Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2018

Repblica, dignidad, justicia

Luis Toledo Sande
Bohemia


Atento a la marcha del mundo, y a todo lo humano, y abogado de formacin, Jos Mart plasm conceptos y generalizaciones sobre lo que significaba y significa una constitucin, incluso alguna en concreto. Una muestra de esto ltimo es su artculo Los cdigos nuevos, de abril de 1877, sobre la legislacin que entonces se daba Guatemala. Pero fue hijo de una colonia que, mientras lo fuera, no podra tener su propia ley de leyes, salvo la que se diese como Repblica en Armas, y mientras l vivi hubo solo la de Guimaro. Eso explicar que en su obra escrita usara ms frecuentemente el trmino constitucin para referirse a la estructura de un pueblo u otra zona de la realidad.

No obstante, leg tambin a la patria un pensamiento que pudiera llamarse constitucionalista. Pero no abraz un constitucionalismo abstracto, de puro teoricismo, ni atenido a concepciones positivistas, pragmticas, afines a la burguesa. Buscaba una civilidad, una democracia y un funcionamiento organizado y justiciero, todo ello cimentado en la solidaridad con los humildes.

Aspiraba a que, desde la guerra de liberacin para que pudiese lograrlo, sin estancamientos, despus de alcanzar la independencia, Cuba cultivase el pensamiento y los hbitos que hicieran de ella un pueblo nuevo y de sincera democracia. As lo estamp, como programa, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano.

La Cuba que en el camino trazado por su historia, y seeramente por Mart se libr de la dominacin imperialista estadounidense que sustituy al coloniaje espaol, abraza como blasn herldico en el prembulo de su constitucin de 1976 socialista y nica que ha tenido despus de 1959, y la mantiene en el proyecto constitucional sometido a consulta popular, una mxima de su Apstol. Es una aspiracin concentrada en su medular discurso del 26 de noviembre de 1891, cuando avanzaba hacia la fundacin del Partido: Yo quiero que la ley primera de la repblica sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Los ms esclarecidos ideales antisexistas en el uso del idioma, y de lucha contra la discriminacin de gneros, tienen derecho a sentir que en esa cita se habla de cubanos y cubanas y, ms abarcadoramente que del hombre tambin sinnimo de varn, de los seres humanos. Esa interpretacin es coherente con el pensamiento de quien, en el umbral de La Edad de Oro (1889), frente a la marginacin impuesta a la poblacin femenina adelant despejes antiacademicistas y declar: Para los nios es este peridico, y para las nias, por supuesto.

El legado martiano representado en la cita de 1891 tiene especial alcance para hoy en funcin de los ideales de equidad y decoro con que est responsabilizada Cuba. Esta es una nacin llamada a revertir prejuicios que vienen de una realidad en la cual el concepto mismo de repblica termin cuestionado, o satanizado, por los efectos de la frustrante injerencia con que los Estados Unidos impidieron en 1898 la victoria de Cuba contra el colonialismo espaol. De ah la frecuencia con que el rtulo la Repblica se ha reducido a lo condenable de aquella etapa.

En el afn de hacer de Cuba una repblica de trabajadores y trabajadoras basada en la soberana nacional, en la dignidad de su ciudadana otro concepto que reclama librarse de la costra que le viene de aquel contexto, y en la equidad como clave de la tica y la justicia, el pensamiento de Mart tiene mucho que hacer todava. Y no solo en su patria inmediata, aunque en los presentes apuntes se habla bsicamente de este pedazo de la humanidad, en la que l cal con profundidad y abarcamiento, sin perder de vista las caractersticas impresas a Cuba por las particularidades de su formacin.

Las lecciones del Maestro son tanto ms luminosas en la medida en que no se fundaron sobre ilusiones irresponsables. En 1894, cuando daba pasos decisivos en la preparacin de la guerra, escribi que se luchaba por la patria, ingrata acaso, que abandonan al sacrificio de los humildes los que maana querrn, astutos, sentarse sobre ellos.

No lo guiaban imaginaciones desmeduladas, sino la historia de nuestra Amrica, donde el caudillismo haba causado grandes estragos, inseparables de un incumplimiento que l vio como causa de frustraciones en el proceso independentista de la regin. En el ensayo Nuestra Amrica seal lo que debi haberse hecho y no se hizo: Con los oprimidos haba que hacer causa comn, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hbitos de mando de los opresores. Lo tuvo presente hasta en su valoracin de los hroes que ms admir, en primer lugar Simn Bolvar.

El magisterio que el legado del Libertador ejerci sobre l, se ha tenido en cuenta justamente. Pero acaso no se ha hecho otro tanto, o no al menos en su justa medida, con el ejercido por el compatriota a quien tuvo en el centro de su admiracin, Carlos Manuel de Cspedes, cuyas acciones e ideas germinaron, de manera tan devocional como implcitamente crtica, en su proyecto poltico, de formacin temprana. Su precocidad le permiti protagonizar una trayectoria tan intensa como la suya, segada cuando contaba una edad en la que parecera imposible acumular tanta cosecha de accin y de luz.

A finales de la Guerra del 68 dio seales de intuir, o comprender, que ya esa gesta vala sobre todo como tema de estudio y ejemplo para el futuro. Indagaba sobre Cspedes, como se lee en el borrador de una carta que fundadamente se considera pensada para dirigirla a Mximo Gmez, quien se hallaba en los campos insurrectos. En el texto se lee: Escribo un libro, y necesito saber qu cargos principales pueden hacerse a Cspedes, qu razones pueden darse en su defensaque, puesto que escribo, es para defender.Las glorias no se deben enterrar sino sacar a luz.

Por la papelera de la cual form parte, el borrador epistolar se vincula con apuntes en que se aprecian los rumbos del estudio que acometa, a tono con el modo como concibi la etapa revolucionaria que le correspondi preparar, informar y dirigir. Sin afn de agotar su contenido, vale detenerse en algunas lneas de los apuntes, sobre todo las relativas a la personalidad de Cspedes y al papel de la Cmara que se form en la Asamblea de Guimaro, celebrada del 10 al 12 de abril de 1869.

De la Cmara que haca leyes de educacin y de agricultura, cuando el nico arado era el machete; la batalla, la escuela; la tinta, la sangre, Mart valora pretensiones que justificaban los vetos interpuestos por Cspedes. Pero no le niega la sal y el agua. Con la matizacin que se citar pronto, la vea como ejemplo de un propsito fundacional: institucionalizar la Repblica en Armas, dotar de civilidad a la patria desde la contienda. No es fortuito que, para proclamar en 1892 la creacin del Partido Revolucionario Cubano, Mart, en homenaje a la Asamblea de Guimaro, escogiese el 10 de abril. Ello remite a un partido de sana vocacin constitucional.

Desde sus orgenes, esa organizacin sera una prueba de cunto aprendi su fundador al valorar a Cspedes. Este de quien su continuador cita, y no es casual: Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolucin el ms doloroso para m ha sido el sacrificio de mi carcter procur no imponerse autoritariamente sobre las tendencias que pugnaron en Guimaro, y Mart le reconoce: Sacrificaba su amor propiolo que nadie sacrifica.

Pero el peso de la personalidad de Cspedes se hara sentir con fuerza, por la entrega misional y honrada con que asuma su responsabilidad: Yo no estoy frente a la Cmara, yo estoy frente a la Historia, frente a mi pas y frente a m mismo. Cuando yo creo que debo poner mi veto a una ley, lo pongo, y as tranquilizo mi conciencia, apunta Mart qu pensaba el Padre de la Patria con respecto a su actitud ante determinadas iniciativas de la Cmara.

Cspedes instituy la forma militar, pues crea que la autoridad no deba estar dividida; que la unidad del mando era la salvacin de la revolucin; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpeca los movimientos.l tena un fin rpido, nico: la independencia de la patria, y la Cmara tena otro: lo que ser el pas despus de la independencia. Con la matizacin ya aludida, Mart juzga que los dos tenan razn; pero, en medio de la contienda, la Cmara la tena segundamente. Qu adverbio!

Cspedes, empeado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detena, y en esa tesitura asumi un ttulo que, viniendo de la estructura del rgimen colonial impuesto a Cuba por Espaa, creara resquemores. Mart reflexiona: Que se llam Capitn General.Temperamento revolucionario: fij su vista en las masas de campesinos y de esclavos. A ese nombre estn acostumbrados a respetar; pues yo me llamar con ese nombre.

El mayor homenaje, explcito o implcito, que Mart les hizo a Cspedes y a la Cmara, fue asumir lo mejor de ambos, y superarlo en junto. Y acerca de Cspedes en particular destaca lo que dijo de l en la semblanza de 1888 donde lo ponder junto con otro extraordinario compatriota a quien tambin admir en grande, Ignacio Agramonte. Del primero de ellos sostuvo: no fue ms grande cuando proclam a su patria libre, sino cuando reuni a sus siervos, y los llam a sus brazos como hermanos. Cspedes fue un sembrador, y en esa brega le dio continuidad Mart.

Cuando hoy la patria est enfrascada en darse una nueva Constitucin, tiene ante s, entre otros ejemplos de la prctica y las ideas de Mart, el nombre que l escogi cabe suponer que recordando la experiencia de Cspedes para el mximo cargo del Partido: delegado. No por prurito de creatividad lingstica, sino por su pensamiento democrtico, se distanci medularmente de rtulos habituales y caractersticos en la poltica de su tiempo.

En cuanto a contradicciones entre militarismo y civilismo trminos que requeriran otros comentarios, y a las derivadas de priorizar lo inmediato o desorientarse por obediencias inoportunas al futuro buscado, tambin hall la posicin justa para superarlas. En la entrevista de La Mejorana, que hasta por dolorosa sirve para tener una clara nocin del proyecto que l defenda, sustent enrgicamente sus ideas contra el cargo que algunos intentaban endilgarle, el de defensor ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento militar: Mantengo, rudo: el Ejrcito, libre,y el pas, como pas y con toda su dignidad representado. No estaba dispuesto a tolerar que la patria, [] y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejrcito, quedara como Secretara del Ejrcito.

Es difcil leer esa pgina de su Diario de Campaa, la correspondiente al 5 de mayo de 1895, sin recordar los apuntes en que alrededor de 18 aos antes haba reflexionado sobre Cspedes. Pero lo que sostuvo en La Mejorana vena de aos atrs y expresaba su concepcin de la guerra. Procuraba que esta fuera hecha con la soltura de una contienda que deba ser breve y directa como el rayo, escribi en 1893, pensando en peligros que urga vencer, ninguno ms grave que los generados por las ambiciones de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, buscaba que tuviese los componentes y la orientacin de repblica necesarios para que la victoria valiese la pena y no se reprodujeran los males sufridos por los territorios continentales que se haban independizado de Espaa.

Saba que no bastaba la letra de una ley para vencer escollos de pensamiento, en el que se requera librar una labor de lucha y persuasin constante. Refirindose a transformaciones que necesitaba la sociedad cubana, marcada por la herencia de la esclavitud, y teniendo en mente a quienes se guiaban por el plato de lentejas, escribi en 1894: Lo que se borra de la constitucin escrita, queda por algn tiempo en las relaciones sociales.

En su crnica estadounidense fechada 23 de mayo de 1882 le faltaban aos decisivos por recorrer escribi: Una Constitucin es una ley viva y prctica que no puede construirse con elementos ideolgicos. Acaso apuntaba a la ideologa como doctrinismo apriorstico, desorientador, y tanto las fuentes citadas como el contexto podan aproximarlo eventualmente al positivismo jurdico. Pero no se ilusionen los actuales voceros del pragmatismo: el pensamiento de Mart se opona, desde el fondo, al positivista. Rotunda prueba de que lo rebasaba desde una raigal posicin emancipadora dio al expresar, en 1891, su deseo de que la ley primera de la repblica buscada se guiara por el decoro humano, aspiracin de significado tico e ideolgico, no estrictamente prctico.

Sus concepciones, que puso una y otra vez a prueba como en la ruptura con el plan dirigido por Gmez en 1884, algo que no cabe analizar aqu se evidenciaron en hechos fundamentales. Fue fiel al propsito de que la autoridad revolucionaria no dependiese solamente de personas. Sin ignorar el justo peso de la autoridad y el ejemplo individuales, procur que la revolucin se institucionalizara debidamente, sin trabas burocrticas ni desconocimiento de la realidad. Cuando acomete en 1887 fracasado el referido plan insurreccional pasos ya decisivos hacia la fundacin del Partido Revolucionario Cubano, lo hace como presidente de una Comisin Ejecutiva creada con ese fin, no a ttulo personal.

La institucionalizacin central sera el Partido, cuya mayor autoridad, el delegado, era electo anualmente, como todas los cargos de esa organizacin, desde su base. Quienes los ocuparan, deban rendir cuenta peridica ante sus electores, y podan ser removidos en cualquier momento, como establecan los Estatutos aprobados.

Tales prcticas desbordaban los lmites de la democracia conocida en su tiempo, y Mart las ratific hasta en la seleccin del mximo jefe militar del Partido, un cargo que no fue otorgado por designacin, sino de la manera ms democrtica posible tratndose de un grado militar de esa jerarqua y pensado para una contienda. Cuando en 1892 Mart viaj a Repblica Dominicana para ofrecerle a Mximo Gmez la jefatura del ramo militar de la guerra, no solo expres la admiracin que senta hacia l: obedeci al proceso de consultas o eleccionario hecho entre veteranos del 68.

Iniciada la gesta, el primer gran paso organizativo sera la reunin en que se constituira la Repblica en Armas, y esa reunin Mart la llam, en plena campaa, Asamblea de representantes del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas, la representacin del pueblo alzado. Hasta dnde conseguira Mart que la Asamblea cumpliese los requisitos que l conceba, no se puede precisar: tuvo lugar despus de muerto l en combate.

Pero cabe preguntarse: de haberse hecho en vida suya, y con l presente, a quin los combatientes reunidos le habran confiado la mxima direccin de la Repblica, sino a quien haba logrado la unidad revolucionaria que nadie en Cuba haba conseguido antes, y con cuyo liderazgo se haba preparado la guerra? Desde que lleg a los campos insurrectos las tropas lo llamaban el presidente, y l dio testimonio de haber rechazado el ttulo, pero eso no significa que declinara la misin de guiar los destinos de la patria mientras ella le confiara esa tarea. Llegado el momento, no habra hallado tambin para esta un ttulo original, comparable con el de delegado que escogi para el lder del Partido?

En todos sus actos se mostr consecuente con su pensamiento democrtico, con la decisin no mero lema de echar su suerte con los pobres de la tierra. Plasmada en Versos sencillos, esa resolucin dio ttulo, Los pobres de la tierra, al artculo en que previ el peligro de los oportunistas que intentaran sentarse sobre los humildes una vez que se hubiera alcanzado la independencia con el sacrificio fundamental de estos, a quienes desde su personal y honrada posicin revolucionaria les asegura: Spanlo al menos. No trabajan para traidores.

Para el Partido y los preparativos de la guerra recibi la contribucin de cubanos ricos, cuyo aporte reconoci con gusto; pero expres especial confianza en los ms pobres. Claramente lo hizo en textos como el aludido discurso del 26 de noviembre de 1891, que, conocido por su lema final, Con todos, y para el bien de todos, pronunci ante un auditorio formado mayoritariamente por compatriotas obreros, entre quienes quiso dar los pasos determinantes hacia la fundacin del Partido. Y en ese discurso repudi a quienes se autoexcluan del proyecto justiciero. No eran pocos.

A la convocatoria por el bien de todos daban la espalda, entre otros, quienes suponan que la revolucin poda ser la algazara de los que no gozan de una riqueza que solo se puede mantener por la complicidad con el deshonor, y aquellos que la vean como la amenaza de la turba obrera. Mart los refuta: Esta es la turba obrera, el arca de nuestra alianza, el tahal, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prev y se ama! As se expresaba quien, dirigente revolucionario de un movimiento de liberacin nacional, quera que la repblica por la cual luchaba rindiese culto a la plenitud de la dignidad humana, pero no contaba con una unidad abstracta.

Muchos peligros e intereses urga encarar, y Mart los tena en mente cuando muri en combate al da siguiente de haber escrito su carta inconclusa a Manuel Mercado. En ella testimoni que marchaba hacia la Asamblea en que se organizara la Repblica en Armas y la dotara de una constitucin que desde la contienda, cuyo desarrollo era necesario asegurar, sirviera de umbral a la repblica independiente, guiada por el mencionado culto a la dignidad. Contra ese ideal se revolvan los prohombres que, desdeosos de la masa pujante, preferan tener un amo yanqui o espaol que les mantuviera sus privilegios.

Es innecesario, pero ha ocurrido y a este articulista le han asegurado que incluso en clases universitarias de Derecho, de lo cual no tiene pruebas, inventarle a Mart frases para subrayar la enorme vigencia de su pensamiento, algo que tambin se ha hecho con otras intenciones. La frase aludida Jurar ante la tumba de los muertos de la guerra del 68, con flores, que Cuba tiene que darse una nueva constitucin aprobada en referndum. Pero antes el pueblo ha de conocer en consulta popular de qu va la nueva constitucin y hacia dnde va como nacin no est donde se ha dicho que la escribi, su carta del 9 de octubre de 1885 a compatriotas emigrados en Filadelfia, ni se ha encontrado en ningn otro texto suyo, hasta donde sabe quien esto escribe. Tampoco se corresponden tales trminos con la realidad cubana de su tiempo.

Vale, s, volver sobre sus textos conocidos, como aquellos donde muestra que su lucha contra el imperialismo entonces naciente no solo obedeca a lo que ese monstruo representaba para nuestra Amrica y el resto del mundo. Tambin tena en cuenta lo que significaba para el propio pueblo de los Estados Unidos, cuya opinin las fuerzas dominantes del pas, capitalizando los frutos de la explotacin interna y el saqueo de otros pueblos, ya se sentan autorizadas a considerarla as escribi Mart una mula mansa y bellaca, no corcel de raza buena.

No esperaba que de semejante realidad le viniera a Cuba algo verdaderamente beneficioso y perdurable. En la tercera y ltima de sus Impresiones sobre los Estados Unidos para la revista neoyorquina The Hour (octubre de 1880), se lee con respecto al ambiente de esa nacin: La esclavitud sera mejor que esta clase de libertad; la ignorancia mejor que esta ciencia peligrosa.

El alcance de ese juicio se comprende con saber cun altamente valoraba en general la libertad y el conocimiento. Es sabido que en 1884 afirm: Ser culto es el nico modo de ser libre, y a propsito del libro Cuentos de hoy y de maana, de Rafael de Castro Palomino, publicado el ao anterior, haba expresado: De todos los problemas que pasan hoy por capitales, solo lo es uno: y de tan tremendo modo que todo tiempo y celo fueran pocos para conjurarlo: la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia.

Si de constituciones se trata, viene al tema lo que en crnica fechada 25 de marzo de 1892 hallada gracias a Ernesto Meja Snchez hace ya algunas dcadas entre otros artculos suyos que an no figuraban en sus Obras completas expres con respecto a los Estados Unidos y la clara desventaja en que la ignorancia situaba a los ms humildes: no puede votar sobre la Constitucin quien no sepa leer en ella. Tal limitacin se combinaba con las manquedades y falacias de la libertad que mezcla de liberalismo y voracidad imperialista l vio, y denunci, en las entraas del monstruo.

En su discurso Madre Amrica (diciembre de 1889) sostuvo que dicha libertad era como el pas: seorial y sectaria, de puo de encaje y de dosel de terciopelo, ms de la localidad que de la humanidad, una libertad que bambolea, egosta e injusta, sobre los hombros de una raza esclava. Acerca del espejismo de la supuesta democracia asentada en la confrontacin entre partidos dominantes, haba dicho algo que deben analizar con atencin quienes idealizan esa realidad.

En su crnica del 8 de diciembre de 1886 se lee: El partido republicano, desacreditado con justicia por su abuso del gobierno, su intolerancia arrogante, su sistema de contribuciones excesivas, su mal reparto del sobrante del tesoro y de las tierras pblicas, su falsificacin sistemtica del voto, su complicidad con las empresas poderosas, su desdn de los intereses de la mayora, hubiera quedado sin duda por mucho tiempo fuera de capacidad para restablecerse en el poder, si el partido demcrata que le sucede no hubiera demostrado su confusin en los asuntos de resolucin urgente, su imprevisin e indiferencia en las cuestiones esenciales que inquietan a la nacin: y su afn predominante de apoderarse, a semejanza de los republicanos, de los empleos pblicos.

Tal era la claridad de quien el da antes de caer en combate escribi que todo cuanto haba hecho, y hara, era para cumplir su deber de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza ms, sobre nuestras tierras de Amrica. Esa luz sigue y seguir guiando a Cuba en todos sus empeos por crecer y perfeccionarse como nacin soberana al servicio de la equidad social, inseparable del decoro, de la dignidad humana. Mart vive.

Fuente: http://bohemia.cu/opinion/2018/11/republica-dignidad-justicia/


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter