Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2018

Asilo poltico para Ricardo Palma Salamanca en Francia: un acto de justicia

Vicky Torres
Rebelin


La semana pasada, el mundo de los derechos humanos en Chile recibi con alegra la noticia de que Francia le haba otorgado asilo poltico a Ricardo Palma Salamanca. Una noticia alentadora que lleg precisamente en los momentos en que lamentbamos la partida de Ana Gonzlez de Recabarren quien durante ms de cuatro dcadas inst intilmente al Estado chileno a que esclareciera la desaparicin, el 29 y 30 de abril de 1976, de su esposo, sus dos hijos y su nuera embarazada, a manos de la Direccin de Inteligencia Nacional, organismo que dependa directamente de Augusto Pinochet.

En estos ltimos meses, el gobierno de Chile, encabezado por el empresario Sebastin Piera, se haba movilizado diligentemente para obtener la extradicin a Chile de Ricardo Palma Salamanca, ex militante del FPMR, a quien acusaba de terrorismo. Cabe recordar que el FPMR fue una de las organizaciones polticas que no declin su accionar tras el inicio de la llamada transicin de la dictadura a la democracia, proceso que hasta el da de hoy muchos analistas polticos - y especialmente quienes soportamos cotidianamente los efectos del sistema poltico, econmico y social impuesto por la dictadura -, consideran inconcluso. En realidad, Pinochet nunca se fue [i] , como qued patente en su participacin en el Congreso en calidad de senador vitalicio a partir de 1990 y en los esfuerzos que despleg el segundo gobierno chileno de la transicin para traerlo de regreso al pas, evitando que un tribunal europeo lo procesara por sus crmenes.

Desde que se dio a conocer la noticia de que Francia le otorgaba el asilo poltico a Palma Salamanca, diversos funcionarios del gobierno de turno manifestaron su molestia e indignacin por esta medida, as como su intencin de presentar ante las autoridades de ese pas un documento perseverando en su demanda de extradicin. En particular, la UDI - partido de gobierno que utiliza la palabra democracia para enmascarar su filiacin de extrema derecha, creado por Pinochet para perpetuar la obra del gobierno militar y garantizar su continuidad institucional -, reaccion airadamente. Uno de sus fundadores, el senador Juan Antonio Coloma, declar en los medios que el otorgamiento de asilo poltico era el triunfo de la impunidad. Como vemos, hoy la ultra derecha se apropia descaradamente del vocabulario de los familiares de vctimas de violaciones de los derechos humanos.

Hace casi 30 aos Ricardo Palma Salamanca fue detenido y encarcelado bajo la acusacin de haber ejecutado el 1 de abril de 1991, a Jaime Guzmn Errzuriz, senador por obra y gracia del sistema electoral binominal heredado de la dictadura cvico-militar. La derecha chilena siempre ha sostenido que fue el FPMR quien decidi acabar con la vida de Guzmn, fundador y lder de la UDI, miembro del Opus Dei e idelogo y colaborador dilecto de la dictadura cvico-militar. La Constitucin que redact y que la dictadura llev a un plebiscito fraudulento en 1980, an pena sobre la vida cotidiana de los chilenos. Como l mismo dijera: La Constitucin debe procurar que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreidos a seguir una accin no tan distinta a la que uno mismo anhelara, porque valga la metfora el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difcil lo contrario. [ii]

A riesgo de que parezca una paradoja, diramos que la muerte de Jaime Guzmn no fue el resultado de una decisin del FPMR ejecutada por mano de alguno de sus militantes. Guzmn fue una vctima ms de la violencia poltica que gener la transicin con impunidad que l mismo propici e impuso tras el triunfo del No en el plebiscito de 1988. Una transicin que fue gestada y negociada bajo la amenaza permanente de un nuevo golpe militar, entre cuatro paredes y a espaldas del pueblo que durante 17 aos se haba alzado una y otra vez contra el hambre y la represin, sin ms armas que su conviccin de alcanzar la libertad y recuperar su dignidad. Lo paradjico es que Guzmn cre las condiciones que lo llevaron a su propia muerte.

Cabe recordar que tras la derrota simblica de Pinochet en las urnas, irrumpi sin anunciarse en el vasto terreno conquistado por la lucha rebelde del pueblo, una plyade de negociadores, de advenedizos, dispuestos a garantizar la proyeccin de la dictadura en un proceso que sus mentores ideolgicos educados en la escuela de la traicin denominaron transicin a la democracia. Sus fundamentos ideolgicos y prcticos y su itinerario, se inspir en la transicin pactada llevada a cabo en Espaa tras la muerte de Franco, en la dcada del 70 al 80. Su adaptacin a la realidad chilena fue obra de Edgardo Boeninger, cientista poltico formado en Estados Unidos y vicepresidente del PDC. Y el principal mediador con las FF.AA. no poda ser otro que Patricio Aylwin, presidente del PDC entre 1987 y 1989, pero sobre todo, ferviente opositor al gobierno de la Unidad Popular e instigador y validador poltico del golpe de estado militar de 1973 desde su cargo de presidente del PDC y del Senado .

En las negociaciones en torno a la forma y contenido de la transicin, Aylwin sera entonces el interlocutor privilegiado del general Pinochet, el mediador y representante de las FF.AA. y de los intereses del gran empresariado que, parapetado en las armas y en una legislacin econmica y laboral que le haba permitido imponer salarios de hambre, se haba enriquecido apoderndose de las industrias estatales y los recursos naturales del pas. En estas negociaciones, Pinochet cont con el respaldo ideolgico de Jaime Guzmn quien fij los objetivos intransables de la transicin a la democracia bajo tutela militar [iii] : continuidad de la Constitucin de 1980 y del modelo econmico basado en los principios neoliberales de los Chicago Boys e impunidad para los violadores de los derechos humanos.

A Aylwin le correspondi la tarea de imponer este modelo de transicin a la Concertacin de Partidos por el No - conglomerado de centroderecha constituido por 17 partidos de desigual relevancia poltica, con predominio de los socialistas renovados, y del cual, por un acuerdo entre la dictadura, el PDC y sectores de la Concertacin, se excluy al PC, al MIR y a otras fuerzas de izquierda. El resto es historia conocida: durante dos dcadas, la Concertacin de Partidos por la Democracia/Nueva Mayora administr de manera ejemplar el modelo poltico-econmico-institucional heredado de la dictadura; y continu hacindolo despus de 4 aos de gobierno de la derecha hasta agotar por completo el discurso de las promesas incumplidas - Asamblea Constituyente, reforma previsional, reforma del cdigo laboral, educacin gratuita, salud pblica, y tantas otras- para cederle nuevamente el lugar a la alianza de derecha y ultraderecha que hoy gobierna en Chile.

En este contexto, Ricardo Palma Salamanca no fue sino uno ms de los muchos jvenes que impugnaron y se rebelaron contra la violencia y venalidad de la casta cvico-militar y sus nuevos aliados que, para gozar de las prebendas del poder, haban aceptado adecuarse a una transicin ficticia hacia una democracia bajo tutela militar. Para Ricardo, este joven insumiso que desde su niez haba vivido los embates represivos a su familia, como para todos los jvenes de su generacin, excluidos de una alegra prometida que nunca lleg, slo haba una alternativa: asumir su compromiso militante con la nica certeza de que poda perder la vida o la libertad. De ah que se justifica plenamente y nos alegra el asilo poltico que hoy le otorga Francia, tierra natal de ms de una decena de ejecutados y desparecidos por la dictadura cvico-militar chilena, de hombres y mujeres de vocacin humanitaria y democrtica que jugaron un papel destacado en la lucha por la libertad en Chile, entre otros, Leon Bouvier, Yvonne Legrand, Claire Duhamel, funcionarios diplomticos, Pierre Dubois, sacerdote, el Pierre Kalfon, periodista, y de un pueblo solidario que acogi fraternalmente en su patria a miles de exiliados chilenos.

Para concluir, diremos que es en el desprecio de la casta dominante hacia las demandas sociales, econmicas, polticas y culturales, donde radican las verdaderas causas de la violencia poltica, siempre latente en una sociedad de clases, pero que no se nutre de supuestas amenazas terroristas o el incremento de la delincuencia. Porque contrariamente a lo que sostiene cotidianamente el actual gobierno en su duopolio de los medios de comunicacin, el verdadero caldo de cultivo de la violencia poltica es y ha sido siempre la privacin o la denegacin prolongada de derechos bsicos justicia, dignidad laboral, salud, educacin y acceso a la cultura, etctera-, y la falta de participacin de las mayoras en las decisiones que las afectan. Habra que agregar hoy la evidente decadencia de las organizaciones polticas que en el pasado alimentaban la esperanza en un futuro mejor, encauzando organizadamente las luchas por los cambios y fundamentando ideolgicamente la justa indignacin popular ante el cotidiano y descarado despojo de los recursos del Estado y la naturaleza. En estas condiciones de indiferencia del poder y de inactividad poltica de los antiguos liderazgos populares, es posible, entonces, que en cualquier momento asistamos a un estallido de la caldera social, que podra adoptar las ms variadas formas. Se equivocan, pues, aquellos que postulan y promueven polticas basadas en la violencia institucional como el aumento de la dotacin de las fuerzas represivas, la militarizacin del territorio mapuche o el endurecimiento de las penas de crcel. Tales iniciativas, sumadas a la frustracin larvada pero creciente de grandes sectores sociales, no pueden sino fomentar el clima de violencia poltica, en desmedro de toda esperanza de avanzar en la construccin de una convivencia democrtica basada en la justicia y el bienestar para todos.

Vicky Torres es Profesora normalista, sociloga y activista de derechos humanos

[i] www.elclarin.cl/web/opinion/politica/25369-pinochet-nunca-se-fue.html

[ii] https://www.elciudadano.cl/tendencias/las-frases-mas-duras-de-jaime-guzman-que-permiten-entender-el-lado-feroz-de-la-derecha-chilena/04/01/

[iii] Felipe Portales, Chile: una democracia tutelada, Editorial Sudamericana Chilena, Chile, 2000.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter