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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2018

Txantxarreka contra el racismo y el fascismo

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Por qu Sare Antifaxista ha escogido a Txantxarreka gaztetxea en el barrio del Antiguo en Donostia, para presentar el libro Tesis contra el fascismo que ha publicado el pasado viernes 1 de noviembre? Porque este gaztetxe est siendo un foco muy importante de lucha contra el racismo y, por ello mismo, contra el fascismo. Personas del barrio del Antiguo y de Donostialdea, fundamentalmente jvenes, dan cobijo en el gaztetxe a ms de una docena de migrantes que carecen de vivienda, que tiene dificultades de comunicacin, que no pueden seguir su viaje hacia otros pases europeos, que sufren el racismo visible e invisible cuando pasean por las calles. No es una resistencia defensiva en el sentido de encerrarse en el gaztetxe como en un fortn asediado, sino que es una accin ofensiva y abierta porque realizan actos pblicos, en la calle, en las tabernas populares, buscando la confraternizacin, el conocimiento mutuo. Como veremos al final, otro tanto est sucediendo en Altsasu frente a la invasin fascista del pasado domingo 4 de noviembre, en donde la plataforma popular Altsasu Faxismoaren Kontra llam a hacer frente al fascismo en todos los frentes.

Vamos a exponer tres puntos para tener tiempo de debate: Uno, las relaciones entre racismo y fascismo. Dos, la evolucin del fascismo. Y tres, los mtodos para combatirlo.

Uno:

Existe un hilo de rechazo, odio y violencia opresora que recorre internamente a la xenofobia, chauvinismo y racismo. Antes de que los griegos antiguos denominaran brbaros a los que balbucean una lengua incomprensible para la cultura helnica, ya exista un fuerte sentido de superioridad de los egipcios hacia los griegos tal cual atestigua Herdoto; del mismo modo, la cultura china despreciaba a los pueblos que no pertenecan al centro del mundo que lgicamente era el chino. En la Europa del siglo XV la alta cultura italiana admiraba a la bizantina; desde comienzos del siglo XVI con la invasin de Amrica, la esclavitud africana, y los primeros saqueos de India, sentaron las bases de un sentimiento de superioridad defendido por Maquiavelo, Bacon, Montesquieu, Kant

G. Lukcs se refiere al conde de Boulainvilliers como uno, si no el primero, de los fundadores del racismo cuando en 1727 escribi un libro tratando de demostrar la superioridad racial de la nobleza francesa, que era directa descendiente de los francos, sobre el pueblo descendiente de los vencidos galos. Desde 1831 el exacerbado patriotismo francs de Chauvin da pie al trmino chauvinismo, y entre finales del siglo XIX e inicios del S. XX autores como Gobineau y Chamberlain dan forma al racismo ideolgico. Las obras de este ltimo fueron editadas en gran nmero, financiadas y regaladas por el kiser Guillermo II y alimentaron la ideologa proto-nazi de los freikorps que a las rdenes de la socialdemocracia masacraron la revolucin alemana de noviembre de 1918 y el levantamiento del Ruhr de primavera de 1920.

Pero el racismo con pretensiones de cientificidad, el ms peligroso, surge en EEUU con el darwinismo social y la sociobiologa elaborados tambin en esa poca para controlar la masa imparable de migrantes, las resistencias indgenas y el aumento de la lucha de clases. El determinismo gentico intenta una y mil veces demostrar las diferencias entre sexos y grupos humanos, no hablando de razas superiores sino de diferencias, aunque corrientes nazis defienden explcitamente la superioridad racial blanca. El racismo falsamente cientfico es creacin yanqui, y fue empleado por los nazis para justificar la superioridad de su raza germana.

En sus orgenes, el fascismo italiano no era racista en el sentido estricto, sino que defenda la superioridad civilizacional de Roma sobre un Mediterrneo con mucho cruce de pueblos y culturas diferentes, pero las presiones nazis sobre todo desde 1938 le hicieron dictar medidas raciales. La ideologa fascista italiana se fue creando sobre la marcha, casi por encargo, mezclando un machismo feroz y violento con una lgica imperialista implacable. Segn Mussolini, la muchedumbre es como una mujer, adora a los hombres fuertes, y todo hombre es imperialista porque responde a una tendencia elemental.

El nazismo integra la ideologa racista de origen francs dentro de la sociobiologa yanqui, mezclado todo ello con el nacionalismo ultraderechista alemn en expansin desde la segunda mitad del siglo XVIII. En Alemania, en 1930, antes de llegar al poder, los nazis propusieron medidas racistas en el Parlamento, que fueron ampliadas desde 1933, legalizadas en 1935 y reforzadas en 1938 con la ocupacin de Viena. Desde entonces las aplicaban militarmente en todos los pases que invadan, casi siempre con el apoyo directo de sus burguesas respectivas. Adems, el racismo nazi era oportunista porque impelido por las exigencias de la guerra aceptaba tropas y trabajadores voluntarios de razas inferiores, y ocultaba las impurezas raciales de varios de sus jerarcas y de algunas personas necesarias para el esfuerzo econmico.

El racismo nazi golpe con una brutalidad salvaje no slo a los judos sino tambin a los pueblos eslavos y en especial a los prisioneros del Ejrcito Rojo, a las guerrillas y a la poblacin que las apoyaba, lanzndose con saa contra los comunistas. La prensa burguesa ha ocultado o minimizado este genocidio hablando casi exclusivamente del holocausto judo. El militarismo japons tambin fue racista en extremo contra occidente y contra los pueblos asiticos, aunque lo intentaba ocultar con una fraseologa pan-asitica. Como todo racismo, el japons era misgino, pero en grado superlativo, organizando una especie de ministerio de la prostitucin que esclaviz sexualmente a cientos de miles de mujeres como trofeos de guerra.

Dos:

El fascismo es un movimiento complejo que se form en las dcadas 20 y 30 por los efectos de la IGM, de la aparicin de la URSS y la crisis de 1929, bsicamente. Con algunas diferencias, el militarismo japons se endureci por la angustiosa falta de recursos materiales. Antes del fascismo surgieron regmenes bonapartistas, poderes con los que una minora utiliza la fuerza armada y judicial para gobernar en favor del capital porque la burguesa no puede hacerlo por s misma ni tampoco el proletariado tiene fuerza para imponerse. El bonapartismo es una dictadura, pero sin llegar a los extremos del fascismo porque es una fase intermedia que puede concluir en el fascismo o en la revolucin, de ah la decisiva importancia de saber discernir el momento entre bonapartismo y fascismo.

Sin estudiar ahora el bonapartismo, el fascismo apareci sobre su fracaso para evitar el empeoramiento de la crisis en aquellos pases en los que no haba triunfado la primera oleada de revoluciones burguesas: Holanda, Gran Bretaa, EEUU y Francia, aunque en ellos tambin hubo movimientos fascistas. Triunf en Italia, Alemania, Espaa, etc., y en Japn en forma de militarismo, porque en estos Estados la burguesa no pudo asentar un poder de clase fuerte, sino que tuvo que negociar con los restos feudales y terratenientes, con el poder religioso, con las castas militares, etc., de forma que no logr desarrollar los medios sociales que facilitan una relativa e insegura integracin del proletariado.

El trnsito de la fase colonial a la imperialista agudiz los problemas de estos Estados atrapados en entre dos frentes: el interno, por la lucha de clases y de pueblos dentro de sus mismas fronteras; y el externo, por el enorme poder de los Estados ms poderosos, los de la primera oleada de revoluciones burguesas tambin golpeados por la lucha proletaria interna, pero con ms recursos de integracin y con mayores recursos de saqueo imperialista. Tras la derrota de 1945 el fascismo fue cambiando de formas mantenindose semioculto, aunque recuperndose desde los aos 90 a raz de los cambios mundiales que entonces se intensificaron como la implosin de la URSS, la financiarizacin, etc. La crisis iniciada en 2007 ha impulsado tanto el racismo como nuevas expresiones fascistas, neofascistas, movimientos de extrema derecha radical en los Estados que lo sufrieron entre 1922-45, pero tambin en otros muchos Estados, en Amrica Latina, por ejemplo.

Vamos a ver seis caractersticas del fascismo de entonces y sus formas actuales:

Una: En las condiciones de 1922-39, hasta justo antes de la II GM, el fascismo no dud en aplicar medidas econmicas en apoyo de sus grandes empresas, muy parecidas a las que tambin hacan los otros Estados: el News Deal yanqui, por ejemplo, no se diferenciaba en lo bsico del intervencionismo estatal fascista, y en lo esencial otro tanto hay que decir del resto de Estados. La crisis de 1929 exiga por su gravedad hasta entonces desconocida, el intervencionismo pblico respetando la propiedad privada, o en todo caso, algunas nacionalizaciones muy rpidamente devueltas a sus propietarios una vez saneadas. Recordemos la admiracin de Keynes por el fascismo.

En la actualidad, el amplio espectro de ultraderechas, neofascismos y fascismos defienden sus capitalismos estatales, aunque se alan a nivel regional para adquirir ms fuerza. Estas alianzas que tambin se dieron en el pasado, ahora son ms activas porque responden a la mundializacin de las contradicciones, caracterstica presente en 1922-39 pero con menos intensidad. Ahora no cuestionan los mtodos monetaristas y neoliberales, sino que los quieren aplicar con ms determinacin en sus pases, justificndolos desde un nacionalismo imperialista aorante del pasado pero que no contradice frontalmente las alianzas mutuas porque se trata defender la civilizacin occidental amenazada de muerte por peligros mayores que en 1922-39.

Dos: los fascismos de entonces acudieron a la demagogia pseudo-socialista y a la manipulacin de lo irracional y afectivo, del miedo y de la frustracin, para neutralizar la influencia de la URSS y de la socialdemocracia entre la clase obrera, buscando ampliar el apoyo de masas ms all de las clases medias y de la pequea burguesa. En muchos sitios lo consiguieron durante un tiempo, porque el fascismo tena una base de masas superior al bonapartismo. Pero cuando fue necesario, Mussolini depur a los fascistas duros; Hitler a las SA, Franco a los falangistas recalcitrantes, Tojo al sector pacifista, etc. Cuando el gran capital que les haba alimentado econmicamente y que haba puesto a su disposicin la fuerza de masas de la derecha, de la Iglesia, del Ejrcito, de la prensa exigi al fascismo que cumpliera sus promesas hechas en reuniones secretas, promesas de orden, represin y de sobrexplotacin laboral ocultadas a las bases que se haban credo la demagogia pseudo-socialista, el fascismo cumpli lo prometido al gran capital liquidando a sus excompaeros o condenndoles al ostracismo.

Por ahora los fascismos se presentan bajo la bandera de la recuperacin de los valores, la denuncia de la corrupcin, la inoperancia de la casta poltica, etc., recuperando el asistencialismo reaccionario del pasado, redivivo en el Hogar Social en Madrid y el de Amanecer Dorado en Grecia. Se trata de crear unidad nacional frente a la amenaza exterior y la indiferencia de la casta poltica para con sus compatriotas empobrecidos: primero los espaoles, Amrica primero de Trump Pero cuando tengan que llamar al orden a quienes crean que pueden atacar al capital transnacional, lo harn sin piedad, como Salvini en Italia que ha advertido que no cuestiona el capitalismo sino la debilidad poltica frente a la invasin africana.

Tres: al no disponer de un poder pacfico de integracin y de represin selectiva de la lucha de clases tan efectivo como el de las democracias imperialistas, y al haber fracasado la fase bonapartista, el fascismo recurri a la represin indiscriminada contra la clase obrera, sus sindicatos y sus organizaciones sociales, contra la izquierda y en menor medida aunque tambin contra la burguesa liberal y renuente al fascismo, contra las naciones y culturas oprimidas en base al racismo la mayor parte de las veces y contra los mismos derechos democrtico-burgueses. Pero, adems, aplic el terror difuso y el terror aleatorio contra la poblacin en general incluida la parte que le apoyaba o que era fascista: nadie estaba libre de sospecha. Ambas formas de terror, el difuso y el aleatorio, se basaban en la delacin generalizada promocionada con especial eficacia en Alemania. Pero semejante barbarie nunca logr acabar con las resistencias.

Por ahora, no atacan frontalmente como entonces al movimiento revolucionario para destruirlo en cuanto tal, aunque da a da se endurecen sus agresiones, sino que agreden al complejo formado por el anti-racismo, la polisexualidad, la autoorganizacin juvenil de base, el feminismo radical, la cultura libre y crtica, las luchas independentistas, los derechos concretos, etc. Atacarn frontalmente a la izquierda revolucionaria y al sindicalismo sociopoltico cuando lo vean factible sin que se vuelva contra ellos, cuando vean dividido y desorientado al pueblo trabajador, cuando vean acobardada a la izquierda y cuando se lo mande el Estado.

Cuatro: con ritmos e intensidades diferentes, pero en la misma lnea, el fascismo impuls la industria militar antes que las democracias imperialistas. Ya para 1922, el pequeo ejrcito alemn ideolgicamente proto-nazi puso en marcha una estrategia de rearme y de alta cualificacin de sus mandos, as como campos de entrenamiento negociados con la URSS; tambin, para evitar el control aliado, cre en secreto oficinas de investigacin civil en terceros pases europeos que diseaban nuevas armas; tambin se dise la reconstruccin de las fbricas de armas desmanteladas tras 1918 y se dio un enorme impulso a la investigacin qumica para fabricar combustibles sintticos, y todo ello antes de que los nazis llegaran al poder en enero de 1933. Japn no tena esas dificultades para su intenso rearme, excepto el gran problema de los recursos energticos. Otro tanto hay que decir de Italia y de Espaa, aunque en este ltimo caso muy limitada por su enorme atraso tecnocientfico y el desolador exterminio fsico e intelectual realizado por el terror franquista y nacional-catlico.

Ahora son los Estados los que se rearman, en especial el imperialismo yanqui, pero los fascismos cumplen un papel clave porque, primero, expanden la ideologa militarista e imperialista entre la juventud alienada lo que les permite provocar situaciones de terror difuso y hasta aleatorio cuando quieran y donde quieran. Segundo, la orientan abiertamente hacia el ataque al peligro interior, los migrantes y el movimiento revolucionario, etc., y, mediante sus estrechos contactos con empresas de seguridad privada, con cuerpos de polica y con el ejrcito, disponen de grupos armados penetrados por los servicios secretos y con un eficaz aparato propagandstico reforzado por la industria del futbol y las mafias. Tercero, tambin la orientan hacia el peligro exterior; China, Rusia, Medio Oriente, zonas geoestratgicas vitales para Occidente impulsando el belicismo imperialista. Y cuarto, la recreacin de ejrcitos privados filiales empresariales de los Estados interacta con el fascismo, con la propaganda militarista, con la cultura de la guerra, de la tortura, del terror patriarcal.

Cinco: el fascismo de entonces hizo un expansionismo imperialista sin parangn hasta ese momento tanto por su descarada ferocidad, como por su prctica de saqueo y expolio sistemtico de las riquezas del pueblo invadido, y, por ltimo, la descarada justificacin ideolgica culturalista, supremacista y racista. El imperialismo fascista necesitaba apropiarse del mximo posible de riquezas de toda ndole, incluido el arte, en el mnimo tiempo posible sin reparar en sufrimientos humanos, porque sta es una de las dos formas factibles para mantenerse en el poder apoyando al gran capital y lograr la colaboracin pasiva o activa de la poblacin alimentada en parte gracias al salvajismo. Dejando el imperialismo anterior a 1922, tenemos Italia en Libia, Etiopa, Albania, Grecia, Japn en Manchuria, China, Filipinas, Birmania; Espaa en Euskal Herria, Catalunya, Galiza; Alemania

El imperialismo actual es ms complejo y astuto que el fascista de hace 74 aos, y por ello ms devastador e inmisericorde. Ms complejo porque desde que legaliz el saqueo mundial imponiendo el Consenso de Washington de 1989, lo ha ampliado y diversificado: la dictadura de la deuda de los pueblos al capital financiero-especulativo; los expolios y la transferencia de valor realizados por las transnacionales; las guerras irregulares y algales que proliferan; las guerras injustas de opresin y las justas de defensa; las intervenciones humanitarias; la poltica de sanciones a los pueblos y Estados que no obedecen al imperialismo, terminando en las guerras convencionales como contra Irak, Yugoslavia, Libia, Siria, etc., grandes guerras regionales con la participacin directa de terceros Estados, etc. Por ltimo, y adems del intento de imponer la Lex Mercatoria, no se puede ocultar el peligroso paralelismo entre la espiral de conflictos sociales y blicos anteriores a las dos primeras guerras mundiales, y el contexto presente ms explosivo y letal que los dos precedentes, por razones obvias.

Y seis, la creacin de una lite sociopoltica integrada en la burguesa gracias al saqueo de bienes de la oposicin interna reprimida y del expolio imperialista privatizado, corrupcin estructural, pedidos a las grandes empresas, apropiacin de donaciones al Estado Arribistas, funcionarios, intelectuales, pequeos burgueses, tcnicos de empresas, fascistas de base, militares, grupos cristianos arramplaron con todo lo que pudieron para integrarse en la burguesa. Lo hicieron con impunidad, muy pocos de ellos devolvieron parte de lo robado y bastantes fueron cooptados en los servicios secretos y en sus ejrcitos, y otros simplemente se adaptaron como demcratas de toda la vida en las burguesas y sus negocios, en la prensa y en los sistemas represivos civiles como jueces, fiscales, policas, abogados del Estado, etctera. Los grupos cristianos permanecieron intocables. La incrustacin de esta lite criminal en la sociedad burguesa democrtica -la desnazificacin fue cosmtica- es una de las fundamentales razones que explican la pervivencia soterrada del fascismo y su reaparicin posterior.

Ahora sucede otro tanto, pero a escala mundializada. La liberalizacin financiera impuesta por EEUU e Inglaterra en la mitad de los 80 cre una lite de tiburones financieros, administrativos y consejeros salidos de empresas, universidades e instituciones; la implosin de la URSS cre una nueva burguesa muy relacionada con las mafias; la respuesta a los atentados del 11-S-2001 cre empresas de seguridad con patente de corso que expoliaron desde el crudo hasta obras de arte de valor incalculable pasando por el esclavismo sexual. Aunque la crisis de 2007 hundi a muchos de estos advenedizos, otros se asentaron dentro de la alta burguesa y el reforzamiento del capital especulativo de alto riesgo los ha multiplicado de nuevo. Todo ello acrecienta el contenido parasitario de la clase burguesa y las facilidades para el ascenso del fascismo en esos sectores dispuestos a todo con tal aumentar sus desorbitadas ganancias.

Tres:

Hemos visto qu es y cmo aumenta el racismo, y sus relaciones con el fascismo clsico y actual. Ahora mismo, en Euskal Herria sufrimos la impunidad fascista de mltiples maneras, cada vez ms abiertas y pblicas, como su presencia reciente en Bilbo, Altsasu, etc. Cmo combatirlo? Esta pregunta se la hace el movimiento revolucionario desde antes de 1922 e incluso desde antes, desde que irrumpi en escena el bonapartismo en la mitad del siglo XIX para arbitrar en beneficio del capital mediante un cierto apoyo de masas alienadas. Responderlas correctamente fue vital desde 1922 hasta 1945, y lo vuelve a ser desde unos aos porque el fascismo, como las vboras, ha cambiado de piel pero sigue con el mismo veneno. Peor an, desde incluso antes de la llegada de Trump los fascistas ya estaban perdiendo el miedo a decir gritando lo que pensaban en voz baja, pero desde Trump ya no se callan.

La verdad es que el resurgimiento relativo pero alarmante del fascismo ha cogido desprevenido al grueso de las fuerzas sociopolticas menos a la izquierda revolucionaria que vena advirtindolo desde hace tres lustros, como mnimo. Pero ms alarmante es el fortalecimiento del bonapartismo en Polonia, Brasil, Italia, Hungra, Francia, Austria, Alemania, Reino Unido, Rusia, Tailandia, Turqua, y por supuesto EEUU. Es ms alarmante porque como hemos dicho arriba el bonapartismo puede ser la antesala del fascismo segn cmo evolucione la lucha de clases. El gobierno espaol no es bonapartista, aunque declaraciones de Casado, presidente del PP, sugieren algunas tentaciones hacia esa forma de gobierno, reforzadas por la presin de Vox y Ciudadanos.

Tenemos que partir del hecho de que los grupos fascistas son la forma ms cruda del nacionalismo espaol desquiciado por su decadencia en el capitalismo mundial, por la tendencia al alza de las reivindicaciones independentistas y de la lucha de clases. Somos las naciones trabajadoras oprimidas las que ms nos jugamos en el ascenso del autoritarismo que llevara a un hipottico bonapartismo en Madrid y de ah a un fascismo en las condiciones del capitalismo actual, arriba expuestas. El pretendido reformismo del gobierno del PSOE, pazguato y falso, es la va ms rpida para el posible triunfo de la derecha ms dura, antesala del fascismo si se dan las condiciones. Las claudicaciones ante el capital nunca han detenido al monstruo, pero siempre ha debilitado a sus vctimas. Recordemos que, a nivel estatal, las esperanzas del 15-M-2011 fueron defraudadas al poco tiempo al cegarlas en la oscuridad parlamentaria: la victoria del PP en 2015 cerr la primera fase. Con la cada de Rajoy se ha abierto la segunda fase que, si vuelve a fracasar, a defraudar, puede permitir que la derecha se endurezca an ms, se envalentone y se lance hacia el bonapartismo al llegar al poder, constando que el centro y el reformismo tienen ms miedo a los pueblos y a las clases explotadas que al capital.

En sentido general, la lucha contra el fascismo debe empezar con la lucha contra el peligro bonapartista, que es su antesala en la mayora de los casos, en otros, en la minora, contra el peligro de un golpe de Estado fascista. Pero las naciones trabajadoras oprimidas ya malvivimos en un rgimen de dictadura encubierta y de aparente democracia, lo que nos exige elaborar una estrategia propia que vaya directamente contra el fascismo. Por ejemplo, aunque el rotundo ridculo del acto de Vox en Bilbo, con poco ms 200 asistentes, y el rechazo masivo de alrededor de 500 invasores de Altsasu, as como otros muchos ejemplos, muestran las dificultades actuales del fascismo para movilizarse pblicamente en Hego Euskal Herra, no es menos cierto que, por un lado, son muchos los votos del nacionalismo espaol de derechas duras y ms duras; por otro lado, son muchos los votos del nacionalismo espaol de centro-reformista; y por ltimo, es sabido que el Estado espaol puede impulsar el terrorismo fascista cuando lo necesite. Con algunas diferencias, otro tanto sucede en el resto de naciones oprimidas.

La lucha contra el fascismo pasa por la defensa del independentismo socialista, por la crtica prctica de todas las expresiones del nacionalismo espaol en especial las ms reaccionarias, pero sin menospreciar la lgica estatal inherente al nacionalismo republicano y estalinista, como se aprecia ahora mismo en Catalunya y otra escala en Galiza y el resto de pueblos oprimidos. Sera un error catastrfico en lo tctico poner al mismo nivel el nacionalismo fascista con el republicano, desde luego; pero en lo estratgico el error consistira en no advertir que ese nacionalismo espaol republicano, de izquierda estatalista, porta una lgica de dominacin latente que ha actuado en el pasado contras los derechos prcticos de los pueblos, que ahora se plasma en una relativizacin o rechazo incluso del derecho/necesidad de la independencia, y en la exigencia abierta o soterrada de que la nica forma organizativa eficaz es estatal.

La lucha contra el fascismo ha de discernir cuidadosamente estos niveles, pero, a la vez, ha de, por un lado, multiplicar la solidaridad entre los movimientos internacionalistas; por otro lado, impulsar la autoorganizacin de focos de contrapoder popular; y, por ltimo, ha de elaborar una estrategia revolucionaria hoy inexistente.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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