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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2018

Ante el fin del ciclo progresista volver a pensar la cuestin de la moral revolucionaria

Pedro Santander
Rebelin


Creo que fue Bourdieu quien dijo que a problemas viejos, respuestas nuevas y a problemas nuevos, respuestas viejas. Pues bien, tomndonos de esa cita est claro que las fuerzas revolucionarias enfrentamos hoy situaciones nuevas que hacen que bien valga la pena acudir a respuestas que pensadores y luchadores del campo popular y revolucionario han planteado y propuesto ya hace tiempo.

Finalizando la segunda dcada del milenio, podemos, entre otras, distinguir dos situaciones nuevas que enfrentamos, ambas relacionadas:

a) En el antagonismo capital-trabajo los grupos dominantes nunca tuvieron tanto poder, ni nunca han tenido tan poco miedo de los grupos dominados.

b) Concluye en derrota una indita dcada en que opciones antineoliberales fueron simultneamente gobierno en la mayora de los pases sudamericanos.

Desde 1998 en adelante, Amrica Latina fue sin duda la regin donde mayor resistencia se opuso al neoliberalismo. Existe un amplio consenso de que desde el inicio del milenio y hasta hace apenas dos o tres aos, el continente protagoniz un ascenso de fuerzas polticas y coaliciones gobernantes que asumieron un rumbo antineoliberal y de ampliacin de derechos para las mayoras. Estas fuerzas obtuvieron y conservaron por un ciclo de aproximadamente diez aos un consenso popular. Luchas masivas de movimientos sociales auparon y dieron origen a gobiernos que, con sus diferencias (unos ms socio-liberales; otros ms neodesarrolistas, otros ms rupturistas, etc), tuvieron en comn un distanciamiento del Consenso de Washington y su recetario neoliberal, un mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares y una apuesta por construir y fortalecer organismos continentales de integracin sin la presencia de EE.UU., como Unasur, Celac o el Alba.

Pero tal como tuvieron en comn que emergieron ms menos en la misma poca, con lderes que por primera vez se parecan a sus pueblos como Chvez, Maduro, Evo, Lula o Mujica, tambin ocurri que ms o menos en la misma poca han tenido que enfrentarse a la contra-reaccin de la derecha.

No es ninguna novedad que frente a los avances de la izquierda siempre llega la contra-ofensiva reaccionaria. Es ms bien una ley y debemos estar preparados y preparadas para ello. Lo que s es nuevo es que por primera vez en nuestra historia dicha ofensiva ha podido golpearnos en un terreno en el que hasta ahora pocas balas nos entraban: el de la moral.

Como bien ha explicado en mltiples foros lvaro Garca Linera, nuestra historia de lucha nos ha permitido condensar y mostrar a los pueblos del mundo tres fortalezas: la organizacin, las ideas y la moral. Frente a poder inmenso del dinero y las armas de la derecha nuestra organizacin ha sido nuestra mejor defensa y la ms efectiva herramienta de lucha, que con el pensamiento y ejemplo leninista y guevarista nos ha permitido sortear las peores circunstancias y formar los mejores cuadros para diversos momentos del combate. Y frente a sus dispositivos ideolgicos, la permanente creatividad de nuestras ideas nos han salvado una y otra vez, nuestras son las ideas del derecho a huelga, de la jornada laboral de 8 horas, del sufragio universal, de la distribucin de la riqueza, etc.

Tenemos experiencia de lucha y resistencia en esas dos dimensiones, a ellas ha apuntado siempre la derecha: a golpear nuestras organizaciones, nuestros militantes y a destruir y desprestigiar nuestras ideas. Sabemos resistir y generar nuestras propias contra-ofensivas en esos terrenos.

No tenemos la misma experiencia en el terreno de la degradacin moral en nuestras propias filas, y de los consiguientes ataques en ese frente. Antes bien, nuestra experiencia ha sido la contraria. Nunca, a ningn lder de revolucin se le pudo aunque se intent- tratar de enlodar con acusaciones de corrupcin: ni Recabarren, Sandino, Fidel, ni Allende, Miguel Enrquez o Chvez.

No podemos decir lo mismo hoy, en el marco de la actual contra-ofensiva reaccionaria. Como dice Alvaro Garca Linera, evidentemente hay unos problemas en los gobiernos progresistas. Una clave para un gobierno progresista es el tema de la tica. Y algo que ha hecho dao a los gobiernos progresistas, a unos en mayor medida que a otros, ha sido la crtica o las demostraciones de un mal manejo patrimonial de la cosa pblica. Siempre hemos criticado a los gobiernos conservadores de que hacen uso del dinero pblico como si fuera parte de su hacienda, de su empresa. Pues un gobierno progresista, un lder progresista, una coalicin progresista, no slo tiene que decir vamos a construir un nuevo pas, tiene que demostrar que est construyendo un nuevo pas. No se puede ser tolerante con la corrupcin, porque la fuerza de lo popular radica en su fuerza moral. Qu tiene? Su fuerza moral y si eso est embargado, qu le queda? Nada. Sobre la fuerza moral de un proyecto poltico se construye fuerza ideolgica, fuerza poltica, fuerza instrumental, fuerza procedimental, pero no a la inversa.

Y en este momento en que asistimos en Amrica Latina a un retorno voraz del capitalismo salvaje y extractivista, al hecho de que gobierno neoliberales se han vuelto a instalar en la regin buscando desmontar los Estados para quitar derechos y excluir a las mayoras, surgen con fuerza las preguntas sobre cmo, cundo y por qu se produjo el debilitamiento y cada de las opciones de gobierno calificadas como progresistas en nuestra regin. Sin duda, la posibilidad de atacar nuestro frente moral ha jugado un rol clave en el actual ciclo de contra-ofensiva reaccionaria.

En este evidente momento de reflujo de la izquierda debemos pensar seria y crticamente esta nueva situacin. Acudir al Ch quien dio desde Amrica Latina todo un impulso a la dimensin moral de la lucha puede ser de ayuda. El Ch, muy es su estilo, es absolutamente claro al describir los tres peligros que en el mbito moral enfrentan las fuerzas trasformadoras una vez que se llega a ser gobierno: a) el dogmatismo, b) la desvinculacin con las fuerzas populares, c) la corrupcin.

Caer enuna cmoda modorra es un riesgo cuando se comienza a gobernar y se pasa de la fase heroica de lucha a la etapa de administrar el Estado. En dicha etapa se cometen equivocaciones propias del ejercicio del poder: cuando ocurren se nota una disminucin del entusiasmo colectivo y el trabajo se paraliza y queda reducido a magnitudes insignificantes. Es el instante de rectificar, advierte el Ch. De lo contrario, se crean asalariados dciles y becarios de presupuesto (); se deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cmoda modorra. Esto es inmediatamente aprovechado por nuestros enemigos que ganan as terreno.

Por lo mismo, el Ch define como la tarea fundamental, desde el punto de vista ideolgico, encontrar la frmula para perpetuar en la vida cotidiana la actitud heroica que demuestran en momentos de lucha los y las militantes revolucionarios/as. En momentos de peligro, es fcil potenciar los estmulos morales, el desafo es mantener la vigencia de esa conciencia en otros tiempos, sobre todo en tiempos de mayor comodidad. He ah el desafo planteado por el Ch en 1965 y que hoy, medio siglo ms tarde, an no resolvemos: lograr una continuidad de la moral que mostramos en la poca heroica de persecucin, resistencia y lucha, en tiempos en que como ocurri en la dcada ganada- tenemos poder y ejercemos gobernanza. Por eso sealaba que para hacer las transformaciones sociales, simultneamente con la base material, hay que hacer al hombre nuevo.

En su agudeza seal claramente que es el hombre del siglo XXI el que debemos crear para lo cual la revolucin debe tambin operar en nuestros hbitos, en nuestras mentes, en el individuo.

Claramente, a la luz de los casos de corrupcin en nuestras filas que han ocurrido en Brasil, en Venezuela o en Argentina, an carecemos de esa frmula que implica discutir y descubrir las condiciones de continuidad moral, de cmo mantenerlas en el tiempo y bajo diferentes condiciones.

Hoy nos toca nuevamente resistir, sabemos hacerlo y lo haremos. Pero sera sin duda menos difcil hacerlo si no hubisemos presenciado en esta dcada de gobiernos progresista a muchos oportunistas, asalariados dciles y becarios de presupuesto, como dice el Ch, que aparecieron cuando vieron que haba ciertas cuotas de poder, posibilidades de prebendas y oportunidad de privilegios. En tiempo de reflujo, de carencias, incomodidades y resistencia el filtro es natural; quedamos los que puedan sonrer en medio de la muerte, en plena luz. Pero para tiempos en que se es gobierno an carecemos de las ideas para lograr esa frmula que el Ch sealaba como tarea ideolgica central, para mantener tambin ah los principios, la moral, las convicciones en una continuidad revolucionaria.

Tiempos mejores estn por venir, sin duda. Ahora es momento de resistir con fuerza y creatividad, para con respuestas anteriores enfrentar nuevos tiempos.

Pedro Santander es periodista y acadmico chileno.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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