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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2018

Aprendiendo de mi abuela

Pedro Prieto
Soberana Alimentaria


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Mi abuela y yo. Foto: Pedro Prieto

Qu habra dicho mi abuela Mara del actual exceso de consumo de carne y los destrozos planetarios que provoca o del cambio al vegetarianismo o veganismo para solucionar el problema? Seguramente aquello de ni tanto ni tan calvo, que se le vean los sesos.

Despus de haber fallecido mi abuela y tras aos de reflexin, he llegado a la conclusin de que si hay alguien que se hubiese merecido el premio Goldman, el equivalente al premio Nobel de Ecologa, esa sera mi abuela. Vivi y muri analfabeta, a pesar de mis intentos de alfabetizarla, siendo ella ya muy mayor, cuando tomaba conciencia de la importancia de saber leer.

Sin embargo, mi abuela era la persona ms sabia y ms ilustrada que jams he llegado a conocer. Sus conocimientos y sabidura eran de otro mundo, de otro mbito diferente al que solemos valorar hoy da en la sociedad moderna. Mi abuela saba criar hijos (tuvo cinco) y lo hizo ella sola; su marido muri en la guerra civil con cuarenta y pocos aos, con la espalda doblada como mozo de carga de los almacenes Prats en Madrid y antes como agricultor pobre y sin tierra en su pueblo natal de Extremadura.

Para esa poca, mi abuela estaba licenciada en coser y remendar la poca ropa que haba cuando se rompa. Tena msteres en bordar, zurcir, hacer ganchillo, en hilar lana y algodn y hacer ovillos, en encaje de bolillos... todava andan por casa sus primorosos manteles y cortinas hechas a mano. Se haba doctorado cum laude en arreglar estreimientos, cortar diarreas, curar muchas enfermedades comunes con elementos tan locales, baratos y accesibles como el aceite. Saba dar friegas, componer un tobillo torcido, arreglar un dedo dislocado y hasta enderezar un hueso roto y entablillarlo si no era muy complicado. Aliviaba quemaduras con emplastes y reduca hinchazones y eliminaba eccemas en la cara con ciertos apsitos o ungentos con hierbas del campo. Conoca todo tipo de plantas silvestres comestibles o utilizables como aromticas y medicinales y saba dnde encontrarlas, ya fuese en la orilla de un arroyo o en unos riscos escarpados. Psicloga natural, saba escuchar a los dems y entender y compartir sus problemas y solo daba consejos si se los pedan.

SINCRONIZADA CON LAS ESTACIONES

La abuela habra ganado un Masterchef con ventaja si se hubiese tratado de aprovechar cada tomo de alimento que la temporada ofreca y hacer conservas de frutas en embotados al bao Mara, con almbar, como los melocotones, o secndolos al aire, haciendo embutidos con la carne, salazones, escabeches o conservando quesos en aceite y dems. As haba siempre provisin de higos en la troje, orejones (albaricoques desecados) o ciruelas pasas todo el ao, al igual que almendras y nueces. El tomate y el pimiento que no se consuman en temporada, quedaban embotados, y parte del pimiento y los ajos se enristraban para utilizarlos secos, segn necesidades aprendidas y bien calculadas. Los garbanzos se tostaban y rebozaban en harina (torraos, los llamaba) y servan para todo el ao. Con sosa custica y la grasa sobrante de cocinar haca jabn.

El contenido de protena animal de una hamburguesa estndar con carne y queso de cualquier multinacional del sector le hubiese durado a mi abuela una semana para alimentar a todos los suyos.

Haca trampas para moscas en verano, limpiaba y barra con primor su casa de suelo de arcilla comprimida y regaba el suelo con golpes sabios de mano sobre un cubo de agua, para evitar el polvo. En invierno se pasaba una piedra caliente envuelta en un trapo entre las sbanas, antes de irse a la cama entre mantas de buen abrigo. Andaba descalza por el pueblo en verano, como muchas mujeres de su edad. Aprovechaba al mximo la poca agua de que dispona en cntaros (su humilde casa no tena agua corriente cuando yo era un nio) para cocinar, lavar el mximo de piezas de vajilla y para su propio aseo personal, pues se lavaba con trapos y por partes y as nos lavaba a los nietos. Nunca ola mal.

Su casita no tendra ms all de los treinta metros cuadrados, para cuando sus cuatro hijas y su hijo se haban independizado y ella viva sola. La electricidad haba llegado al pueblo poco antes de que yo fuese a su casa como nio, pero ella siempre se resisti a poner luz elctrica, pues lo encontraba innecesario. Se adaptaba perfectamente a los ritmos circadianos y en invierno se comprima vitalmente lo que se expanda en verano, como hacen todos los animales y se levantaba siempre con la luz del sol y se acostaba poco despus de que se hubiese ido este.

Mi abuela, que nunca lleg a saber lo que era el feminismo, destacaba en su perfecta gestin de la energa, con un manejo tan eficiente como jams he visto, pero hoy recuerdo especialmente la forma en la que criaba animales domsticos en su pequeo corral. Aquella mujer heroica a la que sus gallinas seguan a ciegas y se acercaban los conejos en busca de alimento y a quien la cabra agradeca su ordeo peridico, tena mucho ms presente que muchas personas urbanas vegetarianas, que sus animales eran sintientes. Los quera, los cuidaba, los curaba cuando era necesario, les hablaba, los acariciaba, pero no dudaba ni un pice en sacrificarlos cuando llegaba su momento. Saba, desde luego, que el animal sufra al morir, cmo no lo iba a saber!

De hecho, era una experta matarife, capaz de sacrificar limpia y rpidamente cualquier animal y aprovechar hasta su sangre como alimento. Desollaba o desplumaba con rapidez y eficacia y aprovechaba cada tomo del animal sacrificado, desde la piel en los conejos (de ah salieron algunas zambombas y tambores), hasta las patas de las gallinas o el gallo y desde luego, las cabezas y las vsceras o la casquera tradicional, que se podan comer con toda tranquilidad. La ganadera intensiva de hoy desecha muchas partes comestibles de los animales, intensamente inyectadas de antibiticos y hormonas, aunque seguramente esos despojos irn a hacer harinas para alimentar a otros animales o para las piscifactoras, vaya usted a saber.

ANIMALES SINTIENTES

Creo que uno de los graves errores de este mundo es comer carne, mucha o poca, sin corresponsabilizarse en la proporcin adecuada del sacrificio de los animales que nos van a alimentar. Si nos visemos en la obligacin de criar y cuidar y despus matar a los animales que nos vamos a comer y sintisemos chillar a los lechones o los cerdos, o comprobsemos cmo mueren en silencio los corderos mientras se les vidrian los ojos o cmo las gallinas aletean cuando se les corta el cuello, seguramente no nos encontraramos con esa sensiblera vacua de gentes urbanas incapaces de pisar una hormiga, pero que luego en una hamburguesera se meten medio kilo de carne entre pecho y espalda, sin preocuparse de averiguar de dnde procede. Precisamente, y muy seguramente por eso y por el esfuerzo que representaba criarlos, cuidarlos, sacrificarlos y preparar sus carnes y derivados, es por lo que antes se saba que haba que comer muy poca carne. El contenido de protena animal de una hamburguesa estndar con carne y queso de cualquier multinacional del sector le hubiese durado a mi abuela una semana para alimentar a todos los suyos. Jams estuvo gorda, jams tuvo diabetes.

Los platos de mi abuela que recuerdo como los ms sabrosos no tenan carne o tenan muy poca. La combinaba con mucha verdura, tubrculos, cereales o legumbres; calmaban el estmago y reponan las fuerzas fsicas exigidas en un mundo preindustrial, rural y agrario, que no conceba tener que eliminar grasas corporales en un gimnasio.

En mis recuerdos de cuando era nio se mantienen imborrables los sabores y olores de los excelentes guisos de mi abuela y esto es lo que me ha movido a intentar explicar por qu estoy a favor de cierta ganadera y en contra de eliminar completamente la cra y sacrificio de animales en nuestro provecho solo porque son sintientes. Si alguien sabe lo que es un animal sintiente ese es quien lo cra, lo alimenta y lo sacrifica para despus nutrirse y nutrir a los suyos.

Cuando alguien vive en un medio absolutamente preindustrial como vivi mi abuela en el pueblo y tiene que realizar a mano todas las tareas y faenas de la vida en el campo y en un pueblo pequeo para vivir, sabe muy bien el esfuerzo que cuesta obtener lea para cocinar y calentarse del encinar cercano o sacar los sarmientos de una poda de vides cuando no hay motosierras que valgan y hay que hacerlo con sierra manual o con hacha o partiendo a mano las taramas para acomodarlas sabia y proporcionalmente en la albarda del lomo del animal de tiro y llevarlas a casa.

No hay forma mejor de saber lo preciosa que es el agua potable que tener que ir con dos cntaros en las aguaderas de la caballera a la fuente situada a dos kilmetros del pueblo porque la de los pozos del pueblo es algo salobre y los animales apenas la beben.

Si alguien sabe lo que es un animal sintiente ese es quien lo cra, lo alimenta y lo sacrifica para despus nutrirse y nutrir a los suyos.

Nadie mejor que mi to para saber lo sintiente que era su burro para mover una noria y sacar el agua en canjilones para regar la huerta. En la ida del pueblo al huerto, al lado del arroyo de Gualija, bamos los dos montados. Al llegar al huerto, mi to unca el burro a la noria y me encargaba atizarlo con cuidado pero con diligencia, si se paraba, como sola pasar, pues el burro no era tonto y se resista a dar vueltas a la noria empujando. Pero mientras, l se descalzaba e iba abriendo y cerrando surcos a mano con el azadn para regar todo el huerto. Cuando acababa la tarea, soltaba al burro para que comiese en el barbecho y de paso eliminase las hierbas y el pasto que competan con las plantas del huerto y para que bebiese en el arroyo, mientras nosotros comamos una comida sustanciosa pero frugal y se haca un gazpacho exquisito con los frutos del huerto, unos trozos de pan y el alio que vena preparado al efecto en un cuerno con tapn de corcho. Despus, una buena siesta a la sombra de algn rbol y por la tarde, arreglo de las plantas y frutales del huerto, recogida de los productos maduros en las alforjas y vuelta andando, para no machacar al burro, que ya haba trabajado lo suyo, segn mi to.

Solo quien tiene animales a su cargo para cra y de tiro sabe del cuidado que hay que tenerles y de cmo hay que asegurar su vida, porque es asegurar mejor la nuestra. Sabe, por muy cansado que llegue a la cuadra, que hay que cepillar y lavar al animal y echarle una buena carga de paja y pienso.

Solo la gente que sabe el esfuerzo que cuesta vigilar un rebao de cabras para que coma del barbecho y no perderlo de vista para que no se coma una plantacin es consciente de lo sintientes que son estos animales y del valor de cada gramo de carne o leche que aportan para nuestra alimentacin.

Por eso, estando de acuerdo con que comemos demasiada carne y de mala calidad, me despego, con todos los respetos, de los argumentos de personas vegetarianas y ms an, de las veganas, sobre todo de los que proceden de las insostenibles urbes, que en un pas como el nuestro solo pueden vivir mientras funcione un suministro alimenticio vegetal muy variado y con suplementos que solo pueden aportarse desde la sociedad capitalista, industrial y principalmente urbana que es la que est causando los mayores destrozos al planeta y al soporte vital que debe asegurarnos la verdadera sostenibilidad.

Los animales de granja y corral de ganadera extensiva y algunos animales salvajes, en su justa medida, son un aporte necesario y conveniente de protenas, caloras y grasas que no compite con los cultivos. Al contrario, ayuda a hacerlos ms estables si se revierten los abonos que generan y generamos, debidamente desecados y tratados al sol, a la tierra que nos alimenta. Mi abuela Mara, en su infinita modestia, controlaba as su pequeo mundo en todo lo que hoy se conoce como la cadena de valor.

 

Pedro Prieto, injubilable aprendiz de agricultor ecolgico, uno de los promotores del manifiesto ltima llamada y cofundador de www.crisisenergetica.org

Fuente: https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/63-numero-32/564-aprendiendo-de-mi-abuela

 



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