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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2018

Cuaderno postcrisis 12
Economa sin frenos: de inercias, lobbies y demandas pseudoigualitarias

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

De nuevo estamos inmersos en una dinmica que parece incontrolable. Cada da nos anuncian que estamos ante un cambio tecnolgico imparable. Las finanzas vuelven a estar fuera de control (hasta el ortodoxo FMI da alguna seal de aviso al respecto). La especulacin inmobiliaria a escala internacional azota a las grandes ciudades del mundo. Y, pese a los cada vez ms alarmantes informes sobre el cambio climtico, la dinmica depredadora no se detiene. En el plano local, la combinacin de especulacin con el suelo y la vivienda, el turismo de masas y las nuevas formas de distribucin estn remodelando el espacio urbano sin que nadie sea, por el momento, capaz de cambiar en serio sus lgicas depredadoras.

Estamos ante dinmicas econmicas que conducen al desastre ecolgico y social. Y que constituyen una parte del contexto sobre el que florecen respuestas reaccionarias que no harn ms que realimentar los problemas. Sin duda hay que pensar en respuestas, pero primero hay que hacer el diagnstico. Evidentemente, cada cuestin tiene sus especificidades y requiere ser analizada en concreto. Pero considero que, en todas ellas, y especialmente en la cuestin ambiental, actan elementos comunes que me parece til destacar.

II

En primer lugar, estn las inercias: los procesos que ocurren sin pensar, que resultan inevitables dada la trayectoria que hemos seguido para estar donde estamos. Las inercias del sistema se deben a muchos factores. Los comportamientos rutinarios son poco reflexivos pero facilitan la vida cotidiana. Una vez adoptada una decisin, los costes de revertirla a menudo son mayores que los de mantener la lnea escogida. Por ejemplo, cuando se ha realizado una enorme inversin, o se ha desarrollado una determinada lnea de innovacin tecnolgica, es ms fcil mantener la actividad productiva o la senda tecnolgica adoptada que replantearlo todo de nuevo y tirar por la borda el dinero, el tiempo y el trabajo invertidos en el viejo proyecto. Slo si la decisin se muestra palpablemente errnea se adoptar un cambio radical. Casi nunca se adoptan giros radicales ni en lo personal ni en lo econmico. Aunque el riesgo de no adoptarlos pueda ser el desastre. Por eso acaban quebrando muchas empresas que inicialmente eran slidas pero no supieron desvelar los cambios que deba adoptar. Lo mismo vale para todo tipo de organizaciones. La economa convencional suele olvidar este problema. Ms bien cree que pequeos ajustes de precios provocan grandes cambios de comportamiento. Pero su anlisis casa poco con el comportamiento real de personas y empresas. Los cambios siempre son lentos, requieren de poderosos estmulos (o amenazas), a menudo incompletos.

Y el miedo al coste del cambio provoca que la inercia se imponga y la situacin evolucione a peor. Los ejemplos de la dependencia del pasado abundan. Es el caso del debate actual sobre la venta de armas a Arabia Saudita. Si uno se especializa en producir armamento, es fcil que en algn momento se deba enfrentar al dilema que se le ha planteado al Gobierno. Si, adems, hay un territorio cuyo empleo depende crucialmente de este tipo de produccin, aumentan los impulsos para aparcar las convicciones pacifistas. O el del modelo de transporte metropolitano: si un territorio se ha desarrollado espacialmente basndose en el uso del coche privado, resulta complejo y costoso articularlo con el transporte colectivo.

Se requiere de circunstancias extremas, de demandas sociales muy potentes y superar muchas resistencias para provocar transformaciones importantes. Sobre todo cuando estos cambios afectan tanto a empresas y organizaciones como a los comportamientos cotidianos, rutinarios, de la gente.

III

Las dinmicas que he tratado de destacar son hasta cierto punto involuntarias, automticas. Pero a ellas se suman los intereses conscientes. Detrs de casi toda actividad econmica hay algn grupo de inters, alguna empresa capitalista. Y la empresa es una institucin no diseada para resolver problemas sociales complejos sino para ganar dinero. Y, para ello, la mejor opcin (o la ms sencilla) es casi siempre mantener el tipo de actividad que se desarrolla. Y, a menos que las cosas estn muy claras, la primera respuesta va a ser la de intentar oponerse a los cambios. El capitalismo real no es nunca este sistema en permanente ajuste que describen los manuales de economa. Es un mundo donde las grandes empresas (y a veces incluso las pequeas o las corporaciones profesionales) invierten dinero y esfuerzo para proteger sus intereses particulares.

