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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2018

Bitcora para leer a Cuba

Alfredo Prieto
OnCuba


Ha regresado la idea de que quienes auspiciaron/hicieron la independencia de Cuba eran burgueses, blancos, machistas, paternalistas No se trata, simplemente, de mencionar un hecho, por lo dems con bastante ms determinaciones contextuales de las que algunos suponen, sino de una crtica daltnica al desconocer que, al margen de cualquier limitacin que les veamos desde hoy, con todo lo que ha llovido desde la segunda mitad del siglo XVIII a la fecha, sus protagonistas y portavoces nos legaron una cultura y una nacin forjadas al cabo de dos guerras de independencia (1868, 1895) y de un intento frustrado por lograrla (1879).

En cualquier caso, lo cierto es que al lanzar la pedrada contra una potencia colonial, todos esos personajes, que no operaron en el vaco ni estaban montados en la mquina del tiempo, nos legaron la idea de una Cuba libre.

Este es, a mi modo de ver, el punto fundamental de este asunto. Considerar entonces al nacionalismo cubano ya desde aquel principio como una fuerza opresiva no constituye sino una expresin de prisa, resultado de la imposicin de un marco terico extemporneo que termina reproduciendo a su manera el clsico etnocentrismo y funcionando como otro dogma: ni escucha, ni dialoga, ni en ltima instancia conoce o se abre para conocer.

Con demasiada facilidad quienes as discursan desdibujan las fronteras entre ciencias sociales e ideologa, dos dominios con reas de tangencia, pero de naturaleza distinta. El ahistoricismo no es sino su consecuencia natural, su criatura lgica.

Al chocar con el proceso de construccin y desarrollo de la nacin cubana, tan desgarrador como contradictorio, muchos hacen eso que los psiclogos llaman una proyeccin, accin que supone aceptar a priori artefactos no avalados por la evidencia. Aparecen entonces incorporados al discurso ciertos planteos. Uno, por ejemplo, consiste en escribir que Carlos Manuel de Cspedes se adelant por puro oportunismo y voluntad de protagonismo, de donde se salta a un suceso de su vida personal: en este caso, el de haber sostenido relaciones sexuales con Cambula mestiza y menor de edad despus de quedar viudo (lo mismo que Thomas Jefferson con Sally Hemings [1773-1835], dato que ciertos epgonos ni siquiera manejan muchas veces).

Tambin se ha llegado a sostener que en Cuba se prioriza la figura de Antonio Maceo como militar desconociendo o dejando a un lado su pensamiento. Esto se hace para marcar una idea que no necesita apuntalamientos: que entre los cubanos de hoy todava pulula el racismo. No importa que en el peridico Granma se haya enfatizado que el General tena tanta fuerza en la mente como en el brazo, tras la conocida sentencia de Jos Mart. Antonio lo saba todo sobre la doctrina, antiesclavista y antirracista, de los derechos del hombre, escribi el juristas e historiador Julio Csar Guanche en esta misma publicacin a propsito del Da de la Cultura Cubana.

Desde luego, hay lugar para abundantes declaraciones no sometidas a comprobacin previa, pero repetidas y recicladas en ciertos circuitos acadmicos y periodsticos. Una vez le que la palabra pachanga designaba un movimiento de resistencia racial underground de los tempranos aos 60, y no lo que verdaderamente es: una mezcla de son montuno y merengue de la Orquesta Sublime, muy popular en la Cuba de 1959 en los Jardines de La Tropical. Denota fiesta, bulla, alegra, entusiasmo, lo cual dio pie para que Ernesto Che Guevara hablara de un socialismo con pachanga y Gabriel Garca Mrquez de una pachanga fenomenal.

Tambin me enter de que las subidas al Pico Turquino a principios de la Revolucin tenan como propsito purificar a los jvenes de su pasado burgus, y no eran smbolo y homenaje a la Generacin del Centenario, que no por gusto en 1953 coloc un busto de bronce de Jos Mart en el punto ms alto de la geografa nacional.

Otra vez le y despus escuch en una clase, ya consternado y a punto de saltar, que la Balada de los dos abuelos, de Nicols Guilln, era una apologa que oculta todas las mujeres negras violadas por sus amos blancos, no un discurso potico sobre dos componentes centrales de la identidad cubana.

El problema consiste en que cuando uno se coloca frente a estos constructos para cuestionarlos o despedazarlos, sus difusores echan a volar eptetos de esencialismo, una trampilla que acusa a los cubanos de ser los nicos capacitados para entender Cuba y su cultura. Y, por tanto, nos acusan de monopolizar la Verdad, as con maysculas. Pero el solo hecho de afirmarlo supone desconocer los innegables aportes de la academia transnacional al conocimiento sobre Cuba. Y, sobre todo, perder de vista un punto central: se trata, en esos casos, de estudios serios, razonados, concienzudos, documentados y persuasivos, no de ideologemas que se quieren imponer como un cartabn a la realidad monda y lironda.

Hay gentes, cualquiera sea su signo, que van a Cuba a comprobar lo que ya saben de antemano, a hacer su propio touchdown a la hora de relacionarse con el Otro. Tambin actores locales que a veces repiten lo que oyen sin pasarlo primero por el filtro de la investigacin y el conocimiento. En todos esos casos, tal vez valdra la pena recordar lo que escribi una vez Antonio Machado: Tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla.

Fuente: http://oncubanews.com/cuba/bitacora-para-leer-a-cuba/



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