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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2018

Nada especial sobre el mandato de Mistura en Siria

James Snell
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



El enviado especial saliente de la ONU para Siria no se ha limitado a actuar como un intil o un ingenuo respecto al rgimen de Asad, sino que ha sido un activo facilitador de su estrategia de supervivencia.

La oficina de Staffan de Mistura declar recientemente que en breve dejar de ser el enviado especial de las Naciones Unidas en Siria. Este anuncio propici una serie de cordiales referencias oficiales respecto a ese hombre y su trabajo por parte de gobiernos y organizaciones no gubernamentales de todo el mundo, si bien motiv escasas tristezas.

El conflicto en el que de Mistura trabajaba ha ocasionado la destruccin de una nacin y la muerte de ms de medio milln de seres.

Al conocer y experimentar esas realidades, la salida de un nico diplomtico, sin que importen sus credenciales, provoca pocas simpatas.

Y en esas credenciales, aunque sus cuatro dcadas en las Naciones Unidas y su poca en el gobierno italiano parecan tcnicamente prometedoras, se incluan pocos conocimientos previos o participacin alguna en Siria. Y esa actitud es algo que se repiti durante el tiempo en que de Mistura ha estado en ese puesto.

La estima que los periodistas parecan profesar a de Mistura se deba en parte a que a l se cuidaba bien de que as fuera. Fue famoso por su empata con los refugiados, su padre haba sufrido las indignidades del desplazamiento tras la Segunda Guerra Mundial. De Mistura hizo un arte de dar entrevistas angustiadas.

Pero esta actitud afectuosa no le impeda a Mistura aceptar sin desafiar la barbarie de los otros. A pesar de la eventual atribucin por parte de las Naciones Unidas de los ataques qumicos y otros crmenes de guerra al rgimen de Bashar al-Asad, el enviado especial de la ONU nunca puso a prueba la autoproclamada soberana del rgimen, nunca la rechaz, nunca hizo nada por socavarla. De Mistura sostuvo en todo momento que el rgimen era parte de la solucin en Siria.

El Estado sirio y sus protestas no slo eran comparables para l con las vctimas de ese Estado, merecan tambin una credencial especial de legitimidad que ninguna violencia poda romper. Tampoco hizo que cambiara de opinin el propio reconocimiento de Mistura de que el rgimen no quera un acuerdo negociado.

Los hoteles y centros de conferencias de Ginebra se mantuvieron ocupados durante interminables rondas de negociaciones, pero de esas habitaciones cerradas no surgi nada que acercara una posible solucin. Pero esto no hizo cambiar a de Mistura. El enviado especial slo poda concebir un proceso de paz que involucrara al rgimen, sin importar lo desagradable que era para las otras partes la perspectiva de sentarse a una mesa de negociaciones entre matones, asesinos y delincuentes.

Ese disgusto se consider de hecho una emocin incontrolada; el camino aprobado por la ONU era la nica respuesta racional al sufrimiento de Siria. Pero cuando un rgimen, cuya maquinaria de guerra se ha comparado con un motor de exterminio, no frena su expansin territorial, no detiene el asesinato y, finalmente, no se compromete con los que pretenden un arreglo pacfico, es exactamente racional persistir en esa va? se preguntaban los activistas de la oposicin.

El aval de Mistura a la legitimidad de Asad slo poda distanciarle de quienes consideraban que el rgimen no era la solucin, sino el problema, y ​​ para quienes cualquier otra solucin que permitiera la supervivencia de ese rgimen no iba a resolver nada.

Las figuras de la oposicin dejaron claras sus objeciones: de Mistura trataba al rgimen como un socio legtimo, sobrestimando su inversin en cualquier paz que valiese la pena, exagerando la importancia de su soberana mucho tiempo despus de que Asad se hubiera convertido en un gobernante ttere de un Estado sin soberana, resultando irrelevante para cualquier intento de hacer sanar a Siria.

Pacificacin la estrategia del rgimen y de sus aliados rusos e iranes- no es paz. El enviado especial pareca creer que quienes combatan una brutal guerra de pacificacin podran traer la paz. Se equivocaba.

De Mistura debera haber dicho que el rgimen hizo que su misin fuera imposible, pero no dijo nada y eso le cost sangre y devastacin a los sirios, declar a The National Yahya al-Aridi, un portavoz de la oposicin siria.

Que esto no sucediera nunca es una cuestin de dominio pblico. Lo mismo ocurre con la lista de numerosos ceses al fuego negociados por la ONU que fracasaron o no lograron afianzarse.

Esos altos el fuego se convirtieron finalmente de hecho en parte integral de la estrategia del rgimen de sitiar, matar de hambre y aplastar a los reductos de la oposicin. Nunca se permiti que el conocimiento de estas tcticas interfiriera con el trabajo de los diplomticos, cuyas pretenciosas ideas coincidan perfectamente con la creencia perpetua de que la paz todava estaba ah, a mano; que los asesinos podran tratarse y ocupar su lugar entre los adultos racionales; que esta vez las armas podran callar de verdad.

Despus de la intervencin rusa que salv a Asad del derrocamiento, de Mistura inst absurdamente a Vladimir Putin, el hombre que ayud a Asad a ganar la guerra, a que orientara a su Estado-cliente en una direccin ms pacfica.

Todo lo anterior es un fracaso realmente terrible, pero explicable hasta cierto punto. Los dos predecesores de Mistura no tuvieron xito en Siria; de hecho, tanto Kofi Annan como Lakhdar Brahimi pusieron fin a sus mandatos de forma ignominiosa. Por lo tanto, haba una alta probabilidad de que de Mistura compartiera ese destino.

Pero los fracasos de este ltimo van ms all del camino que ellos le forjaron. De Mistura cometi sus propios errores y debe rendir cuentas por ellos.

Para finalizar, es instructivo examinar la situacin a medida que la guerra siria se acerca a lo que podra ser su propia conclusin. Est an en juego el destino de la provincia de Idlib; sigue siendo probable que sea invadida y destruida por el rgimen y sus partidarios cuando esa coalicin decida que ha llegado el momento.

De Mistura acabar su mandato antes de este asalto final, un resultado que l y sus colegas hicieron mucho por facilitar. Pero hay un aspecto relacionado con el destino de Idlib que no debe olvidarse en medio de las crticas generales dirigidas al enviado saliente, un aspecto que se encuentra en el plan de Mistura para la provincia.

Ese plan habra implicado la creacin de corredores humanitarios a travs de los cuales los civiles podran desplazarse para evitar lo peor de la lucha. Aunque el destino de quienes atravesaran por estos corredores hubiera sido incierto. Es probable que los supuestamente rescatados de la violencia hubieran terminado sencillamente asentados en campamentos protegidos por el personal de mantenimiento de la paz de la ONU. El precedente de esas situaciones no es alentador.

Un elemento extra aadi algo absurdo a esa propuesta. Se inclua en ella la posibilidad de que de Mistura se ofreciera ir al propio Idlib para servir como escudo humano si su diseo no era respetado por todas las partes.

Los sirios han tenido suerte de que la ofensiva no se produjera, pero ms suerte an es que el plan nunca se pusiera en marcha. Pero la imagen de Mistura en Idlib, tal vez uniendo sus manos con otros en protesta piadosa contra una ofensiva a la que dio efectivamente luz verde, una ofensiva llevada a cabo por los asesinos cuya legitimidad y racionalidad defendi, es algo que vivir por mucho tiempo en la memoria. Sirve de metfora adecuada del tiempo que ha pasado en Siria.


James Snell es un escritor britnico. Ha colaborado con The Telegraph, National Review, Prospect, History Today, The New Arab y NOW Lebanon, entre otras publicaciones. Twitter: @James_P_Snell.

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/nothing-special

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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