Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2018

La trampa de la diversidad interpela a buena parte de la izquierda

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Entre los muchos libros que se han publicado en lo que va de ao, me ha llamado la atencin uno que lleva por ttulo La trampa de la diversidad. El reclamo no ha sido tanto el libro en s mismo, como la furibunda reaccin que su edicin ha originado en una parte de la izquierda, siendo as que, paradjicamente, est escrito desde la izquierda. El libro se ha convertido en un revulsivo para determinados grupos progresistas, lo que hace sospechar que tal vez haya hecho diana. Buen ejemplo lo constituye la reaccin del joven coordinador general de IU, quien se ha tomado la molestia de hacer una crtica en eldiario.es de nada menos que de 19 pginas. Si se descuida, casi tantas como las del propio libro. La crtica es en extremo premiosa, dira que hasta alambicada y enmaraada, empeada en requerir para cada aseveracin que en el libro se hace tales comprobaciones, anlisis y pruebas que, para dar cumplimiento a estas exigencias, el autor del libro, Daniel Bernab, tendra que haber escrito una enciclopedia de varios tomos y no un ensayo poltico.

Al margen de disquisiciones tericas, disquisiciones que me atrevo a decir que no estn claras ni para el propio Garzn (tengo comprobado que cuando no se habla ni se escribe con claridad es que tampoco se tiene claro lo que se quiere transmitir), hay que preguntarse qu es lo que indigna tanto al coordinador de IU. Al leer cualquier libro resulta difcil estar de acuerdo con todas sus afirmaciones, pero no por ello hay que reaccionar con agresividad y virulencia, a no ser que uno se sienta aludido personalmente. Ciertamente, estoy lejos de suscribir todas las tesis del ensayo, pero resaltara ciertas ideas que me parecen acertadas y que tienen el mrito de interpelar a la izquierda desde la propia izquierda.

Pocas dudas hay, aunque parece que algunos lo cuestionan, de que a principios de los ochenta se produce una inversin profunda del pensamiento poltico en el mundo occidental. En los aos cincuenta, sesenta e incluso setenta la ideologa socialdemcrata fue ganando terreno hasta hacerse dominante en la concepcin del Estado y de la poltica en los pases desarrollados occidentales. Este pensamiento contagia incluso a los partidos conservadores, que asumen muchos de sus principios y termina informando las constituciones de todos los pases. En todas ellas se establece el Estado social frente al Estado liberal. Incluso Espaa, que sale de una dictadura, copia en su Constitucin el espritu y la letra de los Estados vecinos de Europa.

En 1980, sin embargo, coincidiendo con los gobiernos de Reagan y Thatcher, comienza un proceso inverso. Aprovechando las dos crisis del petrleo de la dcada de los setenta, se declar sin razn alguna la muerte de Keynes. Poco a poco se va imponiendo la globalizacin en la economa, con lo que los mercados y muchas empresas se hacen transnacionales, mientras que el poder poltico se mantiene encerrado en el estrecho campo del Estado-nacin. Comienza a desmoronarse as la columna en la que se asentaba el Estado social, la subordinacin de las fuerzas econmicas al poder poltico democrtico. Lo ms grave de esta situacin es que los partidos de izquierdas asumen la globalizacin y lo hacen no como una decisin poltica libremente adoptada por cada uno de los Estados, sino como un hecho social y econmico obligatorio e imposible de eludir.

A su vez, la Unin Europea que se haba mantenido durante bastantes aos sin apenas modificaciones, emprende en los aos ochenta una carrera en orden a la integracin, pero siempre en la misma direccin, la del neoliberalismo econmico, la de encarnar la globalizacin en sus estructuras. El ltimo paso de este proceso ha sido la Unin Monetaria en la que al renunciar los Estados a la moneda propia renuncian al mismo tiempo a la capacidad de control sobre la economa entregndosela a los mercados o a instituciones polticamente irresponsables y carentes de configuracin democrtica, tales como el Banco Central Europeo. La izquierda europea no parece haber sido consciente de que al dar la aquiescencia a la moneda nica se echaba en manos del neoliberalismo econmico y cerraba casi cualquier posibilidad de instrumentar en el futuro una poltica economa de izquierdas.

Esta evolucin de la realidad econmica y poltica en las ltimas seis dcadas resulta bastante evidente, al menos para los que tenemos ya una cierta edad y hemos sido testigos presenciales de ella. No necesitamos ni fuentes empricas ni encuestas ni examen de los resultados electorales que parecen necesitar las nuevas generaciones de la izquierda, tal como reclama Garzn en su artculo. Basta por ejemplo comprobar cmo han evolucionado los sistemas fiscales (incluso en Espaa) y las normas laborales de los distintos pases, o ver los discursos y el pensamiento de los principales mandatarios de la izquierda: Tony Blair, Schrder, Felipe Gonzlez o, ltimamente en Espaa, Zapatero y Snchez.

En contra de lo que algunos parecen defender, no se precisa hacer una tesis doctoral acerca de si se denomina neoliberalismo econmico, clase dominante, oligarqua financiera, etc., para aceptar que a partir de principios de los ochenta, una serie de grupos sociales, econmicos y polticos, sea cual sea su denominacin, se rebelan contra el Estado social pensando que se ha ido demasiado lejos en la poltica redistributiva. Alguien lo ha llamado rebelin de los ricos. No en vano el primer detonante se produce con las reformas fiscales de Reagan y Thatcher. No creo demasiado en las teoras conspiratorias, pero cuando la finalidad es comn resulta lgico pensar que los grupos confluyan de forma natural (sin ser necesario que se pongan explcitamente de acuerdo) en establecer una estrategia para conseguir por todos los medios posibles el logro de sus objetivos, entre ellos el de fragmentar las clases sociales y las posiciones ideolgicas contrarias a sus intereses.

El subttulo del libro de Daniel Bernab reza as: Cmo el neoliberalismo fragment la identidad de la clase trabajadora. Con la palabra diversidad Bernab se refiere a todas esas polticas y reivindicaciones transversales que afectan a determinados grupos sociales definidos por criterios diferentes de la situacin econmica de sus componentes: matrimonio homosexual, lenguaje inclusivo, igualdad de retribuciones entre hombres y mujeres, derechos de los animales, memoria histrica, educacin para la ciudadana, defensa del medio ambiente y un largo etctera. Nada negativo encuentra Bernab en todas estas reivindicaciones, ni en los grupos que las defienden, siempre que no compitan y suplanten la lucha ms global e integral entre clases sociales, es decir aquella que se produce frente a una oligarqua que quiere imponer sus intereses y su modelo econmico, en detrimento de la mayora social menos afortunada.

Del libro de Bernab parece deducirse algo ms, y es que esa minora, a la que se denomina neoliberalismo, propicia esas reivindicaciones ms particulares y la diversidad en los planteamientos que de ellas se derivan para romper la unidad de las clases bajas y desviar as la atencin de las exigencias ms generales y universales. No s hasta qu punto es siempre as. Desde luego en Espaa existe un caso en el que se cumple este aserto de forma clara. El nacionalismo y el regionalismo dividen a la izquierda y la apartan de su finalidad principal y de sus aspiraciones ms genuinas. La Espaa plural colabora muy eficazmente a los intereses del neoliberalismo y de la clase dominante.

El 15-M desapareci de Catalua en cuanto hizo su aparicin el soberanismo, y las reivindicaciones sociales y laborales se transformaron en exigencias independentistas. Esa fue la habilidad de Artur Mas. Cuando, como consecuencia de los ajustes de los que era cmplice, la contestacin y la crtica se dirigieron hacia l, hasta el extremo de que se vio forzado a entrar en helicptero en el Parlament, supo quitarse de en medio y hacer nicos responsables a los extremeos, andaluces, castellanos, aragoneses, gallegos, etc., que, segn los nacionalistas, se estaban aprovechando de los catalanes.

Lo ms grave es que la desorientacin que afecta a la izquierda catalana se ha contagiado a buena parte de la izquierda del resto de Espaa, que de forma inexplicable ha asumido los argumentos y la causa de los secesionistas. El absurdo ha llegado a tal extremo que el Parlamento espaol se encuentra dividido en dos mitades casi iguales, pero la mayoritaria, donde se sita la izquierda, est sometida al dictado de los golpistas.

