. Dado que la subjetividad alienada cree que el Estado es neutral servidor de la justicia, que no es opresor, sino que a lo sumo comete algunos errores y abusos corregibles desde sus propias leyes democrticas, sabiendo esto, la subjetividad de la juventud trabajadora ha de mostrar cmo la teora marxista del Estado queda confirmada una vez ms mediante la opresin nacional de clase que sufre Euskal Herria. La subjetividad crtica es eminentemente poltica, es decir, sabe que debe destruir el Estado burgus nacionalmente opresor porque, adems de otras razones, es ese Estado el que impone la subjetividad reaccionaria mientras oprime a la revolucionaria, de modo que si la juventud obrera quiere ser libre ha de destruir el Estado. Pero tambin sabe que la independencia socialista exige un poder propio, una Comuna o Estado obrero vasco que garantice la autodefensa, la propiedad colectiva de las fuerzas productivas, la democracia consejista, la solidaridad internacionalmientras se avanza al socialismo y esa misma Comuna se autodisuelve conforme desaparece la lucha de clases.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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