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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2018

Las estrategias no son para siempre

Ral Zibechi
Rel-UITA


En Brasil triunf Jair Bolsonaro. A eso se agrega la victoria de Mauricio Macri en Argentina, del uribista Ivn Duque en Colombia y el viraje derechista de Lenn Moreno en Ecuador.

En su conjunto, el mapa poltico ha virado fuertemente hacia posiciones antiobreras, antifeministas, en contra de los pueblos originarios y negros. El avance del racismo, el machismo y la violencia antipopular llegaron para quedarse un buen tiempo.

Aunque cambien algunos gobiernos, esas actitudes arraigaron en nuestras sociedades, incluso en el seno de algunas organizaciones populares.

Estamos ante un viraje de la sociedad, a lo que se suman los cambios negativos de gobiernos.

Por eso creo que es un buen momento para la reflexin, sin dejar de profundizar las resistencias, de mejorar las organizaciones y enfrentar los desafos ms urgentes.

Durante la primera mitad del siglo XX el ncleo de las organizaciones populares eran los sindicatos, por oficios primero, de masas cuando comenz la industrializacin en algunos pases.

En todo caso, los sindicatos eran el centro de las resistencias y del cambio social. Eran el eje de la acumulacin de fuerzas, de la conquista y la defensa de derechos.

En el mbito poltico, la accin colectiva aspiraba a implantar una sociedad ms justa a travs de varios mecanismos, a veces contradictorios pero complementarios siempre.

Donde se pudo, las izquierdas y los nacionalismos populares acudieron a elecciones. Pero la comparecencia electoral no era un fin en s mismo, sino una parte de una estrategia mucho ms abarcadora que desbordaba siempre el cauce electoral.

Tiempo de revoluciones

Hubo levantamientos de masas e insurrecciones, como el clebre Bogotazo de 1948 ante el asesinato de Jorge Elicer Gaitn en Colombia.

O el levantamiento obrero del 17 de octubre de 1945 en Buenos Aires, que quebr el poder de la oligarqua e impuso un gobierno popular.

En otros pases, como Brasil, Chile y Per, los movimientos y las izquierdas ocuparon desde el espacio legal electoral hasta las calles y los campos en acciones diversas, siempre dirigidas a un mismo fin: imponer la fuerza de los de abajo.

Hubo tambin revoluciones. En 1911 en Mxico y en 1952 en Bolivia, que marcaron a fuego la historia de ambos pases, ms all de las derivas posteriores de cada proceso.

Con la revolucin cubana cambiaron los ejes. Una parte sustancial del campo popular se volc en la lucha armada, en todos los pases del continente.

En el mismo perodo, la segunda mitad del siglo XX, hubo tambin insurrecciones (15 levantamientos obreros slo en Argentina entre 1969 y 1973), adems de la histrica Asamblea Popular en 1971 en Bolivia y los potentes Cordones Industriales en el Chile de Allende, formas de poder popular desde abajo.

Todas las formas de lucha estaban combinadas: la electoral, la insurreccional y la guerrillera. El embudo electoral

Con el neoliberalismo, luego de las dictaduras del Cono Sur, las cosas cambiaron de forma drstica.

Las guerrillas centroamericanas y colombiana dejaron las armas para adentrarse en discutibles pero necesarios procesos de paz.

En los 90, las izquierdas dejaron de prepararse para encabezar insurrecciones (como las que hubo en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Paraguay, Per y Argentina que derribaron una decena larga de gobiernos), para focalizarse en el terreno electoral.

En este punto veo dos problemas, derivados de apostar todo en la estrategia electoral, como nica opcin imaginable.

El primero es que la diversidad de formas de lucha ha sido uniformizada por la cuestin electoral, lo que debilita al campo popular.

Siempre pensamos -y yo sigo pensando- que concurrir a las elecciones es tanto como jugar en el terreno del enemigo de clase. Lo que no quiere decir que no haya que hacerlo. Pero no debemos jugar slo en ese espacio, desarmando los poderes populares.

El segundo es que las patronales y las elites estn vaciando las democracias, dejando en pie slo un cascarn electoral.

El panorama sera as: podemos votar cada varios aos, elegir presidentes, diputados y alcaldes. Pero no podemos elegir el modelo econmico, social y laboral que queremos.

Eso est fuera de la discusin. Por eso digo que tenemos elecciones pero no tenemos verdadera democracia.

En este punto es cuando veo necesario hacer la pausa del debate.

Ellos estn dejando de lado incluso las libertades democrticas. Es lo que se propone Bolsonaro cuando dice que va a poner fin al activismo, o cuando Patricia Bullrich, la ministra argentina de Seguridad, asegura que hay connivencia entre los movimientos sociales y el narco, dando as carta blanca a la represin.

Estamos ante un recodo de la historia que nos impone evaluar lo que hemos aprendido y lo que venimos haciendo, para encarar las insuficiencias y ver por dnde seguir.

Limitarnos slo al terreno electoral es tanto como subordinarnos a la burguesa y al imperio, atados de pies y manos a su agenda.

Entonces?

Las estrategias no se inventan. Se sistematizan y generalizan, lo que ya es bastante.

En la historia de las luchas de clases, las estrategias las defina un pequeo crculo de varones, blancos ilustrados en comits centrales o direcciones de partidos de izquierda y nacionalistas.

Eso no volver a suceder, porque se trataba de una lgica patriarcal que los movimientos de mujeres se estn encargando de desmontar.

Creo que tenemos dos caminos para avanzar. Uno es recordar lo que hizo el viejo movimiento obrero y el otro lo que estn haciendo los pueblos originarios y negros.

La primera consiste en recuperar, no imitar, aquel rico universo proletario que contaba con sindicatos, ateneos, cooperativas, teatro popular, universidades populares y bibliotecas, en un amplio abanico de iniciativas que incluan la defensa del trabajo, la organizacin del tiempo libre y del consumo, la formacin y la diversin.

Todo ello por fuera de los cauces del Estado y del mercado. La clase poda hacer toda su vida, menos el horario de trabajo, en espacios auto-controlados.

La segunda es observar lo que vienen haciendo los pueblos. En comunidades indgenas y en palenques/quilombos encontramos todo lo anterior, ms espacios de salud y de produccin de alimentos y de reproduccin de la vida.

En Argentina hay 400 fbricas recuperadas, en Colombia 12 mil acueductos comunitarios y en Brasil 25 millones de hectreas recuperadas en una reforma agraria desde abajo.

Lo que propongo es pensar la transicin al mundo del maana desde esos espacios, no desde los Estados.

Lo que sueo es que ese mundo nuestro crezca y que pongamos en ese crecimiento lo mejor de nuestras fuerzas.

Si adems de todo esto, vamos a las elecciones y las ganamos, mejor an.

Pero sin desarmar este mundo nuestro.

Fuente: http://www.rel-uita.org/sociedad/las-estrategias-no-son-para-siempre/



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