Bernab nos advierte acerca del peligro de que lo que en su libro llama diversidad sirva de coartada y pretexto para que determinados gobiernos que implementan polticas de derechas puedan presentarse a sus electores como representantes de la izquierda. La poltica econmica de Zapatero, bajo la batuta de Solbes y Salgado, fue pura continuacin -cuando no superacin- de los errores de Aznar, y entre ambos generaron las condiciones para la recesin en la que se vio sometida posteriormente la economa espaola. Su poltica fiscal estuvo entre las ms reaccionarias que han existido, eliminando el impuesto de patrimonio, reduciendo el IRPF y modificando el impuesto de sociedades hasta el extremo de que el tipo efectivo de las grandes empresas lleg a no superar el 3%, y eso sin hablar de las medidas que acometi al final de su mandato cuando entr en pnico ante la crisis. Sin embargo, se ha pretendido considerar a sus gobiernos de izquierdas por el hecho de mantener la paridad de gnero en su composicin, aprobar el matrimonio gay o crear un ministerio de la igualdad.

Snchez se mantiene en la misma senda de Zapatero. Es ms, intenta superarlo introduciendo ms mujeres que hombres en su Ejecutivo. Y pretende que su gobierno pase por izquierdista por exhumar los restos de Franco del Valle de los Cados, aunque despus no sepa qu hacer con ellos. Bernab se refiere explcitamente a este tema: Yo soy nieto de un represaliado republicano, que fue trabajador esclavo durante la dictadura. Con esto quiero decir que la Memoria Histrica es algo que me toca de manera personal, pero entiendo que eso no puede utilizarse para esconder otras cosas. No me parece inocente que el Gobierno de Pedro Snchez se centre en El Valle de los Cados al mismo tiempo que evita derogar la reforma laboral. Si el PSOE quisiera, tardara una maana en publicar la lista de amnistiados fiscales, pero no est dispuesto a meterse en conflictos econmicos con las lites. No deja de ser curioso que los que hemos sufrido a Franco casi ya nos hemos olvidado de l. Y que sean los que no lo han conocido los que se empean en utilizarlo como un comodn, especialmente los golpistas, para acreditar su pedigr democrtico y de izquierdas.

Tanto Zapatero como Snchez han creado el Ministerio de Igualdad, pero resulta significativo que su cometido no sea enfrentarse a la desigualdad con mayscula, la que se produce entre las distintas capas sociales, la que describe en su libro Thomas Piketty, sino tan solo la que se supone que hay entre mujeres y hombres. Es tambin revelador que cuando la vicepresidenta del Gobierno, en un gesto de audacia, anuncia que van a regular la composicin de los consejos de administracin de las empresas privadas se refiere tan solo a la proporcin que se debe dar entre mujeres y hombres, pero por supuesto ni se le ocurre hablar de la presencia entre sus miembros de representantes de los trabajadores, sean hombres o mujeres, lo que antes se llamaba cogestin.

Nada que objetar a la batalla del feminismo, siempre que no se caiga en el ridculo de querer cambiar la Constitucin para adaptarla a lo que llaman lenguaje inclusivo, o emplear la expresin ininteligible de los derechos de los nios y las derechas de las nias, pero sobre todo que no se pretenda con ella blanquear la incapacidad e impotencia que una parte de la izquierda tiene despus de asumir la globalizacin y la Unin Monetaria para separarse de las polticas de derechas.

Es posible que los llamados impuestos ecolgicos generen efectos beneficiosos de cara al medio ambiente, pero suelen tener un carcter regresivo desde el punto de vista de la equidad fiscal, ya que todos ellos tienen la condicin de indirectos; y, adems, en la mayora de los casos inciden ms en las clases modestas que en las adineradas, que pueden eludirlo de forma ms sencilla. Es lo que ocurre con el gravamen al gasleo que proyecta el actual Gobierno. Y tambin sucede lo mismo en lo referente a las penalizaciones establecidas por el Ayuntamiento de Madrid de cara a la movilidad y a las restricciones por contaminacin. No toda medida a favor de la lucha contra el cambio climtico puede ser aceptable sin ms para la izquierda, sin tener en cuenta otras consideraciones.

El libro de Bernab La trampa de la diversidad reta a buena parte de los partidos socialdemcratas, y de otras formaciones ms a la izquierda, que han asumido la globalizacin y la moneda nica y que se ven por tanto impotentes para implementar o incluso defender una autntica poltica de izquierdas. Sienten la tentacin de agarrarse a determinadas batallas, que sern perfectamente lcitas y justas, pero que no pueden ni deben sustituir la lucha por la desigualdad social y econmica. Interpela, en definitiva, a aquellos que afirman que el euro no es ningn problema y que el problema est en la monarqua.


Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/11/01/la-trampa-de-la-diversidad-interpela-a-buena-parte-de-la-izquierda/

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter