Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2018

La desmesura

Jaime Richart
Rebelin


La civilizacin que, por encima de otras muchas cosas, es la plena madurez en la convivencia de una sociedad, no irrumpe en un pueblo o en una nacin de la noche a la maana. No decimos: la civilizacin ha llegado. Decimos, este o aquel pas es muy civilizado o est atrasado. Y es que la civilizacin, estrictamente hablando, es un proceso muy largo que no permite quemar etapas. Slo una guerra entre naciones precipita el progreso del pas ganador, y tambin progresa una nacin cuando recibe ayuda econmica de otra nacin o de un conjunto de ellas, que es lo que ocurri con los fondos de cohesin que recibe Espaa de la Comunidad Europea desde 1986; fondos cuyo objetivo, por cierto, es reducir las disparidades socioeconmicas y promover el desarrollo sostenible. Por consiguiente, guerras triunfales y ayudas reportan progreso material, bsicamente econmico. Pese a todo, las disparidades que las ayudas de Europa pretenden disipar, no slo no se han reducido sino que se han incrementado en Espaa. Por lo que la idiosincrasia, es decir, los rasgos ms sobresalientes de un pueblo como organismo vivo, permanece casi invariable. Lo mismo que el talante de la clase dirigente cuyos aspectos ms sombros da la impresi n de que se potencian.

Desde luego es sabido que en pa es atrasados no es infrecuente que los personajes a su frente se apropien de las ayudas internacionales... Y esto ha sido, de una manera indirecta, lo que ha ocurrido en Espaa. El sistmico saqueo de las arcas pblicas a raz precisamente de las ayudas de Europa se ha extendido a lo largo de al menos dos dcadas. Pero por otro lado, si en la dictadura fueron despticas las leyes y desptico el modo de interpretarlas, pese a los pronunciamientos de la nueva Constitucin sobre derechos y libertades, su interpretacin, la interpretacin de las leyes inspiradas por ella, la tendencia a la intolerancia destilada por el dogma religioso y la prepotencia de los herederos de los ganadores de la guerra civil slo han cambiado lo justo para evitar levantamientos. Pero no hay cambios sustanciales en el temperamento nacional porque gracias a esas ayudas haya ahora ms riqueza. Al contrario, el objetivo de los fondos recibidos de reducir las disparidades en la sociedad y promover el desarrollo sostenible en Espaa, en buena medida se ha frustrado. Espaa sigue sujeta a una ley evolutiva que abarca ms o menos tiempo pero aun as mantiene los rasgos predominantes de su idiosincrasia. Sobre todo en la clase dirigente: picaresca manifestada de distintas maneras, predominio ya mencionado de la religin y propensin de los dominadores sociales a obviar la estrechez o miseria de grandes bolsas de poblacin al tiempo que se desmelenan en los medios y producen agitacin los lderes para desestabilizar a la sociedad y para atraer a quienes en su intencin de voto estn entra la espada y la pared...

Teniendo en cuenta lo dicho, me atrevo a decir que en Espaa, todo lo que nos llega de ella a lo largo de todos los tiempos y de la historia reciente de su vida poltica y pblica es desmesurado. Todo cuanto sucede est fuera del quicio que tienen otras naciones del mismo sistema, cultura o civilizacin. Por eso estn vivos en la vida pblica todos los sustantivos y adjetivos que en la lengua espaola, rica en eptetos como quiz ninguna otra, expresan exageracin respecto al punto de vista de lo que el individuo corriente y mentalmente sano considera normal. Bravuconera, fanfarronera, grotesco, chanchullo, esperpento, caricatura, trapisonda, etc. son palabras aplicables a la actitud y al lenguaje de los mal llamados partidos conservadores; conservadores de los tics dictatoriales, pero no de las buenas costumbres y virtudes sociales que hablan bien de una nacin o de un gobernante.

No debiera extraar. Casi podemos considerar como lgica consecuencia que tras 40 aos de ayuno, de ayuno sexual, de ayuno de opinin, de ayuno del pensar, de ayuno incluso del sentir, el comportamiento general y el particular de los dirigentes que se han ido sucediendo sigan siendo ms o menos los mismos que hicieron acto de presencia repentina en la escena pblica al abrirse la espita del marco poltico en el que sobrenadamos. Me refiero a un torrente desbordado en la forma de manejar las ideas y los conceptos tan firmemente imbuidos en los espritus por los usos, costumbres e ideario de la dictadura de la que procede dicho marco que persisten, en grave detrimento de las esperanzas que la mayora de la poblacin abrigaba ante el nacimiento de una nacin nueva. Esperanzas que andando el tiempo se han ido esfumando hasta considerarlas malogradas al comprobar que el nivel de honestidad en la poltica, en los medios, en el empresariado, en la justicia y en tolerancia que se respira en Europa, queda muy lejos de lo acariciado entonces, hace cuarenta aos. Porque a lo largo de estas cuatro dcadas, el modo ladrn y tremendista de hacer poltica de unos polticos, la debilidad de otros, esos que abanderaron la causa de la repblica, la inevitable presencia entre bastidores de la jerarqua eclesistica, y una manifiesta continuidad del estilo interpretativo franquista de las leyes y de la Constitucin por parte de una Justicia de la que se esperaba redencin, han dado al traste no slo con la aminoracin de las disparidades socioeconmicas sino tambin con la ilusin de caminar hacia el ave Fnix de una sociedad renacida de las cenizas del oprobio...

El mismo juez, sobre todo el magistrado, es decir el juez que forma parte de un tribunal, sigue teniendo un visin de la sociedad distorsionada y no muy distante del tipo de sociedad franquista. No es infrecuente que segn la clase social a que pertenece el procesado y los apoyos indirectos con los que cuenten estos, no vean los tribunales de manera muy diferente y deformada al reo, como el matarife o el torero ven a un animal y no a un ser vivo. Es la razn por la que el aluvin se ha llevado por delante muchas cosas indeseables y con ellas otras que impiden todava encontrar el justo medio en la vida pblica y tambin en la privada. Pasar de un da a otro una pareja formada para toda la vida a estar en condiciones de divorciarse e impulsada por ello mismo a descasarse; dejar de ser delito una conducta que lo haba sido el da anterior; pasar de ser perseguido y torturado el homosexual a ser dueo de grandes cuotas de la propiedad de medios de comunicacin; encontrarse casi de repente Espaa con un flujo de dinero procedente de Europa con el que no contaba ni el m s ingenuo so ador; acariciar la idea de poder vivir en algunos de sus territorios como nacionalidad nueva en lnea con una histrica aspiracin... son fenmenos antropolgicos lo suficientemente potentes como para tambalear a comportamientos individuales pero tambin y con ms fuerza a colectivos y a partidos polticos. El modo de responder los gobiernos y el Estado a las aspiraciones de vascos y catalanes es un ejemplo de cerrazn incomprensible en la gobernacion de este periodo postdictatorial. El ayuno de los 40 aos de tirana pudo funcionar como terapia por los excesos de los aos 30. Pero pasar casi sbitamente a devorar libertades una vez transcurridas esas cuatro dcadas de ayuno de libertades, ha traido unas consecuencias nefastas para el organismo social que no ha sabido digerirlas. La poblacin en general tambin, pero quienes tenan la obligaci n de dar ejemplo: monarca, pol ticos, periodistas, jerarqu a religiosa y magistrados, en lugar de comportarse dignamente dimitieron de ella y entronizaron en la vida pblica una vez ms en la historia de este pas la desmesura. El monarca se convirti en un rufin, los jerarcas religiosos en comerciantes impostados, los polticos en ladrones, unos, y otros en politicastros, y los magistrados en unos tteres de su predominante ideologa tambin franquista...

Se dice que en todas partes hay corrupcin, que hay abusos, que hay perversidad. S, pero todo lo que de eso pueda haber fuera, en Espaa se potencia de una manera exponencial. El saqueo metdico de las arcas pblicas, el modo de tratar el periodismo y la justicia (con reminiscencias del tribunal de orden pblico franquista) predominantes los asuntos territoriales y el modo benevolente por otra parte de tratar gravsimos delitos econmicos con grave repercusin en el empobrecimiento de la vida ciudadana, todo es desmesurado. La predominancia de periodistas sin deontologa profesional que cuentan con el patrocinio de los propietarios de las cadenas de radio y televisin, su descarado desprecio de los contertulios con sus constantes interrupciones y pasividad manifiesta del moderador... La manera de instruir la causa del proceso cataln tras la poda humillante previa del Estatut por el Tribunal Constitucional, las condiciones en que se produjo y el rechazo del Estatuto Vasco presentado en el Congreso en 2005, y casos como el reciente de un hombre para el que la fiscal a pide 4 a os y 10 meses de crcel por hurtar un bocadillo, etc, todo pone de manifiesto lo catico, indignante, grotesco, absurdo y bajsimo nivel de la poltica, de los medios y de la justicia espaola: la desmesura...

Or un da y otro que se ha dado un golpe de estado en el Congreso porque ha accedido un presidente tras un protocolo constitucionalmente previsto... Or asimismo que se ha dado otro golpe de Estado con un delito de rebelin en Catalua porque se ha declarado simblicamente una repblica en aquella Autonoma, produce sonrojo no slo en gran parte de Espaa sino tambin en la Europa que est peridicamente allegando fondos al Estado espaol. Y de esa proyeccin de una Espaa semibananera se encargan especialmente los partidos polticos que se consideran adalides del patriotismo. Poco les importa el efecto que cause en los dem s pases el manifiesto divorcio que plantean con esa nomenclatura. Impiden las consultas institucionales y tratan a Catalua como a un enemigo a liquidar, dando de Espaa una imagen deplorable cuya visin millones de personas dentro y fuera comparten. Otra desmesura.

Las injusticias son desmesuradas, la corrupcin es desmesurada, las interrupciones en los debates de televisin son desmesuradas, la jactancia, la impostacin, la arrogancia y el psimo uso del periodismo de muchos de sus profesionales, no solo le hace repulsivos a ellos personalmente, sino tambin al propio periodismo como profesin. Al igual que pasa en la poltica cuyos miembros no solo se daan a s mismos sino que hacen indeseable la profesin poltica pues las virtudes que deben acompaar a su ejercicio, que son servicio a la sociedad y prudencia, brillan constantemente por su ausencia. La imprudencia de los polticos en Espaa, como la de los gobernantes, ha tomado hace mucho carta de naturaleza en la escena pblica. Los afirmaciones y promesas retricas de los lderes son moneda comn pese a que la hemeroteca les pone en una evidencia que a cualquier ciudadano corriente le avergonzara lo bastante como para pensar en dedicarse a otra cosa...

En todas partes hay corrupcin, en todas partes se interrumpe al que est hablando pblicamente en los platos de televisin, en todas partes hay canallas, en todas partes hay mentirosos, en todas partes hay maldad en todas partes hay abusos, en todas partes hay injusticia, en todas partes hay desigualdad, es el mantra que se oye a menudo en los mentideros para difuminar la importancia de tanto despropsito y tanta infamia. Pero esto importa un adarme porque no quieren ver que la desproporcin existente entre todas esas lacras sociales de todas partes y la que embarga a Espaa alcanzando tal dimensin que yo mismo evito calificar para no incurrir en otra desmesura...

Porque no es, en efecto, fcil imaginar una sociedad humana, an avanzada, que no est transida por algunas dosis de corrupcin. La imperecedera frase de Einstein, los males del mundo no vienen de los perversos sino de los que les consienten, es lapidaria. Y las proporciones que alcanzan en Espaa los despropsitos y la desmesura en la poltica, en la justicia, en la pobreza, en la desigualdad, son imposibles de igualar en cualquier otro pas europeo. Por ltimo, admito de buen grado que estas mismas reflexiones estn contaminadas de desmesura y que para algunos o muchos sean en s mismas desmesura aunque slo sea su extensin


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter