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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2018

Resistencia vs depresin frente a la opresin

Eugenio Ral Zaffaroni
La [email protected] Ee


El totalitarismo es consciente de que no es posible resistir con una sociedad deprimida, por ello es importante insistir en que toda transformacin comienza desde el conjunto de las microcrticas sociales que van resquebrajando la base de la verticalizacin corporativa inherente a toda estructura de poder totalitaria

Es innegable que todos los das nos bombardean noticias poco confortantes y tratamos de no leer el diario temprano para no comenzar mal el da. Es verdad que es muy desagradable saber que tenemos presos polticos con Milagro a la cabeza-, se entrega el pas a la voracidad financiera con una creciente deuda. Se suscriben acuerdos que nos someten a organismos internacionales y cuyo contenido desconocemos (y lo desconocen tambin todos los legisladores). Hay jueces que criminalizan opositores. Se aprueba un presupuesto con clculos falaces y que no promete otra cosa que miseria. Que la polica infiltra anarquistas para provocar desrdenes y desarmar nuestra capacidad de movilizacin popular. El ejecutivo felicita y asciende a los autores de ejecuciones sin proceso. El presidente mueve jueces a su antojo en su tablero de ajedrez judicial cuyas cpulas se lo consienten, se persigue a jueces por el contenido de sus sentencias. Los gobernadores son presionados con amenazas de recorte o retraso en la remisin de partidas. Los medios monoplicos estigmatizan para preparar la criminalizacin judicial (lawfare o los once principios de Gbbels actualizados). Y no sera del caso seguir enunciando lo que todos vivenciamos cotidianamente, mientras esquivamos la mampostera demolida de lo que otrora fue un Estado de Derecho ms o menos aceptable, con un mercado interno de consumo considerable y cierta distribucin de riqueza menos inequitativa.

Ahora, para detener la inflacin, ser necesario no tener dinero para consumir, o sea, que los seres humanos estamos al servicio de la economa y no sta a nuestro servicio. Parece que el ideal es la inflacin cero an a costa de la vida cero.

En sntesis, todo esto es resultado de la decisin de entregar nuestra Nacin al poder de las transnacionales que hoy quieren vaciar todas las democracias del mundo, sin que importe si los pueblos votan por socialdemcratas, conservadores, liberales o quien sea, puesto que, cualesquiera fuesen los electos, no debern obedecer lo que quieren quienes les votaron, sino lo que les manden acreedores autcratas de transnacionales, que gobiernan ficciones de dinero de las que no son propietarios y que en los propios pases sede han privado de soberana a sus pueblos.

Desde hace quinientos aos la polarizacin bsica en nuestra regin est dada entre independencia y colonialismo. Es posible llamar izquierda a cierta distribucin de la riqueza y derecha a la mayor concentracin, pues una sociedad colonizada trabaja para otros y nunca puede tener una discreta distribucin. Pero esa denominacin es inofensiva a condicin de no confundirnos, es decir, siempre que seamos conscientes de que todo lo que decide nuestra distribucin de riqueza se juega conforme a la polarizacin bsica, porque nuestra posicin geopoltica siempre hizo que nuestro capitalismo haya sido derivado y, por ende, sera absurdo razonar como si vivisemos los tiempos europeos de la acumulacin originaria en la Revolucin Industrial.

Si apartamos la mscara del neoliberalismo como ideologa encubridora que coopta hoy las academias, veremos que esconde el rostro de un Pennywise o de un Chuk : se trata del totalitarismo financiero mundial, en manos de los chief executives officers (autcratas neurticos bajo estress continuo) de corporaciones transnacionales, que mantienen como rehenes y lobistas a los gobernantes de sus pases sede (cuyos gobernantes otrora decidan en el marco del antiguo imperialismo neocolonial).

En nuestra regin practican una etapa avanzada del colonialismo, valindose de sustituibles tteres locales, que descartarn cuando, una vez cumplida la misin de endeudar, por su voracidad e incapacidad de gestin pierdan funcionalidad para garantizar el pago de los intereses de las deudas siderales.

Al describir esto, se producen diferentes reacciones, sin perjuicio de los rasgos de personalidad como explicacin psicolgica, desde la interaccin se ponen de manifiesto claros condicionamientos sociales.

La reaccin ms extrema es el negacionismo frente al colonialismo que sufrimos, lo que no se explica simplistamente alegando que hay muchos fascistas. Esto ltimo no es cierto, ante todo porque los que pululan entre nosotros no son fascistas, sino algo peor si lo hay, o sea, personalidades autoritarias propias de sujetos frustrados dispuestas a impulsar cualquier atrocidad represiva. Por suerte, no son demasiados y nunca dejarn de ser como son.

El negacionismo ms difundido consiste en una defensa frente a la perspectiva de una depresin, que es la que sufre toda vctima de estafa, cuya primera reaccin consiste en negar su victimizacin y luego, cuando ante la evidencia ya no puede hacerlo, cae en depresin, porque todos nos deprimimos cuando nos damos cuenta de haber jugado el papel de tontos, crdulos o ingenuos y que otros ms hbiles nos han usado.

Pero hay otras reacciones a veces ms preocupantes, que corresponden a quienes caen en depresin por supuesta impotencia. Nos hemos ocupado antes de estas reacciones, pero queremos ahora hacerlo con un poco ms de detalle. Las reacciones depresivas son de dos tipos :

La primera de este tipo de respuestas ignora que tenemos a nuestras espaldas quinientos aos de tradicin de resistencia al colonialismo, empezando por el Padre Bartolom Las Casas y la resistencia de los indios, de los quilombosde esclavos fugitivos, de movimientos de liberacin, de gobiernos populares, de luchas sindicales, y todo lo que sera largo enumerar y respecto de lo que no cabe menos que recomendar que revisen un poco la historia de nuestro continente y de nuestro pas.

Y de qu han servido, si estamos como estamos ? Sera la objecin del deprimido. La respuesta es obvia : para que estemos como estamos. Pero de esa obviedad no es consciente quien responde sin darse cuenta de que sin todo eso no slo no estara como est y tal vez, ni siquiera estara, porque lo hubieran abortado por miseria, hubiera muerto de enfermedad infantil, le hubieran faltado protenas en la infancia y no tendra suficientes neuronas en su cerebro, no hubiera aprendido a leer y escribir y, si es el caso, nunca hubiera pisado la universidad.

Sencillamente, est aqu y ahora y puede hablar porque otrora por aqu pas nuestro pueblo, con sus prceres a la cabeza, esos que ahora reemplazan por animalitos en los billetes (dejo de lado a Roca y Mitre, claro, y faltaron Yrigoyen y Pern, aunque por suerte estuvo Evita), porque los animalitos son la vida y los prceres estn muertos, segn el inefable vocero del actual gobierno (o rgimen si gustan). Lo que calla el creativo vocero es que el totalitarismo (del que l es agente local colonialista) es tantico [Tnatos es la pulsin de muerte, que se opone a Eros, la pulsin de vida], no tiene en mira la vida, sino la muerte, pues de seguir adelante har desaparecer tambin a los animalitos, dado que no genera dos crisis, una ambiental y otra social, sino una nica crisis socioambiental (perdn por citar al Papa, que segn los bien pensantes hace bien en ocuparse de los pobres, pero hace mal en destapar la olla y explicar por qu hay pobres).

La segunda de las reacciones arriba referidas, la de la depresin por impotencia, es frecuente entre los que nunca se engaaron y tienen las cosas claras, por lo que debe preocupar incluso ms. Se trata de quienes dan la razn a la descripcin cruda de la realidad, la tienen incluso incorporada, pero reaccionan con un no podemos hacer nada y no pasa nada.

Aunque parezca mentira, estos tambin son vctimas del totalitarismo financiero, porque como todo totalitarismo, ste se esfuerza por desarmar cualquier resistencia mediante la depresin y, por supuesto, sabe muy bien que la sensacin de impotencia (o su omnipotencia propia) genera depresin.

Sin perjuicio de todas las espectaculares demostraciones de fuerza de cualquier totalitarismo (paradas, desfiles, muestras de fuerza, represin policial abierta, fanfarronadas autoritarias, etc.), en nuestra Patria, en Latinoamrica y en el mundo, gran parte de la poblacin es vctima fcil de una doble ilusin, que la lleva a creer que las transformaciones sociales slo se pueden producir desde el poder y con fuertes conducciones, o bien que, por el contrario, surgen como explosiones espontneas sin historia ni preparacin previa, algo as como movimientos que aparecen porque Dios quiere y slo podemos rezar para que ocurran.

Si bien ambas percepciones son errneas, todos los totalitarismos las explotan, estimulan y fortalecen, precisamente porque saben que son las que provocan depresin, que es el mayor antdoto para la resistencia. Quede claro que todo totalitarismo es consciente de que no es posible resistir con depresin.

Pero en la realidad, los fenmenos de transformacin social responden a una dinmica del todo diferente : ninguna cpula podra cambiar nada sin un previo debilitamiento del verticalismo social (descorporativizacin social), generado lenta y casi en silencio por la crtica y resistencia producida en cada punto de interaccin o encuentro social (fbrica, escuela, sindicato, barrio, hospital, lugar de culto, asociaciones, clubes, ONGs, cooperadoras, sociedades vecinales, carnicera, panadera, farmacia, etc.).

Aunque parezca extrao, toda transformacin comienza desde lo microsocial y el conjunto de esas microcrticas sociales es el que va resquebrajando la base de la verticalizacin corporativa inherente a toda estructura de poder totalitaria y, a su vez, es el presupuesto necesario que prepara el momento en que se produce una convocatoria convergente de la que emergen los grandes movimientos de transformacin.

Slo que la espectacularidad del momento en que se manifiesta el movimiento convergente, con demasiada frecuencia encandila y deja oculta la mirada de crticas microsociales que lo preceden y lo impulsan, y eso es lo que facilita alguna de las ilusiones de impotencia. No hay ninguna cpula ni fragmento de ella que pueda hacer nada transformador sin esto, ni tampoco ninguna transformacin que surja de la nada, pero el totalitarismo, para deprimir y debilitar toda resistencia, alimenta estas ilusiones.

Aunque parezcan insignificantes, locales, de pequeo contorno, son todas las microcrticas sociales que surgen en nuestros crculos reducidos de interaccin, las que lentamente se van enlazando para desembocar en un momento en el movimiento convergente de transformacin.

De all la importancia de insistir en ellas y de pensar desde esos encuentros -que parecen menores- cmo haremos para que, superada la emergencia colonialista que padecemos, surja un nuevo Estado, un nuevo nunca ms al endeudamiento colonizador, una valla institucional sostenida por nuestro Pueblo, para interrumpir el crculo viciado de irrupciones colonialistas que hacen regresar etapas de soberana, en particular desde 1955 hasta la fecha.

Los sesenta aos que el presidente considera perdidos, porque durante ese tiempo las minoras colonialistas no lograron entregar por completo a la Nacin y consolidar definitivamente nuestro sometimiento al colonialismo, deben invertirse de una vez por todas con un fuerte basta que consolide hacia el futuro la soberana nacional. Nadie debe ignorar que esta dinmica no se detiene y es vacunarse contra la depresin que quiere provocarle este totalitarismo financiero.

Fuente: http://lateclaenerevista.com/resistencia-vs-depresion/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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