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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2018

El capital y la democracia descartable

Santiago Mayor
Rebelin


El triunfo de Bolsonaro en Brasil trajo a nuestras fronteras el debate sobre el reimpulso de las derechas abiertamente xenfobas, misginas y racistas que por ahora pareca un fenmeno del primer mundo (Trump, Le Pen, etc.). Que expresan en nuestra regin y cmo enfrentarlas?

Como bien desarroll Ricardo Aronskind en un artculo publicado en El cohete a la luna, el nuevo presidente de Brasil no es fascista ni busca un rgimen de esas caractersticas. En el mismo sentido advirti que muchas veces en nuestro pas esa categora fue incorrectamente utilizada por sectores progresistas, para cualquier personaje que resultara desagradable, o demasiado conservador segn los parmetros de ese sector. Pero no cualquier derechista o reaccionario, es fascista.

Efectivamente, tampoco Mauricio Macri o cualquier otro miembro del staff de Cambiemos podra ser calificado como tal. Ni siquiera le cabe al mucho ms reaccionario diputado Alfredo Olmedo.

Es por eso que el son lo mismo no es un error atribuible solo a cierta izquierda trotskista, sino tambin a otros sectores ms amplios del campo popular. Comprender la naturaleza de estos gobiernos es fundamental para saber como enfrentarlos.

El fascismo de la Europa de entreguerras fue una de las respuestas del capital ante la amenaza de la Revolucin Sovitica de 1917 y su expansin continental. Se trataba de proyectos nacionalistas, fuertemente intervencionistas en la economa y cuestionadores del orden global vigente. A su vez se apoyaban en sectores de la burguesa nacional e internacional (Coca-Cola y Ford financiaron a Adolf Hitler), las clases medias y la movilizacin de masas.

Por el contrario, el gobierno de Bolsonaro, si bien an no ha asumido, ya ha dado muestras de tener un carcter diferente.

La designacin del neoliberal Pablo Guedes al frente del Ministerio de Economa; los anuncios de privatizaciones futuras (incluida Petrobras); el alejamiento de espacios de integracin multilaterales como los BRICS o el Mercosur que daban a Brasil una mayor autonoma y capacidad de influencia, expresan otro proyecto.

Al igual que Macri -y aqu s hay una coincidencia- el nuevo presidente brasileo es la expresin poltica que hall la burguesa (ante el fracaso de las derechas moderadas) para reorientar a la principal economa de Sudamrica en el camino de ser un pas perifrico y productor de materias primas.

La democracia ya no (es) funciona(l)

Con la cada del Muro de Berln en 1989 se proclam el fin de la historia en la cual el capitalismo se impona como nico sistema econmico posible y la democracia liberal representativa era su pata poltica. Sin embargo, ms temprano que tarde, esta frmula mostr ser una falacia.

Para ese entonces ya el Estado de Bienestar, esa versin con rostro humano del sistema (un fenmeno que dur apenas cuatro dcadas y en un pequeo puado de pases) estaba en franco retroceso. La ofensiva conservadora y neoliberal avanzaba sin pudor, arrasando derechos y conquistas populares. Ahora sin siquiera tener enfrente un modelo alternativo que sirviera como contrapeso.

Frente a esto, los pueblos del mundo, presentaron su impugnacin. En Amrica Latina, vanguardia de esta lucha, lo hicieron mediante la lucha popular y la va democrtica. Las elecciones, los partidos polticos, de pronto fueron insuficientes para sostener la dominacin.

Fuerzas progresistas y de izquierda llegaron al gobierno como expresin y canalizacin de levantamientos populares previos que rechazaron el neoliberalismo: el Caracazo (1989); el alzamiento zapatista (1994); la rebelin popular en Argentina (2001); la guerra del agua (2000) y del gas (2003) en Bolivia.

Durante algunos aos distintos proyectos alternativos se gestaron en esta parte del mundo. Sin embargo, rpidamente el capital lanz su contraofensiva. Mediante una alianza con las burguesas locales, los medios de comunicacin y, ms recientemente, el Poder Judicial, foment la desestabilizacin de los gobiernos que plantearon distintos niveles de soberana y, en algunos casos, lleg a propiciar golpes de Estado.

La democracia dej de ser un punto de apoyo intocable. Por eso, ya no resulta un problema recurrir a mecanismos que violen sus principios (la proscripcin de candidatos o los golpes) e incluso a polticos y partidos que niegan cuestiones tan elementales como la pluralidad ideolgica, la libertad de expresin, el derecho a huelga y protesta, etc.

Como sealbamos tras el triunfo de Mauricio Macri en 2015, esto se enmarca en una necesidad sistmica. Como salida a la crisis de 2008/2009 las grandes multinacionales buscan avanzar an ms en el control de los recursos naturales que generan renta extraordinaria (como la minera y el petrleo). Asimismo, ante la necesidad de mercados para insertar sus productos industriales, fomentan tratados de libre comercio desiguales que tienen como resultado la desindustrializacin de los pases emergentes cuando en el centro aplican distintos niveles de proteccionismo.

Finalmente se dio una manipulacin del dlar que es, adems de la moneda mundial de intercambio, una mercanca en s misma cuyo precio es manejado desde Washington para presionar a las economas locales.

De tres modelos a dos

La primera dcada del siglo XXI vio en Amrica Latina el desenvolvimiento de tres grandes modelos (con sus particularidades nacionales). Por un lado aquellos proyectos neoliberales que no lograron ser derrotados continuaron como aliados del imperialismo estadounidense.

Asimismo surgieron gobiernos progresistas con un modelo neodesarrollista que bas su proyecto en una reindustrializacin sostenida en la venta de las commodities; la intervencin del Estado en la economa para controlar, principalmente, la esfera del consumo y con reducidas acciones de transformacin estructural; y una poltica de distribucin de la renta generada. Argentina y Brasil fueron los principales exponentes.

Finalmente, el tercer modelo y ms radical fue aquel que se nucle tras la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (Alba) impulsada por Cuba y Venezuela que puso al Socialismo del Siglo XXI como horizonte. Es decir una alternativa al capitalismo en sus distintos matices (neoliberal o con inclusin) y el proyecto que implic la contradiccin principal con el imperialismo.

No casualmente fueron estos ltimos los que resistieron la avanzada neoliberal. Por el contrario el agotamiento del neodesarrollismo no present una salida por izquierda si no un regreso a las polticas conservadoras y de ajuste.

Esta crisis de los modelos neodesarrollistas puso de relieve, adems, que la alianza entre las burguesas locales y los sectores populares fracas. Pero esta derrota del capitalismo serio no fue una decisin de la clase trabajadora, si no de las propias burguesas que, al no obtener ya las ganancias extraordinarias que pretenden en el mercado interno, se volcaron al rentismo.

El panorama plantea entonces un dilema para las fuerzas populares. Por un lado, la necesidad imperiosa de poner freno al neoliberalismo. En el caso argentino, el prximo ao ser central. Una derrota electoral del macrismo supondra un triunfo importantsimo y para eso, una alianza poltica lo ms amplia posible, es necesaria. Sin embargo, vale recordar que los procesos electorales condensan acumulaciones polticas y ponen de manifiesto relaciones de fuerzas sociales que los exceden.

A su vez, el sistema ya demostr que no depende de la formalidad democrtica para sobrevivir y reproducirse. Es por eso que la lucha no se agota en unos comicios.

Ante la agona de la democracia liberal -nuevamente por decisin de la burguesa y no del pueblo- la respuesta debe ser profundizarla. El carcter protagnico de las masas en la toma de decisiones tiene que ser parte de cualquier programa poltico que busque una salida alternativa. All estn Bolivia, y sobre todo Venezuela -constantemente asediada-, como ejemplo. En ese sentido en nuestro pas la organizacin feminista y de la economa popular son puntos de apoyo absolutamente necesarios.

Pero tambin, habr que descartar planteos moderados que pretendan simplemente administrar mejor lo existente. Sin reformas estructurales que busquen romper la dependencia y que avancen en un sentido integrador de nuestras economas, no ser posible pensar y sostener un proyecto de largo plazo. La historia reciente lo dej en claro.

@SantiMayor

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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