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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-11-2018

Bolton en Miami: los desvaros de una tctica politiquera fallida

Carlos Alzugaray Treto
Cubaposible


El primero de noviembre sucedi en la Asamblea General de las Naciones Unidas un hecho que seguramente entrar en los anales de la diplomacia multilateral como indito: en diez votaciones consecutivas la comunidad internacional, por mayoras indiscutibles, manifest su apoyo a Cuba y le dio la espalda a Estados Unidos en lo que es el tema central del conflicto entre ambas naciones: el injusto, ilegal y unilateral bloqueo econmico, comercial y financiero que Washington le ha impuesto a La Habana desde 1962. El saldo de este ejercicio es claro y terminante: la comunidad internacional no comparte, y mucho menos apoya, la poltica de cambio de rgimen de la Administracin Trump hacia nuestra Patria.

Parodiando la manida frase del Presidente Trump, Cuba wasgreatagain. Y ello a expensas de una delegacin estadounidense que se caracteriz tanto por su torpeza, como por su prepotencia. Un triste legado para una Embajadora como Nikki Haley, que apenas ha durado dos aos en el cargo y que lo abandonar sin pena ni gloria.

Paradjicamente es en este contexto poltico internacional que el Presidente escogi para enviar a la ciudad de Miami a su Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, con el aparente objetivo de proclamar, en los trminos pretendidamente enrgicos que resultaron ms bien patticos, la adopcin de nuevas acciones de castigo contra los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. En una maniobra de tintes palpablemente electoreros, apenas 5 das antes de los comicios de medio tiempo del 6 de noviembre, Bolton se ocup en lanzar las ms desvergonzadas acusaciones y en amenazar con las ms improbables sanciones adicionales contra estos pases, so pretexto de proclamar una nueva poltica hacia Amrica Latina y el Caribe, regin que la Administracin ha despreciado palpablemente.

Entre las calenturientas iniciativas que insinu se podran tomar, aunque se cuid de no hacerlo pblicamente, est una vieja aspiracin de lo ms rancio de la vieja clase oligrquica de origen cubano, esa canalla dorada que control los destinos de Cuba hasta 1959, explotando implacablemente a la mayora del pueblo en la Isla, y que, como se dice de otras clases dominantes desplazadas del poder, no han olvidado nada, ni han aprendido nada.

Como es sabido, ese grupo poltico, al que le gusta calificarse como el exilio histrico, como si eso fuera un gran mrito, se ufana de ejercer desmedida influencia en la poltica norteamericana a travs de distintas vas, no siempre las ms legtimas. Su objetivo central es tan quimrico como avaricioso: regresar a Cuba y restablecer el modelo de capitalismo corrupto perifrico que exista en nuestro pas antes de 1959. Consideran, adems, que tienen derecho a exigirle a Washington que lo imponga al costo que sea necesario. Se creen su propia mentira principal: que el gobierno de Estados Unidos est en deuda con ellos. Donald Trump ha fomentado esa ilusin, sin que haya una explicacin lgica para ello. Claro, el Presidente y la lgica parecen vivir en mundos aparte.

Dentro de esas pretensiones del exilio histricoest la de que, utilizando su ciudadana norteamericana adoptiva, se les permita demandar ante los tribunales de Estados Unidos a las empresas de otros pases que han invertido en sus propiedades en Cuba para as, al menos, obtener pinges ganancias y, en el largo plazo, sentar antecedentes legales para la ilusoria recuperacin de esas propiedades en una Cuba que ellos deliran sea nuevamente dominada por Washington, y por ellos como socios menores. Por sus caractersticas y sus normas, o ausencia de ellas, los tribunales de la Florida son penosamente notorios por fallar a favor de estos personajes sin atenerse a la interpretacin estricta de las leyes norteamericanas como sucede en otros estados de la unin.

Eso es lo que le han venido exigiendo a la Casa Blanca el senador Marco Rubio, y los congresistas Ileana Ross-Lehtinen, Mario Daz Balart y Carlos Curbelo.

Adoptar esta poltica sera un privilegio que ni siquiera tienen los que eran, al principio de la Revolucin, ciudadanos o empresas norteamericanas con propiedades en Cuba. Las leyes norteamericanas establecen que para que el gobierno de Washington pueda reclamar el pago de compensaciones ante el gobierno cubano, sus demandantes tienen que acudir a la Comisin Nacional de Reclamaciones. Y as lo han hecho. Cuba reconoce que estas reclamaciones tienen legitimidad y pueden ser objeto de negociacin, siempre que se incluya en las mismas las compensaciones por los daos causados al pueblo cubano por el bloqueo.

Aceptar que un ciudadano norteamericano de origen cubano pueda utilizar los tribunales de Estados Unidos para demandar a empresas de terceros pases que invierten en la Isla sera una nueva expresin de la extraterritorialidad de las sanciones que Washington le tiene impuestas a Cuba.

Desde que, en la dcada de 1990, esta iniciativa fuera elucubrada por abogados vinculados a esa clase dominante, hubo numerosas dudas sobre su validez y conveniencia para los intereses de Estados Unidos.

Sin embargo, gracias a los esfuerzos del senador Jesse Helmsy y del representante Dan Burton (quienes recibieron amplios fondos de estos sectores para lograr ser electos y reelectos una y otra vez), esos reclamos, a pesar de su evidente falta de legitimidad, fueron incluidos como el Ttulo III de un proyecto de Ley que llevaba el nombre de ambos, y fue presentada en ambas Cmaras en 1994. Los asesores legales de varios organismos del Estado norteamericano alegaron, entonces, que esa iniciativa creara enormes problemas para el sistema judicial y para la posicin de Estados Unidos en los organismos internacionales de comercio. Se tratara de decenas de miles de reclamaciones de dudosa validez que llevaran a demandas y contra-demandas en los tribunales que se veran desbordadosy empantanados por reclamaciones que no estn certificadas, al tiempo que provocara conflictos de arbitraje en el recin estrenado mecanismo creado trabajosamente por los miembros de la Organizacin Mundial de Comercio.

En 1995-1996, durante el largo proceso de negociaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo en Washington alrededor de lo que eventualmente se ha llamado la Ley Helms-Burton, la Casa Blanca, presionada por la comunidad internacional y ante la evidencia de que la medida sera enormemente difcil de implementar, inform a los patrocinadores de la Ley que esta sera vetada si se inclua lo previsto en el Ttulo III del Proyecto. As, al senador Helms y al congresista Burton no les qued ms remedio que aceptar uno de esos sorprendentes y complicados acuerdos que a veces caracteriza la legislacin estadounidense: el Ttulo III aparecera en la Ley, pero con una enmienda que suspendera su aplicacin siempre y cuando el Presidente informara semestralmente al Congreso que su aplicacin perjudicara los intereses de Estados Unidos. Este acuerdo es totalmente legtimo y se corresponde con los intereses de Estados Unidos. Hasta tal punto que, desde entonces, y por 22 aos, todos los Presidentes, incluyendo al republicano George W. Bush, han actuado en consecuencia y solicitado al Congreso que mantenga la suspensin.

Por tanto, lo que ha insinuado el Seor Bolton es que se est considerando que el Presidente Trump rompa la tradicin y el acuerdo logrado en 1996, abstenindose de aplicar la suspensin del Ttulo III de la Ley Helms-Burton.

Aparentemente lo que se pretende con ello es activar las bases sociales partidarias de Trump para que voten por los candidatos del Partido Republicano en la Florida, y as evitar un repunte del Partido Demcrata que parece tener posibilidades de alcanzar la Gobernacin y algunos curules en la Cmara, lo que contribuira a lograr el control de esta ltima por la oposicin al Presidente.

Este anuncio est basado en dos clculos discutibles. Primero, que adoptar ese tipo de posiciones contra Cuba (y adicionalmente contra Venezuela y Nicaragua) goza del apoyo de amplios sectores de origen latino en la Florida. Segundo, que son tan numerosos que pueden determinar el resultado de varias de las elecciones clave en el Estado. La vida dir si esta maniobra electorera da resultados en el contexto actual.

En todo caso, los demcratas no se han cruzado de brazos. El ex-Presidente Barack Obama anunci que hara campaa a favor de sus correligionarios el 2 de noviembre en Miami, la ciudad ms populosa del Estado. Recurdese que Obama gan el Estado dos veces, en el 2008 y del 2012, an cuando adopt hacia Cuba posiciones ms flexibles que las de sus contrincantes republicanos.

De materializarse la amenaza de Bolton, la medida puede tener graves consecuencias para el sistema de arbitraje de disputas refrendado en la Organizacin Mundial de Comercio. Seguramente desencadenara una reaccin internacional an ms significativa que la que se vio esta semana en las Naciones Unidas, donde Estados Unidos perdi diez votaciones consecutivas en una sola sesin de la Asamblea General. Este tema es de particular importancia para la Unin Europea, Canad y Amrica Latina y el Caribe, pues afecta intereses econmicos significativos.

En trminos polticos de ms largo plazo, puede decirse que lo realizado por Bolton el jueves es una vuelta a una prctica poltica que data de los aos 60 del siglo pasado, pero que muchos observadores dudan hoy de su efectividad, que es la de buscar votos haciendo pensar a ciertos sectores que la poltica de dureza hacia Cuba es viable y tendr xito.

Para resumir, es una tctica utilizada con propsitos domsticos, que hoy son discutibles. Desde el punto de vista de nosotros, los cubanos en la Isla, es un claro recordatorio de que esta Administracin vuelve a utilizar el chivo expiatorio de Cuba sin importarle en forma alguna las consecuencias y, de tal forma, cierra an ms la puerta de un eventual proceso de normalizacin que estara en inters de ambos pueblos.

Fuente: http://cubaposible.com/bolton-miami-los-desvarios-una-tactica-politiquera-fallida/



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