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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2005

Subcontratar el contraterrorismo

Marwan Bishara
La Vanguardia


El nuevo plan de la victoria del presidente Bush para Iraq se fundamenta, sobre todo, en la subcontratacin de su guerra contra el terrorismo. Como un directivo empresarial cualquiera, ha tomado nota de que el coste de la guerra supera los 6.000 millones de dlares y 60 soldados muertos al mes de promedio, mientras 6 de cada 10 estadounidenses consideran que la cuestin no merece tal esfuerzo: en consecuencia, adopta la decisin de transferir la carga a los subcontratistas locales; dicho de otra forma, la iraquizacin. Aparte de la metedura de pata de Iraq, el terrorismo en auge y la inestabilidad en la regin incitan actualmente a una crecientemente desacreditada e impopular Administracin estadounidense a subcontratar su guerra contra el terrorismo amplia y global en favor de agentes de rango y nivel local.

Las columnas fundamentales de la geoestrategia de Bush incluyen las figuras de Alaui, de Iraq; Sharon, de Israel; Musharraf, de Pakistn y otros elementos seguros de s mismos y de autoproclamada mentalidad laica que tienen mucho que ganar con el patrocinio de Estados Unidos y mucho que aportar al plan de la pax americana en el Gran Oriente Medio. Se trata, en efecto, de una baza de importancia primordial para el presidente Bush, cuya hoja de servicios blica sigue arrojando un dficit notable. Ahora bien, favorece ello para la democracia, la estabilidad y la seguridad en la regin?

Hasta ahora, las transformaciones operadas en la regin muestran una divisin del trabajo segn la cual Estados Unidos establece la filosofa de su geopoltica tras el 11-S mientras sus nuevos policas regionales deciden la metodologa de su aplicacin, lo que revierte en conjunto en una mayor violencia poltica y sectaria y mayores violaciones de los derechos humanos.

Los recauchutados amigos de Estados Unidos proceden, de este modo, bajo nuevas etiquetas tales como amantes de la libertad y pacificadores: un puado de subcontratistas de mbito regional conjurados para aplicar resueltamente las directrices de Estados Unidos -aunque sin prisas- a sus peculiaridades polticas o especificidades culturales.

Tanto con relacin a Iraq como si se atiende a las circunstancias que condicionan la regin del Golfo, el antiguo primer ministro provisional iraqu, Ayad Alaui, es el candidato ideal. Precisa del apoyo kurdo y de ms ayuda de parte de los pases vecinos al sur de Iraq para constituir y dirigir un nuevo gobierno, en todo caso.

Al parecer, Washington plante la cuestin del respaldo a Alaui en el curso de las recientes visitas del viceprimer ministro Ahmed Chalabi y el vicepresidente Adel Mehdi a Washington. pero fue en vano.

La imagen de marca musculosa de Alaui encaja plenamente en el molde de los planes estadounidenses para Iraq (inici su campaa con una parada militar).

No obstante, topa con una vehementemente oposicin de parte de los partidos religiosos sunes y chies; stos mantienen agradecidos lazos institucionales y populares con las autoridades de Irn.

De modo similar -y precisamente en el momento en que Alaui podra hallarse en condiciones de aliviar el fardo de la dependencia de la Administracin Bush respecto de un gobierno de inspiracin iran, mientras aqulla afronta la hora de la verdad en sus relaciones con Tehern a propsito del programa nuclear iran-, un topetazo o enfrentamiento con Irn y sus aliados iraques podra resultar en una abierta guerra civil de desastrosas y terribles consecuencias para toda la regin.

Por lo que se refiere a Oriente Prximo, esta situacin se traduce en un mayor respaldo de Egipto, Jordania y la Autoridad Palestina a Ariel Sharon y su nuevo partido, Kadima. La reciente adopcin de la hoja de ruta de Bush y su perspectiva de una solucin basada en la existencia de dos estados permitir a Sharon establecer la forma y modo de aplicacin de las directrices estadounidenses y, al propio tiempo, retener Jerusaln, el ro Jordn y la mayora de los asentamientos ilegales en territorio palestino. Peor an, una Casa Blanca agradecida cerrar los ojos casi con seguridad ante las violaciones de derechos y los excesos de Sharon.

En el transcurso de los ltimos cuatro decenios, el rea en cuestin ha experimentado las fases de mayor violencia cuando las agendas polticas de Estados Unidos e Israel eran prcticamente coincidentes e indiferenciadas. Y ello es de aplicacin en el caso de las relaciones entre Israel y sus vecinos en el mes de octubre del ao 1973, de la invasin de Lbano en el ao 1982 y de las dos intifadas palestinas de 1987 y el 2000. Cualquier intento de constituir un frente estadounidense-israel contra los derechos de los palestinos provocar otra espiral de enfrentamiento, de efectos conocidos.

Los presidentes Karzai de Afganistn y Musharraf de Pakistn han obtenido recientemente victorias electorales en elecciones cuestionables y amaadas o manipuladas, en tanto los principios democrticos siguen siendo extraos a la mayora de sus pueblos respectivos. Segn el ltimo informe de la organizacin International Crisis Group (cuyo objetivo es evitar y ayudar a resolver los conflictos) sobre Pakistn, "los esfuerzos de Musharraf para seguir controlando militarmente la poltica (con la ayuda de los partidos islamistas) reducirn probablemente los distintos recursos y mecanismos del pas para afrontar de forma democrtica y pacfica sus conflictos internos".

Por otra parte, la situacin es inestable con Osama Bin Laden huido y sin que el fundamentalismo islamista muestre signos de repliegue o retractacin ni mitigue la vehemencia de sus aspiraciones y objetivos.

As las cosas, lo cierto es que las perspectivas relativas a Afganistn y Pakistn aparecen ntimamente entrelazadas - prcticamente de manera inextricable- y expuestas a los mismos desafos representados por tensiones tnicas y sectarias y por el narcotrfico, el trfico de armas y la corrupcin.

En las tres subregiones mencionadas al principio de estas lneas, la guerra contra el terrorismo tal como la impulsan Estados Unidos y sus aliados en la regin ha empeorado hasta la fecha las condiciones econmicas y de seguridad del Gran Oriente Medio. Al igual que las justificaciones aducidas para la guerra se han visto desacreditadas y su aplicacin sobre el terreno manchada por la prctica de la tortura, el empleo de armas ilegales y otros crmenes de guerra, sus objetivos declarados son manipulados en beneficio propio por parte de los lderes polticos inquietos por conservar su poder e influencia prescindiendo del precio que pagan los ciudadanos de la regin.

No es de extraar que casi el 80% de los rabes encuestados por la Universidad de Maryland en seis pases considere que la intervencin militar de Estados Unidos ha incrementado el terrorismo y ha disminuido las expectativas y oportunidades de paz, en tanto casi el 70% abriga dudas sobre la sinceridad estadounidense en la promocin y fomento de la democracia, e insiste en sus ansias de dominio en la regin y su defensa a ultranza de los intereses de Israel.

Con ms de 100.000 muertos en esta absurda guerra unilateral de Iraq, no se aprecian indicios de grandes progresos o avances; al contrario, todo aboga por una modificacin del curso de los acontecimientos. Y, a tal fin, la Administracin se apoya de hecho en las doctrinas de Nixon, Carter y Reagan de subcontratacin de los planes estadounidenses a los policas regionales y las bazas influyentes y estratgicas como Israel, Irn y Pakistn. Un giro que tendr peligrosas consecuencias. Esta geoestrategia condujo a la guerra de octubre de 1973 y al vuelco islamista de 1979 en Irn y abri la va a la aparicin de Al Qaeda y otras fuerzas violentas fundamentalistas en el mundo islmico.

En el Oriente Medio actual, los riesgos son an mayores con la caja de Pandora tnica y religiosa reventada y por los suelos. Por ello Estados Unidos har bien en cambiar su estrategia, pero no para pasar de la propia de una superpotencia a la violencia subcontratada, sino para -en lugar de emplear la guerra como herramienta de diplomacia internacional- valerse de la diplomacia internacional como instrumento para evitar ms guerra.

M. BISHARA, profesor de la Universidad Norteamericana de Pars y autor de Palestine/ Israel: peace or apartheid (Zed Press) Traduccin: Jos Mara Puig de la Bellacasa. Fuente: La Vanguardia.



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