Los lobbies del sector energtico contra el Panel del Cambio climtico, del sector financiero contra la regulacin del sector, de la industria automovilstica o qumica, son los ejemplos ms evidentes de este proceder. Sabemos, por ejemplo, que uno de los apoyos cruciales a Bolsonaro proviene de la agro-empresa que constituye la principal amenaza a la Amazonia. Su trabajo no se limita a conseguir influencia sobre polticos y reguladores, sino que se extiende en la direccin de ganar influencia social, legitimar sus intereses como intereses colectivos. A menudo, los trabajadores de estas empresas son los primeros en apoyar los intereses del lobby (el caso de los astilleros de Cdiz y del mismo alcalde es paradigmtico), pero su influencia se extiende mucho ms all. Y las nuevas tcnicas de tratamiento de datos facilitan la aplicacin de tcnicas relativamente diferenciadas para consolidar la influencia social del lobby. Lo hemos visto en directo en casos locales. Por ejemplo, en la brutal oposicin del sector automovilstico a la implantacin del tranva en el centro de Barcelona: el argumento mayoritario ha sido, lgicamente, el de subrayar el empeoramiento del trfico en la ciudad tratando con ello de movilizar a los adictos al coche privado. Pero tambin se ha sugerido que el tranva, al dificultar el trfico, elevar la contaminacin y los ruidos, y provocar colapsos en las zonas vecinas (con lo que se trata de alarmar a una parte de la poblacin que no es contraria al tranva pero que puede temer sus efectos). Y se ha generado un tercer argumento consistente en explicar que, lejos de buscar el bien comn, la implantacin del tranva es una mera maniobra especulativa de un gran grupo empresarial (Alstom), con lo que se ha conseguido sumar al bloque opositor a un sector de anticapitalistas despistados.

La accin de los grupos de inters refuerza las inercias. Bloquea la adopcin de cambios. O, simplemente, ayuda a que la trayectoria adoptada sea la que mejor concuerda con sus objetivos. Y, adems, tiende a impedir una reflexin colectiva sobre las mejoras opciones sociales. El "no hay alternativa" no se limita a menudo al diseo de la poltica macroeconmica, sino que alcanza a muchos espacios particulares de la actividad econmica.

IV

En algunos campos, a esto se une lo que yo llamo "pseudo-igualitarismo". Una respuesta que no nace de la accin desde arriba sino de una demanda democrtica desde abajo.

La actividad econmica tiene su base en la naturaleza, en los procesos reproductivos de los seres vivos, en la ocupacin del espacio. Todo ello impone lmites a las acciones de la especie humana, lmites que de sobrepasarse pueden generar una cadena de problemas. Si esto se toma en cuenta, puede fcilmente deducirse que el acceso a todos los bienes nunca puede ser universal. Que unos bienes y servicios pueden garantizarse a todo el mundo, otros deberan de prohibirse (porque generan mal social) y otros racionarse. A los primeros los llamo "bienes comunistas"; aquellos cuyo acceso deberamos garantizar a cualquiera. Los dems exigen un determinado tipo de gestin.

Por ejemplo, sabemos que el uso del vehculo privado genera enormes problemas de contaminacin y colapsa el espacio pblico. Por eso, cada vez resulta ms evidente la necesidad de limitar su uso. Y aqu es cuando se producen nuevos problemas y resistencias. El capitalismo consumista tiene un punto legitimador igualitario: promete a todo el mundo que tiene derecho a acceder a cualquier bien. Y en buena parte ha generalizado el acceso a muchos bienes que antes slo eran de lujo. El problema es que la generalizacin causa enormes problemas sociales y ambientales; no slo en el caso del coche, tambin el turismo masivo o la tenencia de mascotas, por situar cuestiones que hoy estn en el centro de muchos debates. Y es inevitable que a medio o a corto plazo se proponga regular, restringir el uso de estos bienes "no comunistas" o "perniciosos".

Hay dos formas bsicas de hacerlo: mediante precios o mediante racionamiento. En un mundo donde la distribucin de la renta fuera completamente igualitaria el mecanismo de los precios quizs sera eficiente, pues cada cual debera decidir donde prefiere gastarse el dinero. En el mundo real de las desigualdades, los precios tienden a provocar que los ricos puedan seguir disfrutando de los bienes no comunistas, ms o menos lo que ocurra en el capitalismo pre-consumista. El racionamiento es tambin problemtico porque a menudo se abre a discriminaciones por razones diversas (clientelas, burocratismos etc.) Seguramente, cualquier solucin sensata deber adoptar combinaciones inteligentes de los diversos mecanismos y estar abierta a una evaluacin peridica de sus efectos. Pero lo que parece evidente es que cualquier intento de restriccin seria del uso de recursos no comunistas va a generar rechazos basados en lo injusto que unos tengan acceso y otros no. Y este rechazo se convierte en otro poderoso apoyo a los intereses y a las inercias que estn impidiendo que se tomen medidas efectivas sobre cuestiones ambientales y econmicas de intenso calado.

V

Impedir los desastres exige sortear estas tres dinmicas. Y, para hacerlo, lo primero es entender en cada caso cul es su importancia. Qu fuerzas propenden a la perpetuacin, qu intereses predominan y cmo, qu demandas igualitarias son respetables y cules no. Y, despus, elaborar un conjunto de respuestas que minimicen las resistencias y faciliten las transiciones. Una accin en la que a menudo el recurso a grandes eslganes (como por ejemplo la apelacin sin matices al decrecimiento) es intil y bloquea muchos procesos.

Nos jugamos mucho en acertar con la estrategia. La marea reaccionaria que parece invadir el planeta tiene mucho que ver con estas cuestiones. Y su triunfo constituye un grave peligro para cualquier proyecto de sociedad humana social y ambientalmente aceptable.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-173/notas/economia-sin-frenos-de-inercias-lobbies-y-demandas-pseudo-igualitarias

 



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