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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2018

Stefan Zweig: el rapto de Europa

Antonio Garca Vila
El Viejo Topo


Stefan Zweig: el rapto de Europa

Stefan Zweig y Joseph Roth

La editorial Acantilado contina, infatigable, su tarea de recuperacin de uno de los europeos modlicos que contribuy, en buena medida, a forjar la idea, un tanto romntica, bastante ingenua, de un mundo pasado si no ideal, al menos brillante, cultivado, sensible y lujosamente decadente: el mundo de ayer.

Era, no lo olvidemos, un mundo desptico e imperialista, un mundo marcado por unas jerarquas inapelables y una miseria sin cuento. Era el mundo que reluca en los dorados vieneses, en su pintura novedosa, en su msica rupturista, en su literatura crtica y su filosofa de vanguardia, y que se ocultaba en los suburbios, en la doble moral, en la prostitucin y el desempleo. Un mundo mtico, es cierto, pero que ha ejercido sobre las generaciones siguientes un efecto deslumbrante que induca a sortear la realidad y confiar en un sueo.

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Friderike y Stefan Zweig

Stefan y Friderike Zweig fueron dos personajes aquilatados en ese sueo, dos escritores de su poca, dos representantes de esa alta burguesa letraherida condenada a la extincin. Friderike public varios libros con moderado xito, y siempre mantuvo una vida culturalmente activa, aunque fue Stefan Zweig el autor que, en verdad, logr una extraordinaria fama y devino arquetipo del hombre de letras del momento, del intelectual culto, sensible, civilizado, dialogante; un arquetipo que con l prcticamente desapareci, suplantado por los intelectuales comprometidos, por los escritores polticamente activos, por los artistas furiosos empeados en hacer saltar la tradicin por los aires. El mundo de ayer se convirti, sin que Zweig ni muchos otros como l siquiera lo atisbaran, en el mundo de las dos guerras mundiales, en el de los fascismos y la revolucin sovitica, en el de las ideologas radicales, extremistas, y los medios de masas; en el de las democracias, la propaganda y el consumo. Y Zweig pareca seguir mirando al pasado, a los momentos estelares de la humanidad, a los antiguos maestros, a las luchas espirituales Y, sin ver salida para el presente, se suicidara sin asistir al fin de la Segunda Gran Guerra: el nuevo mundo no era su mundo.

Fue un escritor de best sellers de calidad en Alemania, hasta 1933, se haban publicado ms de un milln trescientos mil ejemplares de sus obras, y sus libros se haban traducido a ms de veinte idiomas-, de novelas breves muy populares en su poca, y de ensayos soberbios y arrebatados, as como de biografas muy personales, de corte psicolgico y existencial, a menudo deliciosas, que poco tienen que ver con los exhaustivos tratados a los que nos hemos, ahora, acostumbrado. Es cierto que no todas sus obras han envejecido igual. Sus novelas largas pueden resultarnos un tanto afectadas, ya caducas, restos de ese mundo de memorias que qued, irremisiblemente, atrs. Y en ciertas biografas y ensayos hay que acordar, de antemano, que se est de parte del autor. Que se le concede el beneficio de la complicidad y la indulgencia del que observa desde la distancia. Pero cuando Zweig acierta, cuando asume el tono adecuado, el ritmo preciso, la idea afortunada, tiene pocos rivales: es esplndido. Sensible, inteligente, discreto, sensato Un escritor de raza, un pensador informado, un humanista digno, revestido de la autoridad que su obra respalda.

Fue buen amigo de sus amigos, y Joseph Roth, el maravilloso cronista de ese mismo fin del imperio, sin la impagable ayuda de Zweig, tanto econmica como anmica y afectuosa, como muestra su correspondencia con l, probablemente hubiera sucumbido an antes a su compleja personalidad autodestructiva, aunque en las cartas entre los esposos sea ella la que, en alguna ocasin, solicita ayuda para Roth y es Stefan el que, rotundo, se niega. Friderike, una vez muerto su marido, public una biografa suya que da buena cuenta de todos esos aos y de sus relaciones, convenientemente edulcorada. l, en sus clebres memorias de un europeo, ni siquiera la mencion a ella, a pesar de lo mucho que se haba esforzado en contribuir al triunfo del escritor. Stefan Zweig fue un marido respetuoso siempre, y atento en la mayora de las ocasiones, aunque las diferencias entre ambos, insalvables a la postre, llegaran a romper la pareja. Fino psiclogo de sus personajes femeninos, la vida resultaba an ms complicada que la ficcin. Y Zweig lo comprendi demasiado tarde.

Stefan Zweig: el rapto de Europa

Zweig y Lotte Altmann

Ahora, ofrecida por la editorial Acantilado, podemos revisar una amplia seleccin, ejemplarmente editada, de la correspondencia de la pareja, desde el comienzo mismo de su relacin, cuando ella se incorpora como parte de un tringulo amoroso, pues Zweig tena en ese momento una amante, hasta esa ltima carta que el escritor dedica a su antigua compaera antes de su suicidio, en Petrplis, junto a su nueva pareja, su joven secretaria Lotte. En ella encontramos muchos datos anodinos, las preocupaciones econmicas, su desprecio a la clase media, los apelativos cariosos y cursis, y sus desencuentros, sus fricciones en cuanto a la educacin de las hijas que Fridrike aportaba de su anterior matrimonio, sus quejas y sus reproches. El da a da de un escritor de gran xito, de una pareja culta, relativamente acaudalada. Asistimos, igualmente, a ese, quiz inevitable, cinismo del que no escapa Zweig. En su estancia en Marsella queda patente: acaba de comer opparamente, disfruta de un estupendo hotel y admira lo bien que viven los meridionales, mientras l ha de volver al brumoso norte. Pero a continuacin seala que lo ms bonito (las comillas son suyas) es ver la suciedad, a los nios jugando con sus excrementos, a los mendigos El hedor de Oriente que se impone. Y al lector le queda la duda de si, cuando entrecomilla bonito Zweig es irnico, lo cual parece lo lgico, o es que no encuentra, de verdad, un adjetivo que precise esa atraccin, ese cnico placer que descubre.

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La primera pgina del manuscrito a Mara Antonieta

Sea como sea ,el escritor es tratado como un embajador, de reunin en reunin, de conferencia en conferencia; admirado y ledo por Einstein, por colegas y polticos, pero l no se muestra satisfecho: no por vanidad, al contrario, sino porque entiende las deficiencias de su propia obra, los lmites que, ahora, desde la distancia, distinguimos pronto. Sea una irona cruel, sea una verdadera atraccin, muy propia de los intelectuales occidentales, fascinados a menudo por un oriente que ignoran e idolatran, lo que el comentario de Zweig muestra, lo que ratifican sus cartas, a pesar de la ingenua ilusin con que llega a Brasil, y sus memorias, es su absoluta entrega a una Europa que le dio a luz, le amamant, le mim y, al final, le abandon. Una Europa, en verdad, que desapareci delante de sus empavorecidos ojos: una Europa raptada.

Y esa Europa, el escritor no poda hallarla en Suramrica. No buscaba una nueva vida, un nuevo mundo. Quera su viejo continente, sus antiguas relaciones, sus libros, sus reliquias de grandes hombres, que coleccionaba con devocin adolescente. Quera a Beethoven, a Goethe; aoraba el aire fro de Suiza, la luz de Pars, la exquisita cortesa de los bien educados, los libros, muchos libros, y gente de su nivel para conversar. En Brasil encontraba jvenes de colores hermosos, un patriarcado primitivo, nios negros que parecan animalitos: el paraso. Pero no le bastaba: en seguida se cansa. Quera, al fin y al cabo, habitar en sus memorias. Y, por ello, ya solo pudo morir: suicidarse. Gracias a l nosotros, hoy, podemos habitar, aunque sea como turistas curiosos, admirados, el mundo de ayer. Asomarnos a esa hermosa, legendaria, Europa raptada. Antes, claro, de la llegada de los brbaros Friderike, en sus memorias, pide al lector que comparta su estupor al conocer la noticia de la muerte. No es posible. Compartimos la pena, por Stefan y por la tristemente olvidada Lotte, una mujer joven y quebradiza, que se envenenara con el desesperado Zweig, y comprendemos su derrota. Compartimos, tambin, la nostalgia. No puede, sin embargo, sorprendernos.

Stefan Zweig, Friderike Zweig. Correspondencia (1912-1942).
Edicin de Jeffrey B. Berlin y Gert Kerschbaumer. Barcelona, Acantilado, 2018.
Trad. Joan Fontcuberta. 520 pp.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/stefan-zweig-el-rapto-de-europa/



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