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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2018

Psicologa de masas del fascismo

Wilhelm Reich
El Viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy 3 de noviembre de 1957 mora el eminente psicoanalista austriaco Wilhelm Reich, uno de los principales exponentes del llamado marxismo freudiano. Lo recordamos con el prlogo escrito en 1933 a una de sus obras de mayor inters y actualidad.

La clase obrera alemana acaba de sufrir una gran derrota, y con ella, todas las fuerzas progresistas, revolucionarias, generadoras de cultura, que persiguen los ya antiguos objetivos de liberacin de la Humanidad trabajadora. El fascismo ha triunfado y a cada instante consolida sus posiciones por todos los medios a su alcance, principalmente a travs de la mutacin guerrera que impone a la juventud.

Pero contra la resurreccin de la Edad Media, contra la poltica de rapia imperialista, contra la brutalidad, la mstica y la servidumbre de los espritus, por los derechos naturales de los trabajadores y de los creadores, duramente afectados por la explotacin econmica de que les hace objeto un puado de magnates financieros, por la abolicin de este orden social criminal, el combate continuar sin tregua. Pero la cuestin no est nicamente en su continuacin; reside principalmente en saber cmo y en cunto tiempo nos llevar a la victoria. Las formas en las que se ha efectuado la toma del poder por el nacionalsocialismo han dado una leccin que no se puede, en modo alguno, olvidar: que para alcanzar los objetivos de la reaccin poltica, no son precisas frases, sino un saber efectivo, sin proclamas, pero con el despertar de un autntico entusiasmo revolucionario, sin aparatos de partidos burocratizados, sino con organizaciones de trabajadores que practiquen la democracia interna y que dejen el campo libre a toda iniciativa de las tropas de combatientes concienciados. Nos han enseado que la falsificacin de los hechos y los enardecimientos por sugestin superficial conducen con certeza al descorazonamiento de las masas, desde que la frrea lgica del proceso histrico revela la realidad.

El trabajo sexolgico y poltico que he desarrollado durante aos en el seno de las organizaciones de trabajadores, particularmente entre los jvenes, me ha llevado a la conviccin inquebrantable de que la clase a la que los dirigentes enviados por Dios del Tercer Reich tildan de subhumana y hacen doblegarse bajo su yugo, lleva dentro de s el futuro de la Humanidad porque encierra ms cultura, honor, moralidad natural y ciencia de la verdadera vida que la que exigen todos los mamotretos de la filosofa moral burguesa y las grandes frases de la reaccin poltica; se trata, desde luego, de otra cultura, de otro honor, de otra moralidad, dado que no tienen un srdido reverso en la prctica.

Si hoy da millones de trabajadores abatidos, decepcionados, se abandonan a la resignacin e incluso se incorporan al fascismo, con ms o menos conviccin, no hay motivo sin embargo para desesperarse. La conviccin subjetiva con la que los millones de partidarios de Hitler creen en la misin socialista del nazismo por ms que haya vertido sobre Alemania tantos horrores y miserias, no deja de ser un aspecto fuertemente positivo. Nos oponemos al despliegue de esta fuerza histrica si nos desembarazamos pura y simplemente del nacionalsocialismo como de una obra de timadores y mistificadores, aun si es cierto que se encuentran en l muchos timadores y mistificadores. Hitler no es un mistificador ms que objetivamente por el hecho de que agrava la dominacin del gran capital; subjetivamente es un fantico, convencido sinceramente, del imperialismo alemn a quien un xito colosal, objetivamente fundado, ha salvado del desencadenamiento de la enfermedad mental que lleva dentro de s. No slo nos encerramos en un punto muerto sino que vamos en sentido opuesto del resultado pretendido si tratamos de ridiculizar a los dirigentes nacional-socialistas mediante viejos mtodos pasados de moda. Con una energa inaudita y una gran habilidad han entusiasmado efectivamente a las masas y conquistado al poder. El naci nal-socialismo es nuestro mortal enemigo, pero no podremos combatirlo si no apreciamos sus puntos fuertes en su justo valor y si no tenemos el coraje de proclamarlo. Podemos olvidarnos de mtodos mezquinos; la demagogia grosera es siempre un signo de debilidad terica y prctica y, al no conducir a nada, es objetivamente contrarrevolucionaria. Lo que tenemos que decir y demostrar a los millones de desanimados as como a los millones de nazis an entusiastas que tienen sentimientos socialistas es que la fuerza de los nacional-socialistas reside en su conviccin de una misin divina, pero que sta no existe y que la nica cosa en juego es el imperialismo blico; que sus organizaciones militares son magnficas, pero que significan la aproximacin del fin de la Humanidad y que deben perseguir otros objetivos, aquellos a los que aspira arduamente el simple S. A.: el derrocamiento del capital; que Hitler cree liberar al pueblo, pero que tiene frente a l un destino inexorable: el desmoronamiento del capitalismo que nosotros deseamos y que l jams podr conjurar.

La aprehensin cientfica de los acontecimientos, incluso los ms candentes, trata de eliminar en la medida de lo posible las fuentes de errores infinitamente mltiples que pueden deslizarse en la visin de las cosas; por ello opera con lentitud y slo puede seguir los acontecimientos a demasiada distancia. A veces, los sojuzgados exigen a los trabajadores cientficos que concentren sus investigaciones en las cuestiones actuales. La ciencia es la enemiga mortal de la reaccin poltica. Pero el sabio que cree salvar su existencia siendo prudente y apoltico y que aun viendo a los ms prudentes perseguidos y encarcelados, no sabe sacar su leccin, no puede exigir el que se le tome en serio y el participar ms tarde en la reconstruccin efectiva de la sociedad. Sus lamentaciones y su inquietud por la cultura son sino desahogos sin conviccin, si no sabe reconocer a travs de los acontecimientos que son precisamente su ciencia, su energa cientfica, que faltan a aquellos en los que cifra sus esperanzas en el momento de la catstrofe. Su apoliticismo es un elemento de la fuerza de la reaccin poltica y, al mismo tiempo, de su propia ruina.

Que aquel que encuentre evidentes las argumentaciones de este escrito considere cuidadosamente que las fuerzas progresivas de la historia han cado en gran parte en terreno baldo, porque hay penuria de fuerzas debidamente formadas y que los sabios se encierran en su aislamiento universitario y no se dejan meter en vereda. Deseo vivamente una crtica cientfica de esta obra, hecha no por aquellos que fabrican teoras sobre la existencia humana en una mesa de despacho, sino por aquellos otros que extraen sus descubrimientos de la vida real de los hombres mediante un contacto ntimo con ellos, como yo siempre me he esforzado por hacer.

Este escrito ha sido elaborado en el curso del ascenso de la ola reaccionaria que ha asolado Alemania en los aos 1930-1933. En l se intenta dotar de un mnimo de base terica al joven movimiento sexual-poltico an poco desarrollado y separar del caos de la reforma sexual algunos de los puntos ms esenciales con los que se pueda abordar prcticamente el problema. Se vincula a las tentativas anteriores de desvelar el proceso de la economa sexual en nuestra sociedad; pero dado que este proceso es tan slo una parte de la dinmica global de la sociedad, nuestra investigacin se ha enfrentado igualmente con los problemas del movimiento poltico general. A causa de los acontecimientos polticos de Alemania no ha sido posible alcanzar la exhaustividad pretendida, que se desea en todo trabajo cientfico general.

Esperar que la pedantera cientfica haya quedado satisfecha no me ha parecido posible en los tiempos en que vivimos, tanto ms cuanto que yo tena pocas esperanzas de renovar en los plazos previsibles los materiales que haba reunido a duras penas y que se perdieron en la catstrofe.

Me he esforzado en presentar este difcil tema de la manera lo ms sencilla posible, a fin de que la obra sea accesible incluso al funcionario o trabajador medios. Soy consciente de que no lo he logrado totalmente. En el caso de que la reaccin poltica buscara vengarse del contenido de este trabajo sobre el psicoanlisis o sus representantes, golpeara errneamente. Freud y la mayora de sus alumnos rechazan las consecuencias sociolgicas del psicoanlisis y se emplean activamente en no sobrepasar el marco de la sociedad burguesa. No son, pues, ni culpables ni responsables de que los polticos se sirvan de los resultados cientficos de la investigacin psicoanaltica.

Recordemos por lo dems que, segn una frase clebre, el arma de la crtica no podr reemplazar a la crtica de las armas. Si este trabajo est capacitado para recorrer el difcil camino que conduce a la crtica de las armas, habr alcanzado su objetivo.

Fuente: Prlogo de la primera edicin de Psicologa de masas del fascismo, de Wilhelm Reich, escrito en septiembre de 1933

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/psicologia-de-masas-del-fascismo/

 


 



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