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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2018

El fascismo que viene?

Jorge Luis Ubertalli Ombrelli
Rebelin


El recin consagrado presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, decidi visitar el Chile de Piera antes que la Argentina de Macri. Esta visita, segn analistas, no slo estrechara lazos comerciales y polticos, sino que conllevar a una nueva divisin del trabajo en cuanto a aunar el podero militar brasileo con el chileno en el marco de controlar y hegemonizar la poltica, la economa y el desarrollo militar en el sur del subcontinente, en consonancia con la nueva administracin Trump y su retorno al belicismo y la prepotencia fascistas. Chile y Brasil, en el cono sur, son pases que han mantenido sus fuerzas armadas funcionando en sintona con sus necesidades de expansin. La antigua OTAS (Organizacin del Tratado del Atlntico Sur), concebida para neutralizar un supuesto avance de la URSS en el confn atlntico del subcontinente, ahora se remedara- sui gneris- en el marco de una nueva confrontacin de EE.UU. y sus aliados con China, pas orientado al Pacfico, pero con aceitadas relaciones con Rusia y Estados europeos. La biooceanidad reaccionaria en el Cono Sur estara garantizada por el Brasil Bolsonarista y el chile Pierista.

El fascismo

Movimiento reaccionario y anticomunista por excelencia, el fascismo naci en el marco de una crisis del imperialismo que se haba iniciado en el marco de la primera Guerra Mundial. Como lo sostuviera Lenin, las contradicciones y confrontaciones entre los pases europeos entre s, mas la participacin de EE.UU. en la confrontacin interimperialista, permiti a la naciente URSS hacerle frente por separado a los enemigos. La crisis imperialista, causa y efecto de la guerra, culmin con una casi bancarrota de los pases contendientes y a la par una ascensin del movimiento revolucionario y las luchas obreras en Europa y Asia, que llevaron a las grandes burguesas a extremar cuidados para recomponer las tasas de ganancia necesarias para su funcionamiento, y a la par declarar la guerra a los trabajadores. As naci el fascismo. Italiano primero, nazi y franquista-salazarista, ms tarde, que se caracteriz por:

-una centralizacin del capital en grado sumo, con la consiguiente liquidacin de los pequeos y medianos empresarios, lo que determin el control del poder de la gran burguesa en los pases donde se instal, mediatizada por el Estado fascista, que contaba con una base importante de masas.

- una presencia de masas importante que alimentaron al Fascismo, y que fueron utilizadas para reprimir extralegalmente a la clase trabajadora y a los movimientos y partidos revolucionarios. Esta masa de pequeo burgueses furiosos ante la crisis, obreros desclasados y elementos lmpenes, sirvieron al Estado fascista como soporte poltico y parapolicial para anatemizar y reprimir al movimiento obrero, a sus organizaciones sindicales y a sus vanguardias, y se fundieron ms tarde en el aparato del Estado represor.

-un desarrollo de la industria militar, en la perspectiva de una confrontacin con sus enemigos-competidores capitalistas por mercados, materias primas y espacios territoriales, mediante la guerra.

- una ideologa demaggica y contradictoria, que a la par que blasfemaba contra el capitalismo, acusaba a comunistas, socialistas y otros revolucionarios de extranjerizantes, y admita la centralizacin y reproduccin ampliada del capital en grado sumo por parte de la gran burguesa industrial y financiera.

-la exaltacin de los valores de la nacionalidad y la tradicin, entremezclndolos con el odio a lo extranjero, el racismo, la religiosidad sectaria y reaccionaria, la consagracin de las peores costumbres y tradiciones surgidas del oscurantismo, la ignorancia, la supersticin, la superioridad racial, nacional, etc., etc.

- el uso de la violencia paraestatal y estatal contra los trabajadores organizados, a fin de destruir cualesquiera de sus organizaciones que significaran conquistas y derechos.

Consecuentemente, el fascismo es un producto del capitalismo monopolista e imperialista. Todas las dems tentativas de interpretacin del fascismo en trminos puramente psicolgicos conllevan la misma debilidad fundamental. (Ernest Mandel, El Fascismo, 1969).

Cabe destacar una vez ms que el fascismo se diferencia de una monarqua o una dictadura militar por la base de masas que lo hace posible. Slo un movimiento semejante puede diezmar y desmoralizar a la franja ms consciente del proletariado, mediante un sistemtico terror de masas, mediante una guerra de hostigamiento y de combates en la calle y, tras la toma del poder, dejarlo no slo atomizado, como consecuencia de la destruccin total de sus organizaciones de masa, sino tambin desalentado y resignado. (L. Trotsky, citado por E. Mandel en El Fascismo)

Algunas falacias

Si bien el Estado fascista es aquel que parece autonomizarse en el contexto de la lucha interclasista y que persigue hasta destruir a toda organizacin de los trabajadores, sea comunista, social demcrata, social cristiana, etc., no es cierto que evite la privatizacin de las grandes empresas de industria pesada y militares. Ante este punto es necesario reproducir un prrafo del trabajo de Mandel, vinculado a la privatizacin de las industrias y materiales de guerra por la Alemania nazi:

La tendencia fundamental no era la nacionalizacin, sino la reprivatizacin, ni la primaca de cualquier direccin poltica sino los superbeneficios de las grandes empresas- sostiene Mandel.

En plena guerra, cuando hubiera podido esperarse de los partidarios de la guerra a ultranza que se mostraran absolutamente despiadados con los intereses privados, tuvieron lugar dos sucesos con las empresas Flick, que aclaran enormemente las relaciones de produccin existentes. El 4 de mayo de 1940, una de esas empresas negoci un contrato con altos funcionarios del Estado para la produccin de obuses y bazokas. Los funcionarios del gobierno haban calculado que, para obtener un beneficio razonable, Flick deba recibir 24 RM por obs. Pero la compaa exigi 39,25 RM por obs. Finalmente, el acuerdo se estableci en 37 RM, un beneficio suplementario de 13 RM por obs, es decir ms del 35%, o sea, ms de un milln de marcos suplementarios por todos los obuses fabricados hasta finales de 1943. Haciendo abstraccin de la dictadura nazi, la diferencia entre la primera y la segunda guerra mundial no es tan importante, despus de todo. En ambos casos, los soldados crean morir por la patria y, en ambos casos, moran por los beneficios suplementarios de los seores de la industria.

El segundo ejemplo es todava ms precioso. El ejrcito haba construido sus propias fbricas (con capitales provenientes de fondos pblicos, por supuesto). Estas fbricas se alquilaban generalmente a empresas privadas, recibiendo en contrapartida una participacin del Estado en los beneficios del orden del 30 o 35%. En 1942, la compaa Flick hizo lo indecible por tomar la direccin de Machinenfabrik Donauwrth GmbH (Sociedad de Construccin de Maquinaria Donauwrth). El 31 de marzo, el activo de Donauwrth ascenda a 9,8 millones de RM en el mercado, mientras que su valor contable oficial era de 3,6 millones de RM. Flick compr la fbrica (equipada con el material ms moderno) al precio indicado por el valor contable oficial. Klaus Drobisch evala sus beneficios en ms de ocho millones de RM en ese caso concreto. Cuando se levanta la cscara poltica se descubre el verdadero ncleo, la dominacin de clase. Si el Estado nazi hubiese nacionalizado sistemticamente todas las empresas de armamentos, si hubiese reducido despiadadamente los mrgenes de beneficios al 5 al 6%, si hubiese exigido, por ejemplo, que al menos la mitad de los directores de las fbricas que participaban en la guerra, fuesen representantes directos del Estado y las Fuerzas Armadas (puesto que, sin duda alguna, es lo que exige una guerra eficazmente dirigida), entonces podran justificarse parcialmente ciertas dudas sobre el carcter de clase de ese Estado. Pero los hechos demuestran con claridad lo contrario: la subordinacin brutal de todos los intereses a los de las grandes compaas. Y la subordinacin de todas las exigencias sectoriales a la direccin total de la guerra, llevada a cabo en el inters de esas grandes compaas, se detiene en el justo punto en que alcanza el alfa y omega: la acumulacin de capital por las grandes empresas.

Cabe aclarar entonces que el fascismo cipayo que caracteriza a Bolsonaro, y su anfitrin, el pinochetista Piera, no los inhibe de reprivatizar empresas vinculadas a la industria pesada- lase tambin industria militar- en tanto y en cuanto la sujecin al capital monopolista local, en sintona con el trasnacional- fundamentalmente el afincado en EE.UU.- los condicionan a tomar cualquier medida tendiente a beneficiar al capital monopolista.

El subimperialismo brasileo y el Israel del cono sur iniciaran su periplo hacia la agresin a Bolivia, Venezuela y otros pases de la regin que no comulguen con el nuevo orden trumpista.

Y la Argentina qu?

El Isidoro Caones que utiliza todava el silln presidencial para desde all orientar el saqueo, la explotacin y la humillacin al pueblo argentino no es comparable, como ya lo dijimos, a Bolsonaro. Ni tampoco a Piera. Y no es slo por su distinto y payasesco sesgo personal ni por su vocacin democrtica, sino porque, adems de ser un producto poltico de otra era, no cuenta con fuerzas armadas poderosas ni organizadas para participar en el eje reaccionario, contrarrevolucionario y pro imperialista Brasil-Chile, ni siquiera como aliado menor. Y tampoco con una gran base de masas. A pesar de que algunos de sus funcionarios y funcionarias se hacen los malos, no les d el cuero para aliarse en igualdad de condiciones con los fascistas brasileos y chilenos.Por lo tanto, la visin posible de sus homlogos de Brasil y Chile sera de la apurarlo a instaurar un Estado afn al de Bolsonaro y Piera, donde ya se instauran penas contra los que difundan propaganda comunista y se critica abiertamente a los gobiernos socialistas no afines a la democracia de EE.UU., o contribuir a su recambio por parte de los conocidos nacionalistas de siempre, los fascistas vernculos, que cuentan, como lo dijimos en otras oportunidades, con base de masas y aspiraciones brbaras. (ver No hay peor ciego, del autor, en barometrolatinoamericano.blogspot.com. noviembre 2018).

Se hace necesario aunar a los trabajadores de los pases donde el fascismo y el militarismo acechan a los pueblos y gobiernos no afines a los EE.UU. trumpianos en un frente nico y encauzar la lucha comn para dar vuelta la tortilla. Direccionar las luchas obreras y populares hacia la toma del poder y construir el socialismo es una cuestin de vida o muerte, de supervivencia ante la barbarie.

El fascismo debe ser nuevamente destruido, y con l el sistema capitalista, del cual es una de sus patas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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