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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2018

Psicoanlisis Religin y Poltica
Bolso-narcos en accin: bala y biblia para todas

Rafael Villegas
Rebelin


Es lcito igualar el efecto de los consuelos religiosos a los de un narctico

 Sigmund Freud

 

Neoevangelismo, xtasis y drogas peligrosas

La toxicomana que anida en el fundamentalista religioso representa una de las peores adicciones. Se comporta como una droga de alto poder destructivo.

Mayormente, estos grupos religiosos se apuntalan sobre la creencia de que la Biblia fue dictada por dios, sin mediaciones, como palabra que descendi del cielo. El proceso de de-cognicion es ineludible; ellos miran desde el cielo la tierra. El empobrecimiento subjetivo de este tipo de experiencias conlleva la prdida en grandes dosis del juicio de realidad sobre el entorno y los otros. No hay vacilacin en los pensamientos porque tales son irreductibles. Dios lo dijo, est escrito y punto.

La alteracin sobre la percepcin de la realidad se pone de manifiesto en el pensamiento mgico. Se abraza la certeza que mediante ciertos actos rituales pueden alterar el curso sobre determinados asuntos humanos de modo sobrenatural, cuestin que Freud observ en la similitud de este mecanismo en la neurosis obsesiva.

De este modo, el fundamentalista va horadando sus mecanismos de autoconservacion deslizndose hacia la construccin de un tejido de alianzas en torno a la obsesin por una causa, que implica -entre otras cuestiones- la destruccin del orden de cosas para instaurar el nuevo mundo al que creen haber sido llamados. Se autoinducen en sus cultos (muchos de ellos diarios) mediante la msica y el martilleo repetitivo de frases y oraciones del tipo mantricas hasta alcanzar no pocas veces estados alterados de conciencia e hipnosis colectivas.

El aislamiento de sus vnculos de origen, amigos y la comunidad va afianzndose en tanto comienza a perseguirlos el miedo al contagio de aquellos que no piensan como dios manda y la xenofobia entonces no tarda en aparecer hacia los que no piensan igual que ellos. La manipulacin de la afectividad culpa mediante- es parte de esta compleja y desquiciante operacin psicolgica por parte de los lderes religiosos. Hablan de conversin, pero es lisa y llanamente lavado de cerebro.

Con la autoestima ya decapitada, queda allanado el camino hacia el deseo de fin del mundo. Hablan de las seales antes del fin. El mundo est perdido. Las catstrofes se convierten para ellos en signos de esperanza. Es la cocana de la fe.

La experiencia clnica demuestra a las claras que por detrs de esa fachada entusiasta y eufrica que exhiben muchos de ellos, se esconden profundas heridas narcisistas retroalimentadas desde el agobio y el tormento de la culpa. Culpa porque son pecadores, culpa porque aman, y paradjicamente al mismo tiempo pero de modo inconfeso- culpa porque odian al dios que reverencian.

Este proceso paulatinamente va cronificndose hasta que el fanatismo exultante los empuja a librar una cruzada contra los poderes del demonio que ven encarnado predominantemente sobre toda poltica pblica y movimientos sociales de diferente signo que procuran la justicia social y los derechos sobre la libre sexualidad de todes.

Se erigen as, como los portadores de la ira de dios en nombre de un esencialismo heteronormativo. Es extremadamente importante observar que en este punto las fronteras entre los credos catlico y protestante quedan borradas. El menosprecio al cuerpo y la represin de la sexualidad los contiene a ambos en las mismas proporciones.

Vale aclarar que determinadas experiencias religiosas son agentes de salud en tanto se orienten hacia una fe como una expresin de fidelidad a la vida. La experiencia de Jess y los primeros cristianos, as como las diversas teologas de liberacin dan cuenta de ello. Pero cuando esta orientacin va en sentido contrario, asoma el pensamiento nico. Conductas escapistas y regresivas a niveles que pueden derivar en cuadros clnicos graves como el delirio psictico, y perversiones de todo pelaje. Cuando la fe se organiza en torno a una construccin delirante del tipo dios me habla soy el elegido etc., estamos ante un fenmeno de suma peligrosidad, y ejemplos sobran en la historia.

El componente adictivo o farmacodinamia de esta narco-teologa reposa sobre un fundamento cruel y siniestro: el Sacrificialismo. Me refiero concretamente al mito de la expiacin, una antigua interpretacin medieval que atribuye cualidades salvficas a la tortura y el asesinato de Jess por parte de un dios vengativo y sediento de sangre.

Esta lectura esotrica que se ha hecho sobre la muerte de Jess, necesariamente tiene que obviar las causas polticas de su asesinato. Pero una lectura atenta y contextuada de la Biblia, y otras fuentes histricas, desarman por completo tal interpretacin redentorista. Jess experimento la muerte de los desobedientes, no la de los obedientes. Fue fiel a un proyecto de liberacin hasta las ltimas consecuencias y por eso lo asesinaron. Por enfrentar a la meritocracia del Imperio Romano. Su crucifixin no justifica el sufrimiento, ni lo propicia en absoluto como as lo promueve el fundamentalismo neoliberal- sino que lo denuncia y desenmascara en todas sus formas.

De nuevo, la culpa juega aqu un papel primordial en la construccin de este mito de consolacin y motor de la violencia. Ella se incrusta el psiquismo como aduana de la razn destruyendo la autoestima, precipitando conductas paranoides de autoacusacin y reproche. La justificacin teolgica de la culpa deja al fundamentalista arrojado ante su propia autoobservacin policaca que disocia de s, atribuyndola a la mirada de un dios que lo controla. Pero es l mismo vigilado por dentro y por fuera. Flota en las nubes sobre una ambivalencia que lo estrangula. Son presas del terror a quedar atrapados para siempre en la religin y al mismo tiempo pnico de salirse de ella por temor a la condena eterna. No hay escapatoria. La trampa es perfecta.

Como si fuera poco, hay otra dimensin siniestra a considerar en cuanto a las derivaciones de toda esta maquinaria de triturar sujetos. Un factor que debe ser investigado seriamente en algunas de estas estructuras religiosas, y que son, los presuntos lazos que establecen con los carteles de la droga, convirtiendo a los templos en fachadas para el lavado de activos provenientes del narcotrfico y el crimen organizado.

El efecto Bolsonaro

Los fenmenos de masas no tienen pasaporte ni visa para entrar a ningn pas. Nada viene como una avalancha de all para ac. Jair Bolsonaro es la expresin de un tipo de subjetividad que asoma por arriba pero que se viene vertebrando desde hace dcadas en las entraas de la regin. Tiene que ver con la economa, con el consumismo, el pensamiento mgico y la religin. Ella es el chasis que sostiene la locomotora del capitalismo. La ilusin del progreso infinito, la utopa de la felicidad privada y el desarrollo capitalista, no tienen apoyo ms que en premisas teolgicas que operan como el fuselaje invisible de la poltica. No podemos entonces esperar otra cosa que el surgimiento de este tipo de lderes mesinicos. No son una saliencia, sino que guarda coherencia y consistencia con un modo de produccin de sujetos. No es una anomala, sino la consumacin de un largo periodo de siembra sobre las ilusiones religiosas que respaldan a la economa del mercado.

El capitalismo vive una crisis de magnitudes profundas y cuando el capitalismo entra en crisis siempre va en auxilio de la religin

Ya lo vivimos en la dcada de 1980 con la llamada Santa Alianza, cuando por esos das el presidente Reagan y Juan Pablo II colaboraron estrechamente para el reordenamiento geopoltico del mundo llenando de muerte y terror a toda Amrica latina. Hoy nuevamente nos encontramos con un escenario de similares caractersticas. La voracidad del capitalismo en su fase neocolonial coengrana con las premisas teolgicas radicales del movimiento neo-evanglico.

Son tiempos de mucha incertidumbre. Debemos pensar seriamente cual es la Argentina queremos construir de cara al futuro. No sea cosa que -por ignorar las bases y razones por las que hemos llegado a esta crisis- el neoliberalismo del que muchos se escandalizan y proponen echar por la puerta, se nos vuelva a meter por la ventana.

Como pueblo estamos en grave riesgo de ser arrastrados por ese optimismo desenfrenado y banal de aliento religioso- que nos ha llevado una y otra vez a subestimar la naturaleza del enemigo que enfrentamos. Es una religin peligrosa. Se llama Capitalismo.

Rafael Villegas. Psiclogo y miembro del Colectivo Teologa de la liberacin Pichi Meiseggeier. Buenos Aires. Argentina

